Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 27 de agosto de 2011

Santa Mónica, santa esposa y madre




La Iglesia venera hoy a Santa Mónica, esposa y viuda. Mónica significa: "dedicada a la oración y a la vida espiritual".


Patrona de las mujeres casadas y modelo de las madres cristianas.
Su hijo San Agustín es doctor de la Iglesia. Su ejemplo y oraciones por su hijo fueron decisivas. El mismo San Agustín escribe en sus Confesiones: "Ella me engendró sea con su carne para que viniera a la luz del tiempo, sea con su corazón, para que naciera a la luz de la eternidad"


Por su parte, San Agustín es la principal fuente sobre la vida de Santa Mónica, en especial sus Confesiones, lib. IX. donde habla de la vida de su santa madre y su muerte acaecida en el puerto de Ostia. Finalmente cuenta piadosa y elegantemente su sentimiento y llanto, como amante y buen hijo de tal madre.” (Corazones org.)




“mujer de un solo varón – dice San Agustín en sus Confesiones – había cumplido todas las obligaciones que tenía para con sus padres: había gobernado su familia y casa con mucha piedad: y las buenas obras que había hecho daban testimonio de la virtuosa conducta que había tenido. Ella por si misma había criado a sus hijos sintiendo después por ellos los dolores de parto tantas veces, cuantas los veía apartarse de vuestros mandamientos”.
Antes de su muerte Santa Mónica – según las Confesiones – decía a su hijo «Hijo por lo que a mi toca, ya ninguna cosa me deleita en estas vida. Yo no sé que he de hacer de aquí en adelante en este mundo, ni para que he de vivir aquí, no teniendo cosa alguna que espere en este siglo. Una sola cosa había por la cual deseaba detenerme algún poco de tiempo en estas vida, que era por verte católico cristiano antes que muriese. Esto me lo ha concedido mi Dios más cumplidamente de lo que yo deseaba…..pues ¿Qué hago yo en este mundo?»
No me acuerdo que respondí a esa pregunta – dice San Agustín – pero de allí a cinco días o muy poco mas, cayó enferma… «enterrad este cuerpo dondequiera – le decía al morir – y no tengáis más cuidado de el, lo que únicamente pido y os encomiendo es que os acordéis de mi en el altar del Señor, dondequiera que os halléis.» “No dio entender de ninguna manera, que tuviese deseo de morir en su patria” dice San Agustín, en cambio expreso: «Nada hay lejos para Dios; ni hay que temer que se le olvide o no sepa el lugar donde esta mi cuerpo, para resucitarme en el fin del mundo».

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