Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

lunes, 5 de noviembre de 2012

Juan Pablo II: el Gigante de la fe


«De repente recordé cuando todo había comenzado». 

El 16 de octubre de 1978 el secretario del cardenal Wojtyla  Stanisław Dziwisz esperaba, como todo el mundo, la elección del nuevo Pontífice.  Y la emoción es casi la misma que la vivida aquella tarde.
Qué recuerda de aquel día que ha cambiado también su vida?
Como todos los días del cónclave fui a la plaza San Pedro y entre la multitud esperaba la elección del nuevo Pontífice. Estaba allí también cuando aquella tarde el cardinal Pericle Felici pronunció el nombre del nuevo Papa. Quedé paralizado.  Hacia exactamente doce años que un dia de octubre de 1966, el arzobispo metropolitano de Cracovia, monseñor Karol Wojtyła, me había invitado a colaborar con  él. Tenía veintisiete años, era un joven sacerdote.  Entonces no me daba cuenta que estaba comenzando la aventura más importante de mi vida.
A mucha gente le asombraba la gran tranquilidad y serenidad de este arzobispo “desconocido” de Cracovia al encarar una tarea que hubiera espantado a cualquiera.
Reflexionando ahora, creo que toda la vida personal y sacerdotal de Karol Wojtyła había sido como una preparación para esta misión única y dificilísima. El había vivido tiempos duros para la nación polaca: la ocupación nazi primero, el régimen comunista después.  Durante doce años fui testigo privilegiado de la vida cotidiana y de la misión pastoral del cardenal Wojtyła.  Lo que me impresionaba era el hecho que su actividad – sus encuentros con la gente, las decisiones que tomaba, las visitas pastorales, el anuncio de la palabra de Dios, la actividad académica – estaba constantemente inmersa en la oración.

Estamos en el Año de la fe y en estos días se está llevando a cabo el Sínodo para la nueva evangelización. Un tema éste muy cercano al corazón de Juan Pablo II.
Hablaba de la nueva evangelización porque era un gran evangelizador. En el mundo de hoy se puede evangelizar gracias a verdaderos testigos de la fe pero gracias también a auténticos pastores.  El fue testigo y  pastor.  Por medio de su persona hemos recibido el don de  una guía sabia en nuestro mundo difícil e inquieto.  Yo soy testigo – mejor dicho  “todos nosotros fuimos testigos” de su gigantesco trabajo de evangelización. Juan Pablo II no descanso en su pontificado porque quería  que la verdad de Cristo – Señor y Redentor del hombre – llegase a todos, a aquellos que ni siquiera habían oído hablar de El,  y también a  aquellos que lo habían olvidado en el desierto creado por el secularismo, donde el hombre vive como si Dios no existiese.   
Que herencia nos deja el Papa Wojtyla?  Personalmente que le ha dejado este hombre definido por usted como un «gigante de  la fe»?
Como hombre y como sacerdote me he formado en la escuela de Karol Wojtyla. El continúa influyéndome en mi servicio a la Iglesia y a la gente. Juan Pablo II me ha hecho ejecutor de su testamento. Pero se trata básicamente de su testamento espiritual, porque el Santo Padre tenía pocas cosas materiales: me había encargado regalar todo lo que poseía. Ha dejado,  en cambio,  una enorme herencia espiritual.  
 Włodzimierz Rędzioch
16 de octubre 2012

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