Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 4 de agosto de 2012

“esa piedra que desecharon los constructores…” (Salmo 118,22) San Juan Maria Vianney, el santo cura de Ars




Hoy la Iglesia recuerda al Santo cura de Ars, esa “piedra que desecharon los constructores…..”.

 Me he convertido en débil con los débiles, para ganar a los débiles” ( 1 Cor 9, 22) titulaba el beato Juan Pablo II parte del discurso en el retiro espiritual para el clero, celebrado en la cripta de  Ars el 6 de octubre de 1986 recordando a aquel  a quien le fascinaba la presencia real de Cristo en la Eucaristía, durante y fuera de la Misa… un santo humilde que solo quería salvar almas para Dios.


“Nuestra misión – decía Juan Pablo II – es salvar almas para Dios. “Dios no ha enviado al Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por su intermedio” (Jn 3,17). Jesús ha predicado la buena nueva del Reino; escogió y formó a sus propios apóstoles; cumplió por medio de la cruz y la resurrección la obra de la redención; después de los apóstoles nosotros estamos asociados de manera particular a su obra de salvación, a fin de hacerla presente y eficaz en todo el mundo. San Juan Maria Vianney solia decir: “Sin el sacerdote, la muerte y la pasión de Nuestro Señor no serviría para nada.  Es el sacerdote que continúa la obra de la redención  en la tierra” (Juan Maria Vianney, cura de Ars, su pensamiento, su corazón, presentado por el abate Bernard Nodet, Le Puy 1958, p.100)  Lo que nosotros debemos hacer, no es por lo tanto nuestra obra, es el diseño del Padre, es la obra de salvación del Hijo. El Espíritu Santo se sirve de nuestro espíritu, de nuestra boca, de nuestras manos.  Nuestro deber primordial es proclamar incesantemente la Palabra para evangelizar;  presentarla de manera que toque los corazones, sin alterarla ni aminorarla;   repetir el gesto de ofrecimiento de Jesús en la ultima cena, su gesto de perdón hacia los pecadores.


Decía el cura de Ars “Dios pone al sacerdote en la tierra como mediador entre el Señor y el pobre pecador” (Nodet, 99), hoy diríamos: él participa de un modo especifico en la misión del único Mediador, Jesucristo.Y recordaba Juan Pablo II unas palabras dichas a los sacerdotes en Notre Dame de Paris el 30 de mayode 1980: 

“El Cura de Ars es, en efecto, un modelo sin par para todos los países, a la vez que de la plenitud del ministerio y de la santidad del ministro”





donde también en el sitio mismo es posible consultar información general en español. 


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