Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 21 de julio de 2012

Juan Pablo II : El reto de la Nueva Evangelización (2 de 2) «La Iglesia es por naturaleza misionera»




En el capitulo 18 de Cruzando el Umbral de la Esperanza, bajo el titulo "El reto de la nueva evangelización", Vittorio Messori le pide a Juan Pablo II que explique dos términos que aparecen con frecuencia en sus enseñanzas: “evangelización” y “nueva evangelización”.

El Papa responde extensamente explicando los términos y habla de la historia de la evangelización, las diferentes misiones y la vitalidad de la Iglesia, hasta llegar a la actualidad. 




Es sintomático que la Redemptoris missio hable de una nueva primavera de la evangelización, y es aún más significativo el hecho de que esta Encíclica haya sido acogida con gran satisfacción, incluso con entusiasmo, en tantos ambientes. Después de la Evangelii nuntiandi, se propone como una nueva síntesis de la enseñanza sobre la evangelización del mundo contemporáneo.

La Encíclica precisa cuáles son los principales problemas; llama por su nombre a los obstáculos que se acumulan en el camino de la evangelización; aclara algunos conceptos, de los que a veces se abusa, especialmente en el lenguaje eriodístico; finalmente señala las partes del mundo, por ejemplo los países poscomunistas, en las que la verdad del Evangelio es esperada de una manera especial. Para éstos, que son países de largo pasado cristiano, se impone una especie de «re-evangelización».

La nueva evangelización no tiene nada que ver con lo que diversas publicaciones han insinuado, hablando de restauración, o lanzando la palabra proselitismo en tono de acusación, o echando mano de conceptos como pluralismo y tolerancia, entendidos unilateral y tendenciosamente.  Una profunda lectura de la Declaraciónconciliar Dignitatis humanae sobre la libertad religiosa ayudaría a esclarecer tales problemas, y también a disipar los temores que se intenta despertar, quizá con el fin de arrancar a la Iglesia el coraje y el empuje para acometer su misión evangelizadora. Y esa misión pertenece a la esencia de la Iglesia. El Concilio Vaticano II hizo una declaración de principios afirmando que «la Iglesia [...] es por naturaleza misionera» (Ad Gentes, 2).
[…]

Hoy se da, pues, la clara necesidad de una nueva evangelización. Existe la necesidad de un anuncio evangélico que se haga peregrino junto al hombre, que se ponga en camino con la joven generación. ¿Tal necesidad no es ya en sí misma un slntoma del ano 2000, que se está acercando? Cada vez más a menudo los peregrinos miran hacia Tierra Santa, hacia Nazaret, Belén y Jerusalén. El pueblo de Dios de la Antigua y de la Nueva Alianza vive en las nuevas generaciones y, al finalizar este siglo xx, tiene la misma conciencia de Abraham, el cual siguió la voz de Dios que lo llamaba a emprender la peregrinación de la fe. ¿Qué palabra oímos con más frecuencia en el Evangelio sino ésta?: «Sígueme» (Mateo 8,22). Esa palabra llama a los hombres de hoy, especialmente a los jóvenes, a ponerse en camino por las rutas del Evangelio en dirección a un mundo mejor.”

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