Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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sábado, 4 de abril de 2020

Juan Pablo II y la oraciòn (4 de 4) La Liturgia de las Horas (3) Salmos y cànticos





La “energía del Espiritu Santo”
En la Audiencia General del miércoles 4 de abril de 2001, antes de comentar el comentario de los salmos y cánticos de las Laudes, el Siervo de Dios Juan Pablo II continuaba con la reflexión introductoria iniciada en la catequesis anterior invitándonos a redescubrir también nosotros como “la Iglesia fue definiendo progresivamente este compromiso específico suyo de oración realizada de acuerdo con las diversas fases del día” invitándonos para ello “remontarnos a los primeros tiempos de la comunidad apostólica”
“Al cantar los salmos – expresa Juan Pablo II - el cristiano experimenta una especie de sintonía entre el Espíritu presente en las Escrituras y el Espíritu que habita en él por la gracia bautismal.

 Más que orar con sus propias palabras, se hace eco de los "gemidos inenarrables" de los que habla san Pablo (cf. Rm 8, 26), con los cuales el Espíritu del Señor impulsa a los creyentes a unirse a la invocación característica de Jesús: "¡Abbá, Padre!" (Rm 8, 15; Ga 4, 6)”. “Tan seguros estaban los antiguos monjes de esta verdad – continuaba Juan Pablo II - que ni se preocupaban de cantar los salmos en su lengua materna, les bastaba la convicción de que eran, de algún modo, "órganos" del Espíritu Santo. Estaban convencidos de que por su fe los versículos de los salmos les proporcionaban una "energía" particular del Espíritu Santo.
Invito visitar el Directorio Franciscano con enlaces a todas las catequesis de la serie de  Salmos y cánticos de Juan Pablo II, con comentarios adicionales.

Juan Pablo II y la oraciòn (3 de 4) La Liturgia de las Horas (2) Oracion de la Iglesia



“orar sin cesar”
Antes de comenzar el comentario de los salmos y cánticos de las Laudes, en la Catequesis del 4 de abril de 2001 el Santo Padre Juan Pablo II completaba la reflexión introductoria iniciada en la  catequesis anterior  resaltando la importancia y presencia del Espíritu Santo. Además de la presencia del Espíritu Santo – expresa el Santo Padre - “otra dimensión importante es la de la acción sacerdotal que Cristo realiza en esta oración, asociando a sí a la Iglesia su esposa” y destaca que los discípulos de Jesús descubrieron algunos salmos particularmente adecuados para determinados momentos del día, de la semana o del año, viendo en ellos un sentido profundo en relación con el misterio cristiano. A este respecto cita luego palabras de san Cipriano "Es necesario orar al inicio del día para celebrar con la oración de la mañana la resurrección del Señor. Eso corresponde a lo que una vez el Espíritu Santo indicó en los Salmos con estas palabras: "Rey mío y Dios mío. A ti te suplico, Señor, por la mañana escucharás mi voz, por la mañana te expongo mi causa y me quedo aguardando" (Sal 5, 3-4). (...) Luego, cuando se pone el sol y declina el día, es preciso hacer nuevamente oración. En efecto, dado que Cristo es el verdadero sol y el verdadero día, en el momento en que declinan el sol y el día del mundo, pidiendo en la oración que vuelva a brillar sobre nosotros la luz, invocamos que Cristo nos traiga de nuevo la gracia de la luz eterna" (De oratione dominica, 35: PL 39, 655).

Y continúa enfatizando y explicando la importancia y el sentido de la oración en cualquier momento del dia: “La oración cristiana nace, se alimenta y se desarrolla en torno al evento por excelencia de la fe: el misterio pascual de Cristo. De esta forma, por la mañana y por la tarde, al salir y al ponerse el sol, se recordaba la Pascua, el paso del Señor de la muerte a la vida. El símbolo de Cristo "luz del mundo" es la lámpara encendida durante la oración de Vísperas, que por eso se llama también lucernario. Las horas del día remiten, a su vez al relato de la pasión del Señor, y la hora Tertia también a la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. Por último, la oración de la noche tiene carácter escatológico, pues evoca la vigilancia recomendada por Jesús en la espera de su vuelta (cf. Mc 13, 35-37). Al hacer su oración con esta cadencia, los cristianos respondieron al mandato del Señor de "orar sin cesar" (cf. Lc 18, 1; 21, 36; 1 Ts 5, 17; Ef 6, 18), pero sin olvidar que, de algún modo, toda la vida debe convertirse en oración.
A este respecto escribe Orígenes: “Ora sin cesarqioen une oración a las obras y obras a la oración” (Sobre la oración XII,2: PG 11, 452 c).”

Juan Pablo II y la oraciòn (2 de 4) La Liturgia de las Horas (1) Salmos y Cánticos



"orar sin cesar" (cf. Lc 18, 1; 21, 36; 1 Ts 5, 17; Ef 6, 18), pero sin olvidar que, de algún modo, toda la vida debe convertirse en oración. A este respecto escribe Orígenes: “Ora sin cesar quien une oración a las obras y obras a la oración”  (Sobre la oración XII, 2:PG 11, 452) Catequesis 4 de abril 2001) 
Al "arte de la oración" el Siervo de Dios Juan Pablo II lo consideraba un “compromiso”, llamando a prestarle mayor atención pastoral a la promoción de la Liturgia de las Horas, como “oración de todo el pueblo de Dios (cf. ib., 34)”.
Con la audiencia del 28 de marzo de 2001 comenzaba una serie de catequesis que se extendería durante todo un año (con algunas interrupciones) sobre los salmos y los cánticos propuestos en la oración matutina de las Laudes, deseando “estimular y ayudar a todos a orar con las mismas palabras utilizadas por Jesús y presentes desde hace milenios en la oración de Israel y en el de la Iglesia.”
En la audiencia Juan Pablo II explicaba que “podríamos introducirnos en la comprensión de los salmos por diversos caminos sugestivos y de niveles altísimos. Sin embargo, el objetivo era “destacar el significado religioso de los salmos, mostrando cómo, aun habiendo sido escritos hace muchos siglos por creyentes judíos, pueden ser usados en la oración de los discípulos de Cristo. Para ello nos serviremos de los resultados de la exégesis, pero a la vez veremos lo que nos enseña la Tradición, y sobre todo escucharemos lo que nos dicen los Padres de la Iglesia” quienes “con profunda penetración espiritual, supieron discernir y señalar que Cristo mismo, en la plenitud de su misterio, es la gran "clave" de lectura de los salmos. Estaban plenamente convencidos de que en los salmos se habla de Cristo.

Jesús resucitado se aplicó a sí mismo los salmos, cuando dijo a los discípulos: "Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí" (Lc 24, 44). Los Padres añaden que en los salmos se habla de Cristo, o incluso que es Cristo mismo quien habla. Al decir esto, no pensaban solamente en la persona individual de Jesús, sino en el Christus totus, en el Cristo total, formado por Cristo cabeza y por sus miembros. Así nace, para el cristiano, la posibilidad de leer el Salterio a la luz de todo el misterio de Cristo. Precisamente desde esta perspectiva se descubre también la dimensión eclesial, particularmente puesta de relieve por el canto coral de los salmos….. tomados, desde los primeros siglos, como oración del pueblo de Dios”.

fotos tomadas de la pagina del Directorio Franciscano con una preciosa y cuidadosa recopilacion de textos de los salmos enlazados con las catequesis de Juan Pablo II, que invito visitar.

viernes, 3 de abril de 2020

Juan Pablo II y la oracion (1 de 4)



Hablar de la vida de oración de Karol Wojtyla / Juan Pablo II requeriría analizar toda su vida desde su natal Wadowice hasta su despedida en Roma. Ese amor por la oración lo traía de la casa paterna y lo había aprendido de su padre, cuya vida después de la muerte prematura de su esposa, se transforma.... aún más en una vida de constante oración…. 
Cuando Karol despertaba de noche, veía a su padre de rodillas, tal como lo veía siempre en la iglesia parroquial…
Karol, al ejemplo de su padre,   durante los intervalos de estudio acostumbraba ir a otra habitación para rezar…. según nos confiaba el cardenal Dziwisz. La suya, agregaba su fiel secretario,  fue una 
“vida intensa y profunda de oración que incluía diversas formas de conversación con Dios: desde la oración más simple de niño hasta la oración de las horas de sacerdote, y la contemplación.
Tanto en Cracovia como en el Vaticano Karol Wojtyla fué fiel a las diversas prácticas de piedad: la meditación diaria, la adoración del Santísimo Sacramento, el rosario, el Angelus, las letanías al Sagrado Corazón de Jesús, a la Virgen y a todos los Santos.  Jamás abreviaba, nunca las recitaba apurado; la oración tenia para él precedencia ante las demás ocupaciones. 
De Papa confesó que nunca había abandonado la oración del breviario. Le habían quedado profundamente grabadas en el corazón las palabras de San Anselmo: “"Os alimento con lo que yo mismo vivo". Como sacerdote era consciente que el “nuestro ministerio de la palabra consiste en manifestar lo que primero ha sido preparado en la oración.”, que ” las verdades anunciadas deben descubrirse y hacerse propias en la intimidad de la oración y de la meditación.” (En el XXX aniversario del decreto Presbyterorum Ordinis, 27.10.1995)”
Desde pequeño oraba ante la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en la nave lateral de la iglesia parroquial;  mas tarde en el convento de los padres carmelitanos allí “sobre la colina” de la calle Karmelicka, donde a los 10 años se inscribió en la cofradía y le fue impuesto el escapulario que llevó siempre, y cuando fue manchado con sangre aquel 13 de mayo de 1981 encargó uno nuevo a los padres carmelitanos de la Iglesia de Santa Maria in Traspontina en Roma.
Con su padre iba a orar al Santuario de Kalwaria Zebrzydowska ante la imagen de la Virgen y continuaban orando por los senderos del Calvario. Alli volvería a menudo como Arzobispo de Cracovia y mas tarde Cardenal.  Y al 
 Santuario de la Virgen Madre y Reina de todos los polacos de Jasna Gora. 
Despues de la mudanza, junto a su padre, de Wadowice a Cracovia,  cerca de la iglesia de San Estanislalo Kostka, donde conoció a Jan Tyranowski, comenzó su “Rosario viviente” y profundizó su devoción a la Virgen, cautivado por los escritos de Luigi Maria Grignon de Montfort.
Cuando era Obispo de Cracovia oraba en la capilla hasta las 11 y allí mismo escribía…
En sus poesías nos dejo preciosos versos que son un himno al Amor compuesto por suplicas, plegarias y meditaciones que nos llevan a unirnos a ese mundo tan suyo, pero que el supo compartir donándose por entero. Recordamos algunas: el Magnificat, la Canción sobre el Dios oculto, El Cántico al esplendor del agua, La Madre, La Iglesia, la Peregrinación a los Santos Lugares, las Meditaciones... que otra cosa son sino expresiones poéticas de aquella oración opus gloriae que se extendió durante todos los días y momentos de su vida!
Ante el Umbral de la esperanza (la conversación de Juan Pablo II con Vittorio Messori) contiene dos capítulos que se refieren a la oración (2 y 3) “Nosotros empezamos a rezar con la impresión de que es una iniciativa nuestra: en cambio, es siempre una iniciativa de Dios en nosotros” 
“Se puede y se debe rezar de varios modos, como la Biblia nos enseña…hay que rezar con “gemidos inefables”, para entrar en el ritmo de las súplicas del Espíritu mismo. 
Hay que implorar para obtener el perdón, integrándose en el profundo grito de Cristo Redentor Y a través de todo esto hay que proclamar la gloria. La oración siempre es un opus gloriae” “El hombre alcanza la plenitud de la oración no cuando se expresa principalmente a si mismo, sino cuando permite que en ella se haga mas plenamente presente el propio Dios” 
“La oración es una búsqueda de Dios pero es también revelación de Dios”
“En la raiz de su incansable acción apostólica esta claramente la intensidad y la profundidad de la oración” decía el cardenal Camilo Ruini en su discurso de apertura del proceso de investigación diocesana en San Giovanni in Laterano en Roma el 28 de junio de 2005 y recordaba lo que Juan Pablo II mismo había dicho el 29 de octubre de 1978 durante su visita al Santuario Della Mentorella. “La oración, que es expresión en distintos modos de la relación del hombre con el Dios vivo, es también la primera tarea y como el primer anuncio del Papa, del mismo modo que es el primer requisito de su servicio a la Iglesia y al mundo.”
Y Joaquín Navarro-Valls decía en una entrevista “su relación especial con la oración, a la que diariamente dedicaba varias horas", "una parte fundamental de su vida", era “Uno de los rasgos de la personalidad de Juan Pablo II que más fascinaba” Y en otra entrevista al preguntársele “-¿Cómo reza el Papa?” respondía “ -A juzgar por la imagen exterior, con una intensidad de fe que explica muchas cosas de su pontificado”…
Finalmente es imposible no recordar su “paso de la vida a la vida” y aquella oración universal - que entre lágrimas y rezos se elevaba en un Magnificat de agradecimiento envolviendo la plaza San Pedro y extendiendo el eco a todos los rincones del mundo aquel primer sábado de mes vìsperas del Domingo de la Misericordia de 2005! Y las emotivas palabras de entonces cardenal Joseph Ratzinger en su homilía “ El amor de Cristo fue la fuerza dominante en nuestro amado Santo Padre; quien lo ha visto rezar, quien lo ha oído predicar, lo sabe. Y así, gracias a su profundo enraizamiento en Cristo pudo llevar un peso, que supera las fuerzas puramente humanas; Ser pastor del rebaño de Cristo, de su Iglesia universal.

(En este enlace podemos rezar ante la tumba de Juan Pablo II en la Basilica San Pedro)  

jueves, 11 de abril de 2019

Juan Pablo II y la oración (4 de 4) – La Liturgia de las Horas (3) Salmos y cánticos



La “energía del Espiritu Santo”
En la Audiencia General del miércoles 4 de abril de 2001, antes de comentar el comentario de los salmos y cánticos de las Laudes, el Siervo de Dios Juan Pablo II continuaba con la reflexión introductoria iniciada en la catequesis anterior invitándonos a redescubrir también nosotros como “la Iglesia fue definiendo progresivamente este compromiso específico suyo de oración realizada de acuerdo con las diversas fases del día” invitándonos para ello “remontarnos a los primeros tiempos de la comunidad apostólica”
“Al cantar los salmos – expresa Juan Pablo II - el cristiano experimenta una especie de sintonía entre el Espíritu presente en las Escrituras y el Espíritu que habita en él por la gracia bautismal.
 Más que orar con sus propias palabras, se hace eco de los "gemidos inenarrables" de los que habla san Pablo (cf. Rm 8, 26), con los cuales el Espíritu del Señor impulsa a los creyentes a unirse a la invocación característica de Jesús: "¡Abbá, Padre!" (Rm 8, 15; Ga 4, 6)”. “Tan seguros estaban los antiguos monjes de esta verdad – continuaba Juan Pablo II - que ni se preocupaban de cantar los salmos en su lengua materna, les bastaba la convicción de que eran, de algún modo, "órganos" del Espíritu Santo. Estaban convencidos de que por su fe los versículos de los salmos les proporcionaban una "energía" particular del Espíritu Santo.
Invito visitar el Directorio Franciscano con enlaces a todas las catequesis de la serie de  Salmos y cánticos de Juan Pablo II, con comentarios adicionales.

miércoles, 10 de abril de 2019

Juan Pablo II y la oración (3 de 4) – La liturgia de las Horas (2) oración de la Iglesia




“orar sin cesar”
Antes de comenzar el comentario de los salmos y cánticos de las Laudes, en la Catequesis del 4 de abril de 2001 el Santo Padre Juan Pablo II completaba la reflexión introductoria iniciada en la  catequesis anterior  resaltando la importancia y presencia del Espíritu Santo. Además de la presencia del Espíritu Santo – expresa el Santo Padre - “otra dimensión importante es la de la acción sacerdotal que Cristo realiza en esta oración, asociando a sí a la Iglesia su esposa” y destaca que los discípulos de Jesús descubrieron algunos salmos particularmente adecuados para determinados momentos del día, de la semana o del año, viendo en ellos un sentido profundo en relación con el misterio cristiano. A este respecto cita luego palabras de san Cipriano "Es necesario orar al inicio del día para celebrar con la oración de la mañana la resurrección del Señor. Eso corresponde a lo que una vez el Espíritu Santo indicó en los Salmos con estas palabras: "Rey mío y Dios mío. A ti te suplico, Señor, por la mañana escucharás mi voz, por la mañana te expongo mi causa y me quedo aguardando" (Sal 5, 3-4). (...) Luego, cuando se pone el sol y declina el día, es preciso hacer nuevamente oración. En efecto, dado que Cristo es el verdadero sol y el verdadero día, en el momento en que declinan el sol y el día del mundo, pidiendo en la oración que vuelva a brillar sobre nosotros la luz, invocamos que Cristo nos traiga de nuevo la gracia de la luz eterna" (De oratione dominica, 35: PL 39, 655).
Y continúa enfatizando y explicando la importancia y el sentido de la oración en cualquier momento del dia: “La oración cristiana nace, se alimenta y se desarrolla en torno al evento por excelencia de la fe: el misterio pascual de Cristo. De esta forma, por la mañana y por la tarde, al salir y al ponerse el sol, se recordaba la Pascua, el paso del Señor de la muerte a la vida. El símbolo de Cristo "luz del mundo" es la lámpara encendida durante la oración de Vísperas, que por eso se llama también lucernario. Las horas del día remiten, a su vez al relato de la pasión del Señor, y la hora Tertia también a la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. Por último, la oración de la noche tiene carácter escatológico, pues evoca la vigilancia recomendada por Jesús en la espera de su vuelta (cf. Mc 13, 35-37). Al hacer su oración con esta cadencia, los cristianos respondieron al mandato del Señor de "orar sin cesar" (cf. Lc 18, 1; 21, 36; 1 Ts 5, 17; Ef 6, 18), pero sin olvidar que, de algún modo, toda la vida debe convertirse en oración.
A este respecto escribe Orígenes: “Ora sin cesarqioen une oración a las obras y obras a la oración” (Sobre la oración XII,2: PG 11, 452 c).”



martes, 9 de abril de 2019

JUAN PABLO II y la oración (2 de 4) La Liturgia de las Horas – Salmos y Canticos


"orar sin cesar" (cf. Lc 18, 1; 21, 36; 1 Ts 5, 17; Ef 6, 18), pero sin olvidar que, de algún modo, toda la vida debe convertirse en oración. A este respecto escribe Orígenes: “Ora sin cesar quien une oración a las obras y obras a la oración”  (Sobre la oración XII, 2:PG 11, 452) Catequesis 4 de abril 2001)  
Al "arte de la oración" el Siervo de Dios Juan Pablo II lo consideraba un “compromiso”, llamando a prestarle mayor atención pastoral a la promoción de la Liturgia de las Horas, como “oración de todo el pueblo de Dios (cf. ib., 34)”.
Con la audiencia del 28 de marzo de 2001 comenzaba una serie de catequesis que se extendería durante todo un año (con algunas interrupciones) sobre los salmos y los cánticos propuestos en la oración matutina de las Laudes, deseando “estimular y ayudar a todos a orar con las mismas palabras utilizadas por Jesús y presentes desde hace milenios en la oración de Israel y en el de la Iglesia.”
En la audiencia Juan Pablo II explicaba que “podríamos introducirnos en la comprensión de los salmos por diversos caminos sugestivos y de niveles altísimos. Sin embargo, el objetivo era “destacar el significado religioso de los salmos, mostrando cómo, aun habiendo sido escritos hace muchos siglos por creyentes judíos, pueden ser usados en la oración de los discípulos de Cristo. Para ello nos serviremos de los resultados de la exégesis, pero a la vez veremos lo que nos enseña la Tradición, y sobre todo escucharemos lo que nos dicen los Padres de la Iglesia” quienes “con profunda penetración espiritual, supieron discernir y señalar que Cristo mismo, en la plenitud de su misterio, es la gran "clave" de lectura de los salmos. Estaban plenamente convencidos de que en los salmos se habla de Cristo.

Jesús resucitado se aplicó a sí mismo los salmos, cuando dijo a los discípulos: "Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí" (Lc 24, 44). Los Padres añaden que en los salmos se habla de Cristo, o incluso que es Cristo mismo quien habla. Al decir esto, no pensaban solamente en la persona individual de Jesús, sino en el Christus totus, en el Cristo total, formado por Cristo cabeza y por sus miembros. Así nace, para el cristiano, la posibilidad de leer el Salterio a la luz de todo el misterio de Cristo. Precisamente desde esta perspectiva se descubre también la dimensión eclesial, particularmente puesta de relieve por el canto coral de los salmos….. tomados, desde los primeros siglos, como oración del pueblo de Dios”.
fotos tomadas de la pagina del Directorio Franciscano con una preciosa y cuidadosa recopilacion de textos de los salmos enlazados con las catequesis de Juan Pablo II, que invito visitar.