Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

martes, 23 de julio de 2013

José Macedo: El diario de Santa Faustina “brújula” para la devoción (1 de 2)



“La misión de Santa Faustina  Kowalska tiene un fundamento en la Biblia y en los documentos de la Iglesia, y es bien clara la armonía entre sus palabras y las enseñanzas de Juan Pablo II en la encíclica Dives in Misericordia. Hoy, a mi parecer, es difícil hablar de la Divina Misericordia sin hablar de santa Faustina.

Faustina nació en Polonia el 25 de agosto de 1905 y murió el 5 de octubre de 1938, cuando tenía sólo 33 años. Sufrió terribles humillaciones e incomprensiones. Hubo un momento en el que parecía que todo su empeño había sido inútil. Fue cuando la Congregación para el Culto divino, a causa de un malentendido, prohibió la devoción a la Divina Misericordia asì como había sido revelada a sor Faustina. Pero ¿Quién puede ir contra la voluntad de Dios? Durante 19 años fue prohibido el culto, pero Dios inspiró entonces al Cardenal Wojtyla, que se comprometió para que fuese removida la prohibición del culto. Mucho se le debe a Juan Pablo II, y a su encíclica.. El beatificó y canonizó a sor Faustina, sostuvo esta devoción e introdujo la celebración de la fiesta de la Divina Misericordia en toda la Iglesia universal, el primer domingo después de Pascua. Una devoción difundida por todas partes, como Jesús había preanunciado a sor Faustina, diciéndole que, después de un gran golpe de paralización, un día  habría llegado al mundo entero.



Según el diario de santa Faustina la devoción de la Divina Misericordia tiene diferentes manifestaciones. Ante todo la imagen. «Estaba en mi celda, cuando vi al Señor vestido con una túnica resplandeciente. Tenía una mano levantada en acción de bendecir. Con la otra mano, tocaba su túnica blanca sobre el pecho, del que salían dos rayos de luz. Uno de ellos era rojo, y el otro blanco. Después de un momento, Jesús me dijo: pinta un cuadro como el modelo que has visto y escribe debajo: “Jesús, confío en ti. Deseo además que la imagen sea venerada en todo el mundo. A través de esta imagen concederé muchas gracias y prometo que el alma que la venere no será condenada. Prometo la victoria contra los enemigos en esta tierra, pero sobre todo en el momento de la muerte. Yo mismo los protegeré con ni gloria”.

Los dos rayos de luz son características de esta imagen, bien conocida en toda la Iglesia. Nuestro Señor ha explicado su significado: el rayo blanco significa el agua que justifica a las almas, el rayo rojo representa la sangre que es la vida del alma. Ambos rayos indican también los sacramentos y las gracias del Espíritu Santo, cuyo símbolo bíblico es el  agua. Y también la Nueva Alianza de Dios con los hombres a través de la sangre de Jesucristo”.


Padre Josè Macedo, Congregación el Santísimo Redentor , Totus Tuus, Nr3 mayo-junio 2009

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