Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

lunes, 14 de mayo de 2012

Un 13 de mayo : «Alguien desvió esta bala» (2 de 2)



(En el Epílogo del libro Memoria e identidad – Reflexiones personales,  -  “conversación” que tuvo lugar en la residencia pontificia de Castel Gandolfo - participa también el Secretario del Santo Padre entonces Arzobispo Stanislaw Dziwisz.   La primera parte habla del atentado y las consecuencias. En la segunda  - si bien relacionada con el atentado -  Juan Pablo II nos invita a reflexionar sobre el bien y el mal.   (la traducción al español es de Bogdan Piotrowski)

2da parte

Juan Pablo II: Vivo constantemente convencido de que en todo lo que digo y hago en cumplimiento de mi vocación y misión, de mi ministerio, hay algo que no sólo es iniciativa mía. Sé que no soy el único en lo que hago como Sucesor de Pedro.   Pensemos, por ejemplo, en el sistema comunista. Ya he dicho precedentemente que su caída se debió principalmente a los defectos de su doctrina económica. Pero quedarse únicamente en los factores económicos sería una simplificación más bien ingenua. Por otro lado, también sé que sería ridículo  considerar al Papa como el que derribó con sus manos el comunismo.  Pienso que la explicación se halla en el Evangelio. Cuando los primeros discípulos enviados en misión vuelven a Cristo, dicen: «Hasta los demonios se nos someten en tu nombre» (Lc 10, 17). Cristo les contesta: «No estéis alegres porque  se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo» (Lc 10, 20). Y en otra ocasión añade: «Decid: “Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer”» (Lc 17, 10).  Siervos inútiles... La conciencia del «siervo inútil» crece en mí en medio de
todo lo que ocurre a mi alrededor, y pienso que me va bien así.

Volvamos al atentado: creo que haya sido una de las últimas convulsiones de las ideologías de las prepotencias surgidas en el siglo xx. El fascismo y el hitlerismo propugnaban la imposición por la fuerza, al igual que el comunismo. Una imposición
similar se ha desarrollado en Italia con las Brigadas Rojas, asesinando a personas inocentes y honestas.

Al leer de nuevo hoy, después de algunos años, la transcripción de las conversaciones grabadas entonces, noto que las manifestaciones de los «años de plomo» se han atenuado notablemente. No obstante, en este último período se han extendido en el mundo las llamadas «redes del terror», que son una amenaza constante para millones de inocentes. Se ha tenido una impresionante confirmación en la destrucción de las Torres Gemelas de Nueva York (11 septiembre 2001), en el atentado en la Estación de Atocha en Madrid (11 marzo 2004) y en la masacre de Beslan en Osetia (1-3 septiembre 2004). ¿Dónde nos llevarán estas nuevas erupciones de violencia?  La caída del nazismo, primero, y después de la Unión Soviética, es la confirmación de una derrota. Ha mostrado toda la insensatez de la violencia a gran escala, que había sido teorizada y puesta en práctica por dichos sistemas. ¿Querrán los hombres tomar nota de las dramáticas lecciones que la historia les ha dado? O,por el contrario, ¿cederán ante las pasiones que anidan en el alma, dejándose llevar una vez más por las insidias nefastas de la violencia?

El creyente sabe que la presencia del mal está siempre acompañada por la presencia del bien, de la gracia. San Pablo escribió: «No hay proporción entre la culpa y el don: si por la culpa de uno murieron todos, mucho más, gracias a un solo hombre, Jesucristo, la benevolencia y el don de Dios desbordaron sobre todos» (Rm 5, 15). Estas palabras siguen siendo actuales en nuestros días. La Redención continúa. Donde crece el mal, crece también la esperanza del bien. En nuestros tiempos, el mal ha crecido desmesuradamente, sirviéndose de los sistemas  perversos que han practicado a gran escala la violencia y la prepotencia. No me refiero ahora al mal cometido individualmente por los hombres movidos por objetivos o motivos personales. El del siglo xx no fue un mal en edición reducida, «artesanal», por llamarlo así. Fue el mal en proporciones gigantescas, un mal que ha usado las estructuras estatales mismas para llevar a cabo su funesto cometido, un mal erigido en sistema. Pero, al mismo tiempo, la gracia de Dios se ha manifestado con riqueza sobreabundante. No existe mal del que Dios no pueda obtener un bien más grande. No hay sufrimiento que no sepa convertir en camino que conduce a Él. Al ofrecerse libremente a la pasión y a la muerte en la Cruz, el Hijo de Dios asumió todo el mal del pecado. El sufrimiento de Dios crucificado no es sólo una forma de dolor entre otros, un dolor más o menos grande, sino un sufrimiento incomparable. Cristo, padeciendo por todos nosotros, ha dado al sufrimiento un nuevo sentido, lo ha introducido en una nueva dimensión, en otro orden: en el orden del amor. Es verdad que el sufrimiento entra en la historia del hombre con el pecado original. El pecado es ese «aguijón» (cf. 1 Co 15, 55-56) que causa dolor e hiere a muerte la existencia humana. Pero la pasión de Cristo en la cruz ha dado un sentido totalmente nuevo al sufrimiento y lo ha transformado desde dentro. Ha introducido en la historia humana, que es una historia de pecado, el sufrimiento sin culpa, el sufrimiento afrontado exclusivamente por amor. Es el sufrimiento que abre la puerta a la esperanza de la liberación, de la eliminación definitiva del «aguijón» que desgarra la humanidad. Es el sufrimiento que destruye y consume el mal con el fuego del amor, y aprovecha
incluso el pecado para múltiples brotes de bien.

Todo sufrimiento humano, todo dolor, toda enfermedad, encierra en sí una promesa de liberación, una promesa de la alegría: «Me alegro de sufrir por vosotros», escribe san Pablo (Col 1, 24). Esto se refiere a todo sufrimiento causado por el mal, y es válido también para el enorme mal social y político que estremece el mundo y lo divide: el mal de las guerras, de la opresión de las personas y los pueblos; el mal de la injusticia social, del desprecio de la dignidad humana, de la discriminación racial y religiosa; el mal de la violencia, del terrorismo y de la carrera de armamentos. Todo este sufrimiento existe en el mundo también para despertaren nosotros el amor, que es la entrega de sí mismo al servicio generoso y desinteresado de los que se ven afectados por el sufrimiento.

En el amor, que tiene su fuente en el Corazón de Jesús, está la esperanza del futuro del mundo. Cristo es el Redentor del mundo: «Nuestro castigo saludable vino sobre él, sus cicatrices nos curaron» (Is 53, 5). 


domingo, 13 de mayo de 2012

Un 13 de mayo : «Alguien desvió esta bala» (1 de 2)


En el Epílogo del libro Memoria e identidad – Reflexiones personales,  -  “conversación” que tuvo lugar en la residencia pontificia de Castel Gandolfo,  participa también el Secretario del Santo Padre entonces Arzobispo Stanislaw Dziwisz.   La primera parte habla del atentado y las consecuencias. En la segunda  - si bien relacionada con el atentado -  Juan Pablo II nos invita a reflexionar sobre el bien y el mal.   (la traducción al español es de Bogdan Piotrowski)


¿Cómo se desarrollaron verdaderamente los hechos de aquel 13 de mayo de 1981? El atentado y todo lo que comportó, ¿no revelaron alguna verdad sobre el papado, tal vez olvidada? ¿No se podría leer en ellos un mensaje peculiar de su misión personal, Santo Padre? Usted visitó en la cárcel al autor del atentado y se encontró con él cara a cara. ¿Cómo ve hoy aquellos sucesos, después de tantos años? ¿Qué significado han tenido en su vida el atentado y los demás acontecimientos relacionados con él?

Juan Pablo II: Todo esto ha sido una muestra de la gracia divina. Veo en ello una cierta analogía con la prueba a la que fue sometido el cardenal Wyszynski durante su prisión. Sólo que la experiencia del primado de Polonia duró más de tres años, mientras que la mía fue más bien breve, apenas unos meses. Agca sabía cómo disparar y disparó ciertamente a dar. Pero fue como si alguien hubiera guiado y desviado esa bala...

Stanislaw Dziwisz: Agca tiró a matar. Aquel disparo debería haber sido mortal.La bala atravesó el cuerpo del Santo Padre, hiriéndolo en el vientre, en el codo derecho y en el dedo índice izquierdo. El proyectil cayó después entre el Papa y yo.  Oí dos disparos más, y dos personas que estaban a nuestro lado cayeron heridas.  Pregunté al Santo Padre: «¿Dónde?» Contestó: «En el vientre.» «¿Le duele?»   «Duele.»  No había ningún médico cerca. No había tiempo para pensar. Trasladamos inmediatamente al Santo Padre a la ambulancia y a toda velocidad fuimos al Policlínico Gemelli. El Santo Padre iba rezando a media voz. Después, ya durante el trayecto, perdió el conocimiento. Varios factores fueron decisivos para salvar su vida. Uno de ellos fue el tiempo, el tiempo empleado para llegar a la clínica: unos minutos más, un pequeño obstáculo en el camino, y hubiera llegado demasiado tarde. En todo esto se ve la mano de Dios. Todos los detalles lo indican.

Juan Pablo II: Sí, me acuerdo de aquel traslado al hospital. Estuve consciente poco tiempo. Tenía la sensación de que podría superar aquello. Estaba sufriendo, y esto me daba motivos para tener miedo, pero mantenía una extraña confianza.  Dije a don Stanislaw que perdonaba al agresor. Lo que pasó en el hospital, ya no lo recuerdo.

Stanislaw Dziwisz: Casi inmediatamente después de la llegada al policlínico llevaron al Santo Padre al quirófano. La situación era muy grave. Su organismo había perdido mucha sangre. La tensión arterial bajaba dramáticamente, el latido del corazón apenas era perceptible. Los médicos me sugirieron que administrara la Unción de los Enfermos al Santo Padre. Lo hice de inmediato.

Juan Pablo II: Prácticamente estaba ya del otro lado.

Stanislaw Dziwisz: Después hicieron al Santo Padre una transfusión de sangre.

Juan Pablo II: Las complicaciones posteriores y el retardo en todo el proceso de restablecimiento fueron, después de todo, consecuencias de aquella transfusión.

Stanislaw Dziwisz: El organismo rechazó la primera sangre. Pero se encontraron médicos del mismo hospital que donaron su propia sangre para el Santo Padre. Esta segunda transfusión tuvo éxito. Los médicos hicieron la operación sin muchas esperanzas de que el paciente sobreviviría. Como es comprensible, no se preocuparon para nada del dedo índice traspasado por la bala. Me dijeron: «Si sobrevive, ya se hará algo después para resolver este problema.» En realidad, la herida del dedo cicatrizó sola, sin ninguna intervención particular.   Después de la operación, llevaron al Santo Padre a la sala de reanimación. Los médicos temían una infección que, en aquella situación, podía ser fatal. Algunos órganos internos del Santo Padre estaban gravemente afectados. La operación fue muy difícil. Pero, finalmente, todo cicatrizó perfectamente y sin complicaciones, aunque todos saben que éstas son frecuentes tras una intervención tan compleja.

Juan Pablo II: En Roma el Papa moribundo, en Polonia el luto... En mi Cracovia, los estudiantes organizaron una manifestación: la «marcha blanca.»  Cuando fui a Polonia, dije: He venido para agradeceros la «marcha blanca». Estuve también en Fátima para dar gracias a la Virgen.   ¡Dios mío! Esto fue una dura experiencia. Me desperté sólo al día siguiente, hacia el mediodía. Y dije a don Stanislaw: «Anoche no recé Completas.»

Stanislaw Dziwisz: Para ser más exactos, Usted, Santo Padre, me preguntó: «¿He rezado ya Completas?» Porque pensaba que todavía era el día anterior.

Juan Pablo II: No me daba cuenta alguna de todo lo que sabía don Stanislaw. No me decían que la situación era tan grave. Además, había estado inconsciente durante bastante tiempo. Al despertar, me hallaba incluso de bastante buen ánimo. Por lo menos al principio.

Stanislaw Dziwisz: Los tres días siguientes fueron terribles. El Santo Padre sufría muchísimo. Porque tenía drenajes y cortes por todos los lados. No obstante, la convalecencia seguía un proceso muy rápido. A comienzos de junio, el Santo Padre volvió a casa. Ni siquiera tuvo que seguir una dieta especial.

Juan Pablo II: Como se ve, mi organismo es bastante fuerte.

Stanislaw Dziwisz: Algo más tarde, el organismo fue atacado por un virus peligroso, como consecuencia de la primera transfusión o tal vez del agotamiento general. Se había suministrado al Santo Padre una enorme cantidad de antibióticos para protegerlo de la infección. Pero eso redujo notablemente sus defensas inmunológicas. Comenzó a desarrollarse así otra enfermedad. El Santo Padre fue llevado de nuevo al hospital.    Gracias a una terapia intensiva, su estado de salud mejoró de tal manera que los médicos estimaron que se podía acometer una nueva operación para completar las intervenciones quirúrgicas realizadas el día del atentado. El Santo Padre escogió el 5 de agosto, el día de Nuestra Señora de las Nieves, que en el calendario litúrgico figura como el día de la Dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor.  También aquella segunda fase fue superada. El 13 de septiembre, tres meses después del atentado, los médicos emitieron un comunicado en el que informaban de la conclusión de los cuidados clínicos. El paciente pudo regresar definitivamente
a casa.

Cinco meses después del atentado, el Papa volvió a asomarse a la plaza de San Pedro para recibir de nuevo a los fieles. No demostraba sombra alguna de temor ni de estrés, por más que los médicos hubieran advertido de esta posibilidad.  Dijo entonces: «Y de nuevo me he hecho deudor de la Santísima Virgen y de todos los santos Patronos. ¿Podría olvidar que el evento en la plaza de San Pedro tuvo lugar el día y a la hora en que, hace más de sesenta años, se recuerda en Fátima, Portugal, la primera aparición de la Madre de Cristo a los pobres niños campesinos?    Porque, en todo lo que me ha sucedido precisamente ese día, he notado la extraordinaria materna protección y solicitud, que se ha manifestado más fuerte que el proyectil mortífero.»

Juan Pablo II: Durante el tiempo de Navidad de 1983 visité al autor del atentado en la cárcel. Conversamos largamente. Alí Agca, como dicen todos, es un asesino profesional. Esto significa que el atentado no fue iniciativa suya, sino que algún otro lo proyectó, algún otro se lo encargó. Durante toda la conversación se vio claramente que Alí Agca continuaba preguntándose cómo era posible que no le saliera bien el atentado. Porque había hecho todo lo que tenía que hacer, cuidando hasta el último detalle. Y, sin embargo, la víctima designada escapó de la muerte.  ¿Cómo podía ser?   Lo interesante es que esta inquietud lo había llevado al ámbito religioso. Se preguntaba qué ocurría con aquel misterio de Fátima y en qué consistía dicho secreto. Lo que más le interesaba era esto; lo que, por encima de todo, quería  saber. Mediante aquellas preguntas insistentes, tal vez manifestaba haber percibido lo que era verdaderamente importante. Alí Agca había intuido probablemente que, por encima de su poder, el poder de disparar y de matar, había una fuerza superior. Y, entonces, había comenzado a buscarla. Espero que la haya encontrado.

Stanislaw Dziwisz: Considero un don del cielo el milagroso retorno del Santo Padre a la vida y a la salud. El atentado, en su aspecto humano, sigue siendo un misterio. No lo ha aclarado ni el proceso, ni la larga reclusión en cárcel del agresor.   Fui testigo de la visita del Santo Padre a Alí Agca en la cárcel. El Papa lo había perdonado públicamente ya en su primera alocución después del atentado. Por parte del prisionero nunca le he oído pronunciar las palabras: «Pido perdón.» Le interesaba únicamente el secreto de Fátima. El Santo Padre recibió varias veces a  la madre y los familiares del ejecutor, y con frecuencia preguntaba por él a los capellanes del instituto penitenciario.
En el aspecto divino, el misterio consiste en todo el desarrollo de este acontecimiento dramático, que debilitó la salud y las fuerzas del Santo Padre, pero que en modo alguno aminoró la eficacia y fecundidad de su ministerio apostólico en la Iglesia y en el mundo.   Pienso que no es ninguna exageración aplicar en este caso el dicho: Sanguis martyrum semen christianorum. Tal vez había necesidad de esta sangre en la plaza de San Pedro, en el lugar del martirio de muchos de los primeros cristianos.

El primer fruto de esta sangre fue sin duda la unión de toda la Iglesia en la gran oración por la salud del Papa. Durante toda la noche después del atentado, los peregrinos venidos para la audiencia general y una creciente multitud de romanos rezaban en la plaza de San Pedro. Los días sucesivos, en las catedrales, iglesias y capillas de todo el mundo, se celebraron misas y se elevaron plegarias por la recuperación del Papa. El mismo Santo Padre decía a este respecto: «Me resulta difícil pensar en esto sin emoción. Sin una profunda gratitud para todos. Hacia todos los que el día 13 de mayo se reunieron en oración. Y hacia todos los que han perseverado en ella durante este tiempo 

[...]. Estoy agradecido a Cristo Señor y al Espíritu Santo, el cual, mediante este evento, que tuvo lugar en la plaza de San Pedro el día 13 de mayo a las 17.17, ha inspirado a tantos corazones para la Oración común. Y, al pensar en esta gran oración, no puedo olvidar las palabras de los Hechos de los Apóstoles que se refieren a Pedro: “La Iglesia oraba insistentemente a Dios por él” (Hch 12, 5)».3


sábado, 12 de mayo de 2012

Síndrome de Down : Oración para pedir la beatificación de Jerome Lejeune





La foto está tomada del sitio de los amigos del profesor Lejeune




Oh Dios, que has creado al hombre a tu imagen y lo destinaste a compartir tu Gloria, te damos gracias por haberle dado a tu Iglesia el profesor Jerôme Lejeune, eminente servidor de la vida.

     “Él supo poner su penetrante inteligencia y su fe profunda al servicio de la defensa de la vida humana, especialmente de la vida en gestación, en el incansable empeño de cuidarla y sanarla. Testigo apasionado de la verdad y de la caridad, supo reconciliar, ante los ojos del mundo contemporáneo, la fe y la razón.

     Concédenos por su intercesión, según tu voluntad, la gracia que te pedimos, con la esperanza de que pronto sea contado entre el número de tus santos. Amén.





Con aprobación eclesiástica, monseñor André Vingt-Trois, arzobispo de París. 


     Se ruega comunicar las gracias recibidas a : Postulation de la cause de béatification et de canonisation du Serviteur de Dieu Jérôme Lejeune Abbaye Saint-Wandrille, F- 76490 Saint-Wandrille, Francia.

viernes, 11 de mayo de 2012

Jerome Lejeune “gran cristiano del siglo XX”



La foto es del sitio de los amigos del profesorLejeune 

“Gran cristiano del siglo XX, un hombre para el que la defensa de la vida llegó a ser un apostolado” así habló de él elBeato Juan Pablo II. 

Un hombre que debido a sus convicciones en defensa de la vida “perdió el Nobel y ganó el cielo”  está ya camino a la beatificación pues acaba de cerrarse en la catedral de Notre Dame de Paris la fase de  investigaciòn diocesana del proceso.    

Fue la Dra Wanda Poltawska, directora del Instituto para la Familia en Cracovia,  quien le presentó al entonces Monseñor Wojtyla, Arzobispo de Cracovia,  al Dr. Lejeune y le pidió que hablase sobre el comienzo de la vida en las conferencias que organizaba el Instituto.  Así comenzó una amistad que duro de por vida. A partir del 16 de octubre de 1978  el Dr. Lejeune  viajaba a menudo a Roma para entrevistarse con el Papa y atender las reuniones de la Pontificia Academia de Ciencias;  participo también del Sínodo de Obispos en 1987.  Más tarde Juan Pablo II le pidió a Lejeune que preparase un proyecto, reglamentación y juramento  para una Nueva academia pontificia que tanto ansiaba: la Pontificia Academia por la Vida. Lejeune fue nombrado Presidente, pero ya avanzaba su enfermedad de cáncer del pulmon y solo pudo  servir como Presidente unos pocos meses. El Dr. Jerome Lejeune murió en la mañana del Domingo de Pascua de 1994.  Con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud de 1997 en Paris el Papa Juan Pablo II visito su tumba en Châlo-Saint-Mars.

La Fundacion Jerome Lejeune continua con las investigaciones acerca del Trisomia 21 – Síndrome de Down - apuntando a un tratamiento. "Tratar la discapacidad intelectual significa – dicen en la Organización – mejorar la función intelectual para que el paciente puede ser independiente y vivir una vida normal. Ahora se sabe cómo tratar y curar muchas condiciones asociadas al trisomia 21, lo que aun falta es enfrentar la causa de la discapacidad intelectual."

Ya tenemos en español un libro-testimonio escrito por la hija menor del científico, LA DICHA DE VIVIR – Jerome Lejeune mi padre, publicado por Ediciones Rialp
quienes sintéticamente lo publicitan diciendo:

“Jérôme Lejeune descubrió en 1959 el cromosoma 21, responsable del síndrome de Down. Dedicó su vida a la investigación y al cuidado de los discapacitados intelectuales. Y trabajó sin descanso para defender al niño no nacido.
En este cálido relato, la menor de sus hijas muestra el perfil más humano del padre de la genética moderna.
Clara Lejeune-Gaymard es la menor de las hijas de Jérôme Lejeune, y madre de nueve hijos. Se graduó en el Instituto de Estudios Políticos de París y ha ocupado numerosos cargos de responsabilidad en la política y en la economía de su país y en la Unión Europea. Ha presidido la compañía General Electric en Francia y en su división internacional, y es miembro fundador de la Fundación Jérôme Lejeune”.

jueves, 10 de mayo de 2012

La ley de la “muerte digna” argentina y las expresiones del Senador Aníbal Fernandez



Soy consciente que el tema de una "muerte digna", el dolor y el sufrimiento es absolutamente complejo y profundamente sensible. Subjetivo a veces,  debiera haber sido largamente debatido por un "Congreso" de notables expertos y profesionales médicos argentinos. (Invito leer el Análisis del Centro de Bioética)
  Por otra parte esta Ley no presenta grandes novedades pues en general son prácticas que ya se venían  utilizando en la Argentina, a las cuales se agrega expresamente  - y me preocupa -  la defensa de los profesionales e instituciones intervinientes. 

En su exposición ante el Honorable Senado de la NaciónArgentina,  en defensa de la modificación de la Ley de Derechos del Paciente, que ayer fuera convertida en nuestra Ley de muerte digna el Senador Señor AníbalFernandez se refirió al Beato Juan Pablo II - entre otros - en estos términos:   

 “Es más que clara la expresión de JPII respecto de terminar con aquella vieja concepción del autoflagelamiento  o del dolor como sufrimiento para conquistar el  cielo,   una visión que seguramente él con este gesto de la piedad que la propia encíclica impone permitirá revisar con claridad que lo que se estaba pensando era en la persona humana que si se había ganado el cielo se lo había ganado porque había razones más que justificadas en términos de lo que todos los que tenemos una formación de la fe sabemos comprenderlo y lo analizamos en tal sentido.”

Considero pueril y vacía su expresión con respecto al sufrimiento para conquistar el cielo.   El sufrimiento es parte de la vida,  cuesta comprenderlo, es difícil vivirlo, pero es además un misterio como lo es la vida misma y me ha tocado vivirlo de cerca y continúo haciéndolo.   Juan Pablo II hablo del sufrimiento extensamente y he volcado algunos de sus pensamientos en este blog.  
   El 11 de febrero de 1984, dedicó a la Iglesia católica la Carta Apostólica SalvificiDoloris 
sobre el sentido cristiano del sufrimiento humano y el 11 de febrero de 1993 instituyola Primer Jornada Mundial del Enfermo que se celebra todos los años el 11 de febrero,  conmemoración de Santa María, Virgen de Lourdes.  


En casos particulares y para no dejar dudas en su Encíclica,  cuando habla del sufrimiento voluntario,   dice “de todas maneras si puede ser digno de elogio quien acepta voluntariamente sufrir renunciando a tratamientos contra el dolor para conservar la plena lucidez y participar, si es creyente, de manera consciente en la pasión del Señor, tal comportamiento « heroico » no debe considerarse obligatorio para todos.” En cuanto al tratamiento al enfermo el Beato Juan Pablo II habla claramente en el punto  65 de la Carta Encíclica Evangelium Vitae   que trata sobre el  Valor y el Carácter Inviolable de la Vida Humana.    La Encíclica es una clara, exigente y contundente carta en defensa de la dignidad de la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural. No se trata aquí de una supuesta “piedad que la encíclica impone” como el Senador Fernandez sostiene, sino de expresiones absolutamente cristalinas en defensa del don de la vida, posición que Juan Pablo II sostuvo y defendió incansablemente  mucho antes de acceder al Pontificado.  

Considero oportuno para este blog citar porciones del texto de la  Encíclica Evangelium Vitae de Juan Pablo II, para que cristianos y no cristianos tengamos presente y analicemos a conciencia algunos principios básicos ante una sociedad cada vez  más confundida,  que a menudo se nos invita seguir a ciegas o mirar hacia un costado para no cargar con más peso nuestro universo cotidiano,  en una Argentina que cada vez se presenta más problemática.

Juan Pablo II dice en Evangelium Vitae:

“…. se produce un cambio de trágicas consecuencias en el largo proceso histórico, que después de descubrir la idea de los « derechos humanos » —como derechos inherentes a cada persona y previos a toda Constitución y legislación de los Estados— incurre hoy en una sorprendente contradicción: justo en una época en la que se proclaman solemnemente los derechos inviolables de la persona y se afirma públicamente el valor de la vida, el derecho mismo a la vida queda prácticamente negado y conculcado, en particular en los momentos más emblemáticos de la existencia, como son el nacimiento y la muerte.
Por una parte, las varias declaraciones universales de los derechos del hombre y las múltiples iniciativas que se inspiran en ellas, afirman a nivel mundial una sensibilidad moral más atenta a reconocer el valor y la dignidad de todo ser humano en cuanto tal, sin distinción de raza, nacionalidad, religión, opinión política o clase social.
Por otra parte, a estas nobles declaraciones se contrapone lamentablemente en la realidad su trágica negación. Esta es aún más desconcertante y hasta escandalosa, precisamente por producirse en una sociedad que hace de la afirmación y de la tutela de los derechos humanos su objetivo principal y al mismo tiempo su motivo de orgullo. ¿Cómo poner de acuerdo estas repetidas afirmaciones de principios con la multiplicación continua y la difundida legitimación de los atentados contra la vida humana? ¿Cómo conciliar estas declaraciones con el rechazo del más débil, del más necesitado, del anciano y del recién concebido? Estos atentados van en una dirección exactamente contraria a la del respeto a la vida, y representan una amenaza frontal a toda la cultura de los derechos del hombre. Es una amenaza capaz, al límite, de poner en peligro el significado mismo de la convivencia democrática: nuestras ciudades corren el riesgo de pasar de ser sociedades de « con-vivientes » a sociedades de excluidos, marginados, rechazados y eliminados.”
 […]
En realidad, la democracia no puede mitificarse convirtiéndola en un sustitutivo de la moralidad o en una panacea de la inmoralidad. Fundamentalmente, es un « ordenamiento » y, como tal, un instrumento y no un fin. Su carácter « moral » no es automático, sino que depende de su conformidad con la ley moral a la que, como cualquier otro comportamiento humano, debe someterse; esto es, depende de la moralidad de los fines que persigue y de los medios de que se sirve. Si hoy se percibe un consenso casi universal sobre el valor de la democracia, esto se considera un positivo « signo de los tiempos », como también el Magisterio de la Iglesia ha puesto de relieve varias veces. 88 Pero el valor de la democracia se mantiene o cae con los valores que encarna y promueve: fundamentales e imprescindibles son ciertamente la dignidad de cada persona humana, el respeto de sus derechos inviolables e inalienables, así como considerar el « bien común » como fin y criterio regulador de la vida política.
En la base de estos valores no pueden estar provisionales y volubles « mayorías » de opinión, sino sólo el reconocimiento de una ley moral objetiva que, en cuanto « ley natural » inscrita en el corazón del hombre, es punto de referencia normativa de la misma ley civil. Si, por una trágica ofuscación de la conciencia colectiva, el escepticismo llegara a poner en duda hasta los principios fundamentales de la ley moral, el mismo ordenamiento democrático se tambalearía en sus fundamentos, reduciéndose a un puro mecanismo de regulación empírica de intereses diversos y contrapuestos. 89
En un régimen democrático, donde las leyes y decisiones se adoptan sobre la base del consenso de muchos, puede atenuarse el sentido de la responsabilidad personal en la conciencia de los individuos investidos de autoridad. Pero nadie puede abdicar jamás de esta responsabilidad, sobre todo cuando se tiene un mandato legislativo o ejecutivo, que llama a responder ante Dios, ante la propia conciencia y ante la sociedad entera de decisiones eventualmente contrarias al verdadero bien común. Si las leyes no son el único instrumento para defender la vida humana, sin embargo desempeñan un papel muy importante y a veces determinante en la promoción de una mentalidad y de unas costumbres. Repito una vez más que una norma que viola el derecho natural a la vida de un inocente es injusta y, como tal, no puede tener valor de ley. Por eso renuevo con fuerza mi llamada a todos los políticos para que no promulguen leyes que, ignorando la dignidad de la persona, minen las raíces de la misma convivencia ciudadana…… no es posible construir el bien común sin reconocer y tutelar el derecho a la vida, sobre el que se fundamentan y desarrollan todos los demás derechos inalienables del ser humano. Ni puede tener bases sólidas una sociedad que —mientras afirma valores como la dignidad de la persona, la justicia y la paz— se contradice radicalmente aceptando o tolerando las formas más diversas de desprecio y violación de la vida humana sobre todo si es débil y marginada. Sólo el respeto de la vida puede fundamentar y garantizar los bienes más preciosos y necesarios de la sociedad, como la democracia y la paz.   En efecto, no puede haber verdadera democracia, si no se reconoce la dignidad de cada persona y no se respetan sus derechos.”

martes, 8 de mayo de 2012

Juan Pablo II y Nuestra Señora de Lujan en dos momentos diferentes



Hoy la Argentina le rindió homenaje a su Santa Patrona Nuestra Señora de Lujan y celebró los 125 años de su coronación,  el 8 de mayo de 1887. 

El Beato Juan Pablo II oró ante Nuestra Señora de Lujan en las dos visitas apostólicas 
   
Dos visitas y dos momentos muy diferentes:

En 1982  : la Argentina en pleno conflicto con Gran Bretaña, una página negra en la historia argentina. Un viaje muy breve,  una ocasión muy triste. 

En 1987 : otra Argentina,  un mundo diferente, una Argentina pacificada y reconciliada.  Un día de inmensa alegría y Consagraciónde la Argentina a la Virgen de Lujan,  con ocasión de la Clausura de la Jornada Mundial de la Juventud en Buenos Aires. 
Aquel día la Virgen misma - como privilegio especial - había venido a su encuentro para estar allí sobre la Avenida 9 de Julio junto al Papa en medio de los jóvenes de la Argentina y del mundo. 

lunes, 7 de mayo de 2012

Karol Wojtyla: “Persona y acción” (1) nueva versión en español por Mora y Burgos



La obra que en edición polaca se titula Osoba i Czyn  fue publicada originalmente por Polskie Towarzystwo Teologizcne, Krakow, en 1969. Traducida al idioma inglés por Anna Teresa Tymieniecka  fue una traducción controvertida.  La primera traducción al español   basada en esta versión,   fue publicada por BAC en Madrid (1982).

Ediciones Palabra acaba de publicar una nueva traducción realizada por Rafael Mora con introducción y revisión de Juan Manuel Burgos. Esta nueva traducción – dice el Dr Burgos en su artículo publicado en Nueva Revista  -    “supone una contribución significativa en este sentido puesto que, hasta el momento, solo existía una traducción de una traducción inglesa (The acting person) en la que, además, la editora A. T. Tyminiecka, intervino de manera algo intrusiva. En su momento, esta versión contribuyó a la difusión de la filosofía de Wojtyła pero, hoy en día, estaba completamente desfasada y, por supuesto, resultaba inutilizable para los investigadores.” 

En el artículo - que recomiendo leer completo - el Dr. Burgos, nos invita a explorar este “gran proyecto antropológico que Wojtyła diseñó en Persona y acción",  introduciéndonos en la obra y recorriendo brevemente el  itinerario intelectual de Karol Wojtyla,  profundo y fascinante, personal y original.

En la  introducción al artículo el Dr. Burgos expresa que  “Karol Wojtyła es poco conocido como filósofo y ello a pesar de tener una obra de notable envergadura y de ser una figura de tanta relevancia en el siglo XX. En particular, su antropología, fascinante y tremendamente original, merece una atención mucho mayor de la que ha recibido hasta el momento. La publicación en español de la primera traducción directa del polaco de su obra principal, Persona y acción (Ediciones Palabra), es una buena ocasión para reflexionar de nuevo sobre sus aportaciones.

Creo que además de ser “una buena ocasión”, el valioso trabajo encarado con esta traducción revisada nada menos que por el Dr. Juan Manuel Burgos es un honor para lectores e investigadores de habla hispana, merecedora además de ser fuente de consulta  para  traducciones a otros idiomas.