Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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viernes, 31 de marzo de 2023

"Queremos ver a Jesús" (Jn 12, 21), la Cruz de los jovenes y el Domingo de Ramos

 

(imagen de Wikimedia)

Revisando los textos de los Mensajes de Juan Pablo II a los jóvenes para las JMJ encuentro  este Discurso del 1 de abril de 2004 como preparaciónpara la  XIX JMJ diocesana y celebrada en Roma el Domingo de Ramos 2004, en lo que fue su última Jornada. No puedo quitarle nada, la cita es textual del sitio de la Santa Sedesolo he omitido los saludos dirigidos a las autoridades locales y la referencia a un Foro juvenil que se realizaría en Roma en octubre. Un discurso para leer detenidamente y volver a leer….

1. "Queremos ver a Jesús" (Jn 12, 21). Es la petición que algunos "griegos", que habían acudido a Jerusalén para la Pascua, dirigen a Felipe. El Maestro, advertido de este deseo, comprende que ha llegado su "hora". La "hora" de la cruz, de la obediencia al Padre siguiendo la suerte del grano de trigo que, cayendo en tierra, se pudre y muere para producir fruto. 

Para Jesús ha llegado también la "hora" de la gloria. La "hora" de la pasión, muerte, resurrección y ascensión al cielo. La "hora" en que entregará su vida para recobrarla de nuevo y donarla a todos. La "hora" en que, en la cruz, vencerá el pecado y la muerte en beneficio de toda la humanidad. 

También nosotros estamos llamados a vivir esa "hora", para ser "honrados" juntamente con él por el Padre. 

[…]

2. Hace veinte años, al concluir el Año santo de la Redención, entregué a los jóvenes la cruz, el madero en el que Cristo fue elevado de la tierra y vivió la "hora" para la cual había venido al mundo. Desde entonces esa cruz, peregrinando de una Jornada de la juventud a otra, está recorriendo el mundo sostenida por los jóvenes y anuncia el amor misericordioso de Dios, que sale al encuentro de todas sus criaturas para restituirles la dignidad perdida a causa del pecado. 

Gracias a vosotros, queridos amigos, millones de jóvenes, al mirar esa cruz, han cambiado su existencia, comprometiéndose a vivir como auténticos cristianos. 

3. Amadísimos jóvenes, permaneced unidos a la cruz. Mirad la gloria que os espera también a vosotros. ¡Cuántas heridas sufre vuestro corazón, a menudo causadas por el mundo de los adultos! Al entregaros una vez más idealmente la cruz, os invito a creer que somos muchos los que confiamos en vosotros, que Cristo confía en vosotros y que sólo en él está la salvación que buscáis.

¡Cuán necesario resulta hoy renovar el modo de acercarnos a los jóvenes para anunciarles el Evangelio! Ciertamente, debemos replantear nuestra propia situación para evangelizar el mundo juvenil, pero con la certeza de que también hoy Cristo desea que lo vean, de que también hoy quiere mostrar a todos su rostro. 

4. Queridos jóvenes, no tengáis miedo de emprender caminos nuevos de entrega total al Señor y de misión; sugerid vosotros mismos cómo llevar hoy la cruz al mundo. 

[…]

Alimentados con la Eucaristía, unidos a la Iglesia y aceptando vuestras cruces, haced que explote en el mundo vuestra carga de fe y anunciad a todos la misericordia divina. 

5. En este camino, no tengáis miedo de fiaros de Cristo. Ciertamente, amáis el mundo, y hacéis bien, porque el mundo fue creado para el hombre. Sin embargo, en un determinado momento de la vida, es preciso hacer una opción radical. Sin renegar de nada de lo que es expresión de la belleza de Dios y de los talentos recibidos de él, hay que ponerse de parte de Cristo, para testimoniar ante todos el amor de Dios. 

A este respecto, me complace recordar la gran atracción espiritual que ejerció en la historia de mi vocación la figura del santo fray Alberto, Adam Chmielowski -así se llamaba-, que no era sacerdote. Fray Alberto era pintor de gran talento y cultura. Pues bien, en un determinado momento de su vida, rompió con el arte, porque comprendió que Dios lo llamaba a tareas mucho más importantes. Se trasladó a Cracovia, para hacerse pobre entre los más pobres, entregándose al servicio de los desheredados. En él encontré un gran apoyo espiritual y un ejemplo para alejarme de la literatura y del teatro, para la elección radical de la vocación al sacerdocio. Después, una de mis mayores alegrías fue elevarlo al honor de los altares, como, anteriormente, dedicarle una obra dramática:  "Hermano de nuestro Dios". 

Mirad que seguir a Cristo no significa renunciar a los dones que nos concede, sino elegir un camino de entrega radical a él. Si llama a este camino, el "sí" resulta necesario. Por tanto, no tengáis miedo de entregaros a él. Jesús sabe cómo debéis llevar hoy su cruz en el mundo, para colmar las expectativas de muchos otros corazones jóvenes. 

6. ¡Cómo han cambiado los jóvenes de hoy con respecto a los de hace veinte años! ¡Cómo ha cambiado el contexto cultural y social en el que vivimos! Pero Cristo, no, él no ha cambiado. Él es el Redentor del hombre ayer, hoy y siempre.   Así pues, poned vuestros talentos al servicio de la nueva evangelización, para recrear un entramado de vida cristiana. 

El Papa está con vosotros. Creed en Jesús, contemplad su rostro de Señor crucificado y resucitado, un rostro que muchos quieren ver, pero que, a menudo, está velado por nuestro escaso celo por el Evangelio y por nuestro pecado. 

Oh Jesús amado, oh Jesús buscado, revélanos tu rostro de luz y de perdón! ¡Míranos, renuévanos, envíanos!  Muchísimos jóvenes te esperan y, si no te ven, no podrán vivir su vocación, no podrán vivir por ti y contigo, para renovar el mundo bajo tu mirada, dirigida al Padre y, al mismo tiempo, a nuestra pobre humanidad. 

7. Amadísimos amigos, con creatividad siempre nueva, inspirada por el Espíritu Santo en la oración, seguid llevando juntos la cruz que os entregué hace veinte años.   Los jóvenes de entonces han cambiado, como también  yo  he cambiado, pero vuestro corazón, como el mío, tiene siempre sed de verdad, de felicidad, de eternidad y, por tanto, es siempre joven. Esta tarde pongo nuevamente mi confianza en vosotros, esperanza de la Iglesia y de la sociedad.

 ¡No tengáis miedo! Llevad por doquier, a tiempo y a destiempo (cf. 2 Tm 4, 2), la fuerza de la cruz, para que todos, también gracias a vosotros, puedan seguir viendo y creyendo en el Redentor del hombre. Amén.

  

(Encuentro de Juan Pablo II con los jóvenes d ela Diócesis deRoma como preparación para la XIX Jornada Mundial de la Juventud -  jueves 1 de abril de 2004)

 

 

martes, 5 de julio de 2022

Juan Pablo II 1985 Checoslovaquia – santos Cirilo y Metodio

 


El 5 de julio de 1985 marca un hito en la Iglesia católica checa y eslovaca. Como había ocurrido en 1979 en Polonia, ese día la Iglesia y los católicos le perdieron el miedo al régimen, con la fuerte impronta espiritual de Juan Pablo II, que hubiese querido visitar Checoslovaquia, con motivo del 1100 aniversario de la muerte de San Metodio, pero el régimen comunista le negó la visa. Fue entonces el cardenal Casaroli el encargado de llevar en su representación la rosa de oro que donaba al Santuario de Velehrad, uno de los lugares de peregrinación más importantes en Moravia, relacionado estrechamente con San Cirilo y San Metodio, quien fue primer arzobispo de la gran Moravia.

 Ante la imposibilidad de la visita Juan Pablo II el 19 de marzo de 1985 escribió un mensaje para los sacerdotes de Checoslovaquia donde les dejaba tres máximas : el el coraje de aceptar la historia y la humildad ante los misterios de la Divina Providencia; guardar celosamente el carácter religioso de su personalidad sacerdotal; y la responsabilidad. El Cardenal Frantisek Tomasek, férreo defensor de la libertad y la fe, sucesor del cardenal Beran (a quien le habia sido negado volver a su patria) leyó la carta del Papa ante 1100 sacerdotes checoslovacos en una concelebración masiva en Velehrad el 11 de abril.

Juan Pablo II continúo con su aporte y el 2 de junio de 1985 emitió su cuarta encíclica Slavorum Apostoli (los Apostoles de los Eslavos) en memoria de los dos santos Cirilo y Metodio, evangelizadores de los pueblos eslavos, considerados co-patronos de Europa, junto a san Benito.

Pero fue el 5 de julio de 1985, el dia que efectivamente se celebraba el 1100 aniversario de la muerte de san Metodio que la Iglesia Catolica recobró su fuerza y renació públicamente al congregarse para la celebración unas 200.000 personas. Dice Weigel en Testigo de Esperanza que el régimen había querido manipular la celebración tratándola de “festival pacifico” sin éxito, pues la gente comenzó a exclamar a viva voz “Esto es una peregrinación… queremos al Papa… queremos Misa”. Y la celebración se convirtió en la manifestación católica más multitudinaria en Checoslovaquia desde 1948.

No pudiendo estar presente personalmente Juan Pablo II invitó a los presentes en el Angelus de la Plaza San Pedro el 7 de julio de 1985 a “unirse espiritualmente s sus hermanos y hermanas de Checoslovaquia, que celebran solemnemente en Velehrad el XI centenario de la muerte de San Metodio. Decía en el encuentro “Precisamente con relación a este significativo acontecimiento eclesial, se ha hecho pública estos días mi Carta Encíclica Slavorum Apostoli, que lleva la fecha del 2 de junio, solemnidad de la Santísima Trinidad. Con esta Carta he querido recordar la vida santa y los grandes méritos apostólicos de los hermanos Cirilo y Metodio, nativos de Salónica (la antigua Tesalónica), que emprendieron entre los pueblos eslavos la misión evangelizadora, a la que dedicaron toda su vida”.

Aunque el gobierno comunista continuo hostigando al pueblo creyente, y el 25 de marzo de 1989, el “Viernes Santo de Bratislava” (la capital eslovaca) la policía atacó a los fieles que con velas encendidas rezaban en la plaza, definitivamente habían vencido el miedo. La represión continuó y en octubre la policía arrestó a 355 manifestantes pacifistas, entre ellos a Havel, posterior Jefe de Estado. Mas tarde se anunciaron ciertas facilidades para cruzar las fronteras y en 1989 una gran cantidad de fieles pudo peregrinar a Roma para participar en la canonización de Santa Inés de Bohemia y Adam Chmielowski.

Algunos meses después del “Viernes Santo” y la represión a los estudiantes, el pueblo de Praga salio a la calle pidiendo el final del terror rojo y el regreso a la libertad. El 4 de diciembre se desmoronó el gobierno comunista y resonó el solemne Te Deum en Praga con la presencia del cardenal Tomasek.

Finalmente el santo Padre Juan Pablo II pudo visitar Praga, la ciudad de los cien campanarios, en un momento histórico muy diferente. Fué “el milagro de Praga” : 22 de abril de 1990. Checoslovaquia ya liberada del régimen comunista lo recibía en breve visita entre el 21 y 22 de abril de 1990 en la República Federativa Checa y Eslovaca. En memoria de su visita fue erigida una gran cruz blanca contigua al Santuario de la Virgen Maria de Velehrad.

Juan Pablo II visitarìa nuevamente la Republica Checa y Eslovaca en mayo de 1995 y en abril de 1997 y Eslovaquia en junio 1995 y en septiembre 2003.