Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

viernes, 23 de septiembre de 2011

La pertenencia al pueblo de todos los pueblos - Benedicto XVI




«Allí donde está Dios hay futuro»


En un viaje difícil, “provocador” y por el cual hay que rezar, en la entrevista que le hicieran camino a su patria Alemania, el Santo Padre Benedicto XVI - sin negar el profundo sentir por sus orígenes - nos explica, con absoluta sinceridad y sencillez, que ese natural amor y pertenencia a su patria, va acompañando en su “responsabilidad suprema” a su pertenencia a la “civitas Dei”.

A la pregunta
"¿Cuánto se siente todavía alemán y cuáles son los aspectos en los que todavía influye su origen?"

Respondía el Santo Padre:

(en mi traduccion)

“Höberlin dijo Lo que más influye es el nacimiento; naturalmente ese también es mi caso. He nacido en Alemania y esa raíz no puede ni debe cortarse. He recibido allí mi formación cultural, mi lengua es el alemán y la lengua es el modo en que el espíritu vive y actúa. Toda mi formación cultural ha ocurrido allí! Cuando me dedico a la teología, lo hago partiendo de la forma interior aprendida en las universidades alemanas y en realidad debo admitir que sigo leyendo más libros alemanes que en otras lenguas, de manera que en la estructura cultural de mi vida este ser alemán es muy fuerte. La pertenencia a su historia, con sus grandezas y debilidades no puede borrarse. Sin embargo, para un cristiano, hay algo más. Con el Bautismo nace de nuevo a un nuevo pueblo que es de todos los pueblos, un pueblo que abarca todos los pueblos y todas las culturas y en el cual se como en su casa, sin perder su origen natural. Cuando, además, se asume una responsabilidad tan grande como la mía -que he asumido la responsabilidad suprema- en este nuevo pueblo es evidente que se identifica con el cada vez mas profundamente. La raíz se convierte en un árbol que se extiende de varias formas y el hecho de sentirme en casa en esta gran comunidad del pueblo de todos los pueblos que es la Iglesia católica se vuelve cada vez más profundo, forjando toda la existencia sin anular todo lo que la precede. Diría, por lo tanto que el origen permanece, permanece la estructura cultural, permanece naturalmente también el amor particular y la responsabilidad particular, pero todo ello incluido y ampliado en la gran pertenencia a la “civitas Dei”, como diría Agustín, al pueblo de todos los pueblos en el cual somos hermanos y hermanas”.

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