Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

martes, 16 de octubre de 2012

Juan Pablo II, profeta de la paz




Este post es  una humilde conmemoración de aquel luminoso 16 de octubre de 1978 que la Iglesia fue bendecida con un papa eslavo, aquel Papa que venía de lejos,  cargando sobre sus espaldas todavía muy jóvenes para semejante responsabilidad,  una vida madura en luchas inflexibles, firmes, pacificas contra dos males que asolaron a su patria y a Europa: el nazismo y el comunismo. Y fue una bendición para Polonia y el mundo. Un papa que supo ser profeta de la paz, que propago la paz y bregó por la libertad durante todas sus visitas apostólicas, un Papa que no temió enfrentarse a grandes corporaciones y buscó reunirse con los más pobres, los más desposeídos, los más apartados de la sociedad.  Un Papa que supo sembrar en tierras benignas y también en las inhóspitas porque la gracia de la fe es eso una gracia y un don de Dios,  un misterio que a  menudo abraza un alma inesperadamente,  un fuego que se extiende por los lugares más recónditos y ocultos.

Justamente hoy además es el segundo día del coloquio organizado por la cátedra Juan Pablo II de la Pontificia Universidad Católica Argentina, coloquio durante el cual también se le rendirá homenaje al Papa Juan Pablo II a 30 años de la Guerra de las Malvinas. El coloquio es un pincelazo de los casos latinoamericanos donde la acción pacificadora y la mirada siempre atenta de Juan Pablo II han tenido influencias decisivas. Es además una oportunidad para que cada uno de nosotros reflexione profundamente acerca de su propia responsabilidad en trabajar por la paz, por una paz sin odios ni rencores, apuntando a nuestro propio “perdonamos y pedimos perdón” interno, a ejemplo de la Iglesia argentina que ya lo ha hecho en varias oportunidades.     

Cito a continuación una parte de la exposición “Juan Pablo II, profeta de la paz” del Cardenal Stanislaw Dziwisz, secretario personal de Juan Pablo II,  durante su visita a Buenos Aires en noviembre de 2009 (fuente Juan Pablo II, su legado espiritual editado por el lic. MarcoGallo, Director de la Cátedra Juan Pablo II,  y publicado por la EditorialBonum,2010) 

“Juan Pablo II sirvió a la Iglesia. Además, se enfrento a los grandes retos del mundo actual. Fue un incansable mensajero y defensor de la paz. Él mismo experimentó las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial, con todo el sufrimiento de millones de víctimas inocentes. Símbolo de aquel sufrimiento es el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, que fue construido por los nazis cerca de Cracovia.
Conocéis muy bien el empeño de Juan Pablo II en el asunto de la paz en vuestra patria. En el año 1986, en Asís, el Papa logró organizar el encuentro de los dirigentes y representantes de las Iglesias católicas de las Comunidades de la Iglesia y de las religiones del mundo. Todos ellos rezaron con fervor por el don de la paz para nuestro mundo agitado. En Asís, Juan Pablo II dijo: “La paz es un taller de trabajo, abierto para todos y no sólo para los especialistas, científicos o estrategas. Todos somos responsables de la paz” (27/10/1986,n7)  De ese modo, hizo recordar una verdad obvia: que la paz era un don, pero también una tarea. Cada hombre y cada generación tienen que emprender dicha tarea para edificar con paciencia la civilización de vida y de amor en nuestra tierra.
Teniendo en cuenta todo el pontificado de Juan Pablo II, podemos constatar, sin ninguna exageración, que fue le verdadero profeta de la paz. A los profetas no siempre se los escucha. Los profetas suelen pagar un precio por su valentía en decir la verdad, por su valentía en llamar a la conversión de las mentes y de los corazones, y por la transformación de las estructuras injustas. No obstante, la voz de los profetas traspasa las fronteras del tiempo y del espacio.
A su último Mensaje para le Día Mundial de la Paz del 1 de enero de 2005, Juan Pablo II, sirviéndose de las palabras del apóstol San Pablo (Romanos12,21) le dio el título: “No te dejes vencer por el mal. Al contrario, vence con el bien el mal”. En aquel Mensaje escribió: “La paz es el resultado de una lucha larga y difícil, en la cual la victoria se consigue al vencer el mal, con el bien. Ante las imágenes dramáticos de unos violentos combates fratricidas que transcurren en distintas partes del mundo, ante el inefable sufrimiento resultante de sus injusticias, la única elección constructiva consiste en rechazar el mal y seguir el bien (Romanos 12,9). La paz es un bien que hay que introducir a través del bien: es un bien para cada una de las personas, para las familias, para las naciones del mundo y para toda la humanidad”. n.1

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