Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

domingo, 7 de diciembre de 2008

Reflexiones de Adviento (2) junto a Juan Pablo II


"Alma Redemptoris Mater...
Con estas palabras comienza la antífona mariana, que la Iglesia reza especialmente en la liturgia del Adviento, como también en la liturgia del tiempo de Navidad.
El pueblo cristiano pide ayuda a la Madre del Redentor
Al presentar en ella el estado de la humanidad después del pecado original, la Iglesia pide a la Virgen, "Puerta del cielo" y "Estrella del mar", que venga en ayuda de esta humanidad y de cada uno de los hombres, que quieren levantarse de las caídas y liberarse de las cadenas del mal:
"Succurre cadenti, / surgere qui curat, populo: / tu, quae genuisti, natura mirante, / tuum sanctum Genitorem".
Resulta penetrante el sonido de estas palabras, particularmente cuando las cantamos con la antigua entonación gregoriana. En ellas se encierra como una nostalgia del bien perdido y, a la vez, la esperanza vinculada a la Navidad del Señor. Aquella que, por la potencia sobrenatural de Dios, se ha convertido en la Madre del Eterno Verbo, puede ayudar al hombre y a la humanidad.
En el tiempo de Adviento, cuando nuestra mente capta con más profundidad la verdad revelada por Dios, y nuestros corazones se purifican para la venida del Señor, la Iglesia recuerda a todos el problema de las vocaciones para el servicio exclusivo de Dios. Las vocaciones son, en todas partes y siempre, un criterio de la fecundidad espiritual. El campo de la Iglesia las hace nacer en los corazones, igual que la tierra fértil da el fruto a su tiempo. Desde este punto de vista, consideramos el período de Adviento como el tiempo particularmente privilegiado, como el tiempo de la gracia y de la visitación, y por esto, pedimos mucho más encarecidamente que no falten al Pueblo de Dios, en ningún lugar, los administradores de los misterios divinos; que no falten tampoco las personas ―hombres y mujeres― que, viviendo según los consejos evangélicos, den testimonio del "reino futuro", al cual nos prepara toda la historia de la Iglesia y del mundo mediante un Adviento incesante.
Es necesario que esta oración se intensifique, especialmente allí donde las vocaciones faltan más.
"Alma Redemptoris Mater..., succurre
"”

Clausura Concilio Vaticano - Mensaje a toda la Humanidad


7 de Diciembre de 1965

Venerables hermanos:
La hora de la partida y de la dispersión ha sonado. Ahora debéis abandonar la asamblea conciliar para ir al encuentro de la humanidad a difundir la buena nueva del Evangelio de Cristo y de la renovación de su Iglesia, por la que nosotros hemos trabajado juntos desde hacía cuatro años.
Momento único éste, de una significación y de una riqueza incomparables. En esta asamblea universal, en este momento privilegiado en el tiempo y en el espacio, convergen a la vez el pasado, el presente y el porvenir. El pasado, porque está aquí reunida la Iglesia de Cristo, con su tradición, su historia, sus concilios, sus doctores, sus santos. El presente, porque abandonamos Roma para ir al mundo de hoy, con sus miserias, sus dolores, sus pecados, pero también con los prodigios conseguidos, sus valores, sus virtudes. El porvenir está allí, en fin, en el llamamiento imperioso de los pueblos para una mayor justicia, en su voluntad de paz, en sus sed, consciente o inconsciente, de una vida más elevada; esto es precisamente lo que la Iglesia de Cristo puede y debe dar a los pueblos…”
Pablo, Papa VI

texto completo que contiene Mensaje a los gobernantes, A los intelectuales y hombres de ciencia, A los artistas, A las mujeres, A los trabajadores, A los pobres, enfermos y a todos los que sufren, A los jóvenes.
Y recomiendo visitar la pagina de la Parroquia Inmaculada Concepcion, Monte Grande, Argentina con generosa informacion acerca del Concilio, con interesantisimos relatos de los laicos argentinos auditores en el Concilio : Juan Vazquez y Margarita Moyano.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Karol Wojtyla - San Francesco Saverio, Garbatella en tres tiempos





1946-1948
En los años de estudio y del “aprender intenso” de Roma, el joven sacerdote Wojtyla “ayudaba en el servicio pastoral de la parroquia casi todos los domingos” pasando largas horas en el confesionario como “administrador de la misericordia de Dios”.

30 años más tarde
El 3 de diciembre de 1978 - Ya como Sumo Pontífice, recordaba aquellos momentos en la homilía durante su visita pastoral - San Fransico Javier era la primer parroquia romana que visitaba -
y era el dia que se celebraba la fiesta de su Titular San Francisco Javier, apóstol del Extremo Oriente, misionero y patrono de las misiones.



Otros 30 años después – el 15 de noviembre 2008
Seguia sonando allí el eco de su llamado “Dejaos guiar por Cristo” cuando el cardenal esloveno Franc Rode, C.M. - Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica y titular de la diaconia de San Francisco Javier - después de la solemne celebración eucarística, y en presencia del postulador de la causa de beatificación y canonización de Juan Pablo II, Mons. Slawomir Oder, dejaba inaugurada allí la escultura en honor al “confesor Karol Wojtyla”, obra de arte en bronce del escultor esloveno Mirko Bratus de Ljubljana.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Duodecimum Saeculum - 2do Concilio de Nicea


El 4 de diciembre de 1987 el Sumo Pontífice Juan Pablo II da a conocer la Carta Apostólica Duodecimum Saeculum al cumplirse el XII centenario del II Concilio de Nicea, Séptimo Concilio Ecuménico, un Concilio que “afirmó solemnemente la licitud y la conveniencia de la veneración de las imágenes” (Alfredo Saenz: El Icono – esplendor de lo sagrado – Ediciones Gladius, 2004)

Decía Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica “El II Concilio de Nicea ha reafirmado solemnemente la distinción tradicional entre "la verdadera adoración (latreia), que según nuestra fe, conviene solamente a la naturaleza divina", y "la adoración de honor" (timetiké proskynesis) atribuida a las imágenes, pues "quien se prosterna ante una imagen, se prosterna ante la persona (hipostasis) de quien está representado en ella”.
La iconografía de Cristo abraza, pues, toda la fe en la realidad de la Encarnación y su inagotable significación para la Iglesia y para el mundo. Si la Iglesia la practica, es porque está convencida de que el Dios revelado en Jesucristo ha rescatado y santificado la carne y todo el mundo sensible, es decir, el hombre con sus cinco sentidos, para permitirle "ser renovado sin cesar según la imagen de su Creador" (Col 3, 10).”
Señalaba el Santo Padre el crecido interes por la teologia y la espiritualidad de los iconos orientales y llamaba la atención a “ los hermanos en el Episcopado” a que "observen diligentemente lo que ha establecido el Concilio: mantener firmemente la práctica de proponer en las iglesias las imágenes sagradas a la veneración de los fieles" [39] y a esforzarse para que cada vez surjan más obras de calidad verdaderamente eclesial.

Llamaba, a su vez, la atención sobre el hecho que “El arte por el arte que hace referencia sólo a su autor, sin establecer una relación con lo divino, no tiene cabida en la concepción cristiana. Cualquiera que sea el estilo que adopte, todo arte sacro debe expresar la fe y la esperanza de la Iglesia. La tradición de la imagen sagrada indica que el artista debe tener conciencia de cumplir una misión al servicio de la Iglesia” agregando que “El auténtico arte cristiano es aquel que, a través de la percepción sensible, permite intuir que el Señor está presente en su Iglesia, que los acontecimientos de la historia de la salvación dan sentido y orientación a nuestra vida, que la gloria que se nos ha prometido transforma ya nuestra existencia. El arte sacro debe tender a darnos una síntesis visual de todas las dimensiones de nuestra fe. El arte de la Iglesia debe procurar hablar la "lengua" de la Encarnación y, expresar, con los elementos de la materia, a Aquel que "se ha dignado habitar en la materia y llevar a cabo nuestra salvación a través de la materia


y leer el precioso articulo Iconografia: Un camino de santidad en Totus Tuus Nr 7-8 Julio-agosto 2008

jueves, 4 de diciembre de 2008

Reflexiones de Adviento (1) junto a Juan Pablo II

"...Ha hecho en mí maravillas el Poderoso cuyo nombre es santo" (Lc 1, 49)



Las palabras pronunciadas en la visita a Isabel expresan plenamente lo que está viviendo el corazón de la Virgen de Nazaret después de la Anunciación.
Adoración de Dios rebosante de gozo y alegría plena al adorar a Dios; éste es el estado de su alma bienaventurada, éstos los sentimientos más profundos que abriga su corazón. Y quedan manifiestos sobre todo en las palabras del "Magníficat".
Resplandece en el "Magníficat" una gratitud llena de humildad que es signo infalible del encuentro con Dios vivo. María responde al Don de lo alto no sólo con palabras sino también con todo el silencio del misterio del Adviento que se cumple en Ella.
En efecto, en Ella el Adviento de la humanidad entera asumió su forma más plena, en Ella alcanzó su "cenit".
Pero este "cenit" del Adviento sigue cumpliéndose y alcanza su plenitud en la Iglesia. Peregrina sobre la tierra y como "exiliada" a la búsqueda de las cosas de arriba, la Iglesia experimenta la venida del Señor "hasta que aparezca su Esposo en la gloria" (cf.
Lumen gentium, 6); y el Adviento vivido por la Iglesia es sacramento o signo e instrumento de unión con Dios.


2. Cada día canta la Iglesia con la Virgen el "Magníficat" en su liturgia. De este modo el Adviento cumplido en la Madre de Dios se difunde a lo largo de todos los días de la vida de la Iglesia.
En el tiempo del Adviento litúrgico, la Iglesia vuelve a leer y vivir en las palabras del "Magnificat" la "espera" única e irrepetible de la Madre al Niño que ha de nacer de su seno, que va a venir al mundo.


Al rezar el Ángelus este domingo, veneramos de modo especial esta "espera" bendita.
Sea ésta la luz de nuestro Adviento.

¡Renuévese en ella nuestra esperanza!”

"Profeta moderno" argentino

"Quiero manifestar mi agradecimiento al Santo Padre, Juan Pablo II, por haberme confiado, en abril de 19 84, la animación de los fieles laicos. De ellos depende, inmediatamente, la construcción de la "civilización del amor". Los quiero enormemente, los abrazo y los bendigo; y agradezco al Papa su confianza y su cariño"

(Del testamento espiritual del cardenal Prionio)

EL 3 de diciembre de 1920 (el mismo año de Karol Wojtyla) nacía Eduardo F. Pironio, “Sali del Padre y vine al mundo” - decía en su testamento espiritual - en Nueve de Julio, provincia de Buenos Aires; fue ordenado sacerdote el 5 de diciembre de 1943; elegido obispo titular de Ceciri y auxiliar de La Plata el 24 de marzo de 1964; recibió la ordenación episcopal el 31 de mayo de 1964; trasladado como obispo diocesano de Mar del Plata el 19 de abril de 1972; promovido a arzobispo titular de Tigre y Pro-prefecto de la Congregación para los Religiosos e Institutos Seculares el 20 de diciembre de 1975; creado cardenal del título de los Santos Cosme y Damián por Pablo VI el 24 de mayo de 1976; declarado Presidente del Consejo Pontificio para los Laicos el 8 de abril de 1984.

Fue además, miembro del Consejo de la II Sección de la Secretaría de Estado; miembro de las Congregaciones: para la Causa de los Santos, para las Iglesias Orientales, para los Obispos, para la Educación Católica y para la Evangelización de los Pueblos; consejero de la Comisión Pontificia para la Interpretación de los Textos Legislativos.

De corazón humilde, sencillo, generoso abierto a todos, enormemente agradecido por la vida y todo lo vivido Dejaba el mundo y volvía al Padre (palabras de su testamento) en Roma el jueves 5 de Febrero de 1998.

Sus restos descansan en la Basílica de Luján, provincia de Buenos Aires, Argentina.

El cardenal Camillo Ruini, entones obispo vicario del Papa para la diócesis de Roma, abrió el pasado viernes 23 de junio la fase diocesana del proceso de beatificación del cardenal Eduardo Francisco Pironio, fallecido hace ocho años.

Invito visitar: Cardenal Pironio, su vida, sus escritos, beatificacion

Y mi entrada anterior Cardenal Pironio

lunes, 1 de diciembre de 2008

Simposio “Vaticano II en el pontificado de Juan Pablo II” – Apuntes (2)


"Mons. T. Piorenek resaltó que el Obispo Wojtyla, despues Juan Pablo II, tenia una visión abierta acerca de la Iglesia, libre de complejos y costumbres fosilizadas. El, debido tambien a su concepcion personalistica, comprendia la importancia de los laicos en la mision y vocacion a la santidad a la cual estan todos llamados. El prelado por consiguiente confirmó en que medida la recepcion del Concilio, iniciada en Cracovia durante las reuniones, era proecupacion constante del Obispo, sobre todo en un contexto en el cual la opinion publica no tenia acceso a noticias sobre la Iglesia y la prensa ejercia censuras y falsificaciones. Mons. Piorenek describio el inicio y el desarrollo del Sinodo, revelando que no todos los Obispos polacos, el Primado incluido, estaban de acuerdo, y considerban la iniciativa como prematura. No obstante ello, Karol Wojtyla no se rindió: el resultado fue una experiencia verdaderamente inovadora, si no revolucionaria, que permitio ejecutar el espiritu conciliar sobre el terreno: pensemos solamente en los grupos de trabajo, crecidos en el curso de los años, de frente a las diversas realidades de la sociedad polaca que de otra manera no hubiera tenido posibilidad de expresarse. Como ha sido recordado todo esto le ahorró a la Diocesis toda reacción extrema y la destruccion de la fe: finalmente los documentos resultaron menos imortantes comparados con la renovacion de la vida religiosa, la profundizacion de la fe y la conversion de corazones y mentes"
(gentileza de mi amiga italiana la Prof. Carmela Randone)
Nuevamente gracias Carmela!