Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

sábado, 25 de agosto de 2018

La última visita de Juan Pablo II a Polonia




El 2 de agosto terminaba su viaje a Estados Unidos y ya el 16 vuelven a armar valijas para regresar,  por octava vez,  a su querida Polonia.  Un viaje increíble teniendo en cuenta el estado de salud del pontífice. Pero, en realidad,  todo el verano del 2002 tuvo algo de milagroso. Mientras en todo el mundo abundaban los comentarios sobre los candidatos sucesores de Wojtyla y  un posible conclave el interesado directo, lo desmentía del modo más clamoroso. Es verdad que en Toronto no arriesgo asegurar su presencia para la próxima Jornada Mundial de la Juventud, prevista para 2005.  (mi nota:  en el Ángelus dijo tan solo “Deseo, además, anunciar oficialmente que la próxima Jornada mundial de la juventud se celebrará en el año 2005 en Colonia, Alemania. En la imponente catedral de Colonia se venera la memoria de los Magos, los sabios que llegaron de Oriente siguiendo la estrella que los condujo a Cristo. Como peregrinos, vuestro camino hacia Colonia comienza hoy. Cristo os espera allí para la celebración de la XX Jornada mundial de la juventud”. )

La nueva visita a Polonia duraría  apenas cuatro días, pero para los polacos y el papa mismo, un gran regalo. Alli en la colina del Wawel, en Cracovia, hable con dos jóvenes, de dieciocho años, Sylvia y Wanda, que venían de Wroclaw y estaban de vacaciones. «Nos quedamos sin dinero, dicen sonriendo, pero aquí nos quedaremos. Definitivamente queremos ver y escuchar al papa.».
Las estadísticas sostienen que Polonia es cada vez más laica y desilusionada, si bien el afecto de Cracovia en cuanto a Wojtyla permanece inmutable. Las vidrieras de todos los negocios y las ventas de las casas, tanto en el centro como en la periferia, están decoradas con retratos del papa, palabras de bienvenida y banderas del Vaticano.

Los periodistas hablan del «ultimo saludo» a Polonia, un viaje sentimental.  En efecto sus connacionales se muestran más afectuosos que nunca en cuanto a su amado Karol, pero el, como es habitual no hace caso y dice todo aquello que considera importante decir. Enseguida, apenas llegado al aeropuerto de Cracovia, explica que esta «nueva peregrinación»  tiene como objetivo el de poder «observar como administran los polacos  la reconquistada libertad»  Y después se dedica a los más pobres. Si bien es verdad que Polonia se está «encaminando valientemente hacia nuevos horizontes de desarrollo en la paz y en la prosperidad», también es cierto que «muchas familias polacas, sobre todo las más numerosas, y tantos desocupados y personas ancianas soportan el peso de los cambios sociales y económicos, a todos ellos quiero decirles que comparto su carga y su suerte. »



Próximo al viejo convento de ladrillos rojos, que Karol frecuentaba  cuando pasaba camino a la fabrica y como estudiante en el seminario clandestino, ha surgido el nuevo complejo del Santuario de la Divina Misericordia. Un campanile alto de cemento apunta hacia el cielo de Cracovia.



 Los edificios, construidos a partir de 1997 custodian la herencia espiritual de Sor Faustina Kowalska, proclamada santa por el papa el 30 de abril de 2000, humilde religiosa, cocinera, jardinera y portera, muerta allí a los 33 años en 1938 de tuberculosis. Por sus visiones y estigmas, había sido considerada histérica. En el diario donde cuenta su vida interior escribe que es su propósito donarse por entero a la salvación de las almas, formulando una profecía: de este santuario se lanzara una chispa que preparará al mundo a la última venida de Jesus. Muchos en Polonia piensan que esta «chispa» está íntimamente ligada al pontificado de Juan Pablo II, y el 17 de agosto, de este lugar tan querido por el,  el papa cumple un acto de consagración de su patria y del mundo entero a la misericordia de Dios: «Se necesita la misericordia para hacer que toda injusticia en el mundo termine en el resplandor de la verdad. Por eso hoy, en este santuario, quiero consagrar solemnemente el mundo a la Misericordia divina. Lo hago con el deseo ardiente de que el mensaje del amor misericordioso de Dios, proclamado aquí a través de santa Faustina, llegue a todos los habitantes de la tierra y llene su corazón de esperanza. Que este mensaje se difunda desde este lugar a toda nuestra amada patria y al mundo. Ojalá se cumpla la firme promesa del Señor Jesús:  de aquí debe salir "la chispa que preparará al mundo para su última venida" (cf. Diario, 1732, ed. it., p. 568).»



El tono místico hace comprender de que manera el Papa está viviendo este última peregrinación a su patria.  Antes de regresar a Roma quiere estar seguro que deja a Polonia en buenas manos.
Al día siguiente, en el hotel de Cracovia donde me hospedo, me despierta antes del alba un rumor extraño. Me recuerda el sonido de la lluvia que se avecina. Y sin embargo es el rumor de miles y miles pasando a pie. Son los polacos que lentamente se van dirigiendo al Parque Blonia, donde dentro de algunas horas el papa celebrará Misa. Me impresiona la compostura de estos fieles. Es como si fueran en peregrinación. Según las autoridades son unos tres millones.

A sus connacionales Juan Pablo II les dirige un discurso importante, porque traza un balance de un siglo entero de acontecimientos históricos, religiosos y morales y al mismo tiempo da claras indicaciones acerca del compromiso a asumir frente a los nuevos desafíos. El siglo veinte, explica el papa «a pesar de los indiscutibles éxitos en muchos campos, ha quedado marcado, de modo particular, por el misterio de iniquidad. Con esta herencia de bien, pero también de mal, hemos entrado en el nuevo milenio. Ante la humanidad se abren nuevas perspectivas de desarrollo y, al mismo tiempo, peligros hasta ahora inéditos. A menudo el hombre vive como si Dios no existiera, e incluso se pone en el lugar de Dios. Se arroga el derecho del Creador de interferir en el misterio de la vida humana. Quiere decidir, mediante manipulaciones genéticas, la vida del hombre y determinar el límite de la muerte. Rechazando las leyes divinas y los principios morales, atenta abiertamente contra la familia. De varios modos intenta silenciar la voz de Dios en el corazón de los hombres; quiere hacer de Dios el "gran ausente" en la cultura y en la conciencia de los pueblos».  Frente a este "misterio de iniquidad" que «sigue caracterizando la realidad del mundo.» es preciso hacer que el mensaje del amor misericordioso resuene con nuevo vigor. El mundo necesita este amor.»  
En el santuario  de Kalwaria Zebrzydowska, el ultimo día de la visita, el 19 de agosto de 2002, Juan Pablo II pide a la Virgen volver su mirada «a este pueblo que durante siglos ha permanecido fiel a ti y a tu hijo» y agrega: « obtén también para mí las fuerzas del cuerpo y del espíritu, para que pueda cumplir hasta el fin la misión que me ha encomendado el Resucitado. »



A este lugar, cercano a su natal Wadowice,  Karol venía de niño con su padre.  Miro el rostro de estos polacos y veo la Polonia profunda, en gran parte campesina. He allí la fe simple que resiste el asalto de la modernidad. Hay en todos una timidez antigua, nadie porta videocámaras ni teléfonos. La participación es intensa y sincera. Vista de aquí, pareciera que Polonia no le ha dado la espalda a su papa, quien una vez más se pone en el lugar de los connacionales más  necesitados y reza así a la madre de Jesus:   «Abre el corazón de los ricos a las necesidades de los pobres y de los que sufren. Haz que los desempleados encuentren trabajo. Ayuda a los que se han quedado en la calle a encontrar una vivienda. Dona a las familias el amor que permite superar todas las dificultades. Indica a los jóvenes el camino y las perspectivas para el futuro. Envuelve a los niños con el manto de tu protección, para que no sufran escándalo.»

Sin dudas esta última visita a su tierra natal ha sido una larga, apasionada e ininterrumpida plegaria.
Aldo Maria Valli: IL MIO KAROL (Paoline Editoriale Libri, Figlie di San Paolo, Milano,  2008)

viernes, 17 de agosto de 2018

María, miembro eminente del Cuerpo místico y Madre de la Iglesia



Como dice el concilio Vaticano II, María "es también saludada como miembro muy eminente y del todo singular de la Iglesia y como su prototipo y modelo destacadísimo en la fe y en el amor" (Lumen gentium, 53). La Madre del Redentor también ha sido redimida por él, de modo único en su inmaculada concepción, y nos ha precedido en la escucha creyente y amorosa de la palabra de Dios que nos hace felices (cf. ib., 58). También por eso María "está íntimamente unida a la Iglesia.
La Madre de Dios es figura (typus) de la Iglesia, como ya  enseñaba san Ambrosio: en el orden de la fe, del amor y de la unión perfecta con Cristo. Ciertamente, en el misterio de la Iglesia, que también es llamada con razón madre y virgen, la santísima  Virgen  María  fue por delante mostrando en forma eminente y singular el modelo de virgen y madre" (ib., 63). El mismo Concilio contempla a María como Madre de los miembros de Cristo (cf. ib., 53, 62), y así Pablo VI la proclamó Madre de la Iglesia. La doctrina del Cuerpo místico, que expresa del modo más fuerte la unión de Cristo con la Iglesia, es también el fundamento bíblico de esta afirmación. "La cabeza y los miembros nacen de una misma madre" (Tratado de la verdadera devoción, 32, o.c., p. 30), nos recuerda san Luis María. En este sentido, decimos que, por obra del Espíritu Santo, los miembros están unidos y son configurados con Cristo Cabeza, Hijo del Padre y de María, de modo que "todo hijo verdadero de la Iglesia debe tener a Dios por Padre y a María por Madre" (El Secreto de María, 11).
En Cristo, Hijo unigénito, somos realmente hijos del Padre y, al mismo tiempo, hijos de María y de la Iglesia. En el nacimiento virginal de Jesús, renace de algún modo toda la humanidad. A la Madre del Señor "se le pueden aplicar, con más verdad que a san Pablo estas palabras: "¡Hijos míos!, por quienes sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a Cristo formado en vosotros" (Ga 4, 19). Yo doy a luz todos los días hijos de Dios, para que Jesucristo, mi Hijo, se forme en ellos en la plenitud de su edad" (Tratado de la verdadera devoción, 33, o.c., p. 31). Esta doctrina tiene su expresión más bella en la oración: "Oh Espíritu Santo, concédeme una gran devoción y una gran inclinación hacia María, un sólido apoyo en su seno materno y un asiduo recurso a su misericordia, para que en ella tú formes a Jesús dentro de mí" (El Secreto de María, 67).
Una de las expresiones más altas de la espiritualidad de san Luis María Grignion de Montfort se refiere a la identificación del fiel con María en su amor a Jesús, en su servicio a Jesús.
Meditando en el conocido texto de san Ambrosio: "Que el alma de María esté en cada uno para glorificar al Señor; que el espíritu de María esté en cada uno para exultar en Dios" (Expos. in Luc., 12, 26: PL 15, 1561), escribe: "¡Qué dichosa es un alma, cuando... está del todo poseída y gobernada por el espíritu de María, que es un espíritu suave y fuerte, celoso y prudente, humilde e intrépido, puro y fecundo!" (Tratado de la verdadera devoción, 258, o.c., p. 162). La identificación mística con María está totalmente orientada a Jesús, como se expresa en la oración: "Por último, mi queridísima y amadísima Madre, haz que, si es posible, no tenga yo otro espíritu que el tuyo para conocer a Jesucristo y sus divinos designios; que no tenga otra alma que la tuya para alabar y glorificar al Señor; que no tenga otro corazón que el tuyo para amar a Dios con caridad pura y ardiente como tú" (El Secreto de María, 68).


miércoles, 15 de agosto de 2018

450 años de la muerte de San Estanislao Kostka



Hoy, dia de la solemnidad de la Asunción de la Virgen Maria, se cumple el 450ª aniversario de la muerte de San EstanislaoKostka, uno de los patronos de Polonia y santo patrono de la parroquia de Karol Wojtyla en Cracovia.


Hermosos recuerdos guardo de mi primer visita allá lejos por el 2005; que emoción encontrarme en ese lugar tan querido por Karol Wojtuyla, donde por intermedio del sastre Jan Tyranowski,  fue descubriendo los escritos de San Juan dela Cruz, motivo de profundo estudio más adelante en su vida y de Santa Teresa de Avila,  inmerso también en el circulo del “Rosario vivo”. 


Ya como pontífice, en una de sus primeras Audiencias Generales del 15 de noviembre de 1978, hablando de la virtud de la fortaleza cito a San Estanislao, patrono de la juventud, cuya tumba se encuentra en la iglesia de San Andres al Quirinale de Roma,  como hombre sensible y frágil y sin embargo valiente.  La fortaleza – decia – a el que procedía de familia noble, lo llevo a elegir ser pobre, siguiendo el ejemplo de Cristo, y a ponerse a su servicio.   Tenemos necesidad de hombres fuertes!!  Decía el Papa, necesidad de fortaleza para ser hombres!

 

Hoy el Papa Francisco, conmemorando este 450ºaniversario de la muerte del Santo y recordando palabras de Juan Pablo II,  envía un mensaje especialmente a los jóvenes, recordando su figura:  

"Aprovechando esta oportunidad, me gustaría dirigirme especialmente a los jóvenes, de quienes San Estanislao es patrono", escribe el Papa. "El camino de su corta vida, que comenzó en Rostkowo en Mazovia, siguió a través de Viena y luego lo condujo hasta Roma; se puede comparar con una gran carrera por el campo hacia la meta de la vida de todo cristiano, que es la santidad”.
"Tú también eres impulsado por el amor de Cristo y fortalecido por su gracia. ¡Sé valiente! El mundo necesita tu libertad de espíritu, tu mirada de confianza en el futuro, tu sed de verdad, bondad y belleza”, dice a los jóvenes.
"San Estanislao te enseña esa libertad que no es una carrera a ciegas, sino la habilidad de discernir la meta y seguir las mejores formas de comportamiento y de vida".

sábado, 28 de julio de 2018

Humanae Vitae carta del Cardenal Wojtyla a Pablo VI



En una extensa carta que el entonces Cardenal Karol Wojtyla envió en 1969 al papa Pablo VI subraya que la prohibición de la anticoncepción de Humanae Vitae es una enseñanza “infalible” e “irrevocable” que la Iglesia misma “no tiene poder para cambiar”.
La carta fue publicada por primera vez en italiano a principios de este año, como parte de un nuevo libro del padre Paweł Stanisław Gałuszka, titulado Karol Wojtyla y Humanae Vitae.  El libro examina la contribución que Karol Wojtyla y los obispos polacos hicieron a la edición y recepción de Humanae Vitae cuando Wojtyla era arzobispo de Cracovia.
El libro contiene varios documentos inéditos, incluida esta carta que Wojtyla envió a Pablo VI en 1969, después de que numerosos episcopados expresaron su oposición a Humanae Vitae. En marzo pasado el libro, con un prefacio de Mons. Melina, presidente del Instituto Juan Pablo II,   fue presentado en la Universidad Lateranense de Roma.
En comentarios a LifeSiteNews, ha explicado que la carta de Wojtyla a Pablo VI es decisiva en tres puntos.
Primero, que la ley moral y por lo tanto también la norma de Humanae vitae [la prohibición de la anticoncepción] es la expresión de una verdad sobre el bien y no la imposición arbitraria de un legislador, de modo que la Iglesia misma no tiene poder para cambiarla. (contra el legalismo nominalista);
segundo, que Humanae vitae es una enseñanza infalible e irrevocable, por el Magisterio ordinario universal, aunque no por un acto definitorio solemne (ex cátedra);
y tercero, que Humanae vitae no es una cuestión de consejo, que se confía a la interpretación de la conciencia, sino una enseñanza doctrinal vinculante
La publicación de  la carta de 1969 del Cardenal Wojtyla a Pablo VI llega cuando surgen nuevos hechos sobre los orígenes de Humanae vitae. Los hallazgos recientes, contenidos en un nuevo libro, El nacimiento de una Encíclica: Humanae Vitae a la luz de los Archivos del Vaticano, se basan en una investigación «secreta» de la Comisión del Vaticano sobre documentos archivados relacionados con el trabajo preparatorio de la encíclica.
Su autor, monseñor Gilfredo Marengo, es miembro de la comisión nombrada por el Papa Francisco.

En la visión de Mons. Melina, el libro de Marengo intenta «disminuir la importancia» de Wojtyla en la preparación de Humanae vitae, «y en la estimación de Pablo VI.» Su «desafío» al libro de Pawel Gałuszka, dijo Melina, se puede ver en la interpretación de Marengo, que tiende a «enfatizar en cambio la influencia de los franceses (primero Martelet, SJ, y luego Poupard y Martin, de la Secretaría de Estado)».

«Marengo desea apoyar una interpretación más matizada (antropológica - renovada teológica) de Humanae vitae, contra lo que él llama posiciones 'moralistas' y casuísticas», dijo Melina a LifeSiteNews, pero estas posiciones «finalmente prevalecieron bajo influencias negativas de la Congregación para el Doctrina de la fe (¿y Wojtyla?)» [Nota del traductor al español: aquí parece claro que Mons. Melina está trasmitiendo la opinión de Mons. Marengo]
 Mons. Melina señaló que el nuevo libro de Marengo ofrece «datos objetivos» de los Archivos del Vaticano. Si estos datos se presentaran correctamente, dijo, le permitirían al lector «apreciar la influencia del Cardenal de Cracovia».

Melina dijo que hay «tres hechos importantes» que Marengo ha informado, pero a los que no atribuye suficiente importancia. Primero, que Pablo VI envió el borrador inicial de lo que eventualmente se convirtió en Humanae vitae (un texto llamado De nascendae prolis) a solo dos prelados: «uno era el cardenal Felici y el otro era el cardenal Wojtyła (Marengo, 99-ff)».
En segundo lugar, en la documentación enviada a Pablo VI como un dossier para la edición final, además de la contribución del Cardenal Wojtyla, también estaba el memorándum de Cracovia (Marengo, 101). Wojtyła se refiere a este memorándum en su carta.
Por último, dijo, está el hecho de que «a pesar de que Pablo VI finalmente no aceptó la sugerencia del Cardenal Wojtyla de publicar una Instrucción Pastoral en respuesta a las reacciones a Humanae vitae », sí hizo que un comentario del Cardenal de Cracovia fuese publicado en el Osservatore Romano, y «lo animó a publicar la Instrucción en Polonia (Marengo, 129)».
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En el momento en que la Iglesia celebra el 50º aniversario de Humanae vitae, publicamos a continuación en su totalidad, por primera vez en inglés, la carta del Cardenal Wojtyla al Papa Pablo VI.


miércoles, 25 de julio de 2018

50 años de la Encíclica Humanae Vitae de Pablo VI (3 de 3)





6. Frente a las dificultades y a los recursos de la familia de hoy, la Iglesia se siente llamada a renovar la conciencia del encargo que ha recibido de Cristo en relación al precioso bien del matrimonio y de la familia: la tarea de anunciarlo en su verdad, de celebrarlo en su misterio y de vivirlo en la existencia cotidiana de los que han sido "llamados por Dios a servirle en el matrimonio" (Humanae vitae, 25).
Pero, ¿cómo desarrollar esta tarea en las presentes condiciones de vida de la Iglesia y de la sociedad?
La comunión de ideas y de experiencias durante este encuentro vuestro permitirá ciertamente encontrar algunas respuestas significativas.

De todas maneras puede ser oportuno, al principio de vuestros trabajos, ofrecer algunas sugerencias y formular algunas propuestas.

Es especialmente urgente reavivar la conciencia del amor conyugal como don: ese don que, mediante el sacramento del matrimonio, el Espíritu Santo, que es la Persona-don en el inefable misterio de la Trinidad (cf. Dominum et Vivificantem, 10), derrama en el corazón de los esposos cristianos. Este mismo don es la "ley nueva" de su existencia, la raíz y la fuerza de la vida moral de la pareja y de la familia. Y en realidad su ethos consiste en vivir todas las dimensiones del don:
— la dimensión conyugal, que exige a los esposos llegar a ser cada vez más un solo corazón y una sola alma, revelando así en la historia el misterio de la misma comunión de Dios uno y trino;
— la dimensión familiar, que exige a los esposos estar dispuestos a "cooperar... con el amor del Creador y del Salvador, quien por medio de ellos aumenta y enriquece diariamente a su propia familia" (Gaudium et spes, 50), acogiendo del Señor el don del hijo (cf. Gén 4, 1);
— la dimensión eclesial y social, por la cual los cónyuges y los padres cristianos, en virtud del sacramento, "poseen su propio don, dentro del Pueblo de Dios, en su estado y forma de vida" (Lumen gentium, 11). Y al mismo tiempo asumen y desarrollan —como "célula primera y vital de la sociedad". (Apostolicam actuositatem, 11)— su responsabilidad en el ámbito social y político;
— la dimensión religiosa, por la cual la pareja y la familia responden al don de Dios y en la fe, en la esperanza y en la caridad hacen de toda su vida "sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo" (l Pe 2, 5).

Sin descuidar enseñanzas que tienen también su importancia, como son aquellas que se refieren a los aspectos antropológicos y sicológicos de la sexualidad y del matrimonio, el esfuerzo pastoral de la Iglesia debe poner decididamente en primer lugar la difusión y la profundización de la conciencia de que el amor conyugal es don de Dios confiado a la responsabilidad del hombre y de la mujer: en esta línea deben moverse la catequesis, la reflexión teológica, la educación moral y espiritual.
Es además urgentísimo que se renueve en todos, sacerdotes, religiosos y laicos, la conciencia de la absoluta necesidad de la pastoral familiar como parte integrante de la pastoral de la Iglesia, Madre y Maestra. Repito con convencimiento la llamada contenida en la Familiaris consortio: "...cada Iglesia local y, en concreto, cada comunidad parroquial debe tomar una conciencia más viva de la gracia y de la responsabilidad que recibe del Señor, en orden a la promoción de la pastoral familiar. Los planes de pastoral orgánica, a cualquier nivel, no deben prescindir nunca de tomar en consideración la pastoral de la familia" (n. 70).

La exigencia insustituible de que la fe se haga cultura, debe encontrar su primer y fundamental lugar de realización en la pareja y en la familia. El fin de la pastoral familiar consiste no sólo en hacer la comunidad eclesial más solícita hacia el bien cristiano y humano de las parejas y de las familias, en particular de las más pobres y en dificultad, sino también y sobre todo en estimular el "protagonismo" propio e insustituible de las parejas y de las familias mismas en la Iglesia y en la sociedad.

Para una pastoral familiar eficaz e incisiva es necesario orientar hacia la formación de los agentes, suscitando también vocaciones al apostolado en este campo vital para la Iglesia y para el mundo. Las palabras de Jesucristo: "La mies es mucha, y los obreros pocos" (Lc 10, 2), valen también para el campo de la pastoral familiar. Son necesarios "obreros" que no teman las dificultades y las incomprensiones al presentar el proyecto de Dios sobre el matrimonio, dispuestos a "sembrar con lágrimas", pero con la seguridad de "cosechar entre cantares" (cf. Sal 125/126, 5).

7. Dios quiere que toda familia sea en Cristo Jesús una "Iglesia doméstica" (cf. Lumen gentium, 11): de esta "iglesia en miniatura", como gusta llamar frecuentemente a la familia San Juan Crisóstomo (cf. por ejemplo In Genesim, Serm. VI, 2; VII, 1), depende en su mayor parte el futuro de la Iglesia y de su misión evangelizadora.
También el porvenir de una sociedad más humana, inspirada y sostenida por la civilización del amor y de la vida, depende en gran medida de la "calidad" moral y espiritual del matrimonio y de la familia, de su "santidad".

Esta es la finalidad suprema de la acción pastoral de la Iglesia, de la que nosotros obispos somos los primeros responsables. El XX aniversario de la Humanae vitae vuelve a plantearnos a todos esta finalidad con la misma urgencia apostólica de Pablo VI, que concluía su Encíclica dirigiéndose a los hermanos en el episcopado con estas palabras: "Trabajad al frente de los sacerdotes, vuestros colaboradores, y de vuestros fieles con ardor y sin descanso, por la salvaguardia y la santidad del matrimonio para que sea vivido en toda su plenitud humana y cristiana. Considerad esta misión como una de vuestras responsabilidades más urgentes en el tiempo actual" (Humanae vitae, 30).

50 años de la Encíclica Humanae Vitae de Pablo VI (2 de 3)



(del discurso de Juan Pablo II a un encuentroorganizado por el Pontificio Consejo para la familia con ocasión del XXaniversario de la Humanae Vitae)



3. En realidad, los años sucesivos a la Encíclica, no obstante la insistencia de críticas injustificadas y de silencios inaceptables, han podido demostrar con creciente claridad cómo el documento de Pablo VI era no sólo siempre de viva actualidad, sino investido hasta de un significado profético.
Un testimonio de particular valor lo ofrecieron los obispos en el Sínodo de 1980, cuando escribieron así en la Propositio 22: "Este Sagrado Sínodo, reunido en la unidad de la fe con el Sucesor de Pedro, mantiene firmemente lo que ha sido propuesto en el Concilio Vaticano II (cf. Gaudium et spes, 50) y después en la Encíclica Humanae vitae, y en concreto, que el amor conyugal debe ser plenamente humano, exclusivo y abierto a una nueva vida" (Humanae vitae, 11 y cf. 9 y 12)

Yo mismo después, en la Exhortación post-sinodal Familiaris consortio, propuse de nuevo, en el más amplio contexto de la vocación y de la misión de la familia, la perspectiva antropológica y moral de la Humanae vitae sobre la transmisión de la vida humana (cf. nn. 28-35). Asimismo, durante las audiencias de los miércoles, dediqué las últimas catequesis "sobre el amor humano en el plano divino" a confirmar y a iluminar el principio ético fundamental de la Encíclica de Pablo VI acerca de la conexión inseparable de los significados unitivo y procreativo del acto conyugal, interpretado a la luz del significado esponsal del cuerpo humano.
Entre los frutos del Sínodo de los Obispos sobre las tareas de la familia en el mundo de hoy se debe recordar la constitución de dos importantes organismos eclesiales, destinados el uno a estimular la actividad pastoral sobre el matrimonio y la familia, y el otro a promover la reflexión científica.
El primer organismo es el Pontificio Consejo para la Familia, con el cual venía profundamente renovado al precedente Comité Pontificio para la Familia querido por Pablo VI. En la Exhortación Familiaris consortio indicaba el sentido y la finalidad del nuevo organismo: ser "un signo de la importancia que yo atribuyo a la pastoral de la familia en el mundo, para que al mismo tiempo sea un instrumento eficaz a fin de ayudar a promoverla a todos los niveles" (n. 73).

El segundo organismo es el Instituto Juan Pablo II para estudios sobre matrimonio y familia, querido "para que la verdad acerca del matrimonio y la familia pueda ser cada vez mejor investigada científicamente, de modo que laicos, religiosos y sacerdotes puedan recibir formación, ya sea filosófico-teológica, ya en ciencias humanas, en esta materia, a fin de que su ministerio pastoral y eclesial se pueda desarrollar de manera más eficaz en favor del Pueblo de Dios" (Cons. Apost. Magnum matrimonii, 7 de octubre, 1982, n. 3).
Ya fundado y operante desde algunos años en la Pontificia Universidad Lateranense, recibió el reconocimiento jurídico en 1982 y ha continuado su laudable tarea alargando su actividad a otros países. En estos mismos días el Instituto ha programado el II Congreso internacional de teología moral sobre el tema "Humanae vitae: 20 años después", con reflexiones y análisis que se mueven en la línea de las preocupaciones pastorales propias también de esta reunión vuestra.

La gravedad de los problemas hoy planteados en el ámbito del matrimonio y de la familia hace cada vez más necesario que dentro de las Conferencias Episcopales nacionales o regionales, y a veces también en diócesis singulares, se constituyan y se hagan operantes organismos análogos a los ahora recordados: sólo así los problemas pueden encontrar, con la debida profundización doctrinal, válidas respuestas pastorales oportunamente coordinadas con las iniciativas de los otros organismos eclesiales.
4. La presente reunión reviste ya una particular importancia por el mismo hecho de desarrollarse entre obispos aquí congregados como representantes de las Conferencias Episcopales de los respectivos países, en los que les han sido confiados específicos encargos en este sector de la pastoral. Venerados hermanos: La problemática teológica y pastoral suscitada por la Encíclica Humanae vitae y por la Exhortación Familiaris consortio, representa sin duda un capítulo fundamental de vuestra solicitud de maestros y de Pastores de la verdad evangélica y humana acerca del matrimonio y la familia.

Este encuentro puede ser para vosotros una preciosa ocasión para que, mediante la comunicación de experiencias, se pueda describir y analizar mejor la actual situación de la Iglesia, sea refiriendo los desarrollos vinculados a la temática de la Humanae vitae, sea informando acerca de la respuesta que, en las diversas situaciones sociales y culturales, se ha dado al respecto.

El método de estos trabajos y los resultados que se obtendrán pueden quizá sugerir la oportunidad de volver a convocar en el futuro semejantes encuentros. Ellos de hecho se mueven en el contexto de una colaboración ya presente entre el Pontificio Consejo para la Familia y los Episcopados de los diferentes países, sobre todo con ocasión de las visitas ad limina. Las múltiples dificultades a las que debe hacer frente la familia en el mundo contemporáneo inducen a desear la consolidación ulterior de tal colaboración a fin de ofrecer a los esposos toda ayuda posible para corresponder mejor a su propia vocación.
5. Desde muchas partes la referencia a la Encíclica Humanae vitae se une, casi automáticamente, a la idea de la "crisis" que ha afectado, y continúa afectando, a la moral conyugal.

Sin duda se deben reconocer las múltiples y a veces graves dificultades que en este campo encuentran los sacerdotes y las parejas, los unos en anunciar la verdad entera sobre el amor conyugal, y las otras en vivirla. Por otra parte, las dificultades a nivel moral son el fruto y el signo de otras dificultades más graves que tocan los valores esenciales del matrimonio como "íntima comunidad de vida y de amor conyugal" (Gaudium et spes, 48). La pérdida de estima en relación al hijo como "preciosísimo don del matrimonio" (Gaudium et spes, 50) y hasta el rechazo categórico de transmitir la vida, a veces por una errónea concepción de la procreación responsable, y la interpretación totalmente subjetiva y relativa del amor conyugal, tan abundantemente difundidas en nuestra sociedad y en nuestra cultura, son el signo evidente de la actual crisis matrimonial y familiar.

Como raíz de la "crisis", la Exhortación Familiaris consortio ha señalado una corrupción de la idea y de la práctica de la libertad, que es "concebida no como la capacidad de realizar la verdad del proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia, sino como una fuerza autónoma de autoafirmación no raramente contra los demás, en orden al propio bienestar egoísta" (n. 6). Más radicalmente todavía hay que indicar una visión inmanentista y secularizante del matrimonio, de sus valores y de sus exigencias: el rechazo a reconocer el manantial divino del que derivan el amor y la fecundidad de los esposos, expone el matrimonio y la familia a desintegrarse también como experiencia humana.
Al mismo tiempo la situación actual presenta también aspectos positivos, entre los cuales sobresale el descubrimiento de los "recursos" de que el hombre y la mujer disponen para vivir la verdad plena del amor conyugal.

El primero y fundamental recurso es el sacramento del matrimonio, o sea, Jesucristo mismo que se hace presente y operante por medio de su Espíritu y hace a los esposos cristianos partícipes de su amor a la humanidad redimida. Este "sacramento" manifiesta plenamente y lleva a total cumplimiento aquel "sacramento primordial de la creación" por el cual desde el "principio" el hombre y la mujer han sido creados por Dios a su imagen y semejanza y llamados al amor y a la comunión. Así el hombre y la mujer, mientras realizan su "humanidad" según la vocación matrimonial, se ponen al servicio no sólo de los hijos, sino también de la Iglesia y de la sociedad.

El período post-conciliar ha favorecido un progresivo crecimiento en el conocimiento del significado eclesial y social del matrimonio y de la familia: es éste el lugar más común y, al mismo tiempo, fundamental en el que se expresa la misión de los laicos en la Iglesia. La "Carta de los Derechos de la Familia", publicada por la Santa Sede en 1983 a petición del Sínodo de los Obispos, constituye un momento de particular importancia para la conciencia del significado social y político de la vida de pareja y de familia: éstas no son meras destinatarias, sino verdaderas y propias "protagonistas" de una "política" al servicio del bien común familiar.

50 años de la Encíclica Humanae Vitae de Pablo VI (1 de 3)




“El motivo del encuentro es el XX aniversario de la Encíclica Humanae vitae que Pablo VI publicó el 25 de julio de 1968 sobre el grave problema de la recta regulación de la natalidad. En la alocución del miércoles siguiente a la publicación de la Encíclica, el mismo Pablo VI confió a los fieles los sentimientos que lo habían guiado en el cumplimiento de su mandato apostólico. Decía: "El primer sentimiento ha sido el de una gravísima responsabilidad nuestra. Ese sentimiento nos ha introducido y sostenido en lo vivo del problema durante los cuatro años requeridos para el estudio y la elaboración de esta Encíclica. Os confesamos que este sentimiento nos ha hecho incluso sufrir no poco espiritualmente. Jamás habíamos sentido como en esta coyuntura el peso de nuestro cargo. Hemos estudiado, leído, discutido cuanto podíamos, y también hemos rezado mucho... Invocando las luces del Espíritu Santo, hemos puesto nuestra conciencia en la plena y libre disponibilidad a la voz de la verdad, tratando de interpretar la norma divina que vemos surgir de la intrínseca exigencia del auténtico amor humano, de las estructuras esenciales de la institución matrimonial, de la dignidad personal de los esposos, de su misión al servicio de la vida, así como de la santidad del matrimonio cristiano; hemos reflexionado sobre los elementos estables de la doctrina tradicional y vigente de la Iglesia, y especialmente sobre las enseñanzas del reciente Concilio; hemos ponderado las consecuencias de una y otra decisión, y no hemos tenido duda alguna sobre nuestro deber de pronunciar nuestra sentencia en los términos expresados por la presente Encíclica" (cf. Insegnamenti di Paolo VI, vol. VI, 1968, págs. 870-871).

De todos son conocidas las reacciones, a veces ásperas y hasta despreciativas, que también en algunos ambientes de la misma comunidad eclesial ha recibido la Encíclica Humanae vitae. Mi venerado predecesor las había previsto claramente. De hecho, escribía en la Encíclica: «Se puede prever que estas enseñanzas no serán quizá fácilmente aceptadas por todos: son demasiadas las voces —ampliadas por los modernos medios de propaganda— que están en contraste con la de la Iglesia. A decir verdad, ésta no se extraña de ser, a semejanza de su Divino Fundador, "signo de contradicción" (cf. Lc 2, 34); pero no deja por esto de proclamar con humilde firmeza toda la ley moral, tanto natural como evangélica" (n. 18).

Por otra parte, Pablo VI mantuvo siempre una profunda confianza en la capacidad de los hombres de hoy de acoger y de comprender la doctrina de la Iglesia sobre el principio de la "inseparable conexión, que Dios ha querido y que el hombre no puede romper por propia iniciativa, entre los dos significados del acto conyugal: el significado unitivo y el significado procreador". (n. 12). "Nos pensamos —escribía él— que los hombres, en particular los de nuestro tiempo, se encuentran en situación de comprender el carácter profundamente razonable y humano de este principio fundamental" (n. 12).”