Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 20 de septiembre de 2014

Juan Pablo II y Albania (1 de 3)

El 22 de abril de 1993  presentaba sus credenciales el primer embajador de Tirana (Albania) ante la Santa Sede.

En su discurso el Papa reconocia que  Albania atravesaba un momento nada fácil debido a la pesada herencia dejada por el viejo régimen.  Y llamaba a la joven democracia a abrazar con ambición y orgullo el objetivo de superar la estrechez de la estructura reinante hasta entonces y a resolver los graves problemas que atravesaban,  para asi consolidar nuevas estructuras dentro del marco de las convenciones internacionales.


El mismo 22 de abril el Papa Juan Pablo II visitaba 
el Santuario Madre del BuenConsejo  de Genazzano, considerado también el Santuario del pueblo albanes porque la tradición cuenta que la misma imagen que se venera en Scutari (Albania) apareció prodigiosamente en Genazzano el 25 de abril de 1467.  Alli concurría asiduamente también la Madre Teresa de Calcuta, la última vez el 10 de junio de 1993.  Una copia fiel de la imagen de este Santuario fue bendecida por el Papa Juan Pablo II y entronizada por él mismo durante su visita a Scutari el 25 de abril de 1993.


Y asi el  25 de abril de 1993 el Papa Juan Pablo II  visitaba Albania,  un país básicamente ateo, tras casi cincuenta años de régimen comunista.  Fue una visita de tan solo un dia, y era el primer Papa que visitaba el país.  El programa incluía la visita a Scutari (un 40% de católicos) y donde se encontraba el único seminario del país, que alojaba entonces 52 seminaristas. En Tirana, en cambio los católicos eran unos 10.000 sobre una población de 250.000 habitantes.  Toda Albania contaba entonces con tan solo 16 sacerdotes diocesanos, 45 religiosos y 155 religiosas.  

En la catedral de Scutari, que los comunistas habían transformado en un centro deportivo, el Papa consagró a cuatro obispos albaneses, entre ellos los de Scutari y Tirana.  Después, antes de volver a Roma, se dirigió a la nación albanesa en la plaza Scanderbeg de Tirana. Radio Vaticano rememoraba este momento:



“El sol se había ya puesto en Tirana cuando Juan Pablo II comienza a hablar. Pero las personas que llenan la plaza Scanderbeg saben que hay una luz más grande que les ilumina. Y que no se puede apagar. Es la luz de la fe el Cristo, que ha resistido en el corazón de los albaneses a los largos y fríos días oscuros del invierno comunista. Karol Wojtyla, el Papa venido de Polonia, que sabe bien qué sufrimientos han atravesado los cristianos albaneses, ha querido estar en Albania para compartir la alegría por la libertad reencontrada y para honrar la fe indestructible del pueblo albanés.”


Era la víspera de la festividad de Nuestra Señora del Buen Consejo,  y en el Ángelus Juan Pablo II expresaba “En la solemne celebración, que acabamos de concluir en la catedral, se bendijo la primera piedra del nuevo santuario dedicado a la Virgen del Buen Consejo. Destruido dos veces en el curso de la historia, volverá a surgir como símbolo de la fe indestructible del pueblo albanés. La ordenación de vuestro arzobispo y la primera piedra de vuestro santuario, punto de referencia de la fe de todos los creyentes de Albania, constituyen de este modo dos signos alentadores de una comunidad que reanuda su camino con nuevo vigor y con responsabilidad más consciente.
También recordaba a los fieles que hacía un año, el 26 de abril de 1992 en ese mismo lugar el  nuncio apostólico, mons. Ivan Dias, en presencia de eclesiásticos, sacerdotes, religiosas, autoridades civiles y un gran número de fieles, consagraba a Albania a la Virgen del Buen Consejo. 



Se cumplia casi una utopia: la visita de un Papa a  un país que había inscrito el ateísmo a fuego en su Constitución y en su gente. Un país que había impuesto el ateísmo de estado, con una persecución activa y violenta de todas las religiones,  instituciones, líderes y  creyentes. Aun desde la antigua Yugoslavia con un régimen comunista Albania era vista como un país que vivía en ostracismo, aislado del resto del mundo con las historias de terror más increíbles. Yo misma recuerdo la impresión que me causó cuando – estando en el lago Ohrid, aun durante el gobierno comunista en Yugoslavia – nos comentaron que el lago dividía esa parte de Yugoslavia que era Macedonia y Albania, que la parte albanesa estaba minada y por el limite corría un cerco electrificado.