Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

jueves, 18 de julio de 2013

La Divina Misericordia: el Mensaje del bien que vence el mal por Miroslaw Mróz (4 de 4)


En Dives in misericordia el análisis de la misericordia como atributo de Dios se enriquece con la visión de la misericordia como virtud, como actitud de la vida cristiana: la misericordia «corresponde no solo a la más profunda verdad de aquel amor que es Dios, sino también atoda la verdad interior del hombre y del mundo» (DM 13). En esta frase vemos a un Papa preocupado, quizá aterrorizado por el pensamiento de un mundo sin misericordia. Si la misericordia no se transforma en un elemento real de las relaciones y en el modelo del amor renovado del hombre hacia Dios, si no se transforma en fuera creativa qu sostiene la relación con los otros, entonces el mundo en que vivimos podrá ser «solamente un mundo de justicia fría e irrespetuosa» (DM, 14)

Es precisamente aquel amor misericordioso, que se reafirma con el contacto con el mal moral y físico, que indica la dirección de acción en la vida social. Cada cristiano que confiesa la misericordia y es fiel a la misma en su vida, está obligado a referirse a ella en cualquier situación y circunstancia. La misericordia constituye, pues, para el cristiano no sólo un cambio espiritual, sino «todo un estilo de vida, una característica esencial  y permanente de la vocación cristiana» (DM, 14) He aquí, pues, el camino indicado por Cristo edn el sermón de la montaña, en la bienaventuranza de los misericordiosos (Mt, 5,7)

El cristiano, basándose en un similar modelo y aspirando al reino de Dios, purifica continuamente su intención y acción, de modo que la misericordia no sea sólo un proceso unilateral sino que borre las distancias entre quien hace el bien y entre quien lo recibe. Por eso, según Juan Pablo II, «la misericordia auténticamente cristiana es también, en un cierto sentido, la más perfecta encarnación de la “igualdad” entre los hombres y, por lo tanto, también la encarnación más perfecta de la justicia» (ib). En efecto, la causa de la aberración de la justicia moderna está – según el Papa – en la perdida de su conexión con la misericordia. El hombre puede ser verdaderamente justo sólo cuando conoce también la misericordia y cuando, teniendo en consideración al ser humano, su dignidad y vocación, sabe renunciar a las pretensiones que le corresponden en base a las medida y principios de una árida justicia.

Justicia y misericordia coexisten una junto a la otra y la misericordia constituye el indeleble hecho que plasma las relaciones entre las personas según el espíritu de la más profunda fraternidad Por eso mismo, misericordia es una palabra fundamental que la Iglesia actual y el Santo Padre Juan Pablo II pronuncian bien alto.
En Dives in misericordia, Juan Pablo II se revela profeta de nuestros tiempos: defiende no sólo la verdad del perdón sino también y al mismo tiempo sugiere modos de comportamiento para que el hombre sepa administrar el don recibido y ser su testigo y su divulgador.  EL cristiano, seguro de la verdad sobre Dios Padre “lleno de misericordia”, es capaz de ver el misterio de Dios mismo, escondido en él desde el principio, en el que el hombre puede participar en Cristo Redentor. Por eso, siguiendo la dirección trazada por esta verdad, el cristiano se convierte en fermento de una nueva “civilización del amor” en la Iglesia y en el mundo.”


(Totus Tuus Nro 3, mayo-junio 2009, Boletín de la Postulación de la causa de Beatificación y Canonización del Siervo de Dios Juan Pablo II) 

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