Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

viernes, 26 de octubre de 2012

Karol Wojtyla (Juan Pablo II) y la familia Połtawski: Vivir un milagro y volver a nacer (1)




En su libro Diario de una amistadla familia Półtawski y Karol Wojtyła la autora Wanda Połtawska nos habla desde lo más íntimo y nos confía los profundos sentimientos y experiencias vividos física, espiritual y psicológicamente al producirse el milagro de su curación por intercesión del Padre Pio.

Karol Wojtyla,  amigo de la familia Połtawski, le había escrito al Padre Pio el 17 de noviembre de 1962 desde Roma:

Reverendo Padre
Le ruego que rece por una madre que ha cumplido cuarenta años y tiene  cuatro hijas, de Cracovia, Polonia (durante la última guerra pasó cinco años en un campo de concentración en Alemania). Actualmente está gravemente enferma de cáncer y corre el riesgo de perder su vida: para que Dios, por mediación de la Virgen Santísima, sea misericordioso con ella y su familia.”
Y firmaba: “En Cristo muy agradecido
Karol Wojtyła, Obispo titular de Ombi
Vicario Capitular de Cracovia, en Polonia.”

Como se vive después de haber sido bendecido por un milagro? Como agradecerlo, como aceptarlo, como volver a vivir, a vivir normalmente, como cambia la vida y nuestra relación con Dios?

En su “diario” Wanda Poltawska escribe el 22 de noviembre de 1962:
“Todavía estoy en el hospital, porque la doctora no se lo puede creer. Quieren repetir los exámenes médicos. ¿He soñado?  No me atrevo a decir que esto sea un milagro, aparto esa idea: me aterra….una curación milagrosa: ahora he contraído una deuda impagable. No puedo aceptarlo. Aparto ese pensamiento. ¡Yo no recé por mi salud, yo no pedí esta curación!. Andrzej (el esposo) ha revivido. En vez de sucumbir al cáncer, mi cuerpo se ha curado sin que la enfermedad haya dejado rastro. A una velocidad humanamente imposible. Ahora me vuelve a invadir el temor, el enorme temor ante la omnipotencia de Dios y las consecuencias del amor de Dios. ¿Qué pasará ahora conmigo? Tiemblo con el mayor estremecimiento de mi alma. Mi cuerpo se convierte de repente en algo muy querido,  que pertenece directamente a Dios. Precisamente así habías dicho: (se refiere a Karol Wojtyła) «Es de Dios, has vuelto a nacer».
No sé qué pensar! En vez de gratitud, siento un temor incontrolable. Timor Dei, el temor de Dios.

El 24 de noviembre escribe: “Andrzej no entiende nada, me dice: «Alégrate». Pero yo no puedo alegrarme: ¡no soy suficientemente madura como para aceptar el milagro! No estaba preparada, el milagro me sorprendió, pues yo no había pedido un milagro. En vez de alegrarme tengo miedo, tengo miedo de la avidez del amor divino, quiero ser yo misma, quiero vivir un poco a mi  manera!....
Como puedo vivir normalmente como si no hubiese pasado nada?
Ya no tengo vida propia. Debería estar dando las gracias de rodillas día y noche, pero ¡no quiero tener que agradecérselo todo a Dios, quiero ser capaz de algo yo sola! Oh, Dios mío, perdóname por todo lo que se rebela en mí…”

El jueves 29 de noviembre sigue insistiendo:
No puedo vivir así, como si no hubiese pasado nada, como antes, no sé cómo tengo que ver mi nueva vida «regalada»….quisiera escapar a alguna parte en el desierto y volver a vivirlo todo, pero, ¡me dan miedo mis propios pensamientos!...Tocada por la gracia no consigo encontrar mi sitio. ¿Por qué no entono un himno de agradecimiento? ¡Había empezado a pensar que entendía algo de Dios!
Ya no me duele nada y, sin embargo, estoy completamente dolorida….durante la enfermedad física era consciente de las cosas importantes, ahora que he recuperado la salud no consigo encontrarme a mí misma.
También ha desaparecido mi facilidad para orar. Ahora, por primera vez, veo con qué facilidad y despreocupación podía rezar, ¡ahora que he perdido esa capacidad!....¡Que quieres Señor de mi, Señor? ¡Señor! ¡No puedo entregarme así, quiero ser yo misma!
Dios mío, ¿Dónde me puedo encontrar a mi misma?

Wanda Poltawska:  DIARIO DE UNA AMISTAD, la familia Poltawski y Karol Wojtyla

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