Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

martes, 3 de enero de 2012

Homenaje a Jerzy Kluger, amigo de Karol Wojtyla

Recuerdo sobre todo la escuela elemental de Wadowice, en la que, en mi clase, al menos una cuarta parte de los alumnos estaba compuesta por chicos judíos. Y quiero ahora mencionar mi amistad, en aquellos tiempos escolares, con uno de ellos, Jerzy Kluger. Amistad que ha continuado desde los bancos de la escuela hasta hoy. Tengo viva ante mis ojos la imagen de los judíos que cada sábado se dirigían a la sinagoga, situada detrás de nuestro gimnasio. Ambos grupos religiosos, católicos y judíos, estaban unidos, supongo, por la conciencia de estar rezando al mismo Dios. A pesar de la diversidad de lenguaje, las oraciones en la iglesia y en la sinagoga estaban basadas, en considerable medida, en los mismos textos. Luego vino la Segunda Guerra Mundial, con los campos de concentración y el exterminio programado. En primer lugar, lo sufrieron precisamente los hijos de la nación hebrea, solamente porque eran judíos. Quien viviera entonces en Polonia tenía, aunque sólo fuera indirectamente, contacto con esa realidad. Ésta fue, por tanto, también mi experiencia personal, una experiencia que he llevado dentro de mí hasta hoy. Auschwitz, quizá el símbolo más elocuente del holocausto del pueblo judío, muestra hasta dónde puede llevar a una nación un sistema construido sobre premisas de odio racial o de afán de dominio. Auschwitz no cesa de amonestarnos aún en nuestros días, recordando que el antisemitismo es un gran pecado contra la humanidad; que todo odio racial acaba inevitablemente por llevar a la conculcación de la dignidad humana. Quisiera volver a la sinagoga de Wadowice. Fue destruida por los alemanes y hoy ya no existe. Hace algunos años vino a verme Jerzy para decirme que el lugar en el que estaba situada la sinagoga debería ser honrado con una lápida conmemorativa adecuada. Debo admitir que en aquel momento los dos sentimos una profunda emoción. Se presentó ante nuestros ojos la imagen de aquellas personas conocidas y queridas, y de aquellos sábados de nuestra infancia y adolescencia, cuando la comunidad judía de Wadowice se dirigía a la oración. Le prometí que escribiría gustoso unas palabras para tal ocasión, en señal de solidaridad y de unión espiritual con aquel importante suceso. Y así fue. La persona que transmitió a mis conciudadanos de Wadowice el contenido de esa carta personal mía fue el
propio Jerzy. Aquel viaje fue muy difícil para él. Toda su familia, que se había quedado en aquella pequeña ciudad, murió en Auschwitz, y la visita a Wadowice, para la inauguración de la lápida conmemorativa de la sinagoga local, era para él la primera después de cincuenta años...

(Juan Pablo II / Cruzando el Umbral de la Esperanza)

A la edad de 90 años ha muerto en Roma Jerzy (Jurek) Kluger, amigo de Karol (Lolek) Wojtyla / Juan Pablo II. Kluger de origen judio, estaba casado y tenia dos hijas. Jurek fue amigo de Lolek desde los primeros años en su natal Wadowice, donde “casi un tercio de los diez mil habitantes pertenecían a la comunidad judía.” (Svidercoschi) Con Karol Wojtyla se habían conocido en Wadowice y cultivaron esa amistad toda la vida. Compartian juegos, estudios, escuela y amistades, además de las “clases particulares” de historia del “capitán” Wojtyla, padre de Lolek.  Jerzy era hijo de un prestigioso abogado,  presidente de la comunidad judía de Wadowice, de aquellos “hermanos mayores” - termino de Adam Mickiewicz - que tanto le gustaba usar al Beato Juan Pablo II. En Wadowice estos “hermanos mayores” estaban integrados a la comunidad y se consideraban polacos, aunque en su gran mayoría hablaban alemán (Weigel). Dice Svidercoschi que el joven Wojtyla aprendió mucho acera del judaísmo justamente de su amigo Kluger, quien ejerció gran influencia sobre el futuro pontífice.

Jerzy y Lolek terminaron sus estudios secundarios en 1938. Para entonces ya había llegado a Wadowice una oleada de antisemitismo y se aproximaban tiempos difíciles. Ambos amigos se distanciaron. Jurek se había mudado a Varsovia y Lolek a Cracovia. Recién se volvieron a ver en Roma durante la participación del cardenal Wojtyla en el Concilio Vaticano II y mantuvieron la amistad hasta la muerte de Juan Pablo II.

1 comentario:

hearty ayala dijo...

OwO me encanta su vida :3 su libro "El joven que llegó a Papa se las recomieno :)"