Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

jueves, 13 de septiembre de 2012

Libano (3) testimonio de mi amigo libanes Abdallah, en vísperas de la visita del Santo Padre Benedicto XVI


Esperanza y juventud en el Líbano

(la foto es de Souwar Lebanon Online Photo gallery. Gracias)
 

Aquel mediodía de 1997 terminada la escuela yo podría haberme ido a casa como cualquier otro día: dejada la mochila en mí habitación almorzaría y comenzaría a hacer mis tareas y continuaría preparándome para los exámenes de fin de año. Pero aquel día fue diferente.  A mi escuela católica le habían asignado 3 entradas por cada grupo de la escuela secundaria para un encuentro con el papa Juan Pablo II que visitaría el Líbano aquella primavera.  La celebración tendría lugar en el Santuario de Nuestra Señora del Líbano – Harissa, donde el Papa firmaría el Sínodo especial para el Líbano y se dirigiría a los jóvenes presentes, en representación de todas las mujeres y hombres jóvenes del Líbano.

Aquel día el Director de la escuela en medio del aula anunciaría los tres  beneficiarios de las entradas. Yo no albergaba ilusión alguna de estar entre aquellos jóvenes que tendrían la oportunidad de estar en Harissa, ni siquiera lo había pensado.   Mis planes eran estar allí a la vera del camino junto a las multitudes para testimoniar al paso del vehículo y   captar un destello de su papamóvil. Pero mis planes tendrían un cambio.  Allí en  medio de nosotros estaba parado el Director y después de entregar los dos primeros entradas,  me llamó a mí y me entrego la tercera y última.

Recién ahora, a quince años de aquel inesperado momento y en vísperas de la visita del sucesor de Juan Pablo II comienzo a darme cuenta de la grandeza de la bendición de aquel día cuando junto a miles y miles de jóvenes pude saludar al Papa en el Santuario de Nuestra Señora.

Era un día muy caluroso y la multitud enorme. Debimos caminar millas y millas (10 millas son 16 kms)  desde el estacionamiento de los buses hacia la cima del monte del Santuario.   El vehículo del Papa llego con más de una hora de demora pues su paso se veía impedido por las multitudes.   Y allí estaba, el anciano papa, saludándonos con el entusiasmo y la energía de un joven de veinte años.  Amor, afecto, esperanza y la calma del Espíritu Santo emanaban de su voz,  alentándonos a  ser portadores del mensaje de paz y reconciliación en el Líbano.  Con su habitual cortesía rehusó dejar solos a los miles que se habían reunido en el patio de la iglesia  donde daba su mensaje y firmaba los documentos del Sínodo.  Prefirió el balcón y desde allí nos transmitió un mensaje espontáneo que nos reveló a Juan Pablo II,  el hombre que abrió de par en par las puertas a Cristo, invitándonos a hacer lo mismo.

Al anochecer de aquel día, y antes que el vehículo del papa se aprestara a partir corrí lo más rápido que pude para echarle un último vistazo a su auto blanco. Lamentablemente, solo pude ver un destello  detrás de aquella ventana. Esa sería la imagen que perduraría de mi encuentro con él, una luz blanca brillante…….
Junto con mis amigos caminamos hasta el ómnibus.  Estaba exhausto,  pero no importaba. Me dormía,  pero mi mente desbordaba energía.    Esperanza y juventud latían aquella tarde y la esperanza y la juventud que hoy albergo en mi alma están enraizadas en la experiencia de aquel atardecer.

Aquella primavera en la escuela cuando recibí la entrada para participar del evento con el Papa, mi regreso a casa no fue como siempre.    Regrese a casa pensando que no solamente había sido afortunado en recibir la invitación, sino que además también había recibido un llamado.  Había sido llamado a abrir las puertas y mi vida a Cristo con el perenne entusiasmo y la esperanza  de la juventud.
Gracias Juan Pablo II, ora por nosotros!
Abdallah, Beirut

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