Llamados a ser santos

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“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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martes, 18 de agosto de 2026

El Concilio Vaticano II: Acontecimiento y Teología. Aproximación desde los Diarios de M.-D. Chenu, Y. M.-J. Congar y H. De Lubac (2 de 2)


 Basta citar las Acta Synodalia Concilii Oecumenici Vaticani II  que recogen todas las intervenciones y debates del aula conciliar, y que han ayudado en gran medida para que empezara a escribirse la “historia del Concilio Vaticano II”.

(Mencionamos especialmente G. ALBERIGO (dir.), Historia del Concilio Vaticano II (5 vols), Salamanca, Sígueme / Peeters, 1999 – 2008)

 Sin embargo –como ha hecho notar el historiador de la Universidad de Lovaina– Roger Aubert:

“Las fuentes oficiales no bastan para escribir la historia de un concilio: muchos aspectos importantes y a veces directamente decisivos acontecen detrás del bastidor, no solo de la asamblea, sino también de las comisiones. Sobre estos hechos los archivos oficiales callan, pero de ellos se encuentran ecos, a veces incluso muy precisos, en las cartas, diarios, apuntes personales.  En efecto, son numerosos los obispos y teólogos que han redactado sus notas cotidianas sobre el Concilio, y que ya han sido utilizadas como fuentes históricas”.( R. AUBERT, “Come vedo il Vaticano II”, Rassegna di Teologia 36 (1995) 134s)

En las páginas que siguen me propongo una aproximación al acontecimiento y teología del Concilio a través de aquellos que con justa razón -puede decirse- han “hecho la teología del Concilio”. Porque si bien es cierto que según la fórmula propuesta en Calcedonia Concilium episcoporum est (Cf. CALCEDONIA (451), en Concilium Oecumenicorum Decreta, Istituto per le Scienze religiose, Bologna, Dehoniane, 1996, 83,) y que los teólogos no son la Iglesia docente, no por ello puede negarse su labor necesaria como influyente. La elección que hago de los testigos obedece a una intención profunda y es mostrar cómo, el teologizar del Concilio se debe a una preparación de años de labor teológica gestada en el seno, o acaso en la periferia de la Iglesia. Los nombres de Chenu, Congar, y Lubac son representativos de aquella dramática tensión vivida en determinados ámbitos de la teología católica a partir de los años 30.9 Todos ellos estuvieron comprometidos en los movimientos de renovación eclesial que prepararon el Vaticano II, pero fueron sospechados en su momento, teniendo que padecer incomprensión, difamación y silencio. La convocatoria que el papa Juan XXIII les hizo para que prestaran su servicio como peritos, no sólo significó una reivindicación de sus personas sino también un reconocimiento de la catolicidad de su teología. Sus Diarios10 son un testimonio vivo de su pasión y amor por la Iglesia; con marcado realismo dan prueba de que el Concilio fue una verdadera primavera del Espíritu, Quien en todo momento asistió a la asamblea de los Padres y al trabajo de los teólogos; pero muestran también el carácter histórico de la fe, descubriendo el lado humano de la asamblea, como un componente para nada marginal, a través del cual el Espíritu realizó su obra de renovación.

En el artículo me centro en el Concilio observándolo en su acontecimiento histórico y en la teología desplegada en él. El punto de observación al cual me ciño son los Diarios, de los que presento sus características literarias como fuentes para el estudio de la teología conciliar (1); a partir de ellos, intento descubrir la tarea desplegada por los teólogos durante el Concilio (2). Me detengo en la mirada reflexiva que han tenido de la “apertura del Concilio”, en particular sobre el discurso inaugural de Juan XXIII (3). En cuanto a la teología y al teologizar del Concilio, realizo una rápida semblanza del modo en que se trabajaron los esquemas mostrando desde el registro de los teólogos los diversos aportes de los padres conciliares, así como el servicio de los teólogos al debate de los esquemas (4). Finalmente señalo un ejemplo concreto de interacción entre teólogos y obispos, o sea entre teología y magisterio (5).

 

1.Los Diarios de los teólogos: una tipología

2. El rol de los teólogos en el Concilio: en búsqueda de un “pluralismo teológico”

3. La “apertura”: teología de Juan XXIII y el enfoque del Concilio

4. El debate sobre los schemata: tensiones y anhelos en búsqueda de claridad

5. M.-D.Chenu y su “idea” de un Mensaje del Concilio al mundo

 Conclusión

El Concilio concluyó oficialmente su última sesión pública el 7 de octubre de 1965; los Diarios se detienen en hechos diversos: mientras de Lubac destaca el “sustancioso y conmovedor discurso” de Pablo VI,82 Congar dice “sentirse exhausto” y confiesa “no haber deseado ir a la asamblea pública, si no fuese porque iba a darse el final de las excomuniones recíprocas entre Roma y Constantinopla”.83 El teólogo dominico que tanto había padecido por su Chrétiens désunis (1937), pudo experimentar durante el Concilio “cómo el sufrimiento transformado por el amor, genera comunión”;84 de este modo, veía cumplirse algo de su anhelo profético, y señalaba que antes de salir para San Pedro, dejaba terminado su artículo sobre las notas de la Iglesia para la edición de Mysterium salutis, 85 que marcaría un nueva etapa en su producción teológica.86 Aquella tarde del 7 de diciembre, Pablo VI se reunía con los “expertos” y expresaba de manera “conmovida” que la colaboración entre obispos y teólogos que había florecido en el Concilio no era más que un comienzo; y que era su voluntad que siguiera a nivel de las Conferencias Episcopales y las diócesis.87 En efecto, en cada siglo la teología católica se ha visto profundamente moldeada por las enseñanzas previas del magisterio. Concilios como los de Nicea, Calcedonia, Trento y el Vaticano I han dado origen a distintas eras en la historia de la teología. En este sentido, la teología católica del siglo XX dependió fuertemente de las encíclicas de los papas y, desde 1962, también de las enseñanzas del Concilio Vaticano II. Puede decirse que, sin las directivas del magisterio vivo, la teología católica carecería de una guía adecuada. Pero no menos evidente es, sin embargo, la dependencia del magisterio respecto de la teología. Todo gran concilio ha recurrido ampliamente a los teólogos. ¿Qué aspecto tendrían los documentos de Trento si no hubiese estado el trabajo de teólogos papales como Laínez, Salmerón y Pedro Canisio? ¿Y qué habría sido capaz de decir el Vaticano I sin los textos preparatorios redactados por Schrader, Kleutgen y Franzelin? Igualmente ¿cómo hubiese cumplido su tarea el Vaticano II en ausencia de teólogos como Congar, de Lubac, Chenu, Philips, Rahner, Ratzinger y tantos otros? El Concilio fue antes que nada un acontecimiento del Espíritu Santo en su Iglesia y para el mundo, creó el espacio espiritual para que pudiera re-descubrirse la noción de comunión –palabra que vendría a caracterizar de aquí en adelante a la eclesiología–.

Tanto el hecho del Concilio, como la teología que lo interpretó, han sido un don de Dios a la par que un desafío en la tarea evangelizadora que la Iglesia debe llevar adelante en las futuras generaciones.

 MAUTI,Ricardo Miguel, El Concilio Vaticano II : acontecimiento y teología [en línea].Teología, 110 (2013) 

El Concilio Vaticano II: Acontecimiento y Teología. Aproximación desde los Diarios de M.-D. Chenu, Y. M.-J. Congar y H. De Lubac (1 de 2)


 (El articulo fue publicado en la Revista  Teología • Tomo L • Nº 110 • Abril 2013 Este documento está disponible en la Biblioteca Digital de la Universidad Católica Argentina, repositorio institucional desarrollado por la Biblioteca Central “San Benito Abad”. Su objetivo es difundir y preservar la producción intelectual de la Institución. La Biblioteca posee la autorización del autor para su divulgación en línea.)

Transcribo aqui una parte e invito leer el apasionante artículo completo que consta de 29 paginas en pdf.

El Concilio Vaticano II ha sido el acontecimiento eclesial más importante del siglo XX, punto de llegada de un esfuerzo de renovación que se fue gestando en el seno de la Iglesia, y que tuvo en los movimientos bíblico, litúrgico y ecuménico su expresión más acabada. La teología que ‘hizo’ el Concilio desempeñó un papel primordial; los teólogos más representativos “paradójicamente” en otro tiempo marginados, llevaron adelante una tarea ejemplar asistiendo a los Padres conciliares. De sus Diarios redactados durante aquellos años, el ‘acontecimiento’ conciliar surge con una nueva luz, la cual permite una nueva recepción del Concilio a la par que una revalorización de su teología. El autor del artículo analiza los Diarios de tres teólogos: M. -D. Chenu, Y. M.-J. Congar y H. de Lubac, mostrando la importancia que este tipo de escritos tienen no solo como fuentes para la historia del Concilio, sino también como testimonio del “giro” decisivo operado por la teología en el siglo XX.

 

Pocos meses después de finalizado el gran Jubileo del 2000, Juan Pablo II comenzaba a recoger sus frutos, exponiéndolos en su carta apostólica Novo Millennio Ineunte. Desde una “memoria reflexiva” sobre lo vivido, recuerda que la idea del Jubileo había estado presente en él desde el “inicio de su pontificado” (NMI 2), y que aquella convocatoria que sentía como “providencial”, tendría su celebración “treinta y cinco años después del Concilio Ecuménico Vaticano II”; éste “había invitado a toda la Iglesia a interrogarse sobre su renovación para asumir con nuevo ímpetu su misión evangelizadora”

 (El lugar determinante que ocupa el Concilio en la biografía de Juan Pablo II ha sido destacado por su secretario; puede verse: S. DZIWISZ, Una Vida con Karol. Conversación con Gian Franco Svidercorschi, Madrid, Esfera, 2007, 23-27)

En el penúltimo punto del documento, casi como un proemio de su famosa conclusión que tituló ¡Duc in altum!, el papa señalaba el valor religioso del Concilio, concibiéndolo como la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX (NMI 57); “con el Concilio –decía– se le ofrecía a la Iglesia una brújula segura en el siglo que comenzaba”. Ya han pasado doce años desde que la Iglesia, atravesando la puerta santa, ha celebrado el gozo de una fe reconciliada poniéndose en camino del tercer milenio; aquella brújula que sigue guiándola, señala ahora que nos separa medio siglo de aquel magno evento, quizá el que más ha influido sobre la Iglesia en la época contemporánea.

(Es significativo el testimonio de Lucio Gera: “Si en este año 2000, después de haber vivido la mayor parte de mi vida durante el siglo XX, se me preguntara cuáles han sido los acontecimientos históricos que más me han impactado e influido, no dudaría en nombrar en primer lugar, al Concilio Vaticano II”; V. R. AZCUY; J. C. CAAMAÑO; C. M. GALLI (Comité Teológico Editorial), Escritos Teológicos-Pastorales de Lucio Gera 2. De la Conferencia de Puebla a nuestros días (1982-2007), Buenos Aires, Ágape-UCA, 2007, 787.)

  En efecto, el Concilio ha entrado en la historia; muchos de sus actores que lo vivieron como un acontecimiento asombroso y apasionante ya han desaparecido. Entre tanto, para las nuevas generaciones los textos conciliares resultan muchas veces extraños, y muchos, apenas si los conocen. Se hace pues necesario un renovado ejercicio de memoria –suscitado por el reto permanente de conocer a fondo el Concilio– que permita una “nueva recepción” del mismo.

(Como introducción al ‘acontecimiento conciliar’, las grandes líneas teológicas de sus mayores documentos, su ‘recepción’ e influjo en la teología y el magisterio actual, pueden verse varias ponencias en: SOCIEDAD ARGENTINA DE TEOLOGÍA (SAT), A Cuarenta Años del Concilio Vaticano II. Recepción y actualidad, Buenos Aires, San Benito, 2006)

En este sentido, puede decirse que la recepción del Vaticano II ha pasado por varias fases; desde una fase inicial de expectativa excesiva signada por la euforia, se dio lugar al desencanto, abonado tal vez por expectativas no satisfechas; ahora nos encontramos en la fase de una nueva acogida, que reclamará para ello una interpretación y realización auténticas e íntegras del Concilio y de su tarea de renovación.

 (Cf. BENEDICTO XVI, “Discurso a los Cardenales, Arzobispos, Obispos y prelados superiores de la Curia romana”, L’Osservatore Romano, 2005 (52), 11-12; W. KASPER, “El Desafío permanente del Vaticano II. Hermenéutica de las aseveraciones del Concilio”, en: Teología e Iglesia, Barcelona, Herder, 1989, 405)

Junto a la enorme riqueza doctrinal desplegada en los dieciséis documentos promulgados por la asamblea conciliar, la Iglesia posee hoy, un marco interpretativo más amplio que en las pasadas décadas. No solo porque la doctrina ha cristalizado en el pensamiento y vida de las comunidades cristianas, sino porque también han visto la luz innumerables fuentes hasta hace poco desconocidas.

(Cf. G. ALBERIGO, “Las fuentes sobre el Concilio Vaticano II”, en ID (dir.), Historia del Concilio Vaticano II, V, Salamanca Sígueme / Peeters 2008, 571-577; M. FAGGIOLI; G. TURBANTI, Il Concilio Inedito. Fonti del Vaticano II, Bologna, Il Mulino, 2001, 7-34.)

 MAUTI, Ricardo Miguel, El Concilio Vaticano II :acontecimiento y teología [en línea]. Teología, 110 (2013) 


jueves, 19 de junio de 2025

Karol Wojtyla y el Concilio Vaticano II – Remembranza y actualización – Santiago Madrigal SJ (4 de 4)

 


(…)  - pagina 15 de la presentación-144 en la Revista de Teología citada al final.

 d) Conclusión: para una mistagogía o iniciación al Concilio La figura de K. Wojtyla es altamente representativa no sólo por su condición de actor y protagonista del Vaticano II que accede al solio pontificio, sino también por el hecho extraordinario de hallarnos ante el caso de un padre conciliar que redactó una reflexión sistemática sobre el Concilio con el título de La renovación en sus fuentes. Sobre la aplicación del Concilio Vaticano II. Con este estudio, —escribe en la última página—, el autor “desea pagar su deuda contraída con el Concilio Vaticano II”.31 Ese ensayo, pensado para servir de guía a los trabajos del Sínodo de Cracovia, tiene el hálito de un documento de iniciación y de introducción a la doctrina y al mensaje conciliar, es decir, de mistagogía para la participación en el misterio del Vaticano II. Además, el autor ha hecho notar que el libro sale de la pluma de un pastor, de un obispo del Concilio, que escribe como maestro de la fe, no desde la especialización del teólogo.32 La tesis fundamental de este ensayo puede ser expresada en estos términos: “El Concilio trajo consigo un gran enriquecimiento de la fe, tanto en el sentido objetivo como existencial. En el sentido objetivo, porque la verdad revelada encontró en su enseñanza la expresión más plena y madura. En el sentido existencial, porque creó condiciones para vivir la fe con más profundidad y madurez, para aquellas actitudes espirituales que corresponden mejor al hombre contemporáneo y especialmente al cristiano de hoy”.33 La renovación buscada por el Concilio ha sido de manera eminente un enriquecimiento de la fe, conforme a ese pasaje de la constitución sobre la revelación que afirma: “La Iglesia camina a través de los siglos hacia la plenitud de la Verdad, hasta que se cumplan en ella plenamente las palabras de Dios” (DV 8). Desde esta noción de enriquecimiento de la fe se explica el alcance del Concilio pastoral querido por Juan XXIII y por Pablo VI, porque “un concilio «puramente» doctrinal habría concentrado preferentemente su atención en precisar el significado de las propias verdades de fe, mientras que un concilio pastoral, sobre la base de las verdades que proclama, recuerda o esclarece, se propone ante todo brindar un estilo de vida a los cristianos, a su modo de pensar y de actuar”.34 Por ello, el Concilio intentó sobre todo dar una respuesta a estos interrogantes: “qué significa ser creyente, ser católico, ser miembro de la Iglesia”. “Estas preguntas de carácter existencial —nos indica más adelante— estaban implícitas en el problema central que el Concilio se planteó y que ha formulado en su interrogación inicial: «Iglesia, qué dices de ti misma»”.35 Por lo demás, la mutua implicación de esas cuestiones ha determinado la orientación pastoral del Concilio Vaticano II. Por su parte, la teología tiene ante sí la tarea de seguir analizando las opciones doctrinales del concilio pastoral: Escritura y Tradición, la pertenencia común a Cristo y a la Iglesia por el bautismo, el valor de las religiones no cristianas, la libertad religiosa, la persona humana y su dignidad, la Iglesia y el mundo. El Vaticano II comporta un “enriquecimiento de la fe”, que Wojtyla ponía en conexión con un concepto existencial de la fe, que incluye tanto un “estado de conciencia” como una “actitud creyente”. Lo primero se concreta en la “formación de la conciencia” por relación a los grandes temas de la verdad revelada, al hilo del armazón estructural que ofrece el Credo: creación, trinidad salvadora, redención del hombre en Cristo y por la Iglesia, el pueblo de Dios peregrino hacia la consumación escatológica. Lo segundo atiende a “la formación de actitudes”. Son seis las actitudes que habría que inculcar en el espíritu de los creyentes: misión y testimonio, participación, identidad y responsabilidad, actitud ecuménica, actitud apostólica y construcción de la Iglesia como comunidad. El sentido misionero, la responsabilidad cristiana y la actitud apostólica y ecuménica pueden ser compendiadas en torno a esa actitud de la participación. La actitud de la participación guarda profunda relación con la afirmación conciliar: el Vaticano II ha ligado la misión salvífica a la triple potestad de Cristo, sacerdote, profeta y rey, “uno de los filones centrales de la doctrina conciliar sobre el pueblo de Dios”.

 

 Y Wojtyla pasaba a explicitar cómo el cristiano participa en el triple munus (oficio) de Cristo: munus sacerdotale, munus propheticum, munus regale, que forma parte de la definición del laicado (cf. LG IV, 31) y constituye asimismo el contenido del testimonio cristiano. A todo ello nos inicia el bautismo, generando esa actitud por la cual el ser humano se pone a sí mismo y al mundo en manos de Dios. El Vaticano II ha puesto la participación en la misión profética de Cristo y del testimonio cristiano al lado de la participación en el sacer docio de Cristo (cf. LG II, 12). El enriquecimiento de la fe que propicia el Concilio aparece con especial densidad en este momento, al hablar del “sentido de la fe”, que suscita el Espíritu de la verdad, para “acoger no la palabra de los hombres, sino, como es en realidad, la palabra de Dios” (1 Tes 2, 13). El cristiano que, imitando a Cristo, es capaz de vencerse a sí mismo y dominar al pecado, participa en ese señorío de Cristo y colabora a la realización de su reino. Es la realeza que se ejerce como servicio (cf. LG IV, 36). Esta idea sustenta buena parte de la reflexiones sobre el apostolado seglar y su compromiso en el mundo: “Siguiendo el ejemplo de Cristo, quien ejerció su trabajo de artesano, alégrense los cristianos de poder ejercer todas sus actividades temporales haciendo una síntesis vital del esfuerzo humano, familiar, profesional, científico o técnico, con los valores religiosos, bajo cuya altísima jerarquía todo coopera a la gloria de Dios” (GS 43). Sirvan estas pinceladas para ilustrar esa tarea pendiente de brindar a las nuevas generaciones de cristianos una mistagogía o iniciación al misterio del Vaticano II. Enlaza esta tarea con una idea muy acendrada en la valoración que K. Rahner hiciera del Concilio como comienzo y como impulso37: “Un Concilio es con todo lo que decide y enseña solo un comienzo y un servicio. El Concilio puede dar indicaciones y expresar verdades doctrinalmente. Y por eso es solo un comienzo. Porque después todo depende de que esas indicaciones y esas verdades arraiguen en el corazón creyente y produzcan en él espíritu y vida. Esto no depende del Concilio mismo, sino de la gracia de Dios y de todas las personas de la Iglesia y de su buena voluntad. Y por eso el concilio es solo un comienzo”.

Fuente: UCA donde se puede leer la presentación completa (34 paginas)  presentada en un Congreso en la UCA  bajo el titulo: El concilio Vaticano II: remembranza y actualización

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Revista Teología • Tomo LII • Nº 117 • Agosto 2015 Este documento está disponible en la Biblioteca Digital de la Universidad Católica Argentina, repositorio institucional desarrollado por la Biblioteca Central “San Benito Abad”. Su objetivo es difundir y preservar la producción intelectual de la Institución. La Biblioteca posee la autorización del autor para su divulgación en línea. Cómo citar el documento: MADRIGAL, Santiago, El concilio Vaticano II : remembranza y actualización [en línea]. Teología, 117 (2015).

 Nota: En este enlace de la Santa Sede se puede acceder a todos los documentos del Concilio Vaticano II  

Karol Wojtyla y el Concilio Vaticano II – Remembranza y actualización – Santiago Madrigal SJ (3 de 4)

 


(…)  - pagina 13 de la presentación-142 en la Revista de Teología citada al final.

 

 c) El ecumenismo y la Ecclesia ad extra: los tres círculos de diálogo En su origen el esquema sobre el ecumenismo integraba dos capítulos sobre la libertad religiosa y otro sobre la actitud de la Iglesia hacia los judíos. De ahí surgieron dos documentos independientes: la declaración sobre la libertad religiosa (Dignitatis humanae) y la declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas (Nostraaetate). Al ordenar los documentos conciliares en la perspectiva de la Ecclesia ad extra parece oportuno comenzar por el decreto sobre el ecumenismo (Unitatisredintegratio), que atiende a los hermanos separados de Oriente y de Occidente, de modo que el documento sobre las Iglesias orientales católicas (OrientaliumEcclesiarum), que se mueve propiamente en el ámbito de la renovación ad intra, puede servir de puente. La constitución sobre la revelación (Dei Verbum), que trata cuestiones fundamentales que afectan a las relaciones con los hermanos separados de Occidente, guarda una estrecha relación con el ecumenismo.28 A la hora de sistematizar los documentos conciliares Ecclesia ad extra, Wojtyla echaba mano de los tres círculos de diálogo propuestos por Pablo VI en su encíclica Ecclesiam suam: el diálogo con los otros cristianos, el diálogo con los seguidores de las otras religiones, el diálogo con los no creyentes y los defensores del ateísmo. A lo largo de su desarrollo el Concilio fue adquiriendo una conciencia cada vez más intensa de su misión ad extra y de la posibilidad y alcance del diálogo, una conciencia que emanaba en realidad de la misma constitución dogmática sobre la Iglesia. Todas estas expectativas de diálogo cuajaron no solo en el decreto sobre el ecumenismo, sino también en la constitución “pastoral”, sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo. Así las cosas, el primer círculo lo componen Unitatis redintegratio y Dei Verbum, en el segundo círculo se sitúa Nostra aetate; el tercer círculo lo ocupa Gaudium etspes. “El documento que vincula, de algún modo, los tres círculos es la declaración sobre la libertad religiosa Dignitiatis humanae”.29 En esta lectura de conjunto de la doctrina conciliar Wojtyla da un paso más para afirmar que la declaración sobre la libertad religiosa ocupa un lugar singular a la hora de establecer la correlación y la complementariedad entre la Ecclesia ad intra y la Ecclesia ad extra, entre “co nciencia de la Iglesia – diálogo”. Por eso, apela a sus palabras iniciales: “Los hombres de nuestro tiempo se hacen cada vez más conscientes de la dignidad de la persona humana, y aumenta el número de aquellos que exigen que los hombres en su actuación gocen y usen del propio criterio y libertad responsables, guiados por la conciencia del deber y no movidos por la coacción” (DH 1). El texto resalta la centralidad de la persona humana, como lo que está más dentro de la Iglesia en su relación con Dios, de manera que la declaración Dignitatis humanae es tanto plataforma de diálogo como fuente de autoconocimiento de la Iglesia; por ello esta declaración puede ser considerada “como una especie de praeambulum a la constitución dogmática sobre la Iglesia”, que descubre al pueblo de Dios en la realidad divina de la Iglesia, comunidad de vida en el Espíritu, principio de verdad y de libertad; por su parte, la constitución pastoral muestra a la Iglesia a través del mundo y en la responsabilidad que tiene contraída respecto a la dignidad de la persona humana.30 De esta manera quedamos ante la condición escatológica de la Iglesia desarrollada en el capítulo séptimo de la constitución dogmática sobre la Iglesia, que concluye en un último capítulo sobre la participación singular que la Virgen María tiene en el misterio de Cristo y de la Iglesia. Por consiguiente, podemos iniciar una lectura de los documentos del Vaticano II, bien empezando por los documentos ad intra, aunque también se puede comenzar por los documentos orientados ad extra, es decir, a partir de la declaración sobre la libertad religiosa y de la constitución pastoral que nos devolverán a la constitución dogmática sobre la Iglesia y su autoconciencia.

Nota: En este enlace de la Santa Sede se puede acceder a  todos los documentos del Concilio Vaticano II


Karol Wojtyla y el Concilio Vaticano II – Remembranza y actualización – Santiago Madrigal SJ (2 de 4)





 (…)  - pagina 12 de la presentación-141 e la Revista de Teología citada al final.

b) La Constitución Lumen gentium, Ecclesia ad intra, y el principio de renovación Partimos de la consideración Ecclesia ad intra, si bien, como hemos de ver, este aspecto no se puede separar de la Ecclesia ad extra, ya que ambas dimensiones son en la mente del Concilio correlativas y complementarias. Ahora bien, la constitución sobre la Iglesia Lumen gentium es considerada como el documento principal, de modo que puede decirse, desde su contenido y del orden de sus capítulos, que “todos los documentos que forman el programa íntegro de la renovación (renovatio) se sitúan en torno a la constitución sobre la Iglesia, en torno a su contenido doctrinal”.24 Esta renovación que brota de la realidad misma de la Iglesia concierne a obispos, sacerdotes, religiosos y seglares. A partir de la constitución sobre la Iglesia se establecen una serie de relaciones decisivas: en primer lugar, con la constitución sobre la liturgia, Sacrosanctum Concilium, que pone de manifiesto la realidad de la Iglesia-misterio y la Iglesia-pueblo de Dios, con su sacerdocio universal y su sacerdocio ministerial o jerárquico. En segundo lugar, el decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia, Ad gentes, enlaza con el comienzo de la constitución sobre la Iglesia, que empieza hablando de las misiones divinas y pone a toda la Iglesia en estado de misión, “hacia fuera”, pero precisamente “desde dentro”, desde su vitalidad interior: la acción misionera brota de la Iglesia-misterio, y se convierte en tarea de todo el pueblo de Dios, pastores, laicos y religiosos. La misión histórica de la Iglesia pone a la constitución sobre la Iglesia en conexión con el decreto sobre los medios de comunicación social, Inter mirifica. El capítulo III de la constitución Lumen gentium guarda relación con el decreto sobre el oficio pastoral de los obispos, Christus Dominus, que contiene las aplicaciones prácticas de la doctrina de la colegialidad. Este mismo capítulo introduce la realidad de los diáconos y de los presbíteros. Además, tanto el decreto sobre la formación sacerdotal, Optatam totius, como el dedicado al ministerio y vida de los presbíteros, Presbyterorum ordinis, guardan un vínculo orgánico con este capítulo de la constitución sobre la Iglesia. El capítulo IV, que está dedicado al laicado, establece la base doctrinal para el decreto Apostolicam actuositatem, sobre el apostolado seglar. Este documento guarda una cierta afinidad con la declaración sobre la educación cristiana, Gravissimum educationis. Finalmente, el capítulo sexto, dedicado a los religiosos, mantiene una estrecha relación con el decreto Perfectaecaritatis, que exhibe la fórmula clave de la renovación (accommodata renovatio), aggiornamento, puesta al día25. Y apostilla: “La renovación es, pues, un entendimiento nuevo, una nueva visión de la eterna verdad revelada. Ante todo la renovación es teología porque ella instituye una nueva madurez de la lectura del Evangelio y de su mensaje”.26 El término «renovación» tiene un doble sentido: las transformaciones de lo antiguo a lo nuevo o la iniciativa de un comienzo de algo que aparentemente no tiene pasado, como si se tratara del descubrimiento de un tesoro. Wojtyla enumeraba varios ejemplos de esta renovación y en este doble sentido de la palabra: “La enseñanza sobre la participación de todo el pueblo de Dios en la misión sacerdotal, profética y regia de Cristo, las enseñanzas sobre la colegialidad, sobre la Iglesia in statu missionis”.27 Estas observaciones son importantes para iluminar el significado de su libro La renovación en sus fuentes, del que nos ocuparemos enseguida. En la terminología conciliar el sustantivo “renovación” va acompañado del adjetivo “acomodada”, es decir, se ajusta al grado de conciencia alcanzado por la Iglesia gracias al Concilio. Pero esta renovación ad intra es inseparable de una acomodación ad extra, que abre la puerta a la consideración de otros documentos conciliares, empezando por el decreto sobre el ecumenismo y siguiendo por la definición de la actitud de la Iglesia hacia el mundo contemporáneo.

 Nota: En este enlace de la Santa Sede se puede acceder a  todos los documentos del Concilio Vaticano II

Karol Wojtyla y el Concilio Vaticano II – Remembranza y actualización – Santiago Madrigal SJ (1 de 4)

 


(…)  - pagina 10 de la presentación- pág 138 en la Revista de Teología citada al final.

Desde la clausura del Vaticano II, Karol Wojtyla se esforzó denodadamente por la puesta en práctica del Concilio en su patria. Disponemos en lengua castellana de una recopilación de escritos redactados entre 1965 y 1977, en los que ha repasado la historia y la doctrina conciliar con la intención de dar a conocer el Vaticano II. En un trabajo de 1967, titulado “la síntesis del pensamiento conciliar”, quiso recapitular los logros del Vaticano II manifestados en sus 16 documentos, partiendo de este principio hermenéutico: “El Concilio ha sido un acontecimiento histórico cuyo esse y prodesse no se limita a las constituciones, declaraciones y decretos, aunque estos constituyen indudablemente una objetivación de su pensamiento y acción”.18 Al concilio como acontecimiento se le concede gran importancia; sin embargo, no hay otro modo de acercarse al significado del Vaticano II que adentrándose en sus contenidos.

a) La clave sustancial: Iglesia ad intra – ad extra A la hora de sintetizar los documentos no basta la mera secuencia cronológica de su promulgación, ya que cada uno de ellos hizo un itinerario complejo que, por ejemplo, en el caso de la constitución sobre la revelación, se extendió durante las cuatro etapas. El orden cronológico de promulgación de los documentos depende en último término del modo de proceder colegial del Concilio.20 Ello reclama en cada caso un estudio específico de la gestación de los textos. Ahora bien, lo que el entonces arzobispo de Cracovia buscaba era una clave sustancial que ordenara los documentos, es decir, que permitiera percibir la relación más profunda entre ellos. Y sugería este hilo directriz: “La clave para la clasificación de los documentos conciliares podría ser la diferenciación formulada durante el primer período y, por primera vez quizá, por el cardenal L. J. Suenens. Así pues, la principal misión del Concilio consiste, primero, en contestar a la pregunta Ecclesia, quid dicis de te ipsa; y segundo, en responder a toda una serie de interrogantes que se plantea la humanidad actualmente, y que, al preguntarse a sí misma, proyecta también sobre la Iglesia. El Concilio ha de ser eclesiológico pero no en un sentido estrecho y cerrado de la palabra, sino en un aspecto amplio y abierto a todos los asuntos del mundo contemporáneo”.21 Pablo VI, en su primera encíclica Ecclesiam suam, también había recogido este propósito del Concilio expresado en la fórmula Ecclesia ad intra – Ecclesia ad extra, que él retradujo al binomio conciencia de la Iglesia – diálogo. El primer binomio ayudó a perfilar el pensamiento conciliar y, una vez concluido el Concilio, sigue ofreciendo un hilo directriz de ese pensamiento integral. Por su parte, el Papa Montini, “gracias a su magistral pareja de conceptos conciencia de la Iglesia – diálogo contribuyó a enfocar la naturaleza pastoral del Concilio”, tal y como lo había concebido Juan XXIII.22 El concilio eclesiológico —concluía Wojtyla— era un concilio pastoral: “En efecto, el objetivo del Vaticano II era la accommodata renovatio —y no solo una dogmatica determinatio de la Iglesia— y, además, una accomodata renovatio con una clara orientación pastoral y ecuménica”.

Nota: En este enlace de la Santa Sede se puede acceder a  todos los documentos del Concilio Vaticano II


miércoles, 12 de febrero de 2020

Veritatis Splendor – El esplendor de la Verdad


Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Jn 8, 3 29)


La encíclica Veritatis Splendor fue dada a conocer por el Santo Padre Juan Pablo II el 6 de agosto –fiesta de la transfiguración del Señor- del año 1993.
Dirigida eminentemente a los Obispos de la Iglesia contiene valiosa información para todo su pueblo, a todos aquellos que nos preguntamos (o debiéramos preguntarnos) “¿Qué debo hacer? Como puedo discernir el bien del mal?” “La respuesta – dice Juan Pablo II en la encíclica- es posible sólo gracias al esplendor de la verdad que brilla en lo más íntimo del espíritu humano, como dice el salmista: “Muchos dicen: ¿Quien nos hará ver la dicha?” “Alza sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor!” (Sal, 4,7) La luz del rostro de Dios resplandece con toda su belleza en el rostro de Jesucristo, “imagen de Dios invisible” (Col I, 15), “resplandor de su gloria” (Heb I, 3) “lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,14) :
Él es “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6)…..Jesucristo, “luz de los pueblos”, ilumina el rostro de su Iglesia, la cual es enviada por Él para anunciar el Evangelio a toda criatura (cf Mc 16,15)”

En el Congreso Internacional sobre la Enciclica Veritatis Splendor, en noviembre 2005, organizado por la Cátedra Juan Pablo II de la UCA  y texto publicado por la Pontificia Universidad Católica Argentina Cátedra Juan Pablo II, con el titulo LA VERDAD LOS HARA LIBRES ,  en noviembre 2005)
explicó el cardenal Javier Lozano Barragán
que la Encíclica se compone de tres partes (que son los tres capítulos)
- en la primera CAPITULO I - "MAESTRO, ¿QUÉ HE DE HACER DE BUENO .....?" (Mt 19,16) “se asienta la base plena de la moralidad";
- en la segunda CAPITULO II - "NO OS CONFORMEIS A LA MENTALIDAD DE ESTE MUNDO" (Rom 12,2) “se tratan problemas fundamentales acerca de la libertad, la ley, la verdad, la conciencia, la opción fundamental y el acto moral”
- en la tercera CAPITULO III - "PARA NO DESVIRTUAR LA CRUZ DE CRISTO" (1 Cor 1,17) “ sus consecuencias para la vida de la Iglesia y del mundo, el martirio, la universalidad de la norma, la vida social y política, la gracia, la nueva Evangelización y el servicio de los teólogos y los pastores”
A su vez - exponía el cardenal Lozano Barragán - La encíclica tiene cinco líneas maestras: l. el criterio ético no puede ser ni el consecuencialismo ni el proporcionalismo moral; 2. “Ens, Verum et Bonum conventuntur” por lo tanto el Bien es objetivo; 3. las reglas éticas no son meras prohibiciones, sino caminos hacia el ens (ente); 4. la bondad o maldad de una acción no depende del consenso; 5. el fundamento de la acción ética es el valor-dignidad de la persona” y agrega que “en la encíclica se abunda en el concepto de la ley natural, que significa que el seguimiento de Cristo se hace desde la intimidad de la conciencia de cada uno; la conciencia es iluminada por la Sabiduría divina, esta iluminación es la ley natural. Esta iluminación desemboca en último término en el seguimiento de Cristo”
La Encíclica Veritatis Splendor es un valioso documento en defensa de la verdad, la libertad y la vida que emitió Juan Pablo II como parte de su “extenso programa en implementar el Concilio Vaticano II” (Weigel) donde ratifica su riqueza hasta en términos que fueron duramente criticados por sectores dentro de la Iglesia y sin embargo aceptados con apertura por otras religiones p.ej. “Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna”. Y prosigue: “Dios, en su providencia, tampoco niega la ayuda necesaria a los que, sin culpa, todavía no han llegado a conocer claramente a Dios, pero se esfuerzan con su gracia en vivir con honradez…” términos complejos que, que sin embargo, debemos comprender en todo su sentido, como explicaba el Cardenal Georges Cottier en el Congreso de la UCA (A) “las personas tienen derecho a ser respetadas en su propio camino de búsqueda de la verdad, pero antes existe la obligación moral de buscar la verdad, y una vez, conocida adherir a ella”
Dice George Weigel en Testigo de Esperanza que la Encíclica ya había sido anunciada por Juan Pablo II en 1987 en su carta apostólica Spiritus Domini publicada en el 200 aniversario de San Alfonso Maria de Ligorio, concluyendo que estuvo en preparación durante seis largos años.
Juan Pablo II creyó conveniente – lo menciona en la Encíclica – que le precediera en su publicación el Catecismo de la Iglesia Católica, que presenta la vida moral de los creyentes en sus fundamentos y en sus múltiples contenidos como vida de “los hijos de Dios”…..por lo tanto la Encíclica se limitaría a “afrontar algunas cuestiones fundamentales de la enseñanza moral de la Iglesia, bajo la forma de un necesario discernimiento sobre problemas controvertidos entre los estudiosos de la ética y de la teología moral. Este es el objeto especifico de la presente encíclica” expresa Juan Pablo II en la Introducción.
En la preparación de la Encíclica participaron y colaboraron varias comisiones papales y fueron consultados obispos y teólogos de todo el mundo. Opina Weigel que Veritatis Splendor fue un marco para el futuro desarrollo de la teología moral católica que continuara dándole forma a la vida católica bien avanzado el siglo XXI y probablemente más allá aún.
En este momento político de la Argentina quizás debiéramos releer todos no solo la Encíclica sino también la presentación del Prof. Jaroslav Merecki en el ya mencionado Congreso  “La verdad como problema político” donde expresa “Mi tesis es que no podemos, ni comprender ni practicar la política en un mundo auténticamente humano, sin hacer referencia a la verdad…en el contexto de la cultura moderna, hablar de la verdad en la política es provocativo, o incluso peligroso. Provocativo porque la visión moderna de la política se desarrolla justamente a partir del abandono de este concepto en la comprensión de la vida publica” O cuando cita Centesimus Annus “una democracia sin valores se convierte fácilmente en un totalitarismo visible o encubierto como lo demuestra la historia…”



sábado, 16 de marzo de 2013

Santo Padre Francisco - Como vivieron el momento en la Universidad del Papa





Invito leer el artículo “Asi lo vivimos en la Universidad del Papa” de Guillermo Chas presidente del Centro de Estudiantes de Derecho de la Universidad Católica Argentina,  (CEDUCA).
Una mirada joven  de quienes vivieron la emoción de la elección en las aulas de la Universidad del Papa.

sábado, 13 de octubre de 2012

Los 50 años del Concilio Vaticano II en la UCA de Buenos Aires - Una fiesta ecuménica (2)


El primer orador entre los invitados fue el pastor metodista Nestor Miguez  que decía estaba allí por cuestiones genéticas “porque este lugar debería ocuparlo mi padre que fue observador directo en el Concilio Vaticano II . 

Fue un evento histórico - decia el pastor - para el mundo en general y para el cristianismo en particular, porque asume en el decreto sobre el ecumenismo de una manera muy calificada de lo que estaba ya en marcha, destacar la significación para las iglesias de tradición evangélica, las que participan del movimiento ecuménico.  Es histórico porque - rescato el pastor -  dio cauce a muchas inquietudes que ya estaban dentro de la iglesia católica y agregaba que continua la necesidad de seguir avanzando y tiene que darse también el dialogo con los pueblos originarios,  tal como ya lo hiciera Juan Pablo II. El Concilio no ha terminado decía el pastor. Hay temas que siguen en debate.   Señalaba que el documento sobre ecumenismo desde su punto de vista  resulto una grata novedad y a la vez  un límite. Grata novedad porque abre el camino a un dialogo, pero limite porque establece un camino para ese reencuentro que lleva necesariamente a un retorno a la unidad (palabra que según el pastor molestó a muchos), en torno de la sede romana. Esa idea de que somos hermanos separados, ese hijo prodigo que se fue y que debe retornar a la casa del padre por un lado fue una amorosa invitación por otro lado tiene un sesgo de “ustedes se fueron de la verdad y ahora deben volver a la misma.”  Decía que la Iglesia debe transformarse ella misma para que este retorno sea valioso. Básicamente existe la necesidad de seguir avanzando a la manera de Juan Pablo II en Brasil que mostró que este dialogo era posible,  visitando lugares de cultos afrobrasileños.   Estamos en un Concilio abierto, una apertura que fue el motivo del Concilio porque como nos recordaba la frase de Juan XXIII hay que abrir las ventanas…”

A continuación el Dr Víctor Manuel Fernandez introdujo al rabino Skorka,  rabino de la Comunidad "Benei Tikva",  creador de la cátedra de Derecho Hebreo en la UBA y la Universidad del Salvador y rector del seminario rabínico latinoamericano, antes de otorgarle el Doctorado Honoris Causa por parte de la Universidad Pontificia Argentina. “Porque – planteaba el Dr. Fernandez -  la UCA quiere otorgarle  un doctorado a un rabino de la comunidad judía argentina puesto que hasta ahora solo había sido conferido a católicos?  Otorgar este doctorado – explicaba - requiere que la persona haya tenido una acción sobresaliente en pro del desarrollo de la cultura.  Este doctorado  se justifica no solo por su curriculum sino por la hondura y riqueza de pensamiento que el  rabino Skorka ha aportado a nuestro país. El rabino Skorka  es  un hombre de opinión capaz de detenerse en un reposado y responsable pensamiento acerca de cualquier asunto de la realidad que pueda afectar al ser humano y a la sociedad.”


Después de haber sido galardonado con el doctorado Honoris Causa expreso unas palabras el rabino Skorka, a quien se veía muy emocionado,  identificándose como amigo de todos en el verdadero sentido que la palabra amigo tiene en hebreo y agradeció a los embajadores de Israel y Alemania por su presencia. Nos hizo sentir profundamente el dolor de ambas naciones por lo ocurrido y resalto las visitas de Juan Pablo II y sus documentos, la audacia superlativa  de Juan Pablo II  que le dio un espíritu muy fuerte a las relaciones entre judíos y cristianos. 

Y llegaba el turno del padre Cantalamessa (invitoescuchar el video completo en el sitio de la UCA)   quien antes de venir a la Argentina como invitado había agradecido esta invitación diciendo:  “agradezco la invitación para venir a Buenos Aires, Argentina, en octubre para compartir nuestra fe, nuestro gozo en el Señor Jesucristo. Yo pienso que en Buenos Aires se esta haciendo algo nuevo, algo importante para el ecumenismo, es decir promover el ecumenismo espiritual, encontrarnos los cristianos de diferentes denominaciones para orar  juntos,  escuchar la palabra de Dios y pienso que esto hace mucha alegría al Señor Resucitado.”  


Personalmente debo admitir que dudaba que el padre Cantalamessa estuviese verdaderamente en Buenos Aires en una ocasión tan especial y debo reconocer lo equivocada que estaba y agradecer este privilegio que hemos tenido de tenerlo aquí entre nosotros con ocasión del 50 aniversario del inicio del Concilio Vaticano II y el inicio del Año de la Fe convocado por el Santo Padre Benedicto XVI. Naturalmente agradecer también a la UCA por habernos brindado esta oportunidad. Si bien este encuentro en la UCA fue solo una parte de la visita del padre Cantalamessa,  pues ya había tenido un retiro espiritual para sacerdotes y pastores desde el martes 9 por la mañana hasta el mediodía del jueves, o sea 9,10 y 11 de octubre. 

Como decía antes invito escuchar el video completo del acto en la UCA. Aquí cito solo una mínima parte de lo expresado por el padre Cantalamessa.  “Yo me libere de los prejuicios sobre los judíos y los protestantes por haber hecho la experiencia del Nuevo Pentecostés. Fue una conversión. Primero a los judíos regresando de Israel en el avión me di cuenta que Jesús era judío y no amar a los judíos era no amar a Jesús que ama a la gente de su pueblo. Después me convertí a la unidad de los cristianos. Mi presencia aquí es un signo. Llego de un lugar de retiro – decía - donde tuvimos un retiro unos 80 sacerdotes y 10 pastores evangélicos en el cual había tanta unidad que al final no sabía quién era quien. Una unidad maravillosa!” 
 Continuaba el padre Cantalamessa: “El poeta  T.S: Elliot escribió algunos versos que nos pueden iluminar en el sentido de las celebraciones de  los 50 años del Concilio Vaticano II. “ We shall not cease from exploration and the end of all our exploring will be to arrive where we started and know the place for the first time” (No debemos detenernos en nuestra exploracion y el fin de nuestra exploración será llegar allí desde donde hemos partido y conocer el lugar por primera vez).” 
“Después de muchas exploraciones y controversias somos reconducidos también nosotros allí desde donde hemos partido es decir al acontecimiento del Concilio Vaticano II, pero todo el trabajo alrededor de él no ha sido en vano porque en el sentido  más profundo solo ahora estamos en condición de conocer el lugar por primera vez,  es decir de valorar su verdadero significado,  desconocido para los mismos Padres del Concilio. Esto permite decir que el  árbol crecido desde el Concilio es coherente con la semilla de la cual ha nacido.  En efecto de que ha nacido el acontecimiento del  Vaticano II?  Las palabras con las que Juan XXIII describe la conmoción que acompaño - dice el - «el repentino florecer en mi corazón y en mis labios de la simple palabra concilio,  la emoción tiene todos los signos de una inspiración profética, una inspiración de lo alto.»  En el discurso de clausura de la primera sesión hablo del Concilio como de «un nuevo y deseado Pentecostés que enriquecerá abundantemente  a la Iglesia de energías espirituales.»
Al comienzo de la 2da sesión del Vaticano II Pablo VI encargo al cardenal Suenens  que conmemorara oficialmente a Juan XXIII.  El orador,  que había estado entre los más cercanos al difunto pontífice en la preparación del Concilio describió así lo que esto era en las intenciones del papa: para él el Concilio no era ante todo una reunión de obispos con el Papa,  un encontrarse juntos en el plano horizontal era ante todo un encuentro colectivo de todo el colegio episcopal con el Espíritu Santo,  un encuentro vertical,  la apertura total a una inmensa infusión del Espíritu Santo,  una especie de nuevo Pentecostés. A 50 años de distancia solo podemos constatar el pleno cumplimiento por parte de Dios de la promesa hecha a la Iglesia por boca de su humilde servidor el Beato Juan XXIII. Sí  hablar de un Nuevo Pentecostés nos parece que es por lo menos exagerado vistos todos los problemas y  controversias surgidos en la Iglesia después y a causa del Concilio no debemos hacer otra cosa que ir a releer los hechos de los apóstoles y constatar cómo no faltaron problemas y controversias ni siquiera después del Primer Pentecostés y no menos encendidos que los de hoy.”

(Hoy sábado sigue la fiesta espiritual  en el VI encuentro de católicos y evangélicos de todo el dia en el Luna Park. Seguramente en el sitio de  la Renovación carismática católica de la Arquidiócesisde Buenos Aires podremos leer detalles de este encuentro y de toda la visita del padre Cantalamessa a la Argentina.) 

viernes, 12 de octubre de 2012

Los 50 años del Concilio Vaticano II en la UCA de Buenos Aires - Una fiesta ecuménica (1)


«El supremo interés del Concilio Ecuménico es que el sagrado depósito de la doctrina cristiana sea custodiado y enseñado de forma cada vez más eficaz…» Juan XXIII 


 “Si hoy la Iglesia propone un nuevo Año de la fe y la nueva evangelización, no es para conmemorar una efeméride, sino porque hay necesidad, todavía más que hace 50 años….. En estos decenios ha aumentado la «desertificación» espiritual…... Pero precisamente a partir de la experiencia de este desierto, de este vacío, es cómo podemos descubrir nuevamente la alegría de creer, su importancia vital para nosotros, hombres y mujeres. En el desierto se vuelve a descubrir el valor de lo que es esencial para vivir…”(Benedicto XVI) 



Tal como anunciaba la invitación al encuentro en la Pontificia Universidad Católica Argentina la celebración en conmemoración de los 50 años del comienzo del Concilio Vaticano II,  y por otra parte el comienzo del Año de la Fe,   fue una verdadera fiesta. En el Salón Juan Pablo II literalmente no cabía un alfiler, pasillos laterales completos y el amplio pasillo céntrico ocupado por estudiantes de la UCA sentados en el suelo. Me han dicho que había gente afuera en el hall. 



En el auditorio reinaba un ambiente de alegría y solemnidad que emanaba de una multitud variopinta desde aquellos que eran jóvenes cuando comenzó el Concilio hasta quienes nacieron muchos años después. Procedencias varias y ecuménicas (se notaba en los aplausos) de corazones abiertos,  una nueva etapa en la Iglesia, renovada pero siempre firme y tan actual como aquellas celebres palabras de Juan XXIII en la apertura del Concilio «Quiero abrir las ventanas de la Iglesia para que podamos ver hacia afuera y los fieles puedan ver hacia el interior».  

Después de 50 años de un concilio ecuménico siguen existiendo diferencias y por un lado es bueno que así sea pues de alguna manera nos obligan a profundizar en nuestra fe,  a comprender  a nuestros hermanos, a reflexionar juntos abriéndonos al otro.  Toda la ceremonia fue un precioso acto ecuménico.

Presidieron el acto el Señor Arzobispo de la Arquidiócesis de Buenos Aires Cardenal Jorge Mario Bergoglio, el Señor Nuncio apostólico en la República Argentina Monseñor Emil Paul Tscherrig y el Señor Rector de la Pontificia Universidad Catolica Argentina Pbro. Dr. Victor Manuel Fernandez.


La Señora Vicerrectora de Investigación de la UCA Dra Beatriz Balian, 


se refirió al contexto celebrativo del acto, dibujo una breve historia del desarrollo del Concilio y termino su saludo-discurso con estas palabras:  “ Hoy no recordamos un hecho agotado sino que prestamos atención a una roca firme, una semilla plantada en la Iglesia que sigue marcando nuestro camino, un don de Dios para la renovación actual. Por eso este acontecimiento de 50 años atrás hoy nos llama a escuchar a Dios que también nos está hablando a través de la realidad actual y a caminar hacia el futuro con fe, alegría y entusiasmo.”

El programa en si fue relativamente breve, riquísimo y valioso en contenidos con un orador católico P. Dr. Raniero Cantalamessa,    uno judío el Rabino Abraham Skorka, rector del Seminario Rabínico Latinoamericano  y el Pastor metodista Néstor Míguez, cuyo padre participó invitado como observador del Concilio Vaticano II,   en presencia de autoridades de la UCA, personalidades de la Iglesia y la política, religiosas y laicas y un coro compuesto por unas 14 personas que a ojos cerrados podría suponerse que eran 50. Impresionante, imponente, solemne. Un gran arreglo floral adornaba la sala y  Juan Pablo II desde el cuadro lateral parecía sonreír más que de costumbre.

Agradezco a la UCA el permiso para publicar las fotografías del acto y utilizar también el material (que utilizo parcialmente en el 2do post).  En este enlace de la pagina oficial  de la UCA pueden leerse los discursos del Dr. Fernandez y  la Dra. Balian y acceder al video completo del acto.

jueves, 11 de octubre de 2012

Evangelización, nueva evangelización y colegialidad a partir del Concilio Vaticano II (9) Benedicto XVI y el Año de la Fe



 “Con gran alegría, a los 50 años de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II” el Santo Padre Benedicto XVI da por iniciado el Año de la fe.  Después de saludar a los presentes le daba una bienvenida particular, saludándolos con “particular afecto” a quienes habían tenido la gracia de vivir en primera persona aquel momento memorable y justamente para rememorar el Concilio expresaba en su homilía “que la celebración se ha enriquecido con algunos signos específicos: la procesión de entrada, que ha querido recordar la que de modo memorable hicieron los Padres conciliares cuando ingresaron solemnemente en esta Basílica; la entronización del Evangeliario, copia del que se utilizó durante el Concilio; y la entrega de los siete mensajes finales del Concilio y del Catecismo de la Iglesia Católica, que haré al final, antes de la bendición. Estos signos no son meros recordatorios, sino que nos ofrecen también la perspectiva para ir más allá de la conmemoración. Nos invitan a entrar más profundamente en el movimiento espiritual que ha caracterizado el Vaticano II, para hacerlo nuestro y realizarlo en su verdadero sentido. Y este sentido ha sido y sigue siendo la fe en Cristo, la fe apostólica, animada por el impulso interior de comunicar a Cristo a todos y a cada uno de los hombres durante la peregrinación de la Iglesia por los caminos de la historia.”

Leyendo entre líneas creo que el Santo Padre ha querido subrayar una vez más que ha llegado la hora de los laicos invitándonos a vivir el Concilio en nuestras casas, en nuestras parroquias y en nuestro medio,  hacerlo nuestro compartiendo nuestra fe y nuestra esperanza y no olvidarnos de proclamar desde los tejados la buena nueva de que"tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el quecrea en él no perezca, sino que tenga vida eterna" (Jn 3, 16). 

“El Año de la fe que hoy inauguramos – proseguía el Santo Padre Benedicto XVI- está vinculado coherentemente con todo el camino de la Iglesia en los últimos 50 años: desde el Concilio, mediante el magisterio del siervo de Dios Pablo VI, que convocó un «Año de la fe» en 1967, hasta el Gran Jubileo del 2000, con el que el beato Juan Pablo II propuso de nuevo a toda la humanidad a Jesucristo como único Salvador, ayer, hoy y siempre. Estos dos Pontífices, Pablo VI y Juan Pablo II, convergieron profunda y plenamente en poner a Cristo como centro del cosmos y de la historia, y en el anhelo apostólico de anunciarlo al mundo. Jesús es el centro de la fe cristiana. El cristiano cree en Dios por medio de Jesucristo, que ha revelado su rostro. Él es el cumplimiento de las Escrituras y su intérprete definitivo. Jesucristo no es solamente el objeto de la fe, sino, como dice la carta a los Hebreos, «el que inició y completa nuestra fe» (12,2).
Invito leer la magnífica síntesis del Santo Padre Benedicto XVI de “aquel día esplendido del 11 de octubre de 1962” 

Tal como ya informara en este blog la Universidad Católica Argentina invita a vivir esta fiesta de la Iglesia participando de la la celebración que tendrá lugar en su sede de Puerto Madre esta tarde a las a18.45 (Salón Juan Pablo II, Alicia Moreau de Justo 1680,2do piso. 


viernes, 28 de septiembre de 2012

La UCA celebra los 50 años del inicio del Concilio Vaticano II




El acto,  presidido por el Cardenal Jorge M. Bergoglio,  tendrá lugar el mismo día en que se cumplen los 50 años del Concilio y se abre el Año de la Fe propuesto por Benedicto XVI .Tendrá lugar el jueves 11 de octubre en el auditorio Juan Pablo II de la Universidad Católica Argentina y comenzara a las 18.45. Invitan la Pontificia Universidad Católica Argentina y el Arzobispado de Buenos Aires, con el auspicio de la Conferencia Episcopal Argentina.



Expondrán:
El P. Dr. Raniero Cantalamessa,  predicador oficial del Vaticano.
Néstor Míguez,  Pastor metodista, cuyo padre participó invitado como observador del Concilio.
El Rabino Abraham Skorka, rector del Seminario Rabínico Latinoamericano.  El rabino Skorka  además recibirá el doctorado Honoris Causa en la UCA. “Este gesto – dice la invitación de la UCA - se considera un signo importante del creciente acercamiento que hubo entre las comunidades católica y judía en los últimos 50 años.


La comunicación de la UCA agrega “La propuesta de renovación eclesial del Concilio sigue siendo una "brújula segura" (Juan Pablo II, NMI 57).

 Benedicto XVI dijo recientemente que el Concilio debe "llegar a ser cada vez más una gran fuerza para la renovación siempre necesaria de la Iglesia” (P. Fidei 5). Queremos celebrarlo para dejarnos interpelar nuevamente por la propuesta conciliar, y hacemos llegar esta invitación abierta a todos los que quieran sumarse para reflexionar y agradecer.”
Se pide confirmar asistencia a consulta@uca.edu.ar
Más información www.uca.edu.ar


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