Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

jueves, 8 de julio de 2010

Como “ovejas en medio de lobos”, siempre discípulos del Señor – por el padre Ricardo Mazza


El padre Ricardo Mazza sabe engarzar magistralmente, tanto pequeños problemas cotidianos como temas delicados e importantes de la Iglesia y nuestra sociedad, con la Palabra y las enseñanzas de la Iglesia. En su homilía del domingo pasado ha hablado de un momento particular que vive la Argentina.
Me permito transcribir aquí la segunda parte, donde el padre Mazza hizo referencia a “la fiesta de la familia” organizada en Santa Fe, y habla de la decisión de “manifestar que tenemos las cosas claras, que no nos dejamos manejar por las modas ideológicas, o por los poderes de turno que por conseguir dinero de organismos internaciones no dudan en pretender todo aquello que nos llena de vergüenza” y nos recuerda que la palabra de Dios nos invita “a ser valientes” y a “misionar en la sociedad actual”.
Transcribo aquí esta última parte de su homilía que se puede leer completa en su blog.


“….La Palabra de Dios que hemos escuchado, pues, nos invita a ser valientes en la proclamación del mensaje de Jesús, sin miedo, aunque Él nos envíe como corderos en medio de lobos, ya que contamos con su permanente auxilio.
En referencia a esto nos sirve de reflexión lo que hemos vivido el jueves 1° de julio pasado en Santa Fe en “la fiesta de la familia”.
En efecto, a través de la marcha organizada -en particular por los jóvenes-, pudimos testimoniar nuestra convicción que toda familia fundada en el matrimonio de varón y mujer, constituye el basamento de la sociedad toda. Concurrieron adultos, jóvenes, niños, familias, sin distinción de religión o bandería política, siendo palpable la alegría de poder proclamar la verdad del matrimonio que es anterior al cristianismo mismo ya que está presente en la realidad creatural que nos distingue como varones y mujeres, llamados a la complementación y por ello a la plenitud y perfección humana.
En la actualidad, cabe reconocer, hay intentos cada vez más agresivos por acallar esta verdad, pero ella se presenta con total naturalidad desde el ser mismo de la persona.
La concurrencia de diez a doce mil personas –según cálculos de la policía-, sin contar con quienes no pudieron concurrir por razones de trabajo, nos demuestra que cuando queremos testimoniar lo que vivimos y esperamos, tenemos la fuerza y el entusiasmo para hacerlo, sin importar lo que a causa de esto sobrevenga, ya que sabemos fuimos enviados como corderos en medio de lobos, pero sin estar nunca abandonados por el Señor que nos da su paz.
Estamos seguros de que seremos atacados y ridiculizados, como sucedió desde algunos medios con ocasión de esta marcha, pero esto no es más que un signo de la impotencia propia del que no puede acallar la verdad.
Porque aunque ésta sea silenciada en nuestra Patria por no pocos que debieran darla a conocer, sin ceder a presiones ideológicas o dinerarias, igual sigue manifestándose en todo su esplendor, ya que dice Jesús “yo soy la Verdad”.
Aunque el rechazo muchas veces se multiplica contra la naturaleza de las cosas, el Señor nos dice que “veía a Satanás caer desde lo más alto del cielo”.
Es necesario por lo tanto saber escuchar y seguir la invitación que nos hace Jesús de testimoniar con nuestras vidas sus enseñanzas, sin miedo alguno. Convencidos de contar siempre con la firmeza de su apoyo, demos a conocer nuestro sentir, sobre todo teniendo en cuenta que en nuestra patria –cada día más decadente- seguirán otros intentos orientados a la destrucción de la dignidad de la persona humana, pretendiendo imponer el aborto o la eutanasia.
Hemos de manifestar que tenemos las cosas claras, que no nos dejamos manejar por las modas ideológicas, o por los poderes de turno que por conseguir dinero de organismos internaciones no dudan en pretender todo aquello que nos llena de vergüenza.
Deseemos y luchemos por vivir todos de acuerdo a la recta razón y, además conforme a la fe cristiana los que la profesamos. Como Nación hemos sido engendrados y formados en una matriz católica, llamados a continuar con la fe recibida de nuestros mayores.
La palabra de Dios nos deja esta invitación a misionar en la sociedad actual.
Para carecer de ese miedo que muchas veces paraliza al creyente es necesario llegar a vivir lo que hoy destaca el apóstol san Pablo (Gál. 6, 14-18) “yo me gloriaré en la cruz de Cristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo estoy crucificado para el mundo”.
Es decir que ese mundo o cultura, contrarios a nuestro ser cristiano, a nuestra forma de concebir la vida, debe estar crucificado para nosotros, o sea, no han de seducir nuestro ser y vida, debemos tener la fortaleza para desecharlos.
Estar crucificados nosotros para el mundo significa no dejarnos atrapar por esos espejismos de falsa felicidad y bienestar que ofrece el mundo.
Como San Pablo afirmémonos en la seguridad que nos da Cristo y su evangelio, rechazando las argucias de quien es mentiroso desde el principio y busca destruir siempre la verdad.”

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