
Tras ocuparse inicialmente de
los monaguillos, Karol Wojtyła comenzó a trabajar con los jóvenes, provenientes
principalmente del Politécnico de Cracovia. En torno a él, comienza a formarse
un grupo de oración que tiene su centro en la Eucaristía, y que recibe
originalmente el nombre de Rodzinka (“pequeña familia”). La necesidad de una
verdadera libertad y de una amistad con una profunda intimidad, amenazada por
el régimen soviético, condujo al naciente grupo a sentir la fuerte necesidad de
salir de los ambientes donde se encontraban estrechamente vigilados. Movidos
por su amor a la naturaleza, en los años 1951- 1952 se comienzan a organizar
las primeras excursiones a la montaña. Tras una de ellas, organizada en 1952,
Wojtyła, por iniciativa de Danuta Rybicka, comenzará a ser llamado con el
apelativo cariñoso de Wujek (“tío”). Posteriormente, cuando comienza a ser
profesor, la comunidad se separa en cierto modo de la parroquia, creciendo y
tomando diversos nombres como Paczka12 (“pandilla”), Towarzystwo (“compañía”),
y Środowisko (“ambiente”) que es el que finalmente ha permanecido hasta hoy.
De este grupo forman parte
personas que se confiesan con don Jan Pietrazsko, de modo que los domingos
solían asistir juntos a la Eucaristía presidida por éste en la colegiata de
Santa Ana. Sus homilías se convirtieron en un instrumento de formación
fundamental para el grupo. Karol Wojtyła se convirtió muy pronto, con su
extraordinaria y gigantesca personalidad, en el auténtico guía espiritual y
humano del grupo entrando en contacto con los padres y hermanos de los jóvenes,
para conocer de primera mano sus relaciones familiares. Como afirmó Benedicto
XVI en la homilía de la Eucaristía celebrada con motivo del cuarto aniversario
de su muerte: “Como padre afectuoso y atento educador, indicaba seguros y
puntos firmes de referencia indispensables para todos, de modo especial para la
juventud”. Es en este contexto donde hemos de situar esta íntima confesión de
Karol Wojtyła: “Siendo aún un joven sacerdote aprendí a amar el amor humano” .
Se trata de una ex presión específicamente sacerdotal con un sustrato muy
fuerte en su propia vocación personal. Podríamos denominarla como una intensa
llamada interior en su incipiente misión sacerdotal. Esta experiencia le va a
marcar con un sello muy característico como discípulo del amor humano, que le
impulsa a dedicar todas sus fuerzas a la búsqueda de un “amor hermoso”. La
afirmación revela una singular sensibilidad para descubrir en el amor el lugar
privilegiado donde Dios en Cristo se revela al hombre. Aprender a penetrar en
el misterio del amor humano le va a permitir conocer el corazón del hombre y de
la mujer de un modo novedoso. Este particular discipulazgo en la escuela del
amor humano va a consistir para él en aprender a rastrear en el amor el modo
como Dios comunica al hombre su plan de salvación.
Con el paso del tiempo Wojtyła
se va a convertir en maestro y en testigo del amor humano, de modo que su
entera biografía se puede leer bajo esta óptica15. A medida que los jóvenes
comenzaron a ennoviarse, el tema del matrimonio y la familia comenzó a emerger
como una de las cuestiones más relevantes. En una carta personal escrita a una
de las integrantes del grupo escribe: “Normalmente se piensa de mí más o menos
esto: Wujek desearía que todos se casasen. Pienso, sin embargo, que ésta sea
una imagen falsa. Se trata, en realidad, de algo bien diferente. Mira, el
hombre vive gracias al amor. La capacidad de amar determina su personalidad en
profundidad, -no sin razón es éste el mandamiento mayor-, no una gran capacidad
intelectual, sino la capacidad del amor auténtico, que consiste en un cierto
salir de sí, en un cierto aprobar al otro y a los otros, en dedicarse a la
realidad del hombre, de los hombres, y primero de todo en el dedicarse a Dios
(…) no pienses ni por un instante que yo quiera algún atajo para tu camino.
Quiero solamente tu propio camino. Wujek”.
Al inicio del verano de 1953, Wojtyła
presentó al grupo de jóvenes un estudiante del Politécnico, llamado Jerzy
Ciesielski, que había perdido a su padre hacía poco tiempo, y que deseaba
agregarse al grupo. Jerzy era un joven ingeniero que había estudiado también
educación física. Por sus cualidades y su amistad con Wujek, se va a convertir
en el líder natural de Środowisko, impulsando con su espíritu las diferentes
acciones del grupo . Organizaban con cierta frecuencia excursiones a la montaña
y, de vez en cuando, otras en bicicleta o para ir a esquiar. También les
gustaba ir en kayak. Jerzy era un gran aficionado a este último, y organizó en
septiembre la travesía del río Brda, alquilando unos kayaks plegables. Jerzy
solicitó aquel verano que su amiga Danuta, que posteriormente se convirtió en
su mujer, pudiese incorporarse al grupo como así sucedió. Durante las
excursiones, la jornada se iniciaba siempre con la santa Misa celebrada al aire
libre. Si alguno deseaba hablar más personalmente con el sacerdote, podían ir
en el mismo kayak o caminaban juntos a cierta distancia de los demás. Wojtyła
les sugería contemplar a ratos en silencio la naturaleza, los bellos paisajes
que les rodeaban con frecuencia. De este modo, el contacto con el misterio de
la creación favoreció enormemente la profundización en la espiritualidad
conyugal como una espiritualidad que brota del misterio del amor creador, de un
amor que nos precede y del cual el nuestro es siempre respuesta. Ya los
teólogos medievales, a la luz de su interpretación de Gn 2, 24, habían afirmado
que entre los siete sacramentos, el matrimonio es el primero instituido por
Dios, habiendo sido instituido ya en el momento de la creación, en el Paraíso,
al principio de la historia, y antes de cada historia humana. Es un sacramento
del Creador del universo, inscrito por lo tanto precisamente en el ser humano
mismo, que es orientado hacia este camino.
Karol Wojtyła escribirá
posteriormente en sus catequesis que: “en el hombre creado a imagen de Dios se
ha revelado, en cierto sentido, la sacramentalidad misma de la creación, la
sacramentalidad del mundo. Efectivamente, el hombre, mediante su corporeidad,
su masculinidad y feminidad, se convierte en signo visible de la economía de la
verdad y del amor, que tiene su fuente en Dios mismo y que ya fue revelada en
el misterio de la creación”. Como es bien conocido, en 1958, durante una de
estas excusiones en kayak sobre el río Lyna, a Karol Wojtyła le llegó la
comunicación de haber sido nombrado obispo auxiliar de Cracovia. Comenzó, de
este modo, una nueva etapa para el grupo. El número de actividades en las que
podía participar directamente el nuevo obispo se iban reduciendo, pero, sin
embargo, continuaba visitando las casas de los miembros del grupo, se
interesaba por sus cuestiones profesionales y seguía con atención el
crecimiento de sus hijos.
del texto de Juan de Dios Larru: ¿CUÁL ES EL FUNDAMENTO DE LA ESPIRITUALIDAD CONYUGAL? LA PROPUESTA DE JUAN PABLO II A LA LUZ DE LA “REGLA DEL AMOR”
(presentado en la Jornada Lateranense celebrada el 10 de noviembre de 2009, Campus de Santa Úrsula de la Universidad Católica de Valencia, presentación de