Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

viernes, 31 de agosto de 2012

Súplica de Juan Pablo II en el Acto de consagración a la Virgen en Jasna Gora



Si bien esta súplica (que cito en parte) de Juan Pablo II se dirigía a la Madre en el Acto de Consagración a la Virgenen Jasna Gora con ocasión de su primer viaje apostólico a su patria en 1979, en momentos verdaderamente especiales y difíciles, bien podemos aplicarla hoy a nuestra querida, empobrecida y golpeada  patria Argentina, porque la Virgen Maria - vestida, ornamentada o alabada en cualquier ropaje - es nuestra Madre y la Madre de todos. No son pocos nuestros problemas, no precisamente económicos, sino políticos y sociales abundando egoísmos mezquinos y ambiciones desbordantes en una Argentina desunida donde se habla y no se escucha. Pidámosle - con palabras del Beato Juan Pablo II -  a Maria, Madre del Buen Consejo y Madre de la Iglesia por la paz y la justicia, por el respeto y la dignidad de la vida, por la unión y la madurez en la Iglesia, por todos y cada uno de los habitantes del suelo argentino para que seamos más hermanos, mas humanos, más generosos y más cristianos.  


“¡Madre del Buen Consejo! Indícanos siempre cómo debemos servir al hombre, a la humanidad en cada nación, cómo conducirla por los caminos de le salvación. Cómo proteger la justicia y la paz en el mundo, amenazado continuamente por varias partes. Cuán vivamente deseo, con ocasión de este encuentro de hoy, confiarte todos estos difíciles problemas de la sociedad, de los sistemas y de los Estados, problemas que no pueden resolverse con el odio, la guerra y la autodestrucción, sino sólo con la paz, la justicia, el respeto a los derechos de los hombres y de las naciones.
¡Oh Madre de la Iglesia! ¡Haz que la Iglesia goce de libertad y de paz para cumplir su misión salvífica,  y que para este fin se haga madura con una nueva madurez de fe y de unidad interior! ¡Ayúdanos a vencer las oposiciones y las dificultades! ¡Ayúdanos a descubrir de nuevo toda la sencillez y la dignidad de la vocación cristiana! Haz que no falten "los obreros en la viña del Señor". ¡Santifica a las familias! ¡Vela sobre el alma de los jóvenes y sobre el corazón de los niños! Ayuda a superar las grandes amenazas morales que afectan a los ambientes fundamentales de la vida y del amor. Obtén para nosotros la gracia de renovarnos continuamente, a través de toda la belleza del testimonio dado por la cruz y la resurrección de tu Hijo.
Oh, Madre, cuántos problemas habría debido presentarte en este encuentro, detallándolos uno por uno. Te los confío todos, porque Tú los conoces mejor que nosotros y los tomas a tu cuidado.
Lo hago en el lugar de la gran consagración, desde el que se abraza no sólo a Polonia, sino a toda la Iglesia en las dimensiones de países y continentes: toda la Iglesia en tu Corazón materno.
Oh Madre, te ofrezco y te confío aquí, con inmensa confianza, la Iglesia entera, de la que soy el primer servidor. Amén.”

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