Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

jueves, 8 de mayo de 2014

Nuestra Señora de Luján y el negro Manuel

Hoy la argentina celebra a su Santa Patrona Nuestra Señora de Luján,   aquella Virgencita que al pasar por Buenos Aires quiso quedarse aquí cerca en la estancia de Rosendo…. Rosendo fue quien luego le confió el cuidado de la imagen al joven negro llamado Manuel quien había sido testigo de aquella “decisión” de la Virgen de quedarse en el “Lugar del Milagro”. La imagen fue más tarde fue trasladada a orillas del rio Lujan.

No sabemos mucho del negro Manuel pero la Basílica de Luján guarda en su pagina oficial una breve historia, de la cual extraigo una parte. 

 Hacia el año 1638 el negro Manuel contrajo matrimonio con una mujer criolla, llamada Beatriz, esclava de la familia González Filiano.   El matrimonio fue celebrado en la humilde Ermita de la Concepción del río Luján. Beatriz fue una fiel compañera y lo secundó plenamente en el empeño por mantener vivo el culto a la Santísima Virgen en la apartada Ermita de Rosendo. Beatriz falleció antes de 1670. 

Doña Ana de Matas, mientras levantaba los planos para la Capilla prometida abrió también un pequeño oratorio, que atendía el negro Manuel. Parece ser que así como la Reina Celestial se valió de la sencillez de un pobre indio llamado Juan Diego para promover el culto a la Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe (que también es de la Concepción), así también quiso valerse de este negro llamado Manuel, de rara candidez y simplicidad, para propagar los cultos de la Imagen de Nuestra Señora de Luján.
Todo el cuidado del negro era el aseo de su altar, el encenderle velas y ungir con el sebo de su lámpara a los enfermos que venían de partes diferentes a buscar en la Virgen su remedio; y no pocas veces con efectos maravillosos. Su inocente simplicidad era tal que algunas veces trataba a la Santísima Virgen con extremada familiaridad. Fue el caso que, habiéndose hecho ya el pequeño Oratorio a la Virgen contiguo a la casa de Matas, y estando ya colocada en su nicho la Imagen, reparó el negro Manuel que algunas noches faltaba del nicho, y por la mañana ya la encontraba en él, pero llena de rocío muchas veces y otras con el manto y vestido llenos de abrojos y cadillos, y por las fimbrias polvo y algún barro, y en estas ocasiones le decía: Señora mía, ¿qué necesidad tenéis Vos de salir de casa para remediar cualquiera necesidad siendo tan poderosa? ¿y, como Vos sois tan amiga de los pecadores, que salís en busca de ellos, cuando véis que os tratan tan mal? Con aquellas pintas o señales del vestido quería indicamos y damos a entender Nuestra Señora que en beneficio de los mortales daba pasos, como por sus pies y que su Corazón maternal iba en busca de los pobres pecadores, para convertirlos y llevarlos al cielo. Y nuestro bendito negro Manuel con los cadillos, abrojos, barro y polvo, que sacudía del vestido de la Virgen, obraba maravillas en bien de los devotos.
Uno de los más famosos milagros obrados por el negro Manuel y seguramente el más celebrado fue la curación del Padre Pedro de Montalbo, quien estando gravemente enfermo decidió dedicar una novena a la milagrosa Señora de Lujan y visitar su Capilla.  Alli el negro Manuel le ungió el pecho con el aceite de la lámpara d ela Santa Imagen consolándole que :  La Virgen Santísima le quiere para su Capellán; el prometió, si le daba la salud, serlo toda su vida.
El negro Manuel llego a ser  amigo y consejero de todos los habitantes de la zona. Ayudó no poco a la prosecución de la obra de la Capilla, cuyos cimientos bendijera un fraile Carmelita y que el licenciado Pedro Montalbo tomara con mucho afán hasta verla terminada, y así el bendito negro continuó en servicio de la gran Señora hasta el final de sus días. Hallándose en la última enfermedad dijo un día a los presentes: Mi Ama, la Santísima Virgen, me ha revelado que he de morir un viernes y que al sábado siguiente me llevará a la Gloria. En efecto, su muerte aconteció en el día que había dicho, y es de creer piadosamente que se cumplió su vaticinio por entero.  Murió en olor de santidad, por cuyo motivo logró su cuerpo sepultura detrás del altar mayor del Santuario que el Capellán Pedro de Montalbo terminara de edificar, descansando a los pies de su bien amada Imagen de Nuestra Señora de Luján.  Su muerte aconteció en la primera mitad del año del Señor de 1686.”

Más información en Pueblo de Marìadonde también se puede leer el prólogo del libro del padre Federico Burbridge titulado El negro Manuel el hijo fiel de  Nuestra Señora de Luján.

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