Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

viernes, 14 de febrero de 2014

Sor Faustina secretaria y apóstol de la Divina Misericordia (7 de 11) Celebración de la Fiesta de la Divina Misericordia




“Fue el deseo de Jesús también establecer las celebraciones de la fiesta de la Misericordia. Su introducción en el calendario litúrgico encontró objeciones significativas por parte de los liturgistas. La necesidad de su establecimiento era motivada por el Rev. M. Sopocko con insuficiente presencia de esta verdad en la enseñanza de la Iglesia y en la vida cristiana. La elección del segundo Domingo de Semana santa como fecha de dicha fiesta, debe ser vista como recapitulación de la obra de salvación de la Pascua. La realización del misterio de salvación en los sacramentos del bautismo y la reconciliación, se manifiesta en las oraciones de la misa y en las lecturas de la Biblia, especialmente la de los Evangelios que da testimonio de su establecimiento. Fue también a voluntad de Jesús que santa Faustina antecediera la fiesta con una novena en forma de la coronilla a la Misericordia (diario 1209-1229, 796). La práctica sistemática de esta celebración constituye la posibilidad de practicar de manera permanente la actitud de confianza como camino que aproxime a la misericordia y al encuentro del refugio en ella. A esta celebración Jesús adjuntó también la promesa de conceder a las almas toda clase de gracias (Diario 796), sin limitarlas a los que recen la Coronilla, prometió también conceder el indulto completo de penas y culpas, por lo cual urge a los pecadores a suplicar con valor por diversas gracias. La celebración contiene dos ingredientes propios, o sea la veneración pública (adoración) del cuadro así como el pregonar por los sacerdotes la verdad sobre la gran e infinita misericordia de Jesús (Diario 570). El objetivo de la enseñanza es el despertar y el revivir en los oyentes la actitud de confianza para que, lo que es específico, la celebración de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas, y especialmente, para los pobres pecadores (Diario 699). La única y adecuada respuesta de un alma a tal generosidad ilimitada del Salvador puede ser solamente confianza absoluta – confianza más fuerte ya que la gracia anunciada del indulto pleno de culpas y penas es equivalente a los resultados del bautismo. El requisito adjunto a la celebración de confesarse y recibir la Sagrada Comunión introduce el oficio religioso en la vida de la Iglesia y su apostolado, por lo cual constituyen su legitimización particular.

En una de las indicaciones del Diario se encuentran las palabras de Jesús que determinan la celebración de la Misericordia como última tabla de salvación (Diario 965). Sin embargo como la celebración es uno de los elementos del oficio religioso y la fórmula de la última tabla de salvación se refiere también a la coronilla (Diario 687) y a la misericordia como tal (Diario 998), parece que hay que interpretar esa declaración teniendo en cuenta las circunstancias de su anotación, o sea la estancia de la hermana Faustina en el hospital en Pradnik así como sus problemas con la memoria. Como la esencia del culto de la Divina Misericordia es la confianza depositada en ella así como la confianza como actitud de la vida, es ella pues la que constituye en realidad la última tabla de salvación (compara Diario 1059), o sea confianza dirigida hacia Jesùs como “el Amor y Misericordia Mismos” (Diario 1074). La voluntad  del Salvador fue más bien que la celebración fuera para los pecadores  una forma más perfecta de huida – más perfecta primero por razón de su disponibilidad plena, también para los pecadores que se conviertan en el mismo día de la celebración, segundo por la promesa conectada de suministro de todo tipo de gracias divinas en la vida espiritual y cotidiana. La condición de que la celebración sea fructuosa, esta condición constante e indiscutible, es el valor de abrirse para los llamados ardientes del Redentor y dirigirse hacia Él con todas las necesidades de una firme pero también ilimitada confianza.





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