Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

viernes, 8 de julio de 2011

Juan Pablo II en las zonas calientes del mundo (2)



Sabemos que el viaje a Nicaragua fue un viaje apostólico difícil, ya lo había reconocido Juan Pablo II mismo. También fue difícil el viaje apostólico Chile, en época del general Pinochet.


Hemos leído ya los comentarios de Mons. Oder en su libro Porque es santo.
En Una vida con Karol Gian Franco Svidercoschi invita al cardenal Stanislaw Dziwisz a hablar de esos momentos difíciles:
Juan Pablo II nunca retrocedió. Fue a países hostiles, como la Nicaragua sandinista, o que vivían aún bajo un régimen opresor, sin libertad, como era el caso de tantos Estados africanos, del Chile de Pinochet o la Cuba de Fidel Castro


A lo cual el cardenal Dziwisz responde:
En Nicaragua se había organizado una protesta indignante contra el Papa. Más tarde se supo que se había hecho venir hasta a técnicos polacos, especialistas en manipular micrófonos y retransmisiones televisivas.
El Santo Padre, prácticamente él sólo, afrontó el tumulto y le plantó cara a los provocadores. Inolvidable la escena en la que los sandinistas ondearon sus banderas rojas y negras mientras él, desde el palco, les oponía, alzándola hasta el cielo, la pastoral con el crucifijo en la cima.
Con todo sufrió mucho, de verdad, muchísimo. Sufrió por la profanación de la Eucaristía. Pero también porque los sandinistas habían impedido a los fieles llegar hasta el lugar de la celebración y, a los que habían conseguido llegar, los relegaron lejos del altar, del Papa, para que no pudieran escuchar la homilía.
Sólo se repuso cuando, ya de regreso a San José, en Costa Rica, donde se alojaba, fue acogido por una muchedumbre inmensa que quería expresarle su solidaridad, su amor.



También fue difícil el viaje a Chile. Había quien quería claramente instrumentalizarlo, y quien quería, en cambio, aprovecharlo para desacreditar internacionalmente al régimen de Pinochet.
En el gran parque de Santiago, durante la beatificación de Teresa de los Andes Los opositores encendieron la mecha y la policía respondió con gases lacrimógenos, cargando. El Papa no se asustó pero durante el resto de la misa estuvo preocupado por los fieles, temìa que les pudiese suceder algún incidente grave.
Los periodistas dedicaron grandes titulares a aquel episodio deplorable, pero apenas mencionaron el encuentro entusiasta de Juan Pablo II con los jóvenes en el estadio nacional. «El amor es más fuerte», gritaba. Y cuando les preguntó si querían renunciar a los ídolos del mundo, los jóvenes respondieron con un fortísimo grito, «Siiiii», que quizás ha sido el inicio de la nueva historia de Chile.
En aquella época nadie lo conto. Pero después de verse obligado a asomarse al balcón del palacio presidencial, el Santo Padre, en el encuentro privado, le sugirió a Pinochet que ya había llegado el momento de restituir el poder a las autoridades civiles, Y, algunas horas después, tuvo un coloquio con todos los líderes de los distintos partidos que todavía estaban en la ilegalidad”

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