Llamados a ser santos

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“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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viernes, 1 de noviembre de 2024

Juan Pablo II habla de su Primera Misa

 

(altar donde Karol Wojtyla celebro su Primera Mesa - Cripta San Leonardo, Catedral de Wawel)

La "primera Misa"
Habiendo sido ordenado sacerdote en la fiesta de Todos los Santos, celebré la "primera Misa" el día de los fieles difuntos, el 2 de noviembre de 1946. En este día cada sacerdote puede celebrar para provecho de los fieles tres Santas Misas. Mi "primera" Misa tuvo por tanto -por así decir- un carácter triple. Fue una experiencia de especial intensidad. Celebré las tres Santas Misas en la cripta de San Leonardo, que ocupa, en la catedral del Wawel, en Cracovia, la parte anterior de la llamada cátedra episcopal de Herman. Actualmente la cripta forma parte del complejo subterráneo donde se encuentran las tumbas reales. Al elegirla como el lugar de mis primeras Misas quise expresar un vínculo espiritual particular con los que reposan en esa catedral que, por su misma historia, es un monumento sin igual. Está impregnada, más que cualquier otro templo de Polonia, de significado histórico y teológico. Reposan en ella los reyes polacos, empezando por Wladyslaw Lokietek. En la catedral del Wawel eran coronados los reyes y en ella eran también sepultados. Quien visita ese templo se encuentra cara a cara con la historia de la Nación.


Precisamente por esto, como he dicho, elegí celebrar mis primeras Misas en la cripta de San Leonardo. Quería destacar mi particular vínculo espiritual con la historia de Polonia, de la cual la colina del Wawel representa casi una síntesis emblemática. Pero no sólo eso. Había, en esa elección, una especial dimensión teológica. Como he dicho, fui ordenado el día anterior, en la Solemnidad de Todos los Santos, cuando la Iglesia expresa litúrgicamente la verdad de la Comunión de los Santos -Communio Sanctorum-. Los Santos son aquellos que, habiendo acogido en la fe el misterio pascual de Cristo, esperan ahora la resurrección final.


También las personas, cuyos restos reposan en los sarcófagos de la catedral del Wawel, esperan allí la resurrección. Toda la catedral parece repetir las palabras del Símbolo de los Apóstoles: "Creo en la resurrección de los muertos y en la vida eterna''. Esta verdad de fe ilumina la historia de las Naciones. Aquellas personas son como "los grandes espíritus" que guían la Nación a través de los siglos. No se encuentran allí solamente soberanos junto con sus esposas, u obispos y cardenales; también hay poetas, grandes maestros de la palabra, que han tenido una importancia enorme para mi formación cristiana y patriótica.


Fueron pocos los participantes en aquellas primeras Misas celebradas sobre la colina del Wawel. Recuerdo que, entre otros, estaba presente mi madrina Maria Wiadrowska, hermana mayor de mi madre. Me asistía en el altar Mieczyslaw Malinski, que hacía presente de algún modo el ambiente y la persona de Jan Tyranowski, ya entonces gravemente enfermo.


Después, como sacerdote y como obispo, he visitado siempre con gran emoción la cripta de San Leonardo. ¡Cuánto hubiera deseado poder celebrar allí la Santa Misa con ocasión del quincuagésimo aniversario de mi Ordenación sacerdotal!

Entre el pueblo de Dios
Después hubo otras "primeras Misas'': en la iglesia parroquial de San Estanislao de Kostka en Debniki y, el domingo siguiente, en la iglesia de la Presentación de la Madre de Dios en Wadowice. Celebré también una Misa en la confesión de San Estanislao, en la catedral del Wawel, para los amigos del teatro rapsódico y para la organización clandestina "Unia" (Unión), a la cual estuve vinculado durante la ocupación.

Don y Misterio – Juan Pablo II

martes, 2 de noviembre de 2021

75 años de la Primer Misa de Karol Wojtyla

 

(cripta San Leonardo en la Catedral de Wawel)

En nuestras mentes suele rondar la la idea que la “carrera” de Dios y en Dios de Karol Wojtyla fue meteórica, y en verdad lo fue. Pero es bueno recordar que ya su preparación al sacerdocio a partir de su “seminario domestico” fue una escuela espiritualmente rica e integra, hasta el sufrimiento a tan temprana edad; primer peldaño y base firme hacia su personalidad especial, su vida de oración, su pasión por los estudios, su etapa de “seminarista-obrero”, prueba certera que : “en los planes de Dios nada es casual…” y que “La vocación es el misterio de la elección divina: “No me habéis elegido vosotros a mi, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca (Jn, 15,16)”, testimoniando que abrir de par en par las puertas a Cristo vale la pena.  

 Hoy se cumplen 75 años de aquella celebración, punto de partida de su vida sacerdotal y es oportuno recordar sus propias palabras en  DON Y MISTERIO  para comprender parte de la grandiosidad solemne de aquella Primer Misa en austeridad e intimidad, aquel  primer paso por ese sendero estrecho y amplio a la vez que llevara a este testigo de esperanza a peregrinar y evangelizar a  pueblos y naciones, abarcando todos los estratos sociales para defender con firmeza y claridad la vida  y la verdad….a sentirse tanto Obispo de Roma, como Pastor universal, hermano entre hermanos, testigo que «la Iglesia peregrinante es, por su propia naturaleza, misionera, puesto que tiene su origen en la misión del Hijo, la misión  del Espíritu Santo, según plan de Dios Padre.» (Ad gentes, 2)

 

“Habiendo sido ordenado sacerdote en la fiesta de Todos los Santos, celebré la Primera Misa el día de los fieles difuntos, el 2 de noviembre de 1946. En este día cada sacerdote puede celebrar para provecho de los fieles tres Santas Misas. Mi primera Misa tuvo por tanto – por así decir – un carácter triple.  Fue una experiencia de especial intensidad. Celebré las tres Santas Misas en la cripta de San Leonardo, que ocupa, en la Catedral del Wawel, en Cracovia, la parte anterior de la llamada cátedra episcopal de Herman… Al elegirla como el lugar de mis Primeras Misas quise expresar un vínculo espiritual particular con los que reposan en esa catedral que, por su misma historia, es un monumento sin igual. Está impregnada, más que cualquier otro templo de Polonia, de significado histórico y teológico. Reposan en ella los reyes polacos…allí coronados y en ella eran también sepultados. Quien visita ese templo se encuentra cara a cara con la historia de la Nación.

 Precisamente por esto….elegí celebrar mis primeras Misas en la cripta de San Leonardo. Quería destacar mi particular vinculo espiritual con la historia de Polonia, de la cual la colina del Wawel representa casi una síntesis emblemática…

Fueron pocos los participantes en aquellas primeras Misas…el P. Figlewicz estaba a mi lado….estaba presente mi madrina Maria Wiadrowska, hermana mayor de mi madre. Me asistía en el altar Mieczyslaw Malinski, que hacia presente de algún modo el ambiente y la persona de Jan Tyranowski, ya entonces gravemente enfermo.  Después hubo otras “primeras Misas: en la iglesia parroquial de San Estanislao de Kostka en Debniki, y el domingo siguiente en la iglesia de la Presentación de la Madre de Dios en Wadowice. Celebré también una Misa en la Confesión de San Estanislao, en la catedral del Wawel, para los amigos del teatro rapsódico y para la organización clandestina “Unia (Union”, a la cual estuve vinculado durante la ocupación”.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

70 años de la "primera Misa"de Karol Wojtyla



“Habiendo sido ordenado sacerdote en la fiesta de Todos los Santos, celebré la "primera Misa" el día de los fieles difuntos, el 2 de noviembre de 1946. En este día cada sacerdote puede celebrar para provecho de los fieles tres Santas Misas. Mi "primera" Misa tuvo por tanto -por así decir- un carácter triple. Fue una experiencia de especial intensidad. Celebré las tres Santas Misas en la cripta de San Leonardo, que ocupa, en la catedral del Wawel, en Cracovia, la parte anterior de la llamada cátedra episcopal de Herman. Actualmente la cripta forma parte del complejo subterráneo donde se encuentran las tumbas reales. Al elegirla como el lugar de mis primeras Misas quise expresar un vínculo espiritual particular con los que reposan en esa catedral que, por su misma historia, es un monumento sin igual. Está impregnada, más que cualquier otro templo de Polonia, de significado histórico y teológico. Reposan en ella los reyes polacos, empezando por Wladyslaw Lokietek. En la catedral del Wawel eran coronados los reyes y en ella eran también sepultados. Quien visita ese templo se encuentra cara a cara con la historia de la Nación.

Precisamente por esto, como he dicho, elegí celebrar mis primeras Misas en la cripta de San Leonardo. Quería destacar mi particular vínculo espiritual con la historia de Polonia, de la cual la colina del Wawel representa casi una síntesis emblemática. Pero no sólo eso. Había, en esa elección, una especial dimensión teológica. Como he dicho, fui ordenado el día anterior, en la Solemnidad de Todos los Santos, cuando la Iglesia expresa litúrgicamente la verdad de la Comunión de los Santos -Communio Sanctorum-. Los Santos son aquellos que, habiendo acogido en la fe el misterio pascual de Cristo, esperan ahora la resurrección final.

También las personas, cuyos restos reposan en los sarcófagos de la catedral del Wawel, esperan allí la resurrección. Toda la catedral parece repetir las palabras del Símbolo de los Apóstoles: "Creo en la resurrección de los muertos y en la vida eterna''. Esta verdad de fe ilumina la historia de las Naciones. Aquellas personas son como "los grandes espíritus" que guían la Nación a través de los siglos. No se encuentran allí solamente soberanos junto con sus esposas, u obispos y cardenales; también hay poetas, grandes maestros de la palabra, que han tenido una importancia enorme para mi formación cristiana y patriótica.

Fueron pocos los participantes en aquellas primeras Misas celebradas sobre la colina del Wawel. Recuerdo que, entre otros, estaba presente mi madrina Maria Wiadrowska, hermana mayor de mi madre. Me asistía en el altar Mieczyslaw Malinski, que hacía presente de algún modo el ambiente y la persona de Jan Tyranowski, ya entonces gravemente enfermo.

Después, como sacerdote y como obispo, he visitado siempre con gran emoción la cripta de San Leonardo. ¡Cuánto hubiera deseado poder celebrar allí la Santa Misa con ocasión del quincuagésimo aniversario de mi Ordenación sacerdotal!

Después hubo otras "primeras Misas'': en la iglesia parroquial de San Estanislao de Kostka en Debniki y, el domingo siguiente, en la iglesia de la Presentación de la Madre de Dios en Wadowice. Celebré también una Misa en la confesión de San Estanislao, en la catedral del Wawel, para los amigos del teatro rapsódico y para la organización clandestina "Unia" (Unión), a la cual estuve vinculado durante la ocupación.”

sábado, 2 de noviembre de 2013

67 aniversario de la “Primera Misa” del novel sacerdote Karol Wojtyla


Con ocasión del 67 aniversario de la Primera Misa - fueron tres  misas privadas tal como comenta su antiguo párroco en Wadowice Kazimierz Figlewicz, y en estas misas su manuductor (del latin manus y ductor líder)  celebradas en memoria de sus fallecidos padres y hermano, en un lugar inusual:  en la cripta de San Leonardo en la catedral de Wawel, recuerdo la última carta del Beato Juan Pablo II a los sacerdotes, escrita el 13 de marzo de 2005 en el año de la Eucaristía, desde el Policlínico Gemelli. “Enfermo entre los enfermos” quería reflexionar con los sacerdotes sobre algunos aspectos de” nuestra espiritualidad sacerdotal”  y lo hacia en varios apartados:

 Una existencia profundamente «agradecida»
Una existencia «entregada»
Una existencia «salvada» para salvar
Una existencia que «recuerda»

Una existencia «consagrada» Bajo este título resaltaba la prodigiosa unicidad de la Eucaristía.
“ «Mysterium fidei!». Con esta exclamación el sacerdote manifiesta, después de la consagración del pan y el vino, el estupor siempre nuevo por el prodigio extraordinario que ha tenido lugar entre sus manos. Un prodigio que sólo los ojos de la fe pueden percibir. Los elementos naturales no pierden sus características externas, ya que las especies siguen siendo las del pan y del vino; pero su sustancia, por el poder de la palabra de Cristo y la acción del Espíritu Santo, se convierte en la sustancia del cuerpo y la sangre de Cristo. Por eso, sobre el altar está presente «verdadera, real, sustancialmente» Cristo muerto y resucitado en toda su humanidad y divinidad. Así pues, es una realidad eminentemente sagrada. Por este motivo la Iglesia trata este Misterio con suma reverencia, y vigila atentamente para que se observen las normas litúrgicas, establecidas para tutelar la santidad de un Sacramento tan grande.
Nosotros, sacerdotes, somos los celebrantes, pero también los custodios de este sacrosanto Misterio. De nuestra relación con la Eucaristía se desprende también, en su sentido más exigente, la condición « sagrada » de nuestra vida. Una condición que se ha de reflejar en todo nuestro modo de ser, pero ante todo en el modo mismo de celebrar. ¡Acudamos para ello a la escuela de los Santos! El Año de la Eucaristía nos invita a fijarnos en los Santos que con mayor vigor han manifestado la devoción a la Eucaristía (cf. Mane nobiscum Domine, 31). En esto, muchos sacerdotes beatificados y canonizados han dado un testimonio ejemplar, suscitando fervor en los fieles que participaban en sus Misas. Muchos se han distinguido por la prolongada adoración eucarística. Estar ante Jesús Eucaristía, aprovechar, en cierto sentido, nuestras «soledades» para llenarlas de esta Presencia, significa dar a nuestra consagración todo el calor de la intimidad con Cristo, el cual llena de gozo y sentido nuestra vida.”

Seguían a continuación :
Una existencia orientada a Cristo

Una existencia «eucarística» aprendida de María.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Karol Wojtyla administrador de los «misterios de Dios»


La primera Misa de Karol Wojtyla
“Como era natural, Karol había elegido la catedral de Cracovia, en lo alto del Wawel. No podía celebrar su primera Misa más que en el Santuario donde esta escrita la historia de Polonia. La historia de su tradición religiosa y de su martirio. La historia nacional y civil. La historia de su cultura, de su heroísmo y de la lucha mantenida durante siglos por reconquistar una y otra vez la libertad perdida y suprimida.
Su nueva vida tenia que iniciarse allí, en el Wawel para expresar como había madurado su particular vínculo que le unía con todas las memorias de la nación. Y para rendir homenaje a cuantos habían ejercido una importante influencia sobre su formación cristiana y patriótica. […]
El día anterior – 1 de noviembre de 1946 – se había convertido en sacerdote, o como dice san Pablo administrador de los «misterios de Dios»
[…]
Se había arrodillado ante monseñor Sapieha, y el arzobispo en pie y en silencio, le impuso las manos sobre la cabeza. En aquel momento, escuchando ese antiguo himno de la Iglesia, el Veni Creador Spiritus, Karol tuvo una sensación extraña, como si desde lo alto realmente descendiera una «fusión de gracias» como si el Espíritu Creador realmente bajara allí, hasta el centro de aquella capilla. Fue en aquel preciso instante, cuando comprendió finalmente que su vida había cambiado. Para siempre.
[…]
“«La Iglesia – dijo el arzobispo – afronta tiempos difíciles, por lo que ha de poder contar con sacerdotes preparados. Sacerdotes que sepan anunciar a Cristo a los hombres, y que también estén cercanos a sus problemas, tanto personales o familiares, como los de índole social.»
Por esa razón Sapieha decidió adelantar el momento de ordenación sacerdotal de Wojtyla, con el fin de enviarle inmediatamente a Roma, para estudiar el doctorado en teología. Y sin pensárselo dos veces, eligió un día bastante insólito para una ceremonia de ese estilo, la fiesta de Todos los Santos. Aquella mañana, en su capilla posó sus manos sobre la cabeza del joven diacono consagrándolo sacerdote para siempre.
Veinticuatro horas después celebró su primera Misa en la catedral de Wawel. Realmente fueron tres misas, las que se permite celebrar a los sacerdotes en la solemnidad de los difuntos. Karol celebrò las tres en la antigua cripta románica de San Leonardo, la más cargada de historia y que se encuentra al lado de las tumbas reales.”

Gian Franco Svidercoschi: Historia de Karol, Edicions Internacionales Universitarias, 2003
Invito leer mi post – Recordando la primera Misa de Karol Wojtyla en la cripta San Leonardo

domingo, 2 de noviembre de 2008

Recordando la Primera Misa de Karol Wojtyla en la cripta de San Leonardo

En mi primer viaje a Polonia fueron tantos los momentos, lugares y vivencias relacionados con la vida de Karol Wojtyla que se fueron atesorando en mi mente, que quizás no tome conciencia cabal de la importancia de ese pequeño espacio sagrado de la capilla-cripta San Leonardo en la catedral de Wawel, donde el novel sacerdote Karol celebró sus tres primeras misas – allí donde casi toda la historia de su Nación “ha sido inscripta en el misterio de la Cruz y de la resurrección de Cristo” .
Fue recién durante mi segunda visita que me vi envuelta por una emoción mucho más profunda quizás porque en cierta manera comenzaba a vislumbrar el misterio, la gracia y el don que esa celebración única - por ser la primera - y sagrada como lo son todas, significó para Karol Wojtyla, su amada patria, la Iglesia toda y el mundo entero. Hoy que conmemoramos otro aniversario de esa Primer Misa de quien seria nuestro amado Juan Pablo II invito leer mi entrada anterior y me permito citar una porción del texto de su última carta a los sacerdotes para el Jueves Santo 2005 dada a conocer desde el Policlínico Gemelli: “Una existencia «consagrada» . «Mysterium fidei!». Con esta exclamación el sacerdote manifiesta, después de la consagración del pan y el vino, el estupor siempre nuevo por el prodigio extraordinario que ha tenido lugar entre sus manos. Un prodigio que sólo los ojos de la fe pueden percibir. Los elementos naturales no pierden sus características externas, ya que las especies siguen siendo las del pan y del vino; pero su sustancia, por el poder de la palabra de Cristo y la acción del Espíritu Santo, se convierte en la sustancia del cuerpo y la sangre de Cristo. Por eso, sobre el altar está presente «verdadera, real, sustancialmente» Cristo muerto y resucitado en toda su humanidad y divinidad. Así pues, es una realidad eminentemente sagrada. Por este motivo la Iglesia trata este Misterio con suma reverencia, y vigila atentamente para que se observen las normas litúrgicas, establecidas para tutelar la santidad de un Sacramento tan grande. Nosotros, sacerdotes, somos los celebrantes, pero también los custodios de este sacrosanto Misterio. De nuestra relación con la Eucaristía se desprende también, en su sentido más exigente, la condición « sagrada » de nuestra vida. Una condición que se ha de reflejar en todo nuestro modo de ser, pero ante todo en el modo mismo de celebrar. Una existencia orientada a Cristo”