Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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lunes, 25 de julio de 2022

George Weigel : Historia de Karol – Llamadme tio

 


Fue un viaje tranquilo hasta Zakopane. El tren etaba atestado. Dirigirse a un sacerdote sin sotana llamándolo “padre” podía arquear un montón de cejas, o levantaría las sospechas de cuales quiera que fuesen los tipos de seguridad estatal que husmearan por allí.  Al llegar al centro turístico de montaña, acudieron a oir misa en una pequeña capilla y luego fueron andando a casa […]  Danuta Skrabianka se preguntaba como iban a hablar con su capellán en el trayecto de vuelta sin delatarle o comprometerle. Haciendo acopio de valor, expuso sus preocupaciones y le preguntó tímidamente al sacerdote si podrían llamarle por algún nombre familiar ficticio. El capellán no titubeó. Citando la frase más famosa de la trilogía de Henryk Sienkiewicz, el padre Karol Wojyła contestó a la atribulada muchacha: «llamadme tio».



Papas anteriores, al hablar acerca de sus años de formación como jóvenes sacerdotes, habían recordado sus épocas en la Academia, la escuela romana altamente selectiva para los diplomáticos eclesiásticos, o sus primeras experiencias como profesores de seminario. En cambio, de cualquier discusión sobre su temprano sacerdocio, Juan Pablo II resaltaba la importancia de «mi Srodowisko», lo cual supone una considerable diferencia. Srodowisko, termino sugerido por el propio Wojtyła en los años sesenta, es ahora la descripción que de si mismo hace un grupo de unos doscientos hombres y mujeres, muchos de ellos parejas casadas que tienen nietos, que empezó a adquirir forma por primera vez durante la capellanía universitaria de Wojtyła en san Florián. No es fácil traducir el término. «Medio ambiente» es una posibilidad, pero Juan Pablo II prefiere el mas humanístico «entorno». En cualquier caso, lo que luego daría en llamarse Srodowisko involucraba la fusión de varias redes de jóvenes adultos y parejas casadas con quienes trabajaba el padre Wojtyła. Los primeros se llamaban a sí mismos rodzinka, o pequeña familia. Un grupo posterior de los jóvenes de Wojtyła se hacia llamar paczka, «paquete». Srodowisko seria testigo de cómo los grupos de jóvenes evolucionaban hacia redes de conversación intelectual.  Tanto los jóvenes como los intelectuales se involucraron en excursiones vacacionales. La palabra en si misma puede resultar difícil de traducir, pero que esa de de amistades seria crucial a la hora de conformar las ideas y el ministerio de Karol Wojtyła, como sacerdote, obispo y en definitiva como Papa es indiscutible.

Rodzinka, la pequeña familia que se convirtió en primer componente del Srodowisko de Wojtyła, se inicio la noche del 2 de febrero de 1951. Era la festividad de la presentación del Niño Jesus en el templo y, según la costumbre polaca, el ultimo dia en que se cantaban villancicos. Danuta Skrabianka, estudiante de literatura en la universidad, vivía en la residencia para mujeres de las hermanas de Nazaret, a una manzana más o menos de la iglesia de San Florián.  Ella y algunas amigas habían conocido previamente a un «sacerdote joven, humildemente vestido y devoto», que  había resultado hallarse a cargo de la capellanía para los estudiantes de la parroquia. Cuando las invito a ayudarle a formar un coro parroquial, accedieron a hablar del tema. Al ascender los veintitrés peldaños de piedra hasta la galería del coro de San Florián, primero se toparon con un par de zapatos baratos, luego con una raída sotana, y por fin con el joven sacerdote, que estrecho las manos de todas e hizo que empezaran a cantar villancicos. Cuando hubieron concluido con los cánticos navideños, el sacerdote les pidió que se quedasen y trato de despertar su interés por el canto gregoriano. También  las invito a su misa de las seis de la mañana el miércoles siguiente. Las chicas volvieron, y pronto se les unieron chicos de Politécnico de Cracovia, a quienes el joven sacerdote también había invitado a formar parte del naciente coro.  […]  Poco tiempo después, aquel grupo de jóvenes, menos de veinte en total, empezó a reunirse en sus casas […] Su punto de unión era la oración, en especial la oración litúrgica. EL padre Wojtyła les concedía días para ordenar sus pensamientos, en lo que constituían mini ejercicios espirituales para marcar ocasiones especiales durante el año. En la festividad del santo en honor del cual les habían nombrado (según la costumbre polaca, se celebraba en lugar de los cumpleaños) decía misa por ellos y asistía a fiestas en sus casas. Como a los estudiantes de todas partes, les ponían nerviosos los exámenes. El padre Wojtyla celebraba misa con ellos las mañanas de los exámenes y acudía a las fiestas nocturnas posteriores a los mismos. Empezaban a formarse amistados profundas entre los estudiantes, que se llamaban a si mismos rodzinka, pequeña familia. El carismático padre Wojtyła continuaba atrayendo seguidores y Rodzinka se expandía a través de los familiares. [...]

Previametne, la tarea del capellán había consistido en proveer de servicios sacramentales a los estudiantes. Wojtyla, quien de hecho intensificara el ministerio sacramental de la capellanía e involucrara a los estudiantes en el litúrgicamente, consideraba su capellanía un ministerio de «acompañamiento», un modo de «acompañar» a aquellos estudiantes en sus vidas. La presencia del capellán no podía limitarse al presbiterio y al confesionario. Una  capellanía realmente efectiva, opinaba, debía estar presente en aquellas jóvenes vidas, tanto en el mundo como en la iglesia.  […]

George Weigel, Testigo de esperanza, Plaza Janes 1999

sábado, 16 de abril de 2016

Karol Wojtyla y sus jóvenes inspiradores de Rodzinka y Srodowisko (2 de 2)


“Los jóvenes estaban sedientos de palabras distintas, de palabras verdaderas, creíbles; tenían necesidad de guías y querían sentirlos cercanos, amigos. Fue entonces cuando Wojtyla volvió a pensar en lo que había visto unos años antes, en el viaje a través de Europa y cómo había percibido la exigencia de nuevos métodos educativos y pastorales. Partiendo de aquello tomó pie para inventar el llamado apostolado de la  «excursión». […] Eran excursiones que se prolongaban a veces incluso durante un par de semanas, y durante las cuales, en torno al fuego y tras la Misa celebrada al aire libre, seguían con las reflexiones sobre Dios, sobre la espiritualidad del alma humana. Pero también sobre los problemas concretos que los jóvenes encontraban en su vida cotidiana. Se trataba de una experiencia pionera para aquellos tiempos. Y de hecho, al principio, los mismos padres la veían con cierta desconfianza. Todavía peor era cómo la miraba la policía, que veía conjuras por todas partes, e imaginaba peligro de revueltas en cualquier pequeña reunión. De modo que para no llamar la atención, en las excursiones Wojtyła vestía ropas civiles y los chicos le llamaban Wujek, tío, mientras que ellos eran la Packa, la pandilla. Los jóvenes empezaron a descubrir en el Evangelio un punto de referencia significativo para su existencia. […]

El siguiente paso que dio Wojtyła fue el lanzamiento de un programa de preparación al matrimonio, el primero de la diócesis de Cracovia. Organizó cursos para novios, celebró en numerosas bodas, por lo menos una semanal durante un par de años. Y luego daba continuidad al seguimiento de las nuevas parejas, especialmente tras el nacimiento de los niños. […]   De esta manera fue tomando cuerpo una nueva asociación, la Rodzinka, esto es, la pequeña familia. Y la Rodzinka fue progresivamente uniéndose con el primer frente pastoral, el de los jóvenes, hasta que llegaron a formar – fue éste otro de los eslóganes de Wojtyla – el Srodowisko, esto es, una gran red que incluía a los diversos grupos.

 […] Y en este punto hizo un segundo descubrimiento, que llamó el «amor humano», el «amor bello». Efectivamente, muy pronto se dio cuenta de que esta vocación al amor era el elemento de contacto más estrecho con los jóvenes. Y por tanto, sostenía que a los jóvenes había que enseñarles el amor. «El amor no es algo que se aprenda, y sin embargo, no hay nada qu sea tan necesario aprender». Defendía – y en aquel tiempo era, sin duda, una afirmación muy fuerte – que «el instinto sexual es un don de Dios». […]  «Amar significa desear el bien del otro, ofrecerse a sì mismos por el bien del otro Cuando, como fruto del donde si mismos por el bien del otro, nace una nueva vida, esa donación de sí debe surgir del amor». […].


Esos años representaron un momento determinante para Karol Wojtyła en el plano de la maduración personal. Fueron aquellos jóvenes, aquellas parejas, con sus preguntas, con sus dudas, y sobre todo, con sus experiencias, quienes le indicaron el camino para entrar en la comprensión de la realidad humana. Por eso, ellos fueron sus primeros educadores.”

viernes, 15 de abril de 2016

Karol Wojtyla y sus jóvenes inspiradores de Rodzinka y Srodowisko (1 de 2)


 […] Cuando no habían pasado más que ocho meses desde que llegara a Niegowic, al campo, en la periferia de Cracovia, fue trasladado a San Florián, una parroquia céntrica, cera del casco antiguo. Era una de las más activas, de las más vivas, y a ella acudían muchos de los representantes de la intelectualidad católica. Y allí, como ya habían hecho en la iglesia de Santa Ana, habían abierto un centro de pastoral para los estudiantes de las universidades. Al inicio le costó un poco entrar en aquel ambiente nuevo, todavía poco conocido. Karol enseñaba religión en un instituto y pasaba muchas horas en el confesionario. Hasta que un día las Hermanas de la Sagrada Familia, que dirigían un colegio universitario femenino, decidieron invitarlo a tener una serie de charlas con sus alumnas. Empezó así, casi por casualidad. Pero luego el tam-tam juvenil hizo el resto, y con gran rapidez.

[…] A las chicas se unieron los estudiantes y luego otros más, cada vez más numerosos, y todos quedaron fascinados, cautivados por aquel capellán. Era la primera vez que un cura, en vez de hablar sólo de Dios, de religión, de la Iglesia, trataba también de diversos aspectos de la condición juvenil. Y que no eludía los temas más candentes. Respondía abiertamente a las preguntas propias de los jóvenes sobre cómo afrontar y resolver los problemas del amor y del matrimonio, los vínculos con el trabajo, y las relaciones con los adultos. […]


Wojtyla tenía su estilo particular: rebatía el ateísmo a partir de la misma realidad juvenil. No atacaba directamente al marxismo, sino que a través del hecho mismo de mostrar sus clamorosas contradicciones respecto al mundo de los jóvenes y a sus inquietudes, demolía prácticamente aquella ideología desde dentro. […]

(Gian Franco Svidercoschi: Historia de Karol, Ediciones Internacionales Universitarias, Madrid, 2003)