Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

viernes, 26 de agosto de 2011

Reliquias del Beato Juan Pablo II en Mexico (2) Oracion por Mexico







25 de agosto de 2011
Bienaventurado Juan Pablo II, padre, maestro y amigo de los fieles cristianos que te fueron confiados, escucha nuestras plegarias. Te fuiste llamado por el Padre para ser rostro de su Hijo Jesucristo en el umbral del nuevo milenio, con tus palabras cargadas de firme esperanza, nos animaste a ir mar adentro, con la certeza de que Jesús nos acompaña en el camino de la fe.






Tú mismo experimentaste el misterio del hombre, porque fuiste hombre entre los hombres, con los niños te hiciste niño, con los jóvenes te hiciste joven, con hombres y mujeres de toda edad, raza y lengua compartiste la alegría de vivir y la firme esperanza en la transformación del mundo y de la historia en Cristo.
Contemplaste con toda claridad que el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo Encarnado (...)






Desde Cristo, padre santo, todo adquiere su vigor, de ahí tu preocupación por la dignidad humana y la defensa de la vida, por los derechos de tantos miles de hombres y mujeres marginados por los prejuicios y víctimas de modelos políticos y económicos ajenos al Evangelio.






Mira nuestro México, la providencia te permitió visitarnos en cinco ocasiones, sabes bien lo que ahora duele a los que habitamos en estas tierras. Así como en el pasado resonó tu palabra con vigor en nuestros pueblos y ciudades, haz que tu valiosa intercesión nos alcance la serenidad y la paz, la reconciliación y el amor, la valentía y el vigor para comprometernos con nuestra patria en la transformación de nuestra sociedad en una familia cada vez más justa y fraterna. Que como tú, seamos más de Santa María de Guadalupe, que bajo su sombra y su resguardo cada mexicano diga: “Totus tuus”, “Todo tuyo” y bajo su patrocinio crezcamos en el amor de Dios y en el de nuestros hermanos.
Dichoso tú, amado Papa Juan Pablo II, porque has creído, te rogamos que continúes sosteniendo la fe del pueblo de Dios, desde esta Basílica nos has bendecido muchas veces, hoy te rogamos, padre santo, bendícenos de nuevo, bendícenos siempre.
Amén.

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