Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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martes, 10 de junio de 2025

Juan Pablo II y sus intentos de acercamiento a la Iglesia ortodoxa.

 


(Fuente: Stanislao Dziwisz: Una vida con Karol – conversación con Gian Franco Svidercoschi,  La Esfera delos libros, 2008, pag.222/226)

Pero los problemas eran todavía mas numerosos en le frente de la Iglesai ortodoxa. Caído el comunismo, disgregado el imperio soviético, la consiguiente explosión de nacionalismos involucró, por desgracia, también a la Iglesias, sobre todo a las ortodoxas, que durante tantos años habían vivido sin libertad y al margen del proceso ecuménico. (Gian FrancoSvidercoschi)

El Santo Padre intuyó en el acto que de aquella situación podían derivarse complicaciones en las relaciones con Roma. La Iglesia católica, por su unidad, tenía fuerza, mucha fuerza, mientras que las Iglesias ortodoxas, diversificadas y divididas entre ellas, no. El Papa intento iniciar un diálogo respetuoso, lleno de delicadeza y de comprensión, totalmente ajeno a cualquier idea de proselitismo. Pero no siempre fue comprendido. No siembre se comprendieron sus verdaderas intenciones. (Cardenal Dziwisz)

Esto ocurrió, sobre todo, con el patriarcado ortodoxo de Moscú. Estaba la cuestión de los uniatos, es decir, de los católicos orientales que reclamaban que se les devolviesen las iglesias y los bienes confiscados por el régimen comunista en la época de la represión para dárselos a los ortodoxos. Y luego, cuando la Santa Sede reorganizó la jerarquía eclesiástica en Rusia creando al final auténticas diócesis. Moscú reacciono de forma durísima y suspendió las relaciones durante algún tiempo.

El Santo Padre decía que las Iglesias de Rusia, recién salidas de  una tremnda opresión, tenían pleno derecho a contar con una organización definitiva. No podían dejarse sin pastores. 

Y además, el patriarcado de Moscú había sido advertido con tiempo. El nuncio había comunicado las intenciones de la Santa Sede de proceder a la creación de cuatro diócesis que, precisamente para no herir sensibilidades, iban a tomar su nombre del de las catedrales, en vez de adoptar las territoriales, ya usados por la Iglesia ortodoxa.

Quizás no le habían dado mayor importancia al asunto y habían aceptado sin más. Ninguna objeción. Sólo en un segundo momento, cuando vieron todo el “plan” realizado, o cuando  surgieron oposiciones internas, sólo entonces replicaron de aquella forma. Pero nadie, repito, nadie, se esperaba una reacción semejante!

Así, las oportunidades para que tuviera lugar un encuentro entre el Papa y el patriarca Alejo II fueron perdiéndose una tras otra.  La primera fue durante el viaje pontificio a Hungria, en septiembre de 1996. Había sido el propio Gobierno húngaro, a través de su embajador en la Santa Sede, el que había propuesto el encuentro en la localidad de Pannonhalma. Pero el Santo Sínodo del patriarcado ortodoxo se opuso.

La segunda vez fue en 1997: la preparación tuvo casi el crisma oficial. Se ocuparon de elli, por la parte católica el arzobispo Pierre Dprey, secretario del Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, y por la parte ortodoxa, el metropolita Kirill, presidente del Departamento para las Relaciones Exteriores. Fue elegido un lugar a medio camino entre Roma y Moscú, el convento cisterciense de Heiligenkreutz (Santa Cruz) a unos treinta kilómetros de Viena, aprovechando también el hecho de que Alejo II iba a ir a Austria, a Graz, para asisitir a la II Asamblea Ecuménica Europea. Por lo tanto, todo estaba listo para el 21 de junio, pero, en el último momento, Kirill dijo que no era posible. Una vez más, se había opuesto el Sínodo.

La tercera vez fue en el año 2003. El Papa iba a viajar a Mongolia; el avión tenia que hacer una escala técnica en Kazan, en territorio ruso, para entregar el icono de la Madre de Dios…

El Santo Padre deseaba ardientemente realizar la peregrinacion a Rusia, como señal de su deseo de contribuir a la unidad de los cristianos. Y para favorecer un definitivo acercamiento a la Iglesia ortodoxa, que siempre le había sido muy querida. Por esto, era importante que pudiera reunirse con Alejo II. Pero también esta vez, el encuentro fue anulado.

El escenario ecuménico, mientras tanto, se había vuelto totalmente oscuro. Elmundo ortodoxo, al verse obligado a defender a Moscú, se había unido contra Roma, contra su presunto “proselitismo”.

El Papa, sin embargo, no quiso resignarse. Para empezar, lanzó una clamorosa iniciativa con la enciclica Ut unum sint. Se declaro dispuesto, a través del dialogo con otros cristianos, a definir una nueva forma de ejercicio del primado del obispo de Roma, para que pudiese convertirse en un factor de unidad, en vez de continuar siendo un elemento de división.  Y por esto, la Congregación para la Doctrina de la Fe preparó un estudio sobre el primado en los primeros diez siglos, cuando el mundo cristiano todavía estaba unido.

Para intentar restablecer una amistad fraternal con las distintas Iglesias ortodoxas, Juan Pablo II emprendió una serie de viajes a países conflictivos: Rumania, donde aun estaba abierta la cuestión de los uniatos; Grecia, donde los obispos ortodoxos ni siquiera le habían invitado; Ucrania, cercana a Moscù. Ayudado por sus mea culpa, y sostenido por la convicción, como repetía con frecuencia, de que se tenía que impulsar “primero la unión afectiva y luego la efectiva”, el Papa consiguió que cambiasen de manera  radical situaciones y actitudes anteriormente hostiles.

Recuerdo ahora con emoción aquel grito, “Unitade, unitade”, que explotó de entre el pueblo durante la visita del Santo Padre a Bucarest, en Rumania. Gritaban todos, ortodoxos, católicos, protestantes evangélicos, invocando el regreso a la antigua unidad cristiana.  También me gustaría volver a mencionar, dado lo extraordinario de su carácter, el viaje a Grecia. Durante la estancia del santo Padre en Atenas pudimos comprobar como estas dos Iglesias, antes tan  alejadas la una de la otra, se estaban acerando por momentos. La Iglesia ortodoxa griega no volvió a ser la misma desde la visita del Papa.

Y entonces? Cuando se reunificarán todos los cristianos?   Es una pregunta que también se plantaba el papa Wojtyla en la conclusión del Ut unum sint: “Quanta est nobis via?” (¿Cuánto camino nos queda aún por recorrer?) Quizá, una primer respuesta estaba en aquellas seis manos que empujaban juntas la antigua puerta bizantina de San Pablo. Manos de cristianos todavía desunidos, pero seguramente con el deseo de volver a estar juntos.

  

viernes, 25 de febrero de 2022

El icono “peregrino” de Kazan (6 de 6) Carta del Patriarca Alexis II al Santo Padre Juan Pablo II con motivo del regreso del Icono de la Madre de Dios de Kazan


Santidad

Le doy gracias de corazón por haber entregado a la Iglesia ortodoxa rusa el icono de la Madre de Dios de Kazan, la Theotokos y siempre Virgen María. El pasado 28 de agosto, fiesta de la gloriosísima Dormición de la Theotokos, la delegación de representantes de la Iglesia católica romana, encabezada por el cardenal Walter Kasper, presidente del Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos, nos entregó este icono después de una solemne liturgia divina en la catedral de la Dormición, en el Kremlin de Moscú, llena de fieles, que se dieron cita en ese día sagrado para elevar sus oraciones a la santísima Theotokos. 

La entrega de este sagrado icono por parte de sus enviados es considerada por toda la Iglesia ortodoxa rusa como un acto de restablecimiento de la justicia y como un acto de buena voluntad por parte de Su Santidad. Creo que su decisión de entregar el icono manifiesta el deseo sincero de superar las dificultades existentes en las relaciones entre nuestras dos Iglesias. Ojalá que este acontecimiento constituya nuestra contribución común a superar las consecuencias negativas de la historia del siglo XX, marcada por una persecución contra la fe de Cristo de un alcance sin precedentes. 

La veneración de la Madre de Dios como "celosa intercesora en favor del pueblo cristiano" (Akathistos al icono de la Madre de Dios de Kazan) -veneración común a las Iglesias ortodoxa y católica- nos remite a los tiempos de la Iglesia primitiva, cuando no había divisiones entre Oriente y Occidente, tan visibles, por desgracia, en nuestros días. La Iglesia ortodoxa rusa, incluso en los momentos más difíciles de sus relaciones con la Iglesia católica romana, siempre e invariablemente ha afirmado su voluntad de desarrollar estas relaciones con espíritu de sincera cooperación. En la entrega del icono de Kazan vemos un paso en la dirección correcta, convencidos de que en el futuro se hará todo lo posible para resolver algunos problemas existentes entre nuestras Iglesias. 

Las buenas relaciones entre la Iglesia ortodoxa rusa y la Iglesia católica romana, que el "Padre sempiterno, Príncipe de la paz" (Is 9, 6) nos llama a mantener, no con palabras sino con obras, son sumamente importantes para el futuro de Europa y del mundo entero. La predicación de los valores cristianos en la sociedad secularizada sólo tendrá éxito si todos los cristianos cumplimos el mandamiento del amor del Salvador:  "Amaos los unos a los otros como yo os he amado" (Jn 13, 34). La apertura en las relaciones entre cristianos de diversas confesiones implica respeto recíproco, conocimiento de la historia común y sensibilidad al realizar acciones en territorios donde otra tradición cristiana está presente desde hace siglos. 

Una vez más, deseo darle las gracias, Santidad, desde lo más profundo de mi corazón, por este don y expresarle la esperanza de que la santísima Theotokos, que "cura con generosidad y solicitud las enfermedades y las divisiones" (Akathistos al icono de la Madre de Dios de Kazan) derrame su gracia y su misericordia sobre los fieles de nuestras dos Iglesias. 

 

Con amor en el Señor, ALEXISII Patriarca de Moscú y detodas las Rusias

El icono peregrino de Kazan (5 de 6) algo de historia

 


El Papa mariano sabía bien cuán grande es la devoción de Rusia por la Madre de Dios. Y lo es al punto que puede enorgullecerse de un texto literario de los siglos XI-XII, verdaderamente único: «EL viaje de la Madre de Dios entre las penas del infierno». EL texto narra el invencible amor de la Madre de Dios incluso por los condenados al infierno, eternamente castigados pero también eternamente «hijos de su Hijo e hijos suyos». No la deja en paz que sufran. Pide a Dios poderlos visitar para llevarles su consuelo. Vuelve de su viaje al infierno y, llorando, reza asi. «Ten piedad, Señor. HE visto sus penas y no las puedo soportar».

 Dios no se deja conmover. Maria, como en Caná, no se resigna. Compromete a los ángeles y a los santos: todos juntos se postrarán ante el trono del altísimo y no se moverán de allí hasta que no tenga piedad de los condenados. Al final, Dios concede a los condenados un periodo anual de consolación: desde el Jueves santo hasta la fiesta de la Santísima Trinidad.  Dostoievski consideraba este texto, por su audacia y fuerza, no inferior al Infierno de la Divina Comedia.

 Juan Pablo II sabía el significado de los iconos para Rusia y para todo el Oriente Cristiano. En 1987, decimo año de su pontificado, escribió una carta apostólica para recordar los 1200 años del Concilio de Nicea, que  estableció para siempre el culto de las imágenes.  Cerraba la carta saludando con gozo el creciente interés por la teología y la espiritualidad de las imágenes orientales. Las imágenes son una buena nueva, teofanía y teología de colores. La fe en Maria y la devoción mariana son atestiguadas por innumerables iconos: iconos de iglesia, de casa, de viaje. Iconos que llevan denominaciones preciosas: Maria, alegría de la creación: alegría inesperada: consuelo en las penas: fuente de vida: buscadora de perdidos. Flor que nunca se marchita: arbusto ardiente…

 

El Papa Wojtyla, restituyendo la imagen de la Virgen de Kazán a la Iglesia ortodoxa rusa, sabía que con ello tocaba dos puntos sensibles: el culto de Maria y el culto de los iconos. Uno de estos iconos, quizás el más conocido, es el de la Madre de Dios o de Kazán. A menudo, los iconos llevan el nombre de una ciudad, como si tuviesen una patria. El de Kazán toma el nombre de la capital de Tatarstan, una de las 21 republicas que forman Rusia.

 El   icono de la Madre de Dios de Kazan es un icono increíblemente peregrino: fue pintado en Kazán, en el s. XVI, desapareció y volvió a aparecer milagrosamente, se construyo una catedral donde la imagen fue entronizada el 8 de julio de 1594, y el 8 de julio de cada año se celebra su fiesta.   Desde 1612 le ha sido asignada una segunda fiesta, el 22 de octubre, porque es el día en que “liberó” a los rusos de la invasión polca.  En 1904, la imagen fue sacrílegamente robada y desapareció para siempre, quizás fuese destruida.

Una copia del icono original continúa la peregrinación, incluso en el extranjero. Apareció en Occidente, sobre los años 20 del sigo pasado, paso de un propietario a otro, de un país a otro: Inglaterra, Estados Unidos, Portugal. Y desde aquí, precisamente desde Fátima, fue donada al “Papa de Fátima”.

Según el estudio de una comisión mixta de expertos vaticanos y rusos, esta copia, en madera de tilo, corresponde a la primera mitad del 1700. El hecho de ser revestida de una preciosa cubierta (riza) es señal de haber sido objeto de gran veneración. Juan Pablo II la recibió como un don, pero desde le primer momento tuvo el propósito de restituirla. EN efecto, escribió enseguida al Patriarca de Moscú para confiarle el deseo de devolverla. Sin embargo, restituir un icono es incluso un negocio complicado cuando el dialogo ecuménico vive momentos difíciles.

 

En 1996, el icono estaba aun en la casa del Papa y el metropolita Kirill,  Patriarca de Moscú, entonces ministro de exteriores de la iglesia ortodoxa rusa, declaraba: «Me emociona pensar que el Papa tenga la venerada imagen en su capilla privada. Se que desearía restituirla. Hemos pensado juntos en esta posibilidad, pero hay que resolver antes muchos problemas.

 

Problemas, pues, y además muchos. Efectivamente, pasarán mas de diez años hasta que, en 2004, cuando Juan Pablo II tiene ya los meses contados el icono queme etapas: en cuestión de pocos días, en agosto de 2004 pasa de manosdle Papa a las del Patriarca de Moscu.

El icono “peregrino” de Kazan (4 de 6) Oración del Papa Juan Pablo II

 


“¡Bendita seas, oh gloriosa Madre de Jesús, que "precedes al pueblo de Dios por los caminos de la fe, del amor y de la unión con Cristo"! (cf. Lumen gentium, 63). Te llaman bienaventurada todas las generaciones, porque "el Poderoso ha hecho obras grandes en ti y su nombre es santo" (cf. Lc 1, 48-49).

Bendita y alabada seas, ¡oh Madre!, en tu icono de Kazan, en el que desde siglos estás rodeada por la veneración y el amor de los fieles ortodoxos, habiéndote convertido en protectora y testigo de las singulares obras de Dios en la historia del pueblo ruso, al que todos nosotros apreciamos mucho.

La Providencia divina, que tiene el poder de vencer el mal y sacar el bien incluso de las maldades de los hombres, ha hecho que tu santo icono, desaparecido en tiempos lejanos, apareciese de nuevo en el santuario de Fátima, en Portugal. Posteriormente, por voluntad de personas devotas tuyas, fue traído a la casa del Sucesor de Pedro.

Madre del pueblo ortodoxo, la presencia en Roma de tu santa imagen de Kazan nos habla de una unidad profunda entre Oriente y Occidente, que perdura en el tiempo a pesar de las divisiones históricas y de los errores de los hombres. Con especial intensidad elevamos ahora nuestra plegaria a ti, ¡oh Virgen!, al mismo tiempo que nos despedimos de esta conmovedora imagen tuya. Te acompañaremos con el corazón a lo largo del camino que te conducirá de nuevo a la santa Rusia. Acoge la alabanza y el honor que te tributa el pueblo de Dios que está en Roma.

¡Oh bendita entre todas las mujeres!, al venerar tu icono en esta ciudad sellada con la sangre de los Apóstoles san Pedro y san Pablo, el Obispo de Roma se une espiritualmente a su hermano en el ministerio episcopal, que preside como Patriarca la Iglesia ortodoxa rusa. Y te ruega, Madre Santa, que intercedas a fin de que se apresure el tiempo de la plena unidad entre Oriente y Occidente, de la plena comunión entre todos los cristianos.

¡Oh Virgen gloriosa y bendita, Señora, Abogada y Consoladora nuestra, reconcílianos con tu Hijo, encomiéndanos a tu Hijo, preséntanos a tu Hijo! Amén.”

Oración del Santo Padre Juan Pablo II durante la Celebración de la Palabra para la veneración y la entrega del icono de la Madre de Dios de Kazan – 25 de agosto de 2004

 

 

El Icono "peregrino" de Kazan (3 de 6) Carta del Santo Padre Juan Pablo II a Su Santidad Alexis II, Patriarca de Moscú y de todas las Rusias

 


A Su Santidad 

ALEXIS II 

Patriarca de Moscú y de todas las Rusias 

 

Después de un largo período de pruebas y sufrimientos, que se han abatido sobre la Iglesia ortodoxa rusa y sobre el pueblo ruso durante el último siglo, el Señor de la historia, que lo dispone todo de acuerdo con su voluntad, nos concede hoy vivir en la alegría y la esperanza común, con motivo del regreso del icono de la Madre de Dios de Kazan a su patria. 

Con el gozo y los sentimientos de comunión que me impulsan y que han impulsado a mis predecesores, siempre interesados por el pueblo ruso, me alegra que Su Santidad reciba hoy a la delegación que le he enviado. La delegación, guiada por los cardenales Walter Kasper y Theodore Edgar McCarrick, tiene la misión de entregarle a usted este sagrado icono, tan íntimamente vinculado a la fe y a la historia de los cristianos de Rusia. 

Por un insondable designio de la divina Providencia, durante los largos años de su peregrinación, la Madre de Dios, en su sagrado icono conocido como Kazanskaya, ha reunido en torno a sí a los fieles ortodoxos y a sus hermanos católicos de otras partes del mundo, que han orado fervientemente por la Iglesia y por el pueblo que ella ha protegido a lo largo de los siglos. Más recientemente, la divina Providencia permitió que el pueblo y la Iglesia en Rusia recuperaran su libertad y se desplomara el muro que separaba la Europa oriental de la occidental. A pesar de la división que lamentablemente aún persiste entre los cristianos, este sagrado icono es como un símbolo de la unidad de los discípulos del Hijo unigénito de Dios, de Aquel hacia quien nos guía a todos. 

El Obispo de Roma ha orado ante este sagrado icono, pidiendo que llegue el día en que todos estemos unidos y podamos proclamar al mundo, con una sola voz y en una comunión visible, la salvación de nuestro único Señor y su triunfo sobre todas las fuerzas del mal que atacan nuestra fe y nuestro testimonio de unidad. 

Hoy me uno en la oración a usted, querido hermano, al Episcopado de la Iglesia ortodoxa rusa, a los sacerdotes, a los monjes y monjas, y al pueblo de Dios que está en Rusia. A esta oración se unen todos los hijos e hijas de la Iglesia católica en su profunda devoción y veneración hacia la santísima Madre de Dios. Que esta venerable imagen nos guíe a todos en nuestro camino evangélico de seguimiento de Cristo, y proteja al pueblo al que regresa y a toda la humanidad. Que la santísima Madre de Dios dirija su mirada maternal hacia los hombres y las mujeres de nuestro tiempo; que sostenga a los creyentes, para que no se aparten del camino que Dios les ha trazado:  el anuncio de Jesucristo, camino, verdad y vida, y un testimonio valiente de su fe en la sociedad y en todas las naciones. Hoy oramos con confianza a la santísima Virgen, porque ella implora para nosotros y para todas las naciones el don de la paz. 

Con estos sentimientos de caridad, en la alegría por el acontecimiento que celebramos hoy, y con la mirada puesta en la santísima Madre de Dios, intercambio con Su Santidad un beso fraternal en nuestro Señor. 

Vaticano, 25 de agosto de 2004

El icono “peregrino” de Kazan (2 de 6)

 


En ocasión del rezo del Ángelus del domingo 22 de agosto, el Papa anuncia la inminente donación. El 25 de agosto, durante la audiencia general, el icono, solemnemente expuesto, es honrado con una especial Liturgia de la Palabra.  «Hace más de diez años que de modo providencial llego esta imagen a mi casa – confió Juan Pablo II en la homilía – Desde entonces, ha encontrado en mi un lugar y ha acompañado con su mirada materna mi diario servicio a a Iglesia.» 

El Papa confía a Maria las palabras que habría querido decir personalmente al Patriarca de Moscú y a toda la Iglesia rusa:  «Esta antigua imagen de la Madre del Señor le hable a su Santidad Alexio II de nuestro afecto, de nuestra estima por la Santa Iglesia rusa, de nuestro deseo y de nuestro firme propósito de acelerar el día de la unidad», y, conmovido, se despide del icono con un último beso.

El 26 de agosto fue expuesto el icono a la veneración de los fieles en San Pedro. La mañana del 28, en la estupenda catedral de la Dormición en el Kremlin, después de una solemne Liturgia celebrada por el Patriarca Alexio II, la delegación vaticana, presidida por el cardenal Kasper, hace entrega del icono. Una ceremonia emocionante, ciertamente, pero con una ausencia escandalosa: la ausencia del donante, signo elocuente de la escandalosa división entre los cristianos.

Es asi como se sucedieron las cosas. Pero hubiesen podido suceder en modo diferente. Algunas veces la utopía o la profecía prevalecen sobre la política o la diplomacia. Ocurren y después nunca más se olvidan. Este sería uno de esos casos.

El Papa Wojtyla soñaba a lo grande.  Soñaba con la ocasión magnifica de ver unidos dos pueblos, el polaco y el ruso, a menudo enemigos, y dos confesiones cristianas, católicos y ortodoxos, también a menudo recíprocamente desconfiados. ¿Quién podría olvidar al papa polaco dentro del Kremlin de Moscú? ¿Quién podría olvidar a un papa polaco que restituye a los rusos el icono que les “libró” de los polacos? Finalmente pasarían más de 10 años hasta que durante los últimos meses de vida de Juan Pablo II pudiera realizarse la tan ansiada devolución de este icono realizado en madera de tilo que en el 2003 una comisión mixta de expertos vaticanos y rusos declarara autentico y correspondiente a la primera mitad del 1700.

Al icono peregrino faltaba una última etapa de 800 kms, los que separan a Moscú, capital de Rusia, de Kazán, capital del Tatarstán, una de las 21 Republicas de Rusia.

Las autoridades de Tatarstán, musulmanas como la mayoría de sus 4 millones de habitantes, prepararon enseguida una digna morada para el icono. Reconstruyeron la catedral de la Anunciación de Kazán, y allí, el 25 de julio de 2005, ante la presencia de diez mil peregrinos, el patriarca Alexio II entregó el icono, precisamente en el año en que Kazan festejaba los 800 años de su fundación.

El alcalde de Kazán, musulmán, que tanto hizo para volver a tener el icono en su ciudad, y su más intimo colaborador para las cuestiones religiosas, Dmitrij Khafizov, cultivan un gran sueño: hacer de Kazán la punta de un triangulo para los peregrinos de todo el mundo. Para ello se está construyendo un gran Centro de acogida de peregrinos. Las tres puntas serian Roma, Fátima, Kazán.

 

Sergio Mercanzin, Director del Centro Rusia Ecuménica en Roma.

(publicado originalmente en Totus Tuus, revista de la Postulación de la Causa de Beatificación y Canonización de Juan Pablo II

 

El icono "peregrino" de Kazan (1 de 6)

 


El 15 de abril del año 2003 el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Joaquín Navarro-Valls comunica que el Papa Juan Pablo II quiere devolver a Rusia el icono de Nuestra Señora y que se estaba evaluando ocasión y forma de entrega. Navarro Valls hace esta declaración después que una radioemisora polaca hablara de un posible viaje del Papa a Mongolia con escala en Kazan. Juan Pablo II soñaba con visitar Rusia (ningún Pontífice lo había hecho) pero para su gran dolor no se dieron las condiciones.


En julio de 2004 Navarro-Valls, que acompañaba al Papa durante sus vacaciones en Les Combes hablando con los periodistas, antes del rezo del Angelus, preguntado sobre la decisión del Papa de donar a la Iglesia ortodoxa Rusa el icono sagrado de la Virgen de Kazan respondió: "La devolución no está relacionada con la posibilidad de un encuentro entre el Papa y el patriarca Alexio II en Rusia. Había quedado claro desde el principio". El Santo Padre, añadió, "considera que los tiempos están maduros para donarla".

 

En el Ángelus del 22 de agosto de 2004 el mismo Santo Padre Juan Pablo II desde Castelgandolfo invitaba a los fieles a dirigirse junto a él a la “Virgen María, venerada con el título de Madre de Dios de Kazan. Su icono, que salió de Rusia en la década de 1920 del siglo pasado, después de largas etapas en diversos lugares, llegó hace algunos años al apartamento del Papa, y desde ese momento ha velado sobre su trabajo diario. Ahora, me alegra anunciar que una delegación especial llevará este icono, que tanto aprecio, a Su Santidad Alexis II, Patriarca de Moscú y de todas las Rusias.

El próximo miércoles, 25 de agosto, en la audiencia general, oraremos con los fieles en torno a este icono. Desde ahora encomendamos a María, Madre de la unidad y del amor, todas nuestras súplicas por el bien de la Iglesia y de toda la humanidad.”

Y en la Audiencia General del miércoles 25 de agosto, el “venerado icono de la Madre de Dios de Kazan” fue expuesto solemnemente y honrado con una Liturgia Especial de la Palabra. Emocionado y agradecido Juan Pablo II –confiaba a la audiencia durante la homilía de la celebración de la Palabra “¡Cuántas veces he invocado a la Madre de Dios de Kazan, pidiéndole que proteja y guíe al pueblo ruso, que le tiene tanta devoción, y que apresure el momento en que todos los discípulos de su Hijo, reconociéndose hermanos, restablezcan plenamente la unidad rota! Desde el inicio, - agregaba - deseaba que este santo icono volviera a la tierra de Rusia, donde -según acreditados testimonios históricos- durante muchísimos años fue objeto de profunda veneración por parte de enteras generaciones de fieles. En torno al icono de la Madre de Dios de Kazan se ha desarrollado la historia de ese gran pueblo”.


Después de la Oración el Papa le encomienda al cardenal Walter Kasper, presidente del Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos y jefe de la delegación de la Santa Sede entregar el icono en “manos de nuestro hermano el Patriarca Alexis II y a través de él a la santa Iglesia ortodoxa rusa y a todo el pueblo ruso. ”

jueves, 6 de septiembre de 2012

XX Congreso ecuménico Internacional de espiritualidad ortodoxa, Bose, Italia


Naturalmente,  este blog  trata de recordar  y promover (a veces me encuentra inspirada, otras no tanto) una mínima parte de la magna obra realizada por el Beato Juan Pablo II, pero este post  está  dedicado a rendirle un homenaje especial  y significativo pues   el Iconode Kazan que Juan Pablo II guardo en sus habitaciones con tanto celo, devoción y respeto  y que fuera devuelto solemnemente a  Rusia,   es una fiel expresión de ese fuerte anhelo de unión ecuménica del Papa. Tan solo pensando en  su enorme deseo incumplido de visitar la sufrida Rusia, su intensa búsqueda de comunión entre Oriente yOccidente su anhelo “que la Iglesia en este continente debe respirar «con dos  pulmones»….para poder llegar más plenamente a la riqueza de la Revelación”(Memoria e Identidad)  nos acercan aún más a esta XX edición del Congreso Ecuménico Internacional de espiritualidad ortodoxa que comenzó ayer y concluirá el próximo sábado 8 de septiembre 2012.


El encuentro  de este año cuyo tema es “El hombre custodio de lo creado”  está,  por otra parte,  íntimamente ligado al Monasterio de Bose,   no solo por sus reglas y principios sino también  porque el  Prior y fundador de la comunidad de Bose,  Enzo Bianchi, 



 formó parte de la comitiva oficial del Vaticano que el 28 de agosto del año 2004 entregaba - por expreso deseo del Beato Juan Pablo II - al Patriarca de Moscú Alexis II el Santo Icono de la Madre de Dios de Kazan. «Esta antigua imagen de la Madre del Señor – decía el Santo Padre en su discurso antes de la partida -  expresará a Su Santidad Alexis II y al venerado Sínodo de la Iglesia ortodoxa rusa el afecto que el Sucesor de Pedro siente por ellos y por todos los fieles que les han sido encomendados. Expresará su estima por la gran tradición espiritual que conserva la santa Iglesia rusa. Expresará el deseo y el firme propósito del Papa de Roma de avanzar juntamente con ellos por el camino del conocimiento mutuo y de la reconciliación, para apresurar el día de la plena unidad de los creyentes por la que nuestro Señor Jesucristo oró ardientemente (cf. Jn 17, 20-22).


El presente encuentro en Bose, cuyo programa puede verse en la pagina del Monasterio está abierto a todos y “participan  metropolitanos y obispos de las Iglesias ortodoxas y de la Iglesia católica, entre ellos el cardenal Roger Etchegaray, vice-decano del Colegio Cardenalicio; el arzobispo Antonio Mennini, nuncio apostólico en Gran Bretaña; el obispo Mansueto Bianchi, de Pistoia (Italia), presidente de la Comisión para el ecumenismo y el diálogo interreligioso de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI); representantes de la Iglesia de Inglaterra y de la Reforma, del Consejo ecuménico de las Iglesias y del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, junto con teólogos, patrólogos y científicos de todo el mundo. Durante cuatro días de encuentros y debates abiertos al público, los relatores profundizarán la dimensión teológica y espiritual de la relación del ser humano con el ambiente que lo circunda, interrogándose sobre los valores inspiradores de decisiones responsables frente a la crisis ecológica, causada por los hombres, que comporta heridas irreversibles para la vida del planeta. (VISnews120906).  
Son numerosos los mensajes recibidos apoyando la iniciativa.

Enzo Bianchi recordaba en la introducción al encuentro que la custodia y la defensa de lo creado se ha constituido en uno de los temas presentes en las meditaciones de los cristianos, un tema al cual se dedica también cuidadosa atención por parte de todas las iglesias,  un tema en el cual el ecumenismo encuentra la posibilidad de aunar experiencias en una etapa que en muchos aspectos no es fácil.  Muchas iglesias ya han elevado su voz denunciando los “pecados contra la naturaleza” e invitan a los cristianos y a todos los hombres a repensar su relación con la creación.”

Ya lo decía Juan Pablo II el 1º de enero de 1990  en su Mensaje para la celebración de la XXIII Jornada Mundial de la Paz “Paz con Dios Creador, Paz con toda la creación”   “La crisis ecológica pone en evidencia la urgente necesidad moral de una nueva solidaridad, especialmente en las relaciones entre los Países en vías de desarrollo y los Países altamente industrializados. Los Estados deben mostrarse cada vez más solidarios y complementarios entre sí en promover el desarrollo de un ambiente natural y social pacífico y saludable.”……” Hay pues una urgente necesidad de educar en la responsabilidad ecológica: responsabilidad con nosotros mismos y con los demás, responsabilidad con el ambiente. Es una educación que no puede basarse simplemente en el sentimiento o en una veleidad indefinida. Su fin no debe ser ideológico ni político, y su planteamiento no puede fundamentarse en el rechazo del mundo moderno o en el deseo vago de un retorno al «paraíso perdido». La verdadera educación de la responsabilidad conlleva una conversión auténtica en la manera de pensar y en el comportamiento. A este respecto, las Iglesias y las demás Instituciones religiosas, los Organismos gubernamentales, más aún, todos los miembros de la sociedad tienen un cometido preciso a desarrollar. La primera educadora, de todos modos, es la familia, en la que el niño aprende a respetar al prójimo y amar la naturaleza.” 

La comunidad de Bose es una pequeña comunidad monástica en busca de Dios, que vive en celibato, en comunión fraterna y en obediencia al Evangelio.   Vive en pobreza y soledad  que “es la primera realidad que se descubre entrando en comunidad”;   trabajando: “Tu trabajaras porque los padres y los apóstoles han trabajado para vivir del trabajo de sus propias manos, porque no te es licito hacerte servir por los demás, porque el trabajo es la colaboración a la creación conforme a la Sabiduría de Dios, porque debes testimoniar tu solidaridad con los hombres, trabajando junto a ellos” (Regla de Bose 21.23-24) Y vive en oración porque “Cristo está en ti y tú debes encontrarlo en ti con la oración. Si verdaderamente quieres vivir en presencia de Dios, necesitas de una oración silenciosa, personal, oculta, aquella que Jesús te dejara de ejemplo (Regla de Bose, 9.19.2.36) 


Actualmente la comunidad cuyo Prior y fundador es Enzo Bianchi, cuenta con unos 85 miembros. Nació a partir de los encuentros en 1963 de jóvenes universitarios torineses (de Torino) que compartían sus reuniones leyendo juntos las Escrituras, en oración y  participando de la Eucaristía. En ese contexto algunos miembros del grupo fueron madurando la idea de una vocación comunitaria en el celibato. Entonces el Hermano Enzo decide elegir un lugar propio, apartado de Torino, que sirviese  de referencia a todos aquellos que quisieran iniciar una vida fraterna.  Se encontró una pequeña casa en Bose, en la comuna de Magnano, entre la gran morena de Ivrea y Biella, y allí comenzaron a organizar su trabajo reparando (a ejemplo de San Francisco de Asis?)  la cercana iglesia románica de San Segundo.   


A partir de  1993 se ha constituido en centro para profundizar temas de vida espiritual, de cristianos de oriente y occidente, pertenecientes a la iglesia ortodoxa de la reforma, a la iglesia católica y a la iglesia de Inglaterra; “se ha convertido y quiere seguir siéndolo esencialmente en una experiencia de escucha fraterna”