Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

miércoles, 31 de agosto de 2011

Todos debemos convertirnos cada día



“Todos debemos convertirnos cada día” escribe el Beato Juan Pablo II en su primer Carta a los sacerdotes en 1979, conteniendo conceptos que, en muchos casos, son aplicables a todo el pueblo de Dios.


“Sabemos que ésta es una exigencia fundamental del Evangelio, dirigida a todos los hombres (45), y tanto más debemos considerarla como dirigida a nosotros. Si tenemos el deber de ayudar a los demás a convertirse, lo mismo debemos hacer continuamente en nuestra vida. Convertirse significa retornar a la gracia misma de nuestra vocación, meditar la inmensa bondad y el amor infinito de Cristo, que se ha dirigido a cada uno de nosotros, y llamándonos por nuestro nombre, ha dicho: “Sígueme”. Convertirse quiere decir dar cuenta en todo momento de nuestro servicio, de nuestro celo, de nuestra fidelidad, ante el Señor de nuestros corazones, para que seamos “ministros de Cristo y administradores de los misterios de Dios” (46). Convertirse significa dar cuenta también de nuestras negligencias y pecados, de la cobardía, de la falta de fe y esperanza, de pensar únicamente “de modo humano y no “divino”…. Convertirse quiere decir para nosotros buscar de nuevo el perdón y la fuerza de Dios en el Sacramento de la reconciliación y así volver a empezar siempre, avanzar cada día, dominarnos, realizar conquistas Espirituales y dar alegremente, porque “Dios ama al que da con alegría"(48) . Convertirse quiere decir “orar en todo tiempo y no desfallecer” (49).
La oración es, en cierta manera; la primera y última condición de la conversión, del progreso Espiritual y de la santidad. Tal vez en los últimos años ‑por lo menos en determinados ambientes se ha discutido demasiado sobre el sacerdocio, sobre la “identidad” del sacerdote, sobre el valor de su presencia en el mundo contemporáneo, etc., y, por el contrario, se ha orado demasiado poco. No ha habido bastante valor para realizar el mismo sacerdocio a través de la oración, para hacer eficaz su auténtico dinamismo evangélico, para confirmar la identidad sacerdotal. Es la oración la que señala el estilo esencial del sacerdocio; sin ella, el estilo se desfigura. La oración nos ayuda a encontrar siempre la luz que nos ha conducido desde el comienzo de nuestra vocación sacerdotal, y que sin cesar nos dirige, aunque alguna vez da la impresión de perderse en la oscuridad. La oración nos permite convertirnos continuamente, permanecer en el estado de constante tensión hacia Dios, que es indispensable si queremos conducir a los demás a El. La oración nos ayuda a creer, a esperar y amar, incluso cuando nos lo dificulta nuestra debilidad humana.
La oración nos consiente, además, nos permite descubrir continuamente las dimensiones de aquel Reino, por cuya venida rezamos cada día, repitiendo las palabras que Cristo nos ha enseñado. En este caso advertimos cuál es nuestro lugar en la realización de esta petición: “Venga tu Reino”, y vemos cómo somos necesarios para que ella se realice. Y tal vez, cuando rezamos, percibiremos con más facilidad aquellos “campos que ya están blanquecinos para la siega” (50), y comprenderemos el significado que tienen las palabras que Cristo pronunció a la vista de los mismos: “Rogar, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies” (51).La oración debemos unirla a un trabajo continuo sobre nosotros mismos: es la formación permanente…… No podemos conformarnos con lo que hemos aprendido un día en el seminario….. Este proceso de formación intelectual debe continuar durante toda la vida…. debemos ser testimonios de Jesucristo, altamente cualificados. Como maestros de la verdad y de la moral, tenemos que dar cuenta …. de la esperanza que nos vivifica” (53) . Y esto forma parte también del proceso de conversión diaria al amor, a través de la verdad.”

2 comentarios:

Mento dijo...

Sin nuestra propia conversión el mundo no puede salvarse.
Un abrazo.

Ludmila Hribar dijo...

Gracias Mento por acompañar el blog tan asidumente.Un fuerte abrazo!