Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

martes, 7 de junio de 2016

Niegowić ese primer destino pastoral de Karol Wojtyla


El  8 de julio de 1948 Karol Wojtyla recibe su “aplikata”. Estaba destinado a una pequeña  Parroquia (su primera parroquia) :  la  de Niegowić  en un pequeño poblado  de colinas y tierra arcillosa del distrito de Wielicka de Malopolska, a unos 12 kms de Wielicka y aprox 25 de Cracovia.  Con excepción de algunos pocos judíos los habitantes pertenecen a la iglesia católica romana.  
Niegowić, esa pequeña parroquia cuya vida y ambiente tan bien describen e ilustran Adam Bujak y M. Malinski en su libro Juan Pablo II.  

Acerca de esa breve experiencia pastoral nos cuenta Karol Wojtyla mismo  ya desde la Sede de Pedro en su libro Don y Misterio, cap VI, p 73 (Librería Editrice Vaticana, 1999).


“Apenas llegado a Cracovia, encontré en la Curia Metropolitana el primer "destino'', la llamada «aplikata». El arzobispo estaba entonces en Roma, pero me había dejado por escrito su decisión. Acepté el cargo con alegría. Me informé enseguida de cómo llegar a Niegowic y me preocupé por estar allí el día señalado. Fui desde Cracovia a Gdow en autobús, desde allí un campesino me llevó en carreta a la campiña de Marszowice y después me aconsejó caminar a pie por un atajo a través de los campos. Divisaba a lo lejos la iglesia de Niegowic. Era el tiempo de la cosecha. Caminaba entre los campos de trigo con las mieses en parte ya cosechadas, en parte aún ondeando al viento. Cuando llegué finalmente al territorio de la parroquia de Niegowic, me arrodillé y besé la tierra. Había aprendido este gesto de San Juan María Viarmey. En la iglesia me detuve ante el Santísimo Sacramento; después me presenté al párroco, Mons. Kazimierz Buzala, arcipreste de Niepolomice y párroco de Niegowic, quien me acogió muy cordialmente y después de un breve coloquio me mostró la habitación del vicario.

Así empezó el trabajo pastoral en mi primera parroquia. Duró un año y consistía en las funciones típicas de un vicario y profesor de religión. Se me confiaron cinco escuelas elementales en las campiñas pertenecientes a la parroquia de Niegowic. Allí me llevaban en un pequeño carro o en la calesa. Recuerdo la cordialidad de los maestros y de los feligreses. Los grupos eran muy diversos entre sí: algunos bien educados y tranquilos, otros muy vivaces. Aún hoy me sucede que vuelvo con el pensamiento al recogido silencio que reinaba en las clases, cuando, durante la cuaresma, hablaba de la pasión del Señor.
En ese tiempo la parroquia de Niegowic se preparaba para la celebración del quincuagésimo aniversario de la Ordenación sacerdotal del párroco. Como la vieja iglesia era ya inadecuada para las necesidades pastorales, los feligreses decidieron que el regalo más hermoso para el homenajeado sería la construcción de un nuevo templo. Pero yo fui trasladado pronto de aquella agradable comunidad.”


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