Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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martes, 28 de diciembre de 2010

Navidad 2010 con Juan Pablo II – (9 de 9) Todos debemos buscar a Jesús

Todos debemos buscar a Jesús.
Muchas veces hay que buscarlo porque todavía no se le conoce; otras, porque lo hemos perdido; a veces se le busca para conocerle mejor, para amarlo más y hacerlo amar.
Se puede decir que toda la vida del hombre y toda la historia humana es una gran búsqueda de Jesús.
A veces puede ser obstaculizada por dificultades intelectuales o motivos existenciales al ver tanto dolor y tanto mal a nuestro alrededor y dentro de nosotros; y también por problemas morales al tener que cambiar la mentalidad y el modo de vivir.
No hay que dejarse paralizar por las dificultades, sino que como los pastores de Belén se debe partir con valentía y ponerse a buscarlo.
¡Todos los hombres deben tener el derecho y la libertad de buscar a Jesús! Todos los hombres deben ser respetados en esta búsqueda, cualquiera que sea el punto del camino en que se encuentren. Todos deben tener también la buena voluntad de no vagabundear por aquí y allá sin comprometerse a fondo, y deben dirigirse con decisión hacia Belén. Algunos han narrado la historia y el itinerario de su camino y encuentro con Jesús en libros muy interesantes que merecen la pena leer. Pero la mayoría guarda escondida en la intimidad esta aventura espiritual estupenda. Lo esencial es buscar para encontrar, recordando la frase famosa que el gran filósofo y matemático francés, Blas Pascal, hace decir a Jesús: «No me buscarías ciertamente, si no me hubieras encontrado ya» (B. Pascal, Pensées, 553: Le mystére de Jésus).”

lunes, 27 de diciembre de 2010

Navidad 2010 con Juan Pablo II – (8) La alegría de la Navidad




“Pero, ¿de dónde nace toda esta alegría tan pura, tan dulce, tan misteriosa? Nace del hecho de que Jesús ha venido a esta tierra, de que Dios mismo se ha hecho hombre y ha querido inserirse en nuestra pobre y grande historia humana. Jesús es el don más grande y precioso que ha hecho el Padre a los hombres, y por ello nuestros corazones exultan de gozo.


Bien sabemos que también durante las fiestas navideñas ha habido, y sigue habiendo, lágrimas y amarguras; quizá muchos niños las han pasado con frío, hambre, llanto y soledad... Y sin embargo, a pesar del dolor que a veces penetra en nuestra vida, Navidad es un rayo de luz para todos porque nos revela el amor de Dios y nos hace sentir la presencia de Jesús entre todos, sobre todo entre los que sufren. Precisamente por este motivo Jesús ha querido nacer en la pobreza y el abandono de una gruta, y ser colocado en un pesebre.”


domingo, 26 de diciembre de 2010

Navidad 2010 con Juan Pablo II – (7) San Esteban el “protomártir”


“En el clima alegre de la Navidad, celebramos hoy la fiesta de San Esteban, uno de los primeros diáconos de la Iglesia. También se le suele llamar "protomártir", porque fue el primer discípulo de Cristo que derramó su sangre por él. Fue lapidado por falsas acusaciones, semejantes a las que dirigieron contra Jesús mismo y, como el Maestro, murió perdonando a los que lo mataban.
La Iglesia llama dies natalis al día del martirio. En efecto, la muerte del mártir es un nacimiento para el cielo, en virtud de la muerte y la resurrección de Cristo.
Precisamente por eso es tan significativo celebrar al primer mártir al día siguiente de la Navidad: el mismo Jesús que nació en Belén dio su vida por nosotros, para que también nosotros, habiendo renacido "de lo alto" por la fe y el bautismo, estemos dispuestos a sacrificar la nuestra por amor a nuestros hermanos. Hoy deseo recordar de manera especial a las comunidades cristianas perseguidas, y a todos los fieles que sufren por la fe. Que el Señor les dé la fuerza de la perseverancia y la capacidad de amar incluso a los que les hacen sufrir.
María, Madre y discípula de su Hijo Jesús, acompaña el camino de todo cristiano, desde la pila bautismal hasta la hora de la muerte. Que ella, la Reina de los mártires, nos ayude a ser también nosotros en toda ocasión "mártires", es decir, testigos del amor de Cristo, al que en estos días contemplamos Niño en el pesebre.”
(Ángelus del Papa Juan Pablo II Viernes 26 de diciembre de 2003)

sábado, 25 de diciembre de 2010

Navidad 2010 con Juan Pablo II – (6) ¿Quién es Jesús Niño?

Fra Angelico: Natividad (galeria de Wikipedia)
“¿Quién es Jesús Niño? ¿Quién es ese Niño pequeño, pobre, frágil, nacido en una gruta y colocado en un pesebre? ¡Sabemos que es el Hijo de Dios hecho hombre! «Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1, 14).
La doctrina cristiana nos enseña que la segunda Persona de la Santísima Trinidad, o sea la Inteligencia infinita del Padre (el Verbo), en el seno de María Santísima y por obra del Espíritu Santo, asumió en Sí la «naturaleza humana» tomando un cuerpo y un alma como los nuestros.

Esta es nuestra certeza: sabemos que Jesús es hombre como nosotros, pero al mismo tiempo es el «Verbo encarnado», es la segunda Persona de la Santísima Trinidad hecha hombre; y, por ello, en Jesús la naturaleza humana y, en consecuencia, toda la humanidad, ha sido redimida, salvada, ennoblecida hasta el punto de llegar a ser partícipe de la «vida divina» mediante la gracia.
En Jesús estamos todos: nuestra verdadera nobleza y dignidad tienen su fuente en el acontecimiento grande y sublime de Navidad.
Por ello es espontáneo y lógico el sentimiento de gratitud honda y gozosa hacia Jesús que ha nacido para cada uno de nosotros, por nuestro amor y salvación. Volved a leer y meditad cada una de las páginas del Evangelio de Mateo y Lucas; reflexionad sobre el misterio de Belén para comprender cada vez más el auténtico valor de la Navidad y no permitir que degenere en una fiesta del consumo o sólo exterior.”

viernes, 24 de diciembre de 2010

Feliz y Santa Navidad a todos!

(Fotografía del Niño Jesús del pequeño Karol Wojtyla tomada en su casa-museo en Wadowice)
Feliz y Santa Navidad a todos!

Que el misterio de la Nochebuena
brille en nuestras vidas
todos los dias del año.

Navidad 2010 con Juan Pablo II – (5) Oración para la Noche Santa de Navidad


“Te adoramos, Señor, presente realmente en el Sacramento del altar, Pan vivo que das vida al hombre. Te reconocemos como nuestro único Dios, frágil Niño que estás indefenso en el pesebre. “En la plenitud de los tiempos, te hiciste hombre entre los hombres para unir el fin con el principio, es decir, al hombre con Dios” (cf. S. Ireneo, Adv. haer., IV,20,4).

Naciste en esta Noche, divino Redentor nuestro, y, por nosotros, peregrino por los senderos del tiempo, te hiciste alimento de vida eterna.

¡Acuérdate de nosotros, Hijo eterno de Dios, que te encarnaste en el seno de la Virgen María! Te necesita la humanidad entera, marcada por tantas pruebas y dificultades.

¡Quédate con nosotros, Pan vivo bajado del Cielo para nuestra salvación! ¡Quédate con nosotros para siempre! Amén.”

Navidad 2010 con Juan Pablo II – (4) Maria y los pastores de Belén – maestros de evangelizadores


"Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado" (Lc 2, 15).

“El cántico de los ángeles: "Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace", que se puede traducir también por "los hombres de la benevolencia" (Lc 2, 14), revela a los pastores lo que María había expresado en su Magníficat: el nacimiento de Jesús es el signo del amor misericordioso de Dios, que se manifiesta especialmente hacia los humildes y los pobres.
4. A la invitación del ángel los pastores responden con entusiasmo y prontitud: "Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado" (Lc 2, 15).
Su búsqueda tiene éxito: "Encontraron a María y a José, y al niño" (Lc 2, 16). Como nos recuerda el Concilio, "la Madre de Dios muestra con alegría a los pastores (...) a su Hijo primogénito" (Lumen gentium, 57). Es el acontecimiento decisivo para su vida.
El deseo espontáneo de los pastores de referir "lo que les habían dicho acerca de aquel niño" (Lc 2, 17), después de la admirable experiencia del encuentro con la Madre y su Hijo, sugiere a los evangelizadores de todos los tiempos la importancia, más aún, la necesidad de una profunda relación espiritual con María, que permita conocer mejor a Jesús y convertirse en heraldos jubilosos de su Evangelio de salvación.
Frente a estos acontecimientos extraordinarios, san Lucas nos dice que María "guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón" (Lc 2, 19). Mientras los pastores pasan del miedo a la admiración y a la alabanza, la Virgen, gracias a su fe, mantiene vivo el recuerdo de los acontecimientos relativos a su Hijo y los profundiza con el método de la meditación en su corazón, o sea, en el núcleo más íntimo de su persona. De ese modo, ella sugiere a otra madre, la Iglesia, que privilegie el don y el compromiso de la contemplación y de la reflexión teológica, para poder acoger el misterio de la salvación, comprenderlo más y anunciarlo con mayor impulso a los hombres de todos los tiempos.”

jueves, 23 de diciembre de 2010

Navidad 2010 con Juan Pablo II – (3) Maria educadora del Hijo de Dios



“1. Aunque se realizó por obra del Espíritu Santo y de una Madre Virgen, la generación de Jesús, como la de todos los hombres pasó por las fases de la concepción, la gestación y el parto. Además, la maternidad de María no se limitó exclusivamente al proceso biológico de la generación, sino que, al igual que sucede en el caso de cualquier otra madre, también contribuyó de forma esencial al crecimiento y desarrollo de su hijo.
No sólo es madre la mujer que da a luz un niño, sino también la que lo cría y lo educa; más aún, podemos muy bien decir que la misión de educar es según el plan divino, una prolongación natural de la procreación.
María es Theotokos no sólo porque engendró y dio a luz al Hijo de Dios, sino también porque lo acompañó en su crecimiento humano.
[…]
La misión educativa de María, dirigida a un hijo tan singular, presenta algunas características particulares con respecto al papel que desempeñan las demás madres. Ella garantizó solamente las condiciones favorables para que se pudieran realizar los dinamismos y los valores esenciales del crecimiento, ya presentes en el hijo. Por ejemplo, el hecho de que en Jesús no hubiera pecado exigía de María una orientación siempre positiva, excluyendo intervenciones encaminadas a corregir. Además, aunque fue su madre quien introdujo a Jesús en la cultura y en las tradiciones del pueblo de Israel, será él quien revele, desde el episodio de su pérdida y encuentro en el templo, su plena conciencia de ser el Hijo de Dios, enviado a irradiar la verdad en el mundo, siguiendo exclusivamente la voluntad del Padre. De "maestra" de su Hijo, María se convirtió así en humilde discípula del divino Maestro, engendrado por ella.”

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Navidad 2010 con Juan Pablo II – (2) María, la Theotokos , Madre de Dios, madre de Jesús


En la Audiencia General del miércoles 27 de noviembre de 1996 el Santo Padre Juan Pablo II nos acerca con sus reflexiones a Maria, la Theotokos, Madre de Dios, madre de Jesús.

“1. La contemplación del misterio del nacimiento del Salvador ha impulsado al pueblo cristiano no sólo a dirigirse a la Virgen santísima como a la Madre de Jesús, sino también a reconocerla como Madre de Dios. Esa verdad fue profundizada y percibida, ya desde los primeros siglos de la era cristiana, como parte integrante del patrimonio de la fe de la Iglesia, hasta el punto de que fue proclamada solemnemente en el año 431 por el concilio de Éfeso.
En la primera comunidad cristiana, mientras crece entre los discípulos la conciencia de que Jesús es el Hijo de Dios, resulta cada vez más claro que María es la Theotokos, la Madre de Dios. Se trata de un título que no aparece explícitamente en los textos evangélicos, aunque en ellos se habla de la "Madre de Jesús" y se afirma que él es Dios (Jn 20, 28, cf. 5, 18; 10, 30. 33). Por lo demás, presentan a María como Madre del Emmanuel, que significa Dios con nosotros (cf. Mt 1, 22­23).”

Juan Pablo II nos relata luego testimonios y origen del uso del titulo Theotokos, "Madre de Dios, creado por los primeros cristianos. En el siglo IV, dice el Papa el término Theotokos ya se usa con frecuencia tanto en Oriente como en Occidente. La piedad y la teología se refieren cada vez más a menudo a ese término, que ya había entrado a formar parte del patrimonio de fe de la Iglesia”. “En el siglo V Nestorio puso en duda la legitimidad del título "Madre de Dios", “tesis que fue condenada por el concilio de . Éfeso, en el año 431”.

Luego considera dificultades y objeciones y nos explica que “la expresión Theotokos, literalmente significa "la que ha engendrado a Dios”, "Madre del Verbo encarnado, que es Dios".
[…]
“La expresión "Madre de Dios" – reitera el Papa - nos dirige al Verbo de Dios, que en la Encarnación asumió la humildad de la condición humana para elevar al hombre a la filiación divina”.

Y este Santo Padre que ya a los diez años de su pontificado nos regaló la Carta Apostólica Mulieris Digitatem sobre la dignidad y la vocación de la mujer, y en su Carta a las Mujeres en 1955 decía “El punto de partida de este diálogo ideal no es otro que dar gracias, en esta Audiencia General vuelve a rendir homenaje a la mujer, pero no tan solo rendirle homenaje sino que - en poquisimas palabras - nos llama a una profunda reflexión sobre nuestra gran responsabilidad : “ese título (“Madre de Dios”) a la luz de la sublime dignidad concedida a la Virgen de Nazaret, proclama también la nobleza de la mujer y su altísima vocación.”
Santa Maria, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

martes, 21 de diciembre de 2010

Navidad 2010 con Juan Pablo II (1) - El origen de la “mística gruta” de Belén

Fotografía del blog Un sacerdote en Tierra Santa que invito visitar


Continuando con las peregrinaciones espirituales que durante el Año Mariano 1987/88 realizaba el Venerable Juan Pablo II, en el Ángelus del 20 de diciembre el Papa visitaba Belén, el santuario de la Natividad, y les contaba a los peregrinos y a quienes le escuchaban como había nacido esa “mística gruta”, en la “tierra donde nació Jesús, Príncipe de la Paz y del Amor”

“Desde que los pastores hicieron la primera visita a María Santísima, al Salvador recién nacido y a San José y "les contaron lo que les habían dicho de aquel niño" (Lc 2, 17), esa "mística gruta", como la llamaban los fieles de las primeras generaciones, fue considerada un santuario, celebrado por cristianos y no cristianos. Aún después que el emperador Adriano, en el año 135, la hizo recubrir con tierra de relleno, ordenando que se plantara allí un bosque en honor de una divinidad pagana, la gruta no quedó en el olvido y siguió visitándose devotamente; de modo que, cuando el emperador Constantino ordenó en el año 325 los trabajos de demolición para la construcción de la basílica, ésta fue hallada casi intacta.
El centro ideal de la maravillosa basílica de la Natividad, la única superviviente de las tres que hizo construir ese emperador, es la cripta, formada por la sagrada gruta, donde la Bienaventurada Virgen "dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre" (Lc 2, 7). Al visitar la basílica, se puede bajar a la gruta y admirar el ábside que recubre como una concha el altar de la Natividad; pero sobre todo, se puede rezar ante la lápida de mármol que hay debajo, donde está incrustada una estrella, alrededor de la cual se lee una inscripción en latín: "Hic de Vergine Maria Iesus Christus natus est".
2. Este santuario está vinculado de modo especial a la Bienaventurada Virgen María. Allí, no sólo el pueblo cristiano sino también personalidades ilustres de otras religiones han expresado su respeto y devoción por la Madre de Jesús, quien precisamente en este bendito lugar, que San Jerónimo llama "augustissimum orbis locum" (Epist. 58) dio a luz al Salvador del mundo.
3. ¡Sí! El santuario de Belén nos recuerda a la Theotokos; nos hace venerar a la alma Redemptoris Mater, que en este Año Mariano brilla ante nuestros ojos con luz más espléndida. La contemplamos absorta ante su Hijo, el Niño divino, que tomó carne de su seno purísimo. Pero la contemplamos también solícita para con todos nosotros, hermanos adoptivos de su Primogénito. La maternidad de María nos hace descubrir el sentido y el valor de ser sus hijos espirituales. Pero el serlo nos compromete a parecernos a Ella, a cambiar la forma de pensar y de amar; y a ver en los hombres a sus hijos y a nuestros hermanos, y a acoger en nuestro corazón al Verbo Encarnado.”