Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

jueves, 8 de mayo de 2014

Polonia jubilosa celebra hoy a su santo patrono


A menos de dos semanas de la canonización del primer Papa polaco, Polonia celebra hoy más gozosa que nunca la fiesta de su santo patrono San Estanislao de Szepanow.   En Levantaos, Vamos Juan Pablo II habla de su devoción a San Estanislao en el capítulo “La Vocación” Cuando era metropolitano de Cracovia Karol Wojtyla escribió en su honor el poema Estanislao. Reproduzco aquí algunas partes:

Deseo describir la Iglesia.

Mi Iglesia nace conmigo,
pero no muere conmigo,
porque yo tampoco muero con ella.
La Iglesia me está sobreviviendo siempre,

Es el fondo de mi vida, y es su cumbre;
La Iglesia es la raíz por la que me ahondo…

…La Iglesia se ha abrazado con mi tierra,
Para que todo lo que está atado en ella,
Esté tan bien atado en los cielos…

Deseo describir mi Iglesia
En la figura de un hombre
Al que llamaron Estanislao….

Quiero describir mi Iglesia,
En la cual, siglo tras siglo,
Han ido juntas la palabra y la sangre,
Unidas por el soplo del Espíritu….

“San Estanislao fue obispo de Kraków (Cracovia) durante siete años, como lo atestiguan las fuentes históricas- Este obispo-connacional, oriundo de la no lejana Szczepanów, llega a la sede de Kraków en el año 1072, para dejarla en 1079, sufriendo la muerte a manos del Rey Boleslao el Audaz. El día de la muerte, según las fuentes, era el 11 de abril y es precisamente en esta fecha en la que el calendario litúrgico de la Iglesia universal conmemora a San Estanislao. En Polonia la solemnidad del obispo mártir se celebra desde hace siglos el 8 de mayo, y sigue celebrándose todavía hoy.” (de la homilía del Papa Juan Pablo II en la Misa de clausura deljubileo de San Estanislao, durante su primer visita a su patria como Papa).



En aquella misma visita Juan Pablo II, consciente que aquel viaje histórico debía darle un envión al despertar del cruel letargo al cual seguían siendo sometidos sus compatriotas, con voz profética les habló en lenguaje claro y firme: 

“El hombre es, en efecto, un ser racional y libre, es un sujeto consciente y responsable. El puede y debe, con el esfuerzo personal del pensamiento, llegar a la verdad. Puede y debe elegir y decidir. El bautismo, recibido en los albores de la historia de Polonia, nos ha hecho aún más conscientes de la auténtica grandeza del hombre, "la inmersión en el agua" es signo de la llamada a participar en la vida de la Santísima Trinidad, y es, al mismo tiempo, una comprobación insustituible de la dignidad de todo hombre. Ya la misma llamada testimonia en su favor: el hombre debe tener una dignidad extraordinaria, si ha sido llamado a tal participación, a la participación de Dios mismo.
Asimismo, todo el proceso histórico de la conciencia y de las decisiones del hombre está íntimamente unido a la viva tradición de la propia nación en la que, a través de todas las generaciones resuenan con eco vivo las palabras de Cristo, el testimonio del Evangelio, la cultura cristiana, las costumbres nacidas de la fe, de la esperanza y de la caridad. El hombre elige responsablemente, con libertad interior. Aquí la tradición no es limitación: es tesoro, es riqueza espiritual, es un gran bien común que se confirma con cada elección, con cada acto noble, con toda vida auténticamente vivida como cristiano.
¿Se puede rechazar todo esto? ¿Se puede decir "no"? ¿Se puede rechazar a Cristo y todo lo que El he traído a la historia del hombre?
Ciertamente se puede. El hombre es libre. El hombre puede decir a Dios: no. El hombre puede decir a Cristo: no. Pero permanece la pregunta fundamental: ¿Es lícito hacerlo? ¿Y en nombre de qué es lícito? ¿Qué argumento racional, qué valor de la voluntad y del corazón puedes tú poner delante de ti mismo, del prójimo, de los connacionales y de la nación, para rechazar, para decir "no" a aquello de lo que todos hemos vivido durante mil años? ¿Se puede decir "no" a todo lo que ha creado y ha constituido siempre las bases de nuestra identidad?”

Y Polonia ya nunca más fue la misma….la semilla de la lucha por la dignidad del hombre, del sabor de la libertad y de la conciencia del deber de conquistarla a diario había sido sembrada…..


(Karol Wojtyla, Poesias, Biblioteca Autores Cristianos, Madrid, 1993



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