Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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sábado, 26 de octubre de 2019

Quien fue Juan Pablo II?



Nadie, excepto Dios, conoce la verdadera respuesta. Solo Dios es quien piensa creativamente cada hombre. Nadie lo conoce plenamente menos aun el propio ser indicado por su nombre,  pues nadie conoce el contenido de aquello que desea y que decide en su ser la persona.  El  nombre de la persona no es un concepto.  Este nombre no significa cualquier cosa, no indica  la dirección en cuya dimensión existe el hombre, guiado por su propio deseo de mayor bondad y belleza. Según San Tomas de Aquino el nombre de la persona indica el amor que se da en el espacio que se extiende en la “gran pregunta” (magna questio – gran enigma - de San Agustin) del misterio del Principio al Fin.  Miramos a la persona siempre – por así decirlo – desde atrás. Vemos las huellas dejadas en el camino recorrido en dirección al Futuro. Vemos las acciones con las cuales la persona entra en el laborioso amor de los otros para,  juntos  con ellos,  edificar una casa familiar a todos.

El hombre recibe el nombre de aquellos que lo aman laboriosamente y a cuya llamada debe responder del mismo modo.  Lo recibe de aquellos en los cuales se fija su mirada.  Me atrevería decir que el nombre proviene de la escucha entusiasta que la persona presta a otra persona (ex auditu),  del mirar fijamente a aquel de quien proviene el don del amor por la otra persona. En este fijarse en la otra persona  se le revela al hombre algo primordial, aquello de su vida que se reconduce y todo lo cual continúa existiendo no obstante ya haber pasado.

En la tradición de la casa familiar que son los hombres, uno para el otro, nacen en ellos las obligaciones morales, que de hecho no se identifican con las costumbres que en aquel momento permean en la sociedad. Las obligaciones morales se identifican,  en cambio,  con los llamados con los cuales el amor llama al amor. El amor es amor en cuanto compromete al amor, y respondiendo a su llamada crece progresivamente.  Las obligaciones morales sustentan en el hombre la esperanza de encontrar en el Amor la salvación que le ha sido prometida y que el espera.

La persona mora en la otra persona en la medida en que juntas construyen una casa común. Es en este estar juntos que consiste la esencia misma del trabajo del hombre. Por eso, a la pregunta “Quien fue Juan Pablo II”? responderé sin dudar que él fue una persona que se revelaba en sus actos,  con los cuales edificaba,  junto a otros,  la casa familiar, y es justamente en este edificar juntos con los otros una casa familiar que es necesario buscar la respuesta a la pregunta quien fue.  Según Karol Wojtyla es en los actos que se revela la persona. Los actos muestran cual es el mensaje de una persona a las otras personas. Ser persona significa ser enviado (missio).

Es la buena «forma del amor» - que llama al hombre al trabajo. Lo bueno revela en el hombre el estupor y la maravilla. Lo entusiasma por la vida en este mundo según una lógica que no es de este mundo, lo entusiasma a transformar la propia vida en una obra de gran poesía (poiein). Haciendo así, el hombre penetra el sentido de la existencia en esta tierra y comprende así todo con el corazón y la mente.  Se transforma en amigo de la sabiduría, filo-sofos.  La luz de lo bueno le permite mirar de modo racional el mundo y a si mismo. Libera sus ojos “incapaces”(Lc, 24,16)  a causa de la razón que fijada en sí misma en este modo se mueve a tientas con ayuda del bastón que es su cálculo, y es por eso la razón calculadora (ratio significa el cálculo y deriva del ver reor, reri – calcular)

En 1977 el Cardenal Karol Wojtyla dicto una conferencia que trataba sobre las fuentes de su visión de la vida humana y la cultura. Una de estas se inspiraba en el poema de Cypriano Kamil NOrwid (1821-1883) Promethidion. Creo poder decir que en esta Obra Karol Wojtyla encontró una confirmación de su antropología. (*)  Las palabras de Norwid:

«Forma del amor y lo bello […]
Lo bello para entusiasmar
El trabajo – el trabajo para resurgir.»

constituyen la clave, en la dirección de la historia de la vida del hombre,  que se compone de un estar juntos armónico y termina en la resurrección de la persona en la persona para la cual ella trabaja. La lucha con la muerte,  no en nombre del honor sino por la resurrección,  crea la cultura de la fe, de la esperanza y del amor. En esta lucha está naciendo la cultura de la verdad del hombre.

Dime a quien has escogido como amigo y te diré quien eres – dice el proverbio. Con quienes construía la “casa” Juan Pablo II?  Sobre que tradición del “trabajo” construía para transmitirlo a los demás? La respuesta a esta pregunta indica,  de alguna manera, quien era él.

Juan Pablo II compartía su vida sobre todo con los laicos.  Fue con ellos que desde los años de su juventud hasta el fin de su vida construía la casa común. Junto a ellos entraba al trabajo de las grandes figuras de la historia polaca, que siempre han debido luchar por la libertad y aprender a sufrir por ella. Al mismo tiempo como sacerdote y como obispo había entrada a la tradición de tres grandes pastores de la Iglesia de Cracovia. En tierra polaca la historia de la Polonia coincide con la historia de la Iglesia en la lucha por la libertad y en el sufrimiento por ella.

(*) La experiencia moral llamada por Wojtyla praxis de la persona, difiere de la praxis propuesta por los marxistas. La praxis de la persona es la experiencia del amor que llama y obliga al amor, mientras la praxis marxista vive de a lucha con el enemigo indispensable para la supervivencia de los sistemas basados en la ideología marxista. 

(traducido de Dialogando con Giovanni Paolo II de Stanislaw Grygiel, Cantagalli, 2013)



viernes, 7 de julio de 2017

Juan Pablo II y los laicos


El obispo – y aun antes ya como novel sacerdote – Karol Wojtyla supo valorar la colaboración de los laicos; la descubrió, la valoró, y agradeció ese “don de los laicos”.  Fueron quizás aquellas primeras experiencias con los jóvenes que tan bien describe  Stanislaw Grygiel, discípulo y amigo de Karol Wojtyla,   aquellas vivencias tan particulares con los grupos de jóvenes y ese encuentro tan providencial con el obispo Jan Pietraszko, que dejaron marcados indeleblemente los dos años de sus vivencias en la querida parroquia de San Florián, su punta de lanza para valorar a pleno ese  don singular de los laicos.

Lo ratificaba en Don y Misterio  “porque cada uno de ellos ha ofrecido su propia aportación a la realización de mi sacerdocio. En cierto modo me han indicado el camino, ayudándome a comprender mejor mi ministerio y a vivirlo en plenitud….Entre ellos había simples obreros, hombres dedicados a la cultura y al arte, grandes científicos. En verdad, me ha acompañado siempre la profunda conciencia de la necesidad urgente del apostolado de los laicos en la Iglesia. Cuando el Concilio Vaticano II habló de la vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo, pude experimentar una gran alegría: lo que el Concilio enseñaba respondía a las convicciones que habían guiado mi acción desde los primeros años de mi ministerio sacerdotal.”

Con fecha 30 de diciembre de 1988 se dio a conocer su Exhortación apostólica post-sinodal  (Sinodo de Obispos 1987 – Roma 10 al 30 de octubre de 1987) Christifideles Laici  sobre la vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo en cuya introducción se lee:
“Los fieles laicos (Christifideles laici), cuya «vocación y misión en la Iglesia y en el mundo a los veinte años del Concilio Vaticano II» ha sido el tema del Sínodo de los Obispos de 1987, pertenecen a aquel Pueblo de Dios representado en los obreros de la viña, de los que habla el Evangelio de Mateo: «El Reino de los Cielos es semejante a un propietario, que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña» (Mt 20, 1-2). La parábola evangélica despliega ante nuestra mirada la inmensidad de la viña del Señor y la multitud de personas, hombres y mujeres, que son llamadas por Él y enviadas para que tengan trabajo en ella. La viña es el mundo entero (cf. Mt 13, 38), que debe ser transformado según el designio divino en vista de la venida definitiva del Reino de Dios.”

Juan Pablo II mantuvo una serie de audiencias dedicadas a los laicos, comenzando con la Audiencia General del 27 de octubre de 1993  La identidad eclesial de los laicos donde en la introducción explicaba la naturalidad de ocuparse del papel de los laicos :  “A lo largo de las catequesis eclesiológicas después de haber reflexionado sobre la Iglesia como pueblo de Dios, como comunidad sacerdotal y sacramental, nos hemos detenido en varios oficios y ministerios. Así, hemos pasado de los Apóstoles, elegidos y mandados por Cristo, a los obispos, sus sucesores, a los presbíteros, colaboradores de los obispos, y a los diáconos. Es lógico que nos ocupemos ahora de la condición y del papel de los laicos, que constituyen la gran mayoría del populus Dei. Trataremos este tema siguiendo la línea del concilio Vaticano II, pero también recogiendo las directrices y las orientaciones de la exhortación apostólica Christifideles laici, publicada el 30 de diciembre de 1988, como fruto del Sínodo de los obispos de 1987.”

A aquella primera Audiencia General introductoria sobre  los laicos, le siguieron cinco más:





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En su homilía del26 de noviembre de 2000 con ocasión del Jubileo del apostolado de los laicos afirmaba:    “En la maduración de esta conciencia, el concilio ecuménico Vaticano II marcó una etapa decisiva. Con el Concilio, en la Iglesia llegó verdaderamente la hora del laicado, y numerosos fieles laicos, hombres y mujeres, han comprendido con mayor claridad su vocación cristiana, que, por su misma naturaleza, es vocación al apostolado (cf. Apostolicam actuositatem)

“Pero ¿qué implica esta misión? - Preguntaba allí mismo -   ¿Qué significa ser cristianos hoy, aquí y ahora?
Ser cristianos jamás ha sido fácil, y tampoco lo es hoy. Seguir a Cristo exige valentía para hacer opciones radicales, a menudo yendo contra corriente. "¡Nosotros somos Cristo!", exclamaba san Agustín. Los mártires y los testigos de la fe de ayer y de hoy, entre los cuales se cuentan numerosos fieles laicos, demuestran que, si es necesario, ni siquiera hay que dudar en dar la vida por Jesucristo y a modo de ejemplo citaba palabras del Papa Pablo VI en su exhortación apostólica Evangelii nuntiandi:  "El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los testigos que a los maestros (...), o si escucha a los maestros es porque son testigos" 

sábado, 26 de noviembre de 2011

Benedicto XVI : Regresar a la centralidad de Dios


"No tendríamos que cansarnos nunca de replantear esa pregunta, de recomenzar desde Dios para devolver al ser humano la totalidad de sus dimensiones, su dignidad plena [..]
De hecho, la mentalidad difusa en nuestro tiempo que renuncia a cualquier referencia a la trascendencia, se ha demostrado incapaz de comprender y preservar lo humano. La difusión de esta mentalidad ha engendrado la crisis que vivimos hoy, que es crisis de significado de valores, antes que económica y social […]
En este marco, la cuestión de Dios es, de alguna manera, 'la cuestión de las cuestiones'. Nos lleva a los interrogantes de fondo del ser humano, a los anhelos de verdad, de felicidad y libertad grabados en su corazón y que quieren cumplirse".

"Si es verdad que no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, la cuestión de Dios se despierta a través del encuentro con quienes tienen el don de la fe, una relación vital con el Señor […]
Aquí vuestro papel de fieles laicos es muy importante … Estáis llamados a ofrecer un testimonio transparente de la relevancia de la cuestión de Dios en todos los ámbitos del pensamiento y la acción. En la familia, en el trabajo, como en la política y en la economía, el ser humano contemporáneo necesita ver y sentir cómo con Dios o sin Dios cambia todo".

"Pero el reto de una mentalidad cerrada a la trascendencia obliga a los mismos cristianos a regresar a la centralidad de Dios. A veces se insiste para que la presencia de los cristianos en la sociedad, la política o la economía sea más incisiva sin preocuparse igualmente de la solidez de su fe, como si fuera un dato adquirido para siempre. En realidad los cristianos no viven en un planeta lejano, inmune de las 'enfermedades del mundo', sino que comparten la turbación, la desorientación y la dificultad de su época. Por eso también urge replantear la cuestión de Dios en el tejido eclesial. […] La primera respuesta al gran desafío de nuestro tiempo estriba, entonces, en la conversión profunda de nuestro corazón, para que el Bautismo que nos hizo luz del mundo y sal de la tierra nos transforme realmente"


viernes, 5 de agosto de 2011

Con la cruz de Nowa Huta comienza la nueva evangelización




El sábado 3 de diciembre de 2005 el Santo Padre Benedicto XVI en un discurso al 2do grupo de obispos de Polonia en visita “Ad limina habló de la Nueva evangelización, refiriéndose en primer término a la homilía del Beato Juan Pablo II a los obreros de Nowa Huta, durante el primer viaje a su patria, recordando sus palabras: “De la cruz de Nowa Huta ha comenzado la nueva evangelización”.



La nueva cruz de madera ha surgido no lejos de aquí, exactamente durante las celebraciones del milenario. Con ella hemos recibido una señal: que en el umbral del nuevo milenio —en esta nueva época, en las nuevas condiciones de vida—, vuelve a ser anunciado el Evangelio. Se ha dado comienzo a una nueva evangelización, como si se tratara de un segundo anuncio, aunque en realidad es siempre el mismo. La cruz está elevada sobre el mundo que avanza. Agradecemos hoy, ante la cruz de Mogila, ante la cruz de Nowa Huta, este nuevo comienzo de evangelización, que aquí se ha efectuado. Pidamos todos que fructifique, al igual que la primera —o si se quiere, todavía más—.” (Homilía en el Santuario de la Santa Cruz de Mogila 8 de junio de 1979)



Recordaba Benedicto XVI que aquella parecía ser una de las primeras intervenciones de Juan Pablo II acerca de la nueva evangelización, “tarea común de los obispos, de los sacerdotes, de los consagrados y de los seglares.”.


El Santo Padre Benedicto XVI invitaba a los obispos que lo visitaban a reflexionar sobre el tema considerando que “el primer responsable de la obra de evangelización es el obispo, que ejerce los tria munera: profético, sacerdotal y pastoral, ” para citar luego nuevamente a Juan Pablo II en su libro ¡Levantaos, vamos!, especialmente en los capítulos "Pastor", "Conozco mis ovejas" y "La administración de los sacramentos" donde “ basándose en su propia experiencia, trazó el proyecto del camino del ministerio episcopal para que dé buenos frutos.”
Luego hablo extensamente sobre la tarea y responsabilidad de los obispos y hacia el final, refiriendose nuevamente a Juan Pablo II, recalcaba el papel de los laicos; “en la obra de evangelización nos introducen las palabras de mi gran predecesor: "Los laicos pueden realizar su vocación en el mundo y alcanzar la santidad no sólo comprometiéndose activamente a favor de los pobres y los necesitados, sino también animando con espíritu cristiano la sociedad mediante el cumplimiento de sus deberes profesionales y con el testimonio de una vida familiar ejemplar" (¡Levantaos, vamos!, p. 107).




En tiempos en que, proseguia Benedicto XVI, —como escribió Juan Pablo II— "la cultura europea da la impresión de ser una "apostasía silenciosa" por parte del hombre autosuficiente, que vive como si Dios no existiera" (Ecclesia in Europa, 9), la Iglesia no cesa de anunciar al mundo que Jesucristo es su esperanza. En esta obra el papel de los laicos es insustituible. Su testimonio de fe es particularmente elocuente y eficaz, porque se da en la realidad diaria y en los ámbitos a los que un sacerdote accede con dificultad. Uno de los principales objetivos de la actividad del laicado – decía el Santo Padre Benedicto XVI - es la renovación moral de la sociedad, que no puede ser superficial, parcial e inmediata. Debería caracterizarse por una profunda transformación en el ethos de los hombres, es decir, por la aceptación de una oportuna jerarquía de valores, según la cual se formen las actitudes. Tarea específica del laicado es la participación en la vida pública y en la política. En la exhortación apostólica Christifideles laici, Juan Pablo II recordó que "todos y cada uno tienen el derecho y el deber de participar en la política" (n. 42). La Iglesia no se identifica con ningún partido, con ninguna comunidad política ni con ningún sistema político; en cambio, recuerda siempre que los laicos comprometidos en la vida política deben dar un testimonio valiente y visible de los valores cristianos, que hay que reafirmar y defender en el caso de que sean amenazados. Lo harán públicamente, tanto en los debates de carácter político como en los medios de comunicación social.”
Son solo algunas “formas de compromiso del laicado”, subrayaba el Santo Padre, además de la pastoral familiar, la pastoral juvenil o la actividad caritativa que serian temas de otras reflexiones.

martes, 19 de octubre de 2010

“Quienes son los laicos?”


En el Ángelus del Domingo 22 de febrero de 1987 en plenos preparativos para la VII Asamblea General del Sínodo de los Obispos que estudiaría el tema “La vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo, veinte años después del Concilio Vaticano II” el Papa Juan Pablo II planteaba la pregunta ¿Quiénes son los laicos? y su respuesta se remitía naturalmente a textos fundamentales del Concilio Vaticano II..

Anclado en estos documentos el Papa respondía:
“Al responder el Concilio no pretende simplemente hacer alusión al que no es sacerdote o religioso y religiosa, como para reafirmar, en forma negativa, que los laicos son los que no pertenecen a estas categorías. No. El Concilio abre una visión netamente positiva. Se coloca en la perspectiva del "designio" de Dios contenido en la Revelación. Y responde que los laicos, junto con la jerarquía, el clero, los religiosos, son el "Pueblo de Dios".
La Constitución dogmática Lumen gentium, texto fundamental después de haber sondeado el "misterio de la Iglesia", desde su origen trinitario hasta su realidad de "Cuerpo de Cristo" en sus dimensiones espiritual y visible, trata ampliamente del "Pueblo de Dios". Este pueblo es la Iglesia. Un pueblo unido y ordenado. No una masa informe, un conglomerado de individuos encaminados hacia diversos destinos. Un verdadero pueblo. Es decir, una asamblea de cristianos y de cristianas, que reconocen un origen común en la misma paternidad divina, una vía común por el único camino que es Cristo redentor, una meta común en el encuentro definitivo y beatificante con Dios.
3. Los laicos son, a todos los efectos, miembros de este pueblo privilegiado que "constituye el germen firmísimo de unidad para todo el género humano..., pueblo asumid; por Cristo como instrumento de la redención universal, y enviado a todo el mundo como luz del mundo y sal de la tierra" (Lumen gentium, 9). En este pueblo "no hay desigualdad alguna en razón de estirpe, nacimiento, condición social o sexo...; todos los miembros tienen la misma dignidad, la misma gracia de hijos, la misma vocación a la perfección" (Lumen gentium, 32).”


Fruto de la VII Asamblea general ordinaria del Sínodo de Obispos - y a expreso pedido de los Obispos - a fines de diciembre de 1988 el Santo Padre Juan Pablo II dio a conocer la Exhortación Apostólica post sinodal Christifideles Laici sobre la vocación y la misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo. Resaltando la actualidad de los documentos del Concilio Vaticano II el Papa expresaba en la Exhortación Apostólica que “En el curso de sus trabajos, el Sínodo ha hecho referencia constantemente al Concilio Vaticano II, cuyo magisterio sobre el laicado, a veinte años de distancia, se ha manifestado de sorprendente actualidad y tal vez de alcance profético.”



viernes, 11 de septiembre de 2009

El Obispo Karol Wojtyla y los laicos (2)


“Como obispo he apoyado numerosas iniciativas de los laicos. Eran muy diversas: por ejemplo, el Oficio para la pastoral familiar, las reuniones de estudio para clérigos y estudiantes de medicina llamados Klermed, el Instituto para la Familia. Antes de la guerra era muy activa la Acción Católica con sus cuatro ramas: hombres, mujeres, juventud masculina y femenina; actualmente está renaciendo en Polonia. Fui también presidente de la Comisión para el Apostolado de los Laicos en el episcopado polaco. Mantenía el periódico católico Tygodnik Powszechny y procuraba animar al grupo de personas que se reunía en torno a él. En aquella epoca era algo muy necesario. Venían a verme redactores, intelectuales, médicos, artistas... A veces entraban a escondidas, porque eran los tiempos de la dictadura comunista. Se organizaban incluso simposios: la casa estaba casi siempre ocupada, llena de vida. Y las hermanas Esclavas del Sagrado Corazón tenían que dar de
comer a todos...
He estado también al lado de iniciativas nuevas, en las que sentía el soplo del Espíritu de Dios. Con el Camino Neocatecumenal me he encontrado recién en Roma. También con el Opus Dei, que erigí en prelatura personal en 1982. Se trata de dos realidad eseclesiales que despiertan en los laicos un gran deseo de vincularse a ellas. Ambas iniciativas han salido de España, país que tantas veces en la historia ha dado impulsos providenciales para la renovación espiritual. En octubre de 2002 tuve la alegría de inscribir en el Registro de los Santos a Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Del, celoso sacerdote, apóstol de los laicos para tiempos nuevos.
En los años de mi ministerio en Cracovia sentí siempre la cercanía espiritual de los miembros de la Obra de María, los Focolares. Admiraba su intensa actividad apostólica orientada a que la Iglesia llegara a ser cada vez más casa y escuela de comunión. Desde que fui llamado a la Sede de Roma he recibido varias veces a Chiara Lubich con representantes de numerosas ramas del Movimiento de
los Focolares. Otro movimiento surgido de la vitalidad de la Iglesia en Italia es Comunión y Liberación. Su promotor es monseñor Luigi Giussani. Hay en el mundo de los laicos numerosas iniciativas con las que he entrado en contacto en estos años. Pienso, por ejemplo, en el ámbito francés, en L'Arche y en Foi et Lumi#re de Jean Vanier. Hay todavía más, pero no es posible citarlas todas aquí. Me limito a decir que las apoyo y las tengo presentes en mi oración. Pongo en ellas grandes esperanzas y deseo que se cumpla de este modo la llamada: «Id también vosotros a mi viña » (Mt 20, 4). Pensando en ellos he escrito la exhortación Christifideles laici: La llamada no se dirige solo a los pastores, a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas, sino que se extiende a todos: también los fieles laicos son llamados personalmente por el Señor, de quien reciben una misión en favor de la Iglesia y del mundo (n. 2)”.
de Juan Pablo II ¡Levantaos! ¡Vamos! Cuarta Parte “La paternidad del Obispo” Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2004)

jueves, 10 de septiembre de 2009

El Obispo Karol Wojtyla y los laicos (1)

“Los laicos pueden realizar su vocación en el mundo y alcanzar la santidad no solamente comprometiéndose activamente a favor de los pobres y los necesitados, sino también animando con espíritu cristiano la sociedad mediante el cumplimiento de sus deberes profesionales y con el testimonio de una vida familiar ejemplar. No pienso solo en los que ocupan puestos de primer plano en la vida de la sociedad, sino en todos los que saben transformar en oración su vida cotidiana, poniendo a Cristo en el centro de su actividad. Él será quien atraiga a todos a sí, saciando su hambre y sed de justicia (Mt 5, 6).
¿No es esta la lección que se desprende del final de la parábola del buen samaritano (Lc 10, 34-35)? Después de los primeros cuidados de asistencia al herido, el buen samaritano se dirige al posadero. ¿Qué hubiera podido hacer sin él? De hecho, el posadero, permaneciendo en el anonimato, realizó la mayor parte del trabajo. Todos pueden actuar como él cumpliendo sus propias tareas con espíritu de servicio. Toda ocupación ofrece la oportunidad, más o menos directa, de ayudar a quien lo necesita. Naturalmente, esto es más palpable en el trabajo de un médico, un maestro, un empresario, siempre que se trate de personas que no cierran los ojos a las necesidades de los demás. Pero también un empleado, un obrero o un agricultor pueden encontrar muchos modos de servir al prójimo, aun en medio de dificultades personales, a veces incluso graves. El cumplimiento fiel de los propios deberes profesionales es practicar ya el amor por las personas y la sociedad.
El obispo está llamado no solamente a promover él mismo iniciativas sociales cristianas de este género, sino también a permitir que en su Iglesia nazcan y se desarrollen obras creadas por otras personas. Debe solo vigilar para que todo se cumpla en la caridad y en la fidelidad a Cristo, que inició y completa nuestra fe (Hb12, 2). Hay que buscar a las personas, pero hay que permitir también a todo el que muestre buena voluntad que encuentre su puesto en la casa común, que es la Iglesia.”

(de Juan Pablo II ¡Levantaos! ¡Vamos! Cuarta Parte “La paternidad del Obispo” Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2004)

domingo, 9 de diciembre de 2007

Los laicos y la Iglesia

Palabras con validez universal del discurso de Juan Pablo II a la V Asamblea Nacional de la Acción Católica Italiana el 9 de diciembre 1983

…“El tema específico al que estais dedicados “Laicos llamados a compartir con la Iglesia las ansias y las esperanzas de los hombres de hoy esta significativamente ligado al proemio de la constitución del concilio Vaticano II sobre el mundo contemporáneo Gaudium et Spes”...

…“la fecundidad del apostolado de los laicos depende de su unión vital con Cristo, como ha dicho el Señor «El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer»” Apostolicam Actuositatem,”...

…“La voluntad de la Iglesia, madre y maestra, es clara en el llamado a relanzar la espiritualidad para transformar el mundo”….

... “el objetivo de la santidad se propone no solo a aquellos que escogen la vida consagrada, sino también a todos los fieles, en cuanto han recibido el don de ser regenerados en Cristo”...

... “La Iglesia ha esclarecido ya en los documentos del Concilio, y lo reitera en el nuevo Código, que es deber de los laicos, en virtud del bautismo y de la confirmación, comprometerse, individualmente y reunidos en asociación , para que el anuncio de la salvación sea conocido y escuchado por todos en todas partes. Esta obligación compromete aún más en las situaciones donde los hombres no pueden escuchar el Evangelio y conocer a Cristo sino por medio de ellos.”

miércoles, 31 de octubre de 2007

25 años JPII a los laicos

Una inmensa multitud, reunida en asamblea eclesial, asiste a la Misa del Papa en Toledo. Juan Pablo II dedicó su homilia a orientar la vida cristiana y el apostolado de los seglares católicos de España
A LOS LAICOS

”Es difícil encontrar una metáfora evangélica más adecuada y bella para expresar la dignidad del discípulo de Cristo y su consecuente responsabilidad. El mismo Concilio Vaticano II se ha inspirado en este texto evangélico, al hablar del apostolado de los seglares; es decir, de su misión con la que participan en la vida de la Iglesia y en el servicio a la sociedad:
¡Vosotros sois la sal de la tierra! ¡Vosotros sois la luz del mundo! ¡Sois Iglesia!

No existe, no puede existir apostolado alguno (tanto para los sacerdotes como para los seglares) sin la vida interior, sin la oración, sin una perseverante aspiración a la santidad…… ¡Estáis llamados todos a la santidad!
Con El os recuerdo vuestra dignidad y responsabilidad:¡Vosotros sois la sal de la tierra!
¡Vosotros sois la luz del mundo!
“La vocación cristiana es, por su naturaleza misma vocación al apostolado...