Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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jueves, 16 de enero de 2025

Jan Tyranowski, el sastre místico, inspirador de Karol Wojtyla

 


Grandes cosas se le revelaron al joven Wojtyla cuando sus oídos se prestaron a la escucha de las palabras del sastre Jan Tyranowski y sus ojos se fijaron en el brillo de aquellos otros ojos. 

Ya como sacerdote maduro Karol Wojtyla lo cuenta en sus textos,  hablando no solo del sastre,  sino también del estudiante que lo escuchaba. La ciencia de Jan Tyranowski no estaba a la altura del joven Wojtyla;  Wojtyla no el maestro de Jan, sino Jan de Wojtyla. Jan comprendía sobre todo aquello que el hombre solamente recibe de Dios, o sea aquello que no se aprende en los libros.  Jan era un arbusto que ardía para Dios.  Miraba a Dios y Dios lo miraba a el.  La labor de Jan no sobresalía, pero  era muy grande la importancia de su ser de donde emanaba su forma de actuar, o sea el gran amor y la profundidad del conocimiento del hombre.  Ese sastre de un barrio periférico de Cracovia educaba a los jóvenes sin tener la mas mínima idea de que se trataba la educación.  Les daba a ellos aquello mismo que el experimentaba buscando a Dios. Les hablaba de su vida con Dios y en Dios. Les hablaba  - como escribe Wojtyla -  de una manera que nada tenía que ver con la perfección, y sin embargo sus palabras eran más adecuadas al misterio del hombre y de Dios que muchos elucubraciones académicas. No debe maravillarnos entonces que Jan haya influenciado tanto la manera de pensar y filosofar de Wojtyla. La persona y los actos de Jan Tranowski fueron la primera fuente inconsciente de inspiración para Persona y acto. Meditando junto a el sobre el hombre y sobre Dios, Karol Wojtyla vio como el hombre-persona es un evento del amor divino humano y de la verdad divino humana.  Es justamente esto que vemos de lejos y nunca directamente.

 Karol Wojtyla tomaba conocimiento de Jan y aprendía de él en momentos particulares, como por ejemplo aquella noche en la cual se quedaron,  junto a otros jóvenes,  para escucharlo mientras hablaba con expresiones poco sofisticadas de la intimidad del hombre con Dios. Aquella noche el estudiante Wojtyla escuchaba las “voces” que le llegaban mediante frases torpes en gramática pero con las cuales Jan Tyranowski se abria y se daba por entero.   Prestando oídos a las palabras de Jan sobre la convivencia con Dios, vio que le hombre es grande solo cuando es Epifanía de Dios.

 El sastre Tyranowski introdujo al joven Wojtyla en el mundo de la mística, en un tiempo en el cual arreciaba con furia y calculada precisión  la mentira del  nazismo alemán,  y el azote ruso ya había comenzado a pesar sobre los polacos. Tyranowski infundía en los jóvenes las fuentes místicas, en busca de  la libertad.  Con la ayuda de grandes místicos como San Juan de la Cruz y Luis Maria Grignon de Montfort, les enseñaba a conquistar la libertad a diario,  sin importar el precio a pagar. En el espacio de la experiencia de las personas, en comunión con otras, les enseñaba a leer la Biblia, la poesía y las obras de grandes pensadores. Sin recurrir a manuales. Iba por delante de ellos, aferrándose a la persona de Cristo, en el cual encontraban el «agua viva» (Jn 4,10),  que  apagaba su deseo de la realidad más lejana y al mismo tiempo la mas cercana al hombre.  Con su sola presencia, el sastre Jan le mostro a Wojtyla el sentido de estar ante el hombre. Como sacerdote, como obispo y después como Papa, Karol Wojtyla siempre tuvo presente este dialogo de los dones recibidos en aquel cuartito del sastre, en la convivencia pastoral con los estudiantes y con los profesores de Cracovia, de los cuales nació el así llamado “ambiente” (środowisko).

 (traducido de Stanislaw Grygiel: Dialogando con Giovanni Paolo II, Cantagalli, 2013)


lunes, 25 de julio de 2022

George Weigel : Historia de Karol – Llamadme tio

 


Fue un viaje tranquilo hasta Zakopane. El tren etaba atestado. Dirigirse a un sacerdote sin sotana llamándolo “padre” podía arquear un montón de cejas, o levantaría las sospechas de cuales quiera que fuesen los tipos de seguridad estatal que husmearan por allí.  Al llegar al centro turístico de montaña, acudieron a oir misa en una pequeña capilla y luego fueron andando a casa […]  Danuta Skrabianka se preguntaba como iban a hablar con su capellán en el trayecto de vuelta sin delatarle o comprometerle. Haciendo acopio de valor, expuso sus preocupaciones y le preguntó tímidamente al sacerdote si podrían llamarle por algún nombre familiar ficticio. El capellán no titubeó. Citando la frase más famosa de la trilogía de Henryk Sienkiewicz, el padre Karol Wojyła contestó a la atribulada muchacha: «llamadme tio».



Papas anteriores, al hablar acerca de sus años de formación como jóvenes sacerdotes, habían recordado sus épocas en la Academia, la escuela romana altamente selectiva para los diplomáticos eclesiásticos, o sus primeras experiencias como profesores de seminario. En cambio, de cualquier discusión sobre su temprano sacerdocio, Juan Pablo II resaltaba la importancia de «mi Srodowisko», lo cual supone una considerable diferencia. Srodowisko, termino sugerido por el propio Wojtyła en los años sesenta, es ahora la descripción que de si mismo hace un grupo de unos doscientos hombres y mujeres, muchos de ellos parejas casadas que tienen nietos, que empezó a adquirir forma por primera vez durante la capellanía universitaria de Wojtyła en san Florián. No es fácil traducir el término. «Medio ambiente» es una posibilidad, pero Juan Pablo II prefiere el mas humanístico «entorno». En cualquier caso, lo que luego daría en llamarse Srodowisko involucraba la fusión de varias redes de jóvenes adultos y parejas casadas con quienes trabajaba el padre Wojtyła. Los primeros se llamaban a sí mismos rodzinka, o pequeña familia. Un grupo posterior de los jóvenes de Wojtyła se hacia llamar paczka, «paquete». Srodowisko seria testigo de cómo los grupos de jóvenes evolucionaban hacia redes de conversación intelectual.  Tanto los jóvenes como los intelectuales se involucraron en excursiones vacacionales. La palabra en si misma puede resultar difícil de traducir, pero que esa de de amistades seria crucial a la hora de conformar las ideas y el ministerio de Karol Wojtyła, como sacerdote, obispo y en definitiva como Papa es indiscutible.

Rodzinka, la pequeña familia que se convirtió en primer componente del Srodowisko de Wojtyła, se inicio la noche del 2 de febrero de 1951. Era la festividad de la presentación del Niño Jesus en el templo y, según la costumbre polaca, el ultimo dia en que se cantaban villancicos. Danuta Skrabianka, estudiante de literatura en la universidad, vivía en la residencia para mujeres de las hermanas de Nazaret, a una manzana más o menos de la iglesia de San Florián.  Ella y algunas amigas habían conocido previamente a un «sacerdote joven, humildemente vestido y devoto», que  había resultado hallarse a cargo de la capellanía para los estudiantes de la parroquia. Cuando las invito a ayudarle a formar un coro parroquial, accedieron a hablar del tema. Al ascender los veintitrés peldaños de piedra hasta la galería del coro de San Florián, primero se toparon con un par de zapatos baratos, luego con una raída sotana, y por fin con el joven sacerdote, que estrecho las manos de todas e hizo que empezaran a cantar villancicos. Cuando hubieron concluido con los cánticos navideños, el sacerdote les pidió que se quedasen y trato de despertar su interés por el canto gregoriano. También  las invito a su misa de las seis de la mañana el miércoles siguiente. Las chicas volvieron, y pronto se les unieron chicos de Politécnico de Cracovia, a quienes el joven sacerdote también había invitado a formar parte del naciente coro.  […]  Poco tiempo después, aquel grupo de jóvenes, menos de veinte en total, empezó a reunirse en sus casas […] Su punto de unión era la oración, en especial la oración litúrgica. EL padre Wojtyła les concedía días para ordenar sus pensamientos, en lo que constituían mini ejercicios espirituales para marcar ocasiones especiales durante el año. En la festividad del santo en honor del cual les habían nombrado (según la costumbre polaca, se celebraba en lugar de los cumpleaños) decía misa por ellos y asistía a fiestas en sus casas. Como a los estudiantes de todas partes, les ponían nerviosos los exámenes. El padre Wojtyla celebraba misa con ellos las mañanas de los exámenes y acudía a las fiestas nocturnas posteriores a los mismos. Empezaban a formarse amistados profundas entre los estudiantes, que se llamaban a si mismos rodzinka, pequeña familia. El carismático padre Wojtyła continuaba atrayendo seguidores y Rodzinka se expandía a través de los familiares. [...]

Previametne, la tarea del capellán había consistido en proveer de servicios sacramentales a los estudiantes. Wojtyla, quien de hecho intensificara el ministerio sacramental de la capellanía e involucrara a los estudiantes en el litúrgicamente, consideraba su capellanía un ministerio de «acompañamiento», un modo de «acompañar» a aquellos estudiantes en sus vidas. La presencia del capellán no podía limitarse al presbiterio y al confesionario. Una  capellanía realmente efectiva, opinaba, debía estar presente en aquellas jóvenes vidas, tanto en el mundo como en la iglesia.  […]

George Weigel, Testigo de esperanza, Plaza Janes 1999

sábado, 10 de octubre de 2020

Juan de Dios Larru: El grupo Środowisko y la vocación a amar el amor humano

 


Tras ocuparse inicialmente de los monaguillos, Karol Wojtyła comenzó a trabajar con los jóvenes, provenientes principalmente del Politécnico de Cracovia. En torno a él, comienza a formarse un grupo de oración que tiene su centro en la Eucaristía, y que recibe originalmente el nombre de Rodzinka (“pequeña familia”). La necesidad de una verdadera libertad y de una amistad con una profunda intimidad, amenazada por el régimen soviético, condujo al naciente grupo a sentir la fuerte necesidad de salir de los ambientes donde se encontraban estrechamente vigilados. Movidos por su amor a la naturaleza, en los años 1951- 1952 se comienzan a organizar las primeras excursiones a la montaña. Tras una de ellas, organizada en 1952, Wojtyła, por iniciativa de Danuta Rybicka, comenzará a ser llamado con el apelativo cariñoso de Wujek (“tío”). Posteriormente, cuando comienza a ser profesor, la comunidad se separa en cierto modo de la parroquia, creciendo y tomando diversos nombres como Paczka12 (“pandilla”), Towarzystwo (“compañía”), y Środowisko (“ambiente”) que es el que finalmente ha permanecido hasta hoy.

De este grupo forman parte personas que se confiesan con don Jan Pietrazsko, de modo que los domingos solían asistir juntos a la Eucaristía presidida por éste en la colegiata de Santa Ana. Sus homilías se convirtieron en un instrumento de formación fundamental para el grupo. Karol Wojtyła se convirtió muy pronto, con su extraordinaria y gigantesca personalidad, en el auténtico guía espiritual y humano del grupo entrando en contacto con los padres y hermanos de los jóvenes, para conocer de primera mano sus relaciones familiares. Como afirmó Benedicto XVI en la homilía de la Eucaristía celebrada con motivo del cuarto aniversario de su muerte: “Como padre afectuoso y atento educador, indicaba seguros y puntos firmes de referencia indispensables para todos, de modo especial para la juventud”. Es en este contexto donde hemos de situar esta íntima confesión de Karol Wojtyła: “Siendo aún un joven sacerdote aprendí a amar el amor humano” . Se trata de una ex presión específicamente sacerdotal con un sustrato muy fuerte en su propia vocación personal. Podríamos denominarla como una intensa llamada interior en su incipiente misión sacerdotal. Esta experiencia le va a marcar con un sello muy característico como discípulo del amor humano, que le impulsa a dedicar todas sus fuerzas a la búsqueda de un “amor hermoso”. La afirmación revela una singular sensibilidad para descubrir en el amor el lugar privilegiado donde Dios en Cristo se revela al hombre. Aprender a penetrar en el misterio del amor humano le va a permitir conocer el corazón del hombre y de la mujer de un modo novedoso. Este particular discipulazgo en la escuela del amor humano va a consistir para él en aprender a rastrear en el amor el modo como Dios comunica al hombre su plan de salvación.

Con el paso del tiempo Wojtyła se va a convertir en maestro y en testigo del amor humano, de modo que su entera biografía se puede leer bajo esta óptica15. A medida que los jóvenes comenzaron a ennoviarse, el tema del matrimonio y la familia comenzó a emerger como una de las cuestiones más relevantes. En una carta personal escrita a una de las integrantes del grupo escribe: “Normalmente se piensa de mí más o menos esto: Wujek desearía que todos se casasen. Pienso, sin embargo, que ésta sea una imagen falsa. Se trata, en realidad, de algo bien diferente. Mira, el hombre vive gracias al amor. La capacidad de amar determina su personalidad en profundidad, -no sin razón es éste el mandamiento mayor-, no una gran capacidad intelectual, sino la capacidad del amor auténtico, que consiste en un cierto salir de sí, en un cierto aprobar al otro y a los otros, en dedicarse a la realidad del hombre, de los hombres, y primero de todo en el dedicarse a Dios (…) no pienses ni por un instante que yo quiera algún atajo para tu camino. Quiero solamente tu propio camino. Wujek”.

Al inicio del verano de 1953, Wojtyła presentó al grupo de jóvenes un estudiante del Politécnico, llamado Jerzy Ciesielski, que había perdido a su padre hacía poco tiempo, y que deseaba agregarse al grupo. Jerzy era un joven ingeniero que había estudiado también educación física. Por sus cualidades y su amistad con Wujek, se va a convertir en el líder natural de Środowisko, impulsando con su espíritu las diferentes acciones del grupo . Organizaban con cierta frecuencia excursiones a la montaña y, de vez en cuando, otras en bicicleta o para ir a esquiar. También les gustaba ir en kayak. Jerzy era un gran aficionado a este último, y organizó en septiembre la travesía del río Brda, alquilando unos kayaks plegables. Jerzy solicitó aquel verano que su amiga Danuta, que posteriormente se convirtió en su mujer, pudiese incorporarse al grupo como así sucedió. Durante las excursiones, la jornada se iniciaba siempre con la santa Misa celebrada al aire libre. Si alguno deseaba hablar más personalmente con el sacerdote, podían ir en el mismo kayak o caminaban juntos a cierta distancia de los demás. Wojtyła les sugería contemplar a ratos en silencio la naturaleza, los bellos paisajes que les rodeaban con frecuencia. De este modo, el contacto con el misterio de la creación favoreció enormemente la profundización en la espiritualidad conyugal como una espiritualidad que brota del misterio del amor creador, de un amor que nos precede y del cual el nuestro es siempre respuesta. Ya los teólogos medievales, a la luz de su interpretación de Gn 2, 24, habían afirmado que entre los siete sacramentos, el matrimonio es el primero instituido por Dios, habiendo sido instituido ya en el momento de la creación, en el Paraíso, al principio de la historia, y antes de cada historia humana. Es un sacramento del Creador del universo, inscrito por lo tanto precisamente en el ser humano mismo, que es orientado hacia este camino.

Karol Wojtyła escribirá posteriormente en sus catequesis que: “en el hombre creado a imagen de Dios se ha revelado, en cierto sentido, la sacramentalidad misma de la creación, la sacramentalidad del mundo. Efectivamente, el hombre, mediante su corporeidad, su masculinidad y feminidad, se convierte en signo visible de la economía de la verdad y del amor, que tiene su fuente en Dios mismo y que ya fue revelada en el misterio de la creación”. Como es bien conocido, en 1958, durante una de estas excusiones en kayak sobre el río Lyna, a Karol Wojtyła le llegó la comunicación de haber sido nombrado obispo auxiliar de Cracovia. Comenzó, de este modo, una nueva etapa para el grupo. El número de actividades en las que podía participar directamente el nuevo obispo se iban reduciendo, pero, sin embargo, continuaba visitando las casas de los miembros del grupo, se interesaba por sus cuestiones profesionales y seguía con atención el crecimiento de sus hijos.

 del texto de Juan de Dios Larru: ¿CUÁL ES EL FUNDAMENTO DE LA ESPIRITUALIDAD CONYUGAL? LA PROPUESTA DE JUAN PABLO II A LA LUZ DE LA “REGLA DEL AMOR”

(presentado en la Jornada Lateranense celebrada el 10 de noviembre de 2009,  Campus de Santa Úrsula de la Universidad Católica de Valencia, presentación de

sábado, 16 de abril de 2016

Karol Wojtyla y sus jóvenes inspiradores de Rodzinka y Srodowisko (2 de 2)


“Los jóvenes estaban sedientos de palabras distintas, de palabras verdaderas, creíbles; tenían necesidad de guías y querían sentirlos cercanos, amigos. Fue entonces cuando Wojtyla volvió a pensar en lo que había visto unos años antes, en el viaje a través de Europa y cómo había percibido la exigencia de nuevos métodos educativos y pastorales. Partiendo de aquello tomó pie para inventar el llamado apostolado de la  «excursión». […] Eran excursiones que se prolongaban a veces incluso durante un par de semanas, y durante las cuales, en torno al fuego y tras la Misa celebrada al aire libre, seguían con las reflexiones sobre Dios, sobre la espiritualidad del alma humana. Pero también sobre los problemas concretos que los jóvenes encontraban en su vida cotidiana. Se trataba de una experiencia pionera para aquellos tiempos. Y de hecho, al principio, los mismos padres la veían con cierta desconfianza. Todavía peor era cómo la miraba la policía, que veía conjuras por todas partes, e imaginaba peligro de revueltas en cualquier pequeña reunión. De modo que para no llamar la atención, en las excursiones Wojtyła vestía ropas civiles y los chicos le llamaban Wujek, tío, mientras que ellos eran la Packa, la pandilla. Los jóvenes empezaron a descubrir en el Evangelio un punto de referencia significativo para su existencia. […]

El siguiente paso que dio Wojtyła fue el lanzamiento de un programa de preparación al matrimonio, el primero de la diócesis de Cracovia. Organizó cursos para novios, celebró en numerosas bodas, por lo menos una semanal durante un par de años. Y luego daba continuidad al seguimiento de las nuevas parejas, especialmente tras el nacimiento de los niños. […]   De esta manera fue tomando cuerpo una nueva asociación, la Rodzinka, esto es, la pequeña familia. Y la Rodzinka fue progresivamente uniéndose con el primer frente pastoral, el de los jóvenes, hasta que llegaron a formar – fue éste otro de los eslóganes de Wojtyla – el Srodowisko, esto es, una gran red que incluía a los diversos grupos.

 […] Y en este punto hizo un segundo descubrimiento, que llamó el «amor humano», el «amor bello». Efectivamente, muy pronto se dio cuenta de que esta vocación al amor era el elemento de contacto más estrecho con los jóvenes. Y por tanto, sostenía que a los jóvenes había que enseñarles el amor. «El amor no es algo que se aprenda, y sin embargo, no hay nada qu sea tan necesario aprender». Defendía – y en aquel tiempo era, sin duda, una afirmación muy fuerte – que «el instinto sexual es un don de Dios». […]  «Amar significa desear el bien del otro, ofrecerse a sì mismos por el bien del otro Cuando, como fruto del donde si mismos por el bien del otro, nace una nueva vida, esa donación de sí debe surgir del amor». […].


Esos años representaron un momento determinante para Karol Wojtyła en el plano de la maduración personal. Fueron aquellos jóvenes, aquellas parejas, con sus preguntas, con sus dudas, y sobre todo, con sus experiencias, quienes le indicaron el camino para entrar en la comprensión de la realidad humana. Por eso, ellos fueron sus primeros educadores.”

viernes, 15 de abril de 2016

Karol Wojtyla y sus jóvenes inspiradores de Rodzinka y Srodowisko (1 de 2)


 […] Cuando no habían pasado más que ocho meses desde que llegara a Niegowic, al campo, en la periferia de Cracovia, fue trasladado a San Florián, una parroquia céntrica, cera del casco antiguo. Era una de las más activas, de las más vivas, y a ella acudían muchos de los representantes de la intelectualidad católica. Y allí, como ya habían hecho en la iglesia de Santa Ana, habían abierto un centro de pastoral para los estudiantes de las universidades. Al inicio le costó un poco entrar en aquel ambiente nuevo, todavía poco conocido. Karol enseñaba religión en un instituto y pasaba muchas horas en el confesionario. Hasta que un día las Hermanas de la Sagrada Familia, que dirigían un colegio universitario femenino, decidieron invitarlo a tener una serie de charlas con sus alumnas. Empezó así, casi por casualidad. Pero luego el tam-tam juvenil hizo el resto, y con gran rapidez.

[…] A las chicas se unieron los estudiantes y luego otros más, cada vez más numerosos, y todos quedaron fascinados, cautivados por aquel capellán. Era la primera vez que un cura, en vez de hablar sólo de Dios, de religión, de la Iglesia, trataba también de diversos aspectos de la condición juvenil. Y que no eludía los temas más candentes. Respondía abiertamente a las preguntas propias de los jóvenes sobre cómo afrontar y resolver los problemas del amor y del matrimonio, los vínculos con el trabajo, y las relaciones con los adultos. […]


Wojtyla tenía su estilo particular: rebatía el ateísmo a partir de la misma realidad juvenil. No atacaba directamente al marxismo, sino que a través del hecho mismo de mostrar sus clamorosas contradicciones respecto al mundo de los jóvenes y a sus inquietudes, demolía prácticamente aquella ideología desde dentro. […]

(Gian Franco Svidercoschi: Historia de Karol, Ediciones Internacionales Universitarias, Madrid, 2003)