Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

viernes, 11 de abril de 2014

Slawomir Oder: Juan Pablo II una “memoria siempre viva”



El postulador de la causa de canonización de Juan Pablo II, Mons. Slawomir Oder habla de la fuerza del «mensaje de la misericordia» del Papa polaco, que desde Roma se ha extendido a los confines del mundo. Escribe  y entrevista Angelo Zema para Roma Sette


«He estado en el extremo norte del Canadá, en el pueblo de Rankin, donde el obispo local le ha entregado una reliquia de Juan Pablo II a una anciana que le había presentado un testimonio de una espiritualidad muy profunda.  Su mensaje realmente llega a los confines del mundo»  Mons. Slawomir Oder, en su oficina en el tercer piso del Palacio Lateranense donde trabaja como Vicario Judicial del Tribunal de Apelación del Vicariato de Roma, cuenta a Roma Sette acerca de uno de sus últimos viajes alrededor del mundo. Como postulador de la causa de canonización de Juan Pablo II, con una tarea que alcanza su culmen el 27 de abril, con la proclamación del Papa Wojtyla santo, se ha convertido en realidad en una especie de testigo itinerante de la fe y del caudal espiritual del pontífice polaco amado en todo el mundo. La fotografía de aquel pedazo de tierra de América del Norte será incluida en un documental polaco que será presentado en la Vigilia de la canonización: un relato de Juan Pablo II a través de las historias de personas sencillas que de alguna manera han estado en contacto con él o han sentido de manera profunda su testimonio, aun sin haberlo conocido jamás. Es el caso de la anciana de Rankin, un pequeño poblado Inuit en la costa nor-occidental de la Bahia de Hudson. También allí, en el Ártico, resuena el mensaje del Papa que ha gritado «Abrid las puertas a Cristo»  y que ha contribuido a atenuar con la fuerza de la Palabra los sistemas políticos que oprimían al hombre detrás de la cortina de hierro. Es esta la fuerza que el postulador – rector de la Iglesia de santa Maria Inmaculada y San Jose Benedetto Labre, donde se custodia una reliquia del Papa Wojtyla – subraya con énfasis. Una fuerza que, a una distancia de nueve años de su muerte no se ha extinguido.

La presencia de Juan Pablo II aún continúa viva?
Si por cierto. Los testimonios son muchísimos: siguen llegando cartas a nuestras oficinas, el peregrinar a la tumba del pontífice es constante,  el enorme movimiento de peregrinos que se está movilizando para participar en la celebración de la canonización….  Pero también los pedidos de la reliquia itinerante que a partir del día de la beatificación está recorriendo las periferias del mundo, para decirlo al estilo Papa Francisco, con el fin de fortalecer la fe.

Una gran devoción entonces.  Pero cuál es la atención primordial que ha notado al contenido del mensaje de Juan Pablo II?
El Papa Francisco es el mejor intérprete de esta realidad: el mensaje de la Divina Misericordia, uno de los pilares del pontificado de Juan Pablo II, el aspecto mariano, el de la vida sacramental. El mensaje de la misericordia esta en el corazón de la gente. Y en el corazón se renueva, como un eco, también aquel grito de «Abrid las puertas a Cristo»: lo he notado en muchas personas que lo han convertido en  lema de sus vidas y que han encontrado fuerza para seguir adelante aún en situaciones particulares.

Hay alguna historia que considera más significativa? 
El documental del cual hablaba me ha permitido entrar en contacto directo, no solo epistolar,  con la gente. Me ha impresionado mucho por ejemplo, la devoción a la Divina Misericordia propagada en el contexto del genocidio de Rwanda: en los años `90: para muchos ha representando un punto de referencia fuerte para sobrevivir, para volver a comenzar. Otra historia se refiere a la vocación de una religiosa de origen birmano, que ha descubierto la llamada orando ante la tumba de Juan Pablo II y le ha sido fiel  no obstante la difícil situación de aquel país: un signo de primavera para aquella Iglesia.

 A medida que se acerca la fecha de la canonización, el pensamiento regresa a los años de trabajo cumplidos para alcanzar esta meta. Cuáles son los recuerdos más significativos?
Estos nueve años, vistos desde la meta alcanzada, me parecen tan solo un instante. Y sin embargo fueron años de trabajo. Recuerdo de manera muy viva todas las diferentes etapas: ante todo la apertura de la fase diocesana, la solemne clausura en San Juan de Letrán, la historia del milagro en Aix-en-Provence, ocurrido aun antes del inicio de la fase diocesana para el reconocimiento de las virtudes heroicas. Recuerdo con emoción cuando abría el sobre en el cual se hablaba de la curación de Sor Marie Simone-Pierre,  las ansias de una respuesta que no llegaba acerca del contacto con la señora Floribeth en Costa Rica: ahora miro todo esto como si fuesen anécdotas, pero han marcado mi vida. Y también, el gozo de la autorización de las virtudes heroicas, por el decreto del primero y después del segundo milagro, por la celebración de la beatificación en la cual he podido ver en los ojos del Papa Benedicto el gozo de la Iglesia y he podido sentir la oración del pueblo de Dios que se alegraba con este santo.  
  
Hay algún testimonio que le haya emocionado mas durante el proceso?
Viajando por el mundo, debo admitir que los mensajeros en muchos casos han sido testimonios preciosos sobre la vida de Juan Pablo II, sobre todo durante los viajes apostólicos.  Impresiona también fuertemente la actitud del Papa hacia el fin de su vida, cuando pasaba toda la noche en oración, y esto nos hace comprender de donde provenía esa extraordinaria fortaleza espiritual que caracterizaba a este hombre ya tan frágil físicamente.

Cuáles fueron los ecos por el mundo después de la beatificación?
Han nacido en todo el mundo grupos de oración inspirados en la espiritualidad de Juan Pablo II. Han surgido familias religiosas inspiradas en él, y algunas vocaciones, como aquella religiosa birmana, florecieron gracias a él. Una iniciativa muy hermosa fue la construcción del monasterio de vida contemplativa Mater Ecclesiae en Lagos, Nigeria, donde los cristianos viven tiempos de prueba y no es fácil convivir con el Islam.  Quiero subrayar además la «peregrinación» de la reliquia de Juan Pablo II, una ocasión importante para la catequesis de su magisterio y para acercarse al sacramento de la reconciliación.

Cual ha sido la relación del Papa Wojtyla con Roma y como percibe el sentimiento de los romanos después de su muerte?
Juan Pablo II fue Obispo de Roma con todo su corazón. Lo confirmaba siempre, con las palabras, con gestos, en toda ocasión, durante sus visitas. Recuerdo el testimonio de algunas personas que compartían la oración del Rosario recitada por el Papa para Roma. En una ocasión a uno de los huéspedes le mostro su casa: «yo sé donde vive usted, conozco mi ciudad, mi diócesis» En Roma fui invitado por muchas parroquias, en mi iglesia ha surgido un grupo de oración, en la ciudad se ha organizado la primera asociación dedicada a él y oficialmente reconocida por el cardenal vicario. Roma se siente muy unida a Juan Pablo II. Recuerdo el encuentro con una señora, una hebrea, que me dijo haber vivido dos veces la muerte de su padre: la segunda fue cuando murió Juan Pablo II. Si, su memoria esta siempre viva.
9 de abril 2014 
(traducido de Roma Sette) 


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