Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

jueves, 1 de septiembre de 2011

La santidad, savia vital de la misión de Juan Pablo II (1)

La santidad fue la savia vital de la misión de Juan Pablo II, algo imprescindible, natural…este gran Papa consumió toda su vida para mostrarnos con su sencillez y su humanidad que la santidad es accesible a todos y que debe ser la prioridad absoluta para cada hombre

(Francesco Indelicato, Editorial de Totus Tuus nro beatificación).



¡No tengáis miedo a ser santos!
ese llamado insistente de Juan Pablo II a la santidad, “dimensión que expresa mejor el misterio de la Iglesia”; y que “representa al vivo el rostro de Cristo” no fue un llamado ignoto, casual, dirigido a una minoría cristiana o a una Iglesia particular. Nada de eso, fue un llamado claro y preciso a todo el pueblo d Dios.
Desde aquel primer mensaje del 22 de octubre de 1978 Invitándonos a dar un paso decisivo “¡No tengáis miedo de acoger a Cristo y de aceptar su potestad!.... ¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!” no cesó de recordarnos que todo cristiano está llamado a la santidad.




Fiel a la consigna principal de Concilio Vaticano II, a todos los hijos e hijas de la Iglesia, nos recordaba que “esa “ « vocación universal a la santidad » ese « alto grado » de la vida cristiana ordinaria” ese “don de santidad” personal que se da a cada bautizado” hay que descubrirlo, agregaba que “También es evidente que los caminos de la santidad son personales y exigen una pedagogía de la santidad verdadera y propia, que sea capaz de adaptarse a los ritmos de cada persona” y “para esta pedagogía de la santidad es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la oración”


Y fue a los jóvenes a quienes no se canso de invitar e insistir acerca de la santidad en sus diferentes Mensajes, discursos u homilías:

En la homilía en Monte del Gozo en 1989
¡No tengáis miedo a ser santos! Esta es la libertad con la que Cristo nos ha liberado (cf. Gál 5, 1). No como la prometen con ilusión y engaño los poderes de este mundo: una autonomía total, una ruptura de toda pertenencia en cuanto criaturas e hijos, una afirmación de autosuficiencia, que nos deja indefensos ante nuestros límites y debilidades, solos en la cárcel de nuestro egoísmo, esclavos del «espíritu de este mundo», condenados a la «servidumbre de la corrupción» (Rm 8, 21).

en Manila en 1995
“Es tiempo de comprometeros más plenamente en seguir a Cristo en el cumplimiento de su misión salvífica. Toda forma de apostolado y todo tipo de servicio deben tener su fuente en Cristo. Cuando os dice: «Como el Padre me envió, también yo os envío» (Jn 20, 21), os hace también capaces de cumplir esta misión. En cierto sentido, se comparte a sí mismo con vosotros. Es lo mismo que dice san Pablo: Dios nos ha elegido en Cristo antes de la creación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, para estar llenos de amor; así mismo nos ha elegido de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo (cf. Ef 1, 4-5).

En el Mensaje para la JMJ de 1998
“El don del Espíritu hace actual y posible para todos el antiguo mandato de Dios a su pueblo: «Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo» (Lv 19, 2). Llegar a ser santos parece una meta ardua, reservada a personas totalmente excepcionales, o destinada a quien quiera permanecer ajeno a la vida y a la cultura de su tiempo. Sin embargo, llegar a ser santos es don y tarea arraigados en el bautismo y en la confirmación, encomendados a todos en la Iglesia, en todo tiempo. Es don y tarea de los laicos, de los religiosos y de los ministros sagrados, en el ámbito privado y en el público, en la vida de cada uno y en la de las familias y comunidades.”

En el Mensaje con ocasión de la XV JMJ
“¡Contemplad y reflexionad! Dios nos ha creado para compartir su misma vida; nos llama a ser sus hijos, miembros vivos del Cuerpo místico de Cristo, templos luminosos del Espíritu del Amor. Nos llama a ser “suyos”: quiere que todos seamos santos. Queridos jóvenes, ¡tened la santa ambición de ser santos, como Él es santo!
Me preguntaréis: ¿pero hoy es posible ser santos? Si sólo se contase con las fuerzas humanas, tal empresa sería sin duda imposible…. Aunque el camino es duro, todo lo podemos en Aquel que es nuestro Redentor. No os dirijáis a otro si no a Jesús. No busquéis en otro sitio lo que sólo Él puede daros, porque «no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos» (Hc 4,12). Con Cristo la santidad –proyecto divino para cada bautizado– es posible. Contad con él, creed en la fuerza invencible del Evangelio y poned la fe como fundamento de vuestra esperanza. Jesús camina con vosotros, os renueva el corazón y os infunde valor con la fuerza de su Espíritu.
Jóvenes de todos los continentes, ¡no tengáis miedo de ser los santos del nuevo milenio!.... El Señor os quiere apóstoles intrépidos de su Evangelio y constructores de la nueva humanidad.”

En el Mensaje para la XVII JMJ
“¡Con cuántos santos, también entre los jóvenes, cuenta la historia de la Iglesia! En su amor por Dios han hecho resplandecer las mismas virtudes heroicas ante el mundo, convirtiéndose en modelos de vida propuestos por la Iglesia para que todos les imiten. Entre otros muchos, baste recordar a Inés de Roma, Andrés de Phú Yên, Pedro Calungsod, Josefina Bakhita, Teresa de Lisieux, Pier Giorgio Frassati, Marcel Callo, Francisco Castelló Aleu o, también, Kateri Tekakwitha, la joven iraquesa llamada la "azucena de los Mohawks". Pido a Dios tres veces Santo que, por la intercesión de esta muchedumbre inmensa de testigos, os haga ser santos, queridos jóvenes, ¡los santos del tercer milenio!”

Sin excluir a nadie se lo recordó también a las familias en su

Mensaje de 1994
“ Todos están llamados a ser Iglesia gloriosa, santa e inmaculada. «Sed santos —dice el Señor— pues yo soy santo» (Lv 11, 44; cf. 1 P 1, 16).” Carta a las familias 1994
Y , de diferente manera a los niños en su Carta a ellos
“¿Cómo no recordar, por ejemplo, los niños y niñas santos, que vivieron en los primeros siglos y que aún hoy son conocidos y venerados en toda la Iglesia?” Carta a los niños

Y en la Carta Apostólica Familiaris consortio
“Todos los esposos, según el plan de Dios, están llamados a la santidad en el matrimonio”
y “La vocación universal a la santidad está dirigida también a los cónyuges y padres cristianos.”
En la misma carta apostólica (32) Juan Pablo II subraya la importancia de la oración en la pedagogía de la santidad, recordándonos que esa “ « vocación universal a la santidad » ese « alto grado » de la vida cristiana ordinaria” ese “don de santidad” personal que se da a cada bautizado” hay que descubrirlo. Y agrega - “También es evidente que los caminos de la santidad son personales y exigen una pedagogía de la santidad verdadera y propia, que sea capaz de adaptarse a los ritmos de cada persona” y “para esta pedagogía de la santidad es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la oración”

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