Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 21 de mayo de 2011

Methol Ferrè “El pueblo es mucho más sutil que los intelectuales”



Todavía no se muy bien quien fue Methol Ferrè sin dudas original y muy “personal”. Me gusto esta entrevista (que descubri por casualidad), publicada en su versión original en 30Giorni en 1983, donde el habla de este “primer hijo del Vaticano II, en continuidad con Pablo VI. En parte me recuerda también las palabras de Don Bart cuando habla de las sombras que habían aparecido en la Iglesia ya en los comienzos del pontificado de Juan Pablo II. “Food for thought” (temas de reflexión, o da que pensar…) como dicen los ingleses.

Aquí Ferre cuenta una anécdota de la visita de Juan Pablo II a México:


“Cuando el Papa visitó México, yo estaba participando en la Conferencia de Puebla como experto. A la noche, cuando terminaba la jornada de trabajo, tenía la costumbre de volver al hotel siempre en el mismo taxi. Y durante el viaje conversaba con el taxista. Era la primera vez que Juan Pablo II visitaba América Latina y que un Papa iba a México. El taxista era un indio bastante viejo, y una noche me dijo “¿Ha visto que cada día que pasa el Papa habla mejor el español?” Yo no le di mucha importancia a su exclamación, mitad pregunta y mitad afirmación, y le contesté algo como “así será…”, como dando a entender “si tú lo dices, puede que sea cierto”. Y él, levantando la voz, me dijo: “Sí, es así. ¿Y sabe por qué? Porque nos quiere”. ¿Por qué relato este episodio? Para mostrar que los intelectuales, incluso en Puebla, estaban concentrados en analizar lo que decía el Papa, sin darle importancia al contexto y al modo en que hablaba. En cambio el pueblo, que comprende el concepto a través del gesto, había sido sensible a los cambios en la pronunciación, había percibido la mejoría, cosa a la que ningún intelectual había prestado atención. El pueblo es mucho más sutil que los intelectuales. Las miles de madres que observaban al Papa acariciar un niño sabían con exactitud si lo hacía con amor o en forma distraída, percibían sin error la verdad de un testimonio”

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