Hoy celebramos la memoria litúrgica de San Benito, abad, proclamado patrono y protector de Europa por el Santo Padre Pablo VI, el 24 de octubre de 1964, durante su visita a la Abadía de Montecassino, con ocasión de la Consagración del nuevo templo.
San Benito también fue patrono del pontificado del Santo Padre Benedicto XVI.
Con ocasión del viaje a Roma para la beatificación de Juan Pablo II teníamos planeado visitar Mentorella y la Abadia de Montecassino y solo pudimos cumplir con una parte del sueño visitar Mentorella y Montecassino quedó pendiente. Sin embargo aprovechando la festividad de San Benito quería recordar Montecassino, un lugar tan significativo y tan caro a Juan Pablo II, por lo sagrado del lugar, por una parte, y por la otra tan trágicamente atado a la historia polaca donde en el cementerio polaco, mas de mil cruces recuerdan el heroísmo de los jóvenes que combatieron y murieron allí (no todos eran polacos).
Juan Pablo II nunca oculto el profundo amor por su patria, tampoco su dolor y
su sufrimiento en momentos difíciles. En su discurso a los monjes de la Abadia durante su primer visita a Montecassino como Papa en 1979
con ocasión de conmemorarse los 35 años de aquel 18 de mayo de 1949 decia con
dolor pero con orgullo:
Hace 35 años, el 18 de mayo de 1944, los soldados polacos del General Anders, llegados poco antes al frente y agregados a la "Octava Armada" británica, lograban izar la bandera polaca blanca y roja sobre los escombros todavía humeantes de esta histórica abadía. Tres meses antes, el 15 de febrero de 1944, centenares de toneladas de explosivos habían sido arrojadas por los bombarderos, destruyendo la abadía, considerada objetivo bélico, mientras entre uno y otro bombardeo el tiro cruzado de las artillerías terrestres y marinas sembraban muerte y ruina por todas partes. En el cementerio polaco más de mil cruces recuerdan el sacrificio de estos jóvenes que combatieron y murieron junto con otros muchos ejércitos por la libertad y la paz. Han pasado 35 años; y hoy está aquí, en Montecassino, en la célebre abadía resurgida y gloriosa, un hijo de Polonia, convertido en Pontífice, para recordar y elevar sufragios por sus hermanos, junto a los demás caídos, víctimas de las ideas equivocadas y de los contrastes humanos.
“Venid
a Montecassino!” –
decía Juan Pablo II en su alocución – “¡Venid a meditar sobre la
historia pasada y a comprender el significado auténtico de nuestra
peregrinación terrena! ¡ Venid a recuperar paz y serenidad, ternura con Dios, y
amistad con los hombres, para llevar de nuevo esperanza y bondad a las
frenéticas metrópolis del mundo moderno, atormentadas y desilusionadas en la
angustia de tantas almas!”
Como
no aceptar una invitación tan abierta, tan sentida?
Es
importante leer su alocución de 1979 para adentrarse un poco en el alma de este
Papa polaco, poeta y pastor y es casi obligatorio leer su precioso Mensaje
para el 50 aniversario de la Batalla de Montecasino para comprender el profundo amor a su patria, su sufrimiento por la tragedia de
la guerra y la incomprensión de Occidente por la suerte de Polonia, invadida
por este y oeste. Pero Juan Pablo II va mucho más allá de nuestras propias
interpretaciones al expresar que “Montecassino encierra un significado mucho
más antiguo que el que se le atribuyo en 1944. Hay que volver atrás quince
siglos, a los tiempos de san Benito porque fue precisamente en Montecassino
donde se erigió una de aquellas abadías benedictinas que iniciaron la formación
de Europa, de la Europa cristiana. Montecassino fue el enfrentamiento de dos
“proyectos” – dice Juan Pablo II - uno, tanto en oriente como en occidente,
tendía a desarraigar a Europa de su pasado cristiano, ligado a sus patronos y
en especial, a san Benito: el otro tendía a defender la tradición cristiana de
Europa y el “espíritu europeo”. Hemos de orar concluye su Mensaje Juan Pablo II
para que sepamos hacer buen uso de la libertad reconquistada a un precio tan
alto: para volver a la herencia de san Benito y de san Cirilo y san Metodio,
copatronos de Europa del este y del oeste.
En su mensaje
al Abad de Montecassino el P. Bernardo D’Onorio, o.s.b. para el 60
aniversario de la destrucción de la Abadia de Montecassino Juan Pablo II recordaba Montecassino como
“verdadera arca de un tesoro precioso de espiritualidad, de cultura y de arte.
Para nosotros, los creyentes, el hecho de que el antiguo monasterio haya sido
totalmente destruido por la guerra y después haya sido perfectamente
reconstruido es una invitación a la esperanza, impulsándonos a ver en ello un
símbolo de la victoria de Cristo sobre el mal y de la posibilidad que tiene el
hombre de superar, con la fuerza de la fe en Dios y del amor fraterno, los
conflictos más arduos para hacer que triunfen el bien, la justicia y la
concordia.
Fotos de Abadia de Montecassino




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