Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 26 de junio de 2010

Juan Pablo II en la Argentina 1987 (10) – Tucumán


Bajo un sol abrasador (hasta el Papa bromeo sobre el calor!) una multitud (algunos medios decían 100.000) recibió al Santo Padre en el aeropuerto Internacional Benjamin Matienzo el miércoles 8 de abril de 1987. En el aeropuerto mismo fue levantado un altar presidido por una gran cruz de hierro.

“En la tarde del 8 de abril de 1987, arribó la aeronave que trasladaba al Papa Juan Pablo II proveniente de la ciudad de Córdoba. El Sumo Pontífice fue recibido con gran entusiasmo en el estacionamiento del aeropuerto, por unas 80.000 personas. La mayoría de las cuales llegaron a pie desde la ciudad de San Miguel de Tucumán. El aeropuerto se había transformado en un enorme palco sobre el que se alzaba una gran cruz de hierro. El encuentro revistió la forma de celebración de la Palabra. El arzobispo local, monseñor Horacio Bózzoli, dio la bienvenida al Papa y luego él pronunció su homilía sobre el amor de los cristianos a su Patria. Terminado el acto, la comitiva papal tomó el avión que lo trasladó a Salta, a 234 kilómetros”
asi recordaba el blog del Aeropuerto Internacional de Tucumán el pasado 8 de abril la visita de Juan Pablo II a la “cuna de la Independencia”.

En la Celebración de la Palabra, en el aeropuerto mismo, el Papa nos recordó en su homilía el valor de la libertad cristiana:
“Más allá de las iniciativas concretas que habéis de promover y que son de vuestra competencia, el Papa quiere recordaros –muy en consonancia con vuestra misma experiencia histórica las palabras del Salmista que hemos rezado, meditándolas, hace pocos momentos, y que nos llevan a poner la mirada y la esperanza en Dios:
“Si el Señor no construye la casa, / en vano se cansan los que la edifican; / si el Señor no guarda la ciudad, / en vano vigilan los centinelas” (Sal 127 [126], 1).
Argentinas y argentinos, comportaos de acuerdo con la “libertad con que nos liberó Cristo” (Ga 5, 1), que proporciona el sentido, la medida y la consistencia a cualquiera otra forma de libertad y de dignidad humanas, y amaréis así a vuestra patria y la serviréis con generosa entrega.
6. La libertad que nos ha dado Cristo, nos libra, como nos enseña San Pablo, de la esclavitud de los “elementos del mundo” (Ibíd., 4, 3); es decir, de la errónea elección del hombre que le lleva a servir y hacerse esclavo de “los que por naturaleza no son dioses”: (Ibíd., 4, 8) el egoísmo, la envidia, la sensualidad, la injusticia y el pecado en cualquiera de sus manifestaciones.
La libertad cristiana nos lleva a honrar a Dios Padre siguiendo el ejemplo de Cristo, el Hijo unigénito, que siendo “igual a Dios”, se hizo “semejante a los hombres; y en su condición de hombre, se humilló a Sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Flp 2, 6-8). El Salvador nos redimió obedeciendo al Padre por amor, y “fue escuchado por su piedad” (Hb 5, 7), Jesús llevó a cabo el designio salvífico del Padre movido por el Espíritu Santo. Y ese mismo Espíritu, que envió Dios a nuestros corazones, clama “Abba!” (cf. Ga 4, 6). Esta palabra “Abba” era el nombre familiar con el que un niño se dirigía a su padre en lengua hebrea; una palabra fonéticamente muy parecida a la que vosotros soléis emplear, y con la que incluso os dirigís a Dios Padre, llamándole Tata Dios, con tanta veneración y confianza.”
Terminada la Santa Misa el avión del Papa partió hacia Salta - el tercer aeropuerto de un día caluroso y agitado.

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