Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

viernes, 17 de enero de 2014

Sor Faustina Secretaria y Apóstol de la Divina Misericordia (6 de 11) La imagen




La Imagen
“El contenido de la imagen que proviene de la visión que tuvo Sor Faustina de Jesús en Plock, el 22 de febrero de 1931, dispone de las indicaciones detalladas de Jesús (Diario 47). Vio a Jesús vestido de una túnica blanca, con la mano derecha elevada en señal de bendición y la izquierda separando la túnica a la altura del pecho, de donde salen un rayo pálido y otro rojo. Como explica el mismo Jesús: Los dos rayos significan la Sangre y el agua. El rayo pálido simboliza el agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas… Ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de Mi misericordia, cuando mi Corazón agonizante fue abierto en la cruz por la lanza. (Diario 299). La indicación adicional se refería a la mirada de Jesús, como la mirada en la cruz (Diario 326) lo que el padre Sopocko interpretó como la mirada “desde arriba”, es decir, desde la altura de la cruz (por ejemplo, en las imágenes de A. Styka y L. Sleñdzinski), el padre J. Andrasz, jesuita, lo leyó, sin embargo como la mirada misericordiosa del Salvador dirigida hacia el pecador (el cuadro de A. Hyla). Finalmente, el elemento integral de la imagen es la Inscripción: Jesús, confío en Ti, como síntesis de mensaje de la imagen, es decir, un acercamiento de la verdad teológica y la realidad de la Divina Misericordia, despertando en las almas atormentadas la mitigación, el consuelo y la esperanza. Al culto de esta imagen, Jesús asoció promesas: la imagen constituye un recipiente para recoger las gracias de la fuente de la misericordia y a Sus seguidores les garantizó la salvación eterna, el crecimiento de la perfección cristiana y la gracia de una buena muerte.
El deseo de Jesús de que la imagen sea bendecida y adorada en público  el primer domingo después de Pascua, corresponde de forma sorprendente al contenido de una perícopa bíblica del Evangelio de San Juan, destinada para este día desde el Concilio de Trento. El domingo en cuestión, la iglesia lee la historia de la aparición del Resucitado a los apóstoles reunidos en el Cenáculo, cuando les concede el poder de perdonar los pecados usando el poder que les es concedido por el Espíritu Santo (J 20, 19-23). Para captar la teología de la imagen, puede servir de ayuda la falta de relevancia suficiente de la imagen del Jesús pintado y del Jesús que le apareció a Sor Faustina. La imperfección de esta imagen, que la distingue claramente de los iconos, indica la específica de su función, que es la presentación, no la representación, es decir, la oración que se reza ante la imagen, no a la imagen, como es en el caso de un icono. Su eco/su repercusión está en guiar la atención de una persona hacia el lado del cuerpo de Jesús, donde está el corazón perforado, del que salen los rayos: en caso de un icono, la mirada del espectador se dirige hacia los ojos del personaje pintado. Cabe destacar también una interpretación diferente a la tradicional, del simbolismo de la sangre que, en este caso, no lo es tanto una expresión del sacrificio que borra el pecado, sino un signo de la vida otorgada a las almas. La fuente de la vida concedida es el misterio pascual de Jesús, simbolizado mediante un costado perforado, o, para ser más exactos, Su Corazón Divino ardiente de amor por el pecador. La luz que emana de la figura de Jesús no es sólo un reflejo de la humanidad glorificada de Jesús, sino también el esplendor de la gloria de su divinidad. Hay que mencionar también una interpretación más amplia de la imagen que va más allá de su contexto pascual y ve en él, tal y como quiere el padre J. Andrasz, una señal del amor misericordioso de Dios, el Creador y el Redentor por los pecadores, o como el padre J. Rozycki, indica la figura de Jesús en la imagen como la más completa revelación de la Misericordia de la Santísima Trinidad.
Por lo tanto la imposición de dos acontecimientos de salvación y de revelación en la imagen, como la muerte en la cruz y la transmisión por el Resucitado de la misión  de reconciliación, expresa el objetivo de la imagen como un recipiente lleno de gracias provenientes de los pozos de la misericordia y las herramientas para conceder las gracias.   Por lo tanto es comprensible que la imagen despierte confianza, y por la voluntad de Jesús, recuerda la necesidad de realizar actos de la misericordia. Se puede hablar entonces de la imagen como de una especie de clave hermenéutica para el misterio y el culto de la Divina Misericordia. Debido a que el mensaje del amor misericordioso de Dios está presente en la imagen junto con la respuesta del pecador: Jesús, confío en Ti, por lo tanto, la imagen es, también una síntesis visual particular del mensaje de la Divina Misericordia y de Su culto. La actitud de confianza deseada y esperada del adorador es una base vital religiosa, que supera la esperanza natural o la seguridad de convertirse en algo, o la convicción de tener fundamentos para confiar en alguien, ya que incluye principalmente las virtudes teológicas de la fe, la esperanza y el amor, y porque el adorador sea un pecador, las virtudes morales de la humildad y del arrepentimiento. El reflejo práctico de la confianza es el  hecho de encomendarse a Dios y de cumplir Su voluntad de la que hablan los mandamientos, las obligaciones del estado y las inspiraciones interiores.”

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