Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 27 de julio de 2013

José Macedo: El diario de Santa Faustina “brújula” para la devoción (2 de 2)




 “En segundo lugar, el Rosario, una oración enseñada por el mismo Señor a Santa Faustina en Vilna (13-14 septiembre de 1935). Quienes recen ofrecen al Padre el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de Jesucristo en reparación por nuestros pecados y por los del mundo entero. Uniéndose al sacrifico de Jesús quien reza este Rosario se une al amor que el Padre tiene por el Hijo, y en El, por todos los hombres. Estas gracias serán recibidas no solo por quienes recen el Rosario sino también por los agonizantes ante quienes se rece. La fiesta de la Divina Misericordia ocupa así un lugar privilegiado entre las diversas expresiones de devoción reveladas a santa Faustina.
Por primera vez, Nuestro Señor habló de la institución de esta fiesta en 1931, en Plock, cuando quiso que se pintara la imagen. «Quiero una Fiesta de la Divina Misericordia. Quiero que esta imagen sea solemnemente bendecida en el primer domingo después de Pascua, en este domingo tiene que ser la celebración de la Misericordia». La elección del primer domingo después de Pascua tiene un profundo sentido teológico, que muestra la fuerte unión entre el misterio pascual de la redención y el misterio de la Divina Misericordia. Esta unión está también evidenciada en la novena de oración con el Rosario de la Misericordia a partir del viernes Santo. «Deseo que la fiesta de la Divina Misericordia sea un refugio para todas las almas, pero especialmente para los pecadores Las almas se condenan despreciando mi amarga Pasión. Estoy dando mi último recurso, que es la fiesta de mi Misericordia. Si no veneran mi misericordia, perecerán eternamente. En este día las puertas de mi Misericordia están abiertas de par en par». Con el fin de aprovechar estos grandes dones, es necesario satisfacer las condiciones de la Divina Misericordia: la confianza en Dios, la bondad, el amor por el prójimo, estar en gracia de Dios (después de la confesión)  y recibir dignamente la santa Comunión. Hay que recordar también la Hora de la Misericordia. En el mes de octubre de 1937 en Cracovia, Nuestro Señor ordenó la veneración de la hora de su muerte: «Siempre que se sientan dar las tres de la tarde, tenéis que sumergiros en mi misericordia, glorificándola y alabándola, porque en este momentomi misericordia se abre para todas las almas». En fin la práctica de las obras de Misericordia. «Quiero la confianza de mi creatura y las obras de misericordia: acciones, palabras, oración. Tenéis que ser humildes con todas las personas, siempre y en cualquier parte».
Jesús quiere que todos sus ddevotos hagan al día al menos un acto de caridad para con el prójimo.
La devoción de la Divina Misericordia es pues un tesoro donado por Dios para los días llenos de violencia y de confusión en que vivimos. Confiar en la Divina Misericordia es esencial para la paz.
Padre Jose Macedo, Congregación del Santísimo Redentor


Totus Tuus,  Nro3 Mayo-Junio 2009 El Papa de la Misericordia

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