Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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viernes, 11 de marzo de 2022

Karol Wojtyla : Dar testimonio y profesar la fe

 


“Dar testimonio significa profesar tu fe de tal manera que todos puedan decir: este es cristiano! Sin importar las circunstancias….A veces resulta fácil hacer algo, cuando todo el mundo hace lo mismo…. Quizás aquí en esta parroquia, todos actúan igual…. Pero si vas a otro lugar, allí es probable que sea diferente.... Allí quizás no se hable, no sea como aquí, prevalece un cierto silencio, nadie sabe si eres creyente o no creyente, todos se comportan igual, de alguna manera como neutrales. Pero tú debes profesar tu fe, lo cual significa que siempre debes recordar que has sido confirmado, que has sido fortalecido….

 Tu has sido fortalecido para que puedas dar testimonio, y no seas cobarde….

 Para ello hay que orar porque el miedo suele apoderarse del hombre y entonces el espíritu humano que asciende hacia Dios en momentos de exultación como este, a veces también se esconde de Dios, huye de Dios, en momentos de debilidad, en momentos de dificultades…

Por eso oren a fin de que puedan tener siempre la fortaleza necesaria para profesar vuestra fe ante todos”.

 

Arzobispo Karol Wojtyla, 3 de junio 1976 en la ceremonia de confirmación en Dobczyce

 

Adam Boniecki: The making of the Pope of the Millennium, Kalendarium of the Life of Karol Wojtyla, Marian Press, 2000)

 

viernes, 29 de octubre de 2021

Juan Pablo II en Perú – testimonio de Fernando J Zuniga y Rivero

 


Revisando las revistas TotusTuus  de la Postulación por la Causa de beatificación y Canonización de Juan Pablo II (la revista ha dejado de publicarse)  encuentro este testimonio de su visita al Peru dirigido al postulador Mons. Slawomir Oder:

 Aunque no pueda testimoniar curaciones medicas milagrosas, como fruto e oraciones hechas tras mi encuentro con el Papa Juan Pablo II, puedo dar testimonio de un encuentro extraordinario con  él a principios de 1985… Se trata de un encuentro con  ocasión de su visita al Peru, que comenzó el 8 de febrero de 1985. En aquel periodo yo trabajaba en Perú como presidente de “Petróleos del Perú”, la compañía nacional peruana de petróleo.

 En el aeropuerto fue acogido por el presidente del Perú, Fernando Belaunde Terry, acompañado de otros dirigentes políticos, del arzobispo de Lima y los representantes de instituciones católicas locales. Junto a ellos y otros muchos, fui invitado a participar en una recepción en el Palacio del Gobierno, donde tuve el privilegio de sentarme en mitad de la primera fila. Tras el discurso de bienvenida del Presidente Belaunde, el Santo Padre se dirigió a nosotros en perfecto español, lo que resultó sorprendente e impresionante para todos los presentes. Al fin me acerque a él y traté de besarle el anillo, pero él me detuvo y me dio un abrazo!

 Le dije ante todo que me había quedado impresionado de su perfecto conocimiento de la lengua española. Recuerdo perfectamente su respuesta, ya que me impresiono como una confesión extraordinaria que valoro mucho.  Juan Pablo II me dijo en español: “Claro hombre, tuve que aprender el español porque siempre me ha interesado mucho la mística. Soy un místico mi tesis doctoral en Teología se baso en las obras de Santa teresa de Ávila y San Juan de la Cruz, los mayores místicos que ha tenido la Iglesia Católica”.  Me confió a mí su interés por el misticismo, el considerarse a sí mismo un místico! Me pareció algo extraordinario, y es el motivo principal por el que ofrezco este testimonio..

 Le explique el regalo que había preparado para él, una reimpresión del primer Catecismo de doctrina católica que se imprimió en Perú en 1585, y del que habíamos hecho suficientes ejemplares para ofrecer uno a cada miembro del Colegio Cardenalicio. El Papa me invito a participar en la Misa privada que oficiaría la mañana siguiente, seguida del desayuno, momento en el que estaría dispuesto a recibir el regalo del Catecismo reeditado, y conocer los detalles de esta iniciativa.  Esa mañana me levante a las cinco, y a las seis llegue a la Nunciatura Apostólica, donde estuve con Juan Pablo II en la Misa y luego en un esplendido desayuno. Le hice entrega entones de la caja con los 120 ejemplarse del Catecismo que me dijo debía enviar a nombre del Cardenal Agostino Cassaroli entonces Secretario de Estado vaticano. El Papa me regalo una bellísima medalla de plata de gran tamaño, con su retrato por un lado y por el otro una imagen de la Virgen Maria.  Quedo sorprendido de las dificultades para encontrar un ejemplar completo del catecismo del  que habíamos hecho esa reimpresión. Me pareció que Juan Pablo II y los otros miembros del Colegio Cardenalicio se dieron cuenta que desde 1585 la Iglesia Católica no había ni actualizado ni publicado un nuevo Catecismo, la ultima publicación había sido el año del  Concilio de Trento –la misma que, publicada en las tres lenguas del Perú, habíamos reimpreso para él y para los cardenales…

 (Invito leer la historia del Catecismo – una entrevista al Cardenal Karlic)

viernes, 27 de agosto de 2021

Cuatro Vientos : Aquella noche inolvidable de 2011 - Sebastian Zagari

 


20/8/2011: LES COMPARTO MI EXPERIENCIA 

Esa noche - la del 20 de agosto de 2011 - fue inolvidable. 

Era el momento culmen de la JMJ, el más esperado: después de haber caminado varios kilómetros para llegar a Cuatro Vientos, comenzaba la vigilia de oración con el Papa, para después dormir ahí bajo las estrellas, y a la mañana siguiente participar de la Misa conclusiva. Pero por un rato pareció que todo se arruinaba: me acuerdo que esa fue mi sensación. 

Después de una tarde de más de 45º de calor, con los bomberos que a cada rato pasaban a refrescarnos, mientras daba inicio la vigilia se comenzaba a armar en el cielo una terrible tormenta de verano. El viento era cada vez más fuerte - precisamente mientras leían el Evangelio y el diácono decía "¡Permaneced en mi amor!", hubo un fuerte vendaval que le voló el solideo a Benedicto, que ya estaba rodeado de paraguas.

Después empezó a llover con mucha fuerza. Estábamos sin ningún reparo - Cuatro Vientos es una base área - y éramos dos millones de personas. Una parte del enorme escenario se venció y los bomberos trataban de repararlo. Nos pedían paciencia y oración. Un poquito después el audio dejó de funcionar. Bajo la tormenta, se seguían escuchando, cantos, aclamaciones, oraciones. Cerca de nosotros algunos empezaron a corear: “¡Juan Pablo II, que pare de llover!”. Fueron así unos 15 o 20 minutos. Parecía que se suspendía.

 Después supimos que al Papa le sugirieron retirarse; su respuesta: “si los jóvenes se quedan, yo me quedo”. La tormenta fue aflojando y la vigilia se pudo retomar. Los ruidos de dos millones de personas se transformaron en el silencio orante de dos millones de personas frente al Santísimo Sacramento - ¡eso fue increíble! – y el Papa, gran maestro de oración, nos puso a todos de rodillas, en silencio, delante de Jesús. Las palabras que resumieron esa experiencia fueron las que dijo Benedicto XVI al terminar:

 “Queridos jóvenes… ¡hemos vivido una aventura juntos!”.

 Y este anciano Papa profesor nos dejó su gran enseñanza, sacada de esa tormenta inesperada:

 “Firmes en la fe en Cristo, han resistido la lluvia… Igual que esta noche, con Cristo siempre podrán afrontar las pruebas de la vida… ¡No lo olviden!”.

  ¿Cómo olvidarse de esa noche, de esa tormenta, de esas palabras? Muchas veces en estos diez años me pasó de sentirme preocupado como esa noche cuando empezaba la tormenta y mirábamos al cielo sin saber qué iba a pasar. Y todas las veces recordé – y todavía recuerdo – las palabras del Papa, como si me las volviera a decir… “Igual que esa noche… también vas a poder afrontar esta prueba con Cristo... No te olvides…”.

 ¡No me olvido! Porque realmente, aquel 20 de agosto de 2011, “¡hemos vivido una aventura juntos!” y aprendimos lo que significaba el lema de esa JMJ:

 “ARRAIGADOS Y EDIFICADOS EN CRISTO, FIRMES EN LA FE”.

 

P. Seba Zagari


lunes, 13 de abril de 2020

Roma: Una visión? Signo? Regalo?



Roma. 
Era la Pascua del 2007. 
Habia querido estar alli para el 2 de abril y me quede durante la semana de Pascua. Estaba alojada en una residencia a 15 minutos de la Plaza San Pedro, pero para los dias del triduo pascual me mude mas cerca por los horarios.

Mis preciosos dias en Roma llegaban a su fin. Tenia que empacar pues partía al dia siguiente pero no pude…. Sali al balcón desde donde se veía la parte superior de la cúpula de la Basílica de San Pedro. Observando, veo algo extraño…como un circulo perfecto, un aro brillante alrededor de la linterna, la torrecilla circular que corona la cúpula de la Basílica de San Pedro. Un circulo perfecto de palomas? No, demasiado perfecto para ser palomas… Algo asi como un aro blanco, brillante, suspendido alrededor de la linterna. Algo normal? Algo que sucede? Me quede un rato observando y seguía allí! Una iluminación especial? Estaban filmando algo? No pude resistir. Bajé casi corriendo, pues estaba a tan solo 150 mts de la Plaza San Pedro. Necesitaba ir a ver que ocurría. Llego y nada…ni nadie… en realidad muy poca gente…En ese momento ni siquiera me pareció importante o extraño, pero luego volviendo atrás …pensando… recapacitando me di cuenta. Habia sido un regalo de Juan Pablo II. Si un regalo de despedida, aunque parezca increíble. Saben que habia entonces debajo de la cupula en la cripta? La tumba de San Pedro (que aun está) y a pocos pasos la de Juan Pablo II (que ahora esta dentro de la Basilica).

Hermosa noche, 8 de abril de 2007. Era Domingo de Pascua. Aniversario de la Misa de Exequias de Juan Pablo II.

Estuve averiguando si alguien vio algo parecido en algún momento, hasta con personas importantes que viven cerca de alli, sin éxito. Le pregunté a un sacerdote americano que le parecía y me respondio “you see what you see” ;) (uno ve lo que ve)

Claro, no tengo ni foto ni filmación, son esas cosas que pasan, pero que importancia tiene. Me ocurrió y lo guardo en mi corazón, pero me gustaría saber si alguien tuvo alguna vivencia similar. Yo creo en esas visiones, en esos signos. Si, porque me permito pensar que fue una visión o un signo. Si lo merezco? Seguramente no! Como se puede ser merecedor de semejante regalo de despedida?

Porque vuelvo a contar esto hoy?  Pues porque sigue alli como regalo inmerecido en lo mas profundo de mi corazòn.

viernes, 20 de mayo de 2016

La caricia de Dios - Testimonio


Domingo 2 de abril de 2006, primer aniversario de la muerte del Santo Padre Juan Pablo II. En una celebración privada en la parroquia de San Benedicto de Verona, yo, Adriana, renové mis promesas bautismales a la luz de una fe renacida en mi gracias al testimonio de vida y muerte que nos dejó el veneradísimo Juan Pablo II.
Desde aquel 2 de abril de 2005, mi vida ha comenzado un camino de fe y conversión, que ya ha producido en mi cambios importantes, cambios de los que me parece justo dar testimonio a favor de la canonización de Juan Pablo II.
Quiero decir que he esperado un tiempo antes de escribiros, porque quería estar segura de que el camino que he tomado no era fruto de una emotividad momentánea sino un efectivo estado de gracia que todavía permanece en mí, y,. si es posible, se ha hecho ás fuerte.  A lo largo de este camino me guían un Padre espiritual y una querida amiga en Cristo, Sor Gemma de la Eucaristía, carmelita.
Tan solo algunos datos sobre mi vida anterior. Nací en una familia de tradición católica, estoy casada, soy madre de dos hijos y abuela de dos nietos. Soy periodista y he trabajado para varios periódicos y televisiones. En 1987 me encontré  con Juan Pablo II durante su visita a Verona. Debo aclararos que fui a aquel encuentro con más curiosidad mundana que fe o estimulo espiritual. Y añadir que a lo largo de mi vida no había sentido nunca la necesidad de profundizar  en mi Credo, por lo demás muy superficial, y que mi religiosidad se nutría de un interés de carácter oportunista con algún aliento de espiritualidad, intensa, sí, pero centrada en mis preocupaciones. Con ojos desencantados y en un momento de mi vida, ahora lo comprendo, en que me dominaban las fuerzas negativas, me encontré ante Su Santidad. ¿Pero sería más correcto decir que Juan Palbo II me encontró a mi! En realidad, con uno de esos gestos suyos que han hcho que fuera tan amado, pasó entre las vallas de seguridad, subió las escaleras del Recinto Ferial de Verona, vino derecho hacia mi ¿y me acarició! Me acarició y me miró con una dulzura….Todavía hoy no consigo describir aquella mirada.
Emoción, estupor, perplejidad y tantos “¿Por qué a mi?” me asaltaron en aquel momento. Sobre todo aquel “porque a mi?” que, en mi superficialidad, no encontraba explicación más lógica que la posibilidad de que el Santo Pontífice hubiera visto en mi una terrible enfermedad o quizás, una muerte inminente. ¿Pasé una semana esperando morir!. Después,  visto que no sucedía nada, que estaba viva y mejor que nunca olvidé esos acontecimientos y volví a mi vida de siempre. Episodio finalizado y enterrado: quizás demasiado comprometido o incómodo de recordar. ¿No había pasado nada!. O así  lo creía. Seguramente no estaba aún preparada para comprenderlo, para leer “el signo de los tiempos” que representaba el Santo Padre, ¡ni el regalo que me estaba haciendo en aquel momento!
Transcurrieron 20 años de enfermedad pública del Santo Padre, de sufrimiento vivido bajo los focos de los medios de comunicación: un Vía Crucis en directo para todo el mundo, ¡incluso para mi!. Quizás ya empezaba yo a tambalearme pero aún no me daba cuenta. Ha sido necesario que muriera para hacerme comprender todo, y sobre todo, el por qué de aquella caricia.
Tras escuchar el anuncio de su muerte, salí a la terraza de mi casa, que da al mar, y me puse a llorar con una desesperación que nunca había sentido antes. Recuerdo que me doblé en dos del dolor y que me encontré mal, como mujer que está a punto de dar a luz. Esto fue exactamente lo que experimenté. En aquel instante, sólo entonces, volví a sentir de forma clarísima su caricia: ¡la caricia de Dios!. No puedo describir lo que sentí, lo que sucedió en mi. Para explicarlo, todavía hoy cito a San Pablo y digo que fui cegada por una luz camino de Damasco. Lo único que sé es que, volviendo a entrar en casa, dije a mi marido y a los allí presentes: “siento que mi vida ya no es la misma”: Y así ha sido hasta hoy.
No voy a describiros el camino recorrido ni los pequeños cambios experimentados, pero puedo decir que desde el 2 de abril de 2005 no he faltado un solo día a la Santa Misa diaria (a no ser por indisposición)  no he dejado de leer la Biblia cada día, de recitar el Rosario  ni de hacer meditación. He aprendido la importancia de la Eucaristía, de la Confesión, de la intercesión de la Virgen. Estoy aprendiendo a comprender la importancia de confiar en Dios, de esperar y confiar en Su Amor y en Su Misericordia. Pero, sobre todo, no he dejado de pedir a Juan Pablo II ayuda para abrir mi corazón y mis puertas a Cristo. ¡Ayuda para no tener miedo!
Y en  los momentos de duda y temor, que ha habido (y los habrá) Juan Pablo II siempre ha vendió en mi ayuda.

Testimonio de Adriana, publicado en Totus Tuus Nro 1 enero 2008)


viernes, 4 de enero de 2013

Nunca olvidaré al “joven de 80 años” de Cuatro Vientos




He descubierto, de casualidad, esta carta que Alberto (creo que se llama asi) del blog  Una gota en el océano,  publicó el 2 de abril de 2007, cuando se cumplían dos años de la partida de nuestro amigo el Beato Juan Pablo II.   
Lamentablemente veo que ha discontinuado su blog, pues el último post es de 2008. No le he pedido permiso para publicarla (ni siquiera se si le ha llegado mi mail), pero me pareció que merece la pena recordarla,  es una pena que se pierda. Es un testimonio más, sincero, joven y valioso,  de quien se ha sentido  tocado por la espiritualidad de Juan Pablo II.  Es un testimonio más de todos aquellos que nunca olvidarán su presencia en Cuatro Vientos.


Copio textualmente:
"Querido Juan Pablo,
Han pasado ya dos años. Dos años desde que se te cerraron los ojos para volverlos a abrir para siempre al ladito de Dios. Ya sabes que tuve la tentación de coger un vuelo a Roma para acompañarte en las últimas horas y decirte por última vez adiós pero no me decidí porque supe que preferías que me quedara estudiando y rezando en donde estaba. Sabías que no podía permitírmelo y te aprovechaste de eso para que cumpliera con mi obligación. ¡Tenía tantas ganas!
Aquél día cogí la foto que tengo contigo, tomada en el momento más especial de mi vida, y lloré mientras rezaba. Sabía que no tenía que rezar por ti -aunque lo hacía- sino a ti. Tenía que pedirte que te acordaras de todos los que estuvieron conmigo el día de la foto porque sabes que lo necesitábamos mucho. He pasado horas mirando esas fotos y ahora, con la perspectiva de los años, veo que no te era ajeno nada de lo que encontrabas en nuestras miradas. Ahora soy consciente de que sabías mucho de cada alma sin haber hablado personalmente con nosotros. Ahora soy consciente de que te entregabas por todos y cada uno de tus hijos que tenías delante como si fuera la única persona en el mundo. Ahora veo que sabías lo que había en el corazón de cada uno de nosotros. Tu mirada triste a sus ojos -ya sabes a quién me refiero- demostraba que sufrías por esa hija tuya que también sufría. En fin, qué te voy a contar que tú no sepas.
Yo era, como decimos en mi casa, un moco. No debía de pasar del metro y medio y lo que más recuerdo de aquél día son mis zapatos resbaladizos y la plaza llena a rebosar aquél Domingo de Resurrección, el día más grande para nosotros. Pronto van a cumplirse nada menos que 15 años y parece que fuera ayer. Nunca podré agradecerte lo que has hecho en mi alma desde entonces. Cada encuentro, peregrinación, audiencia… han sido empujones para mi alma en busca de Dios, para tratar de parecerme cada vez más a ti, para aprender cada vez más de tu entrega generosa por Dios y sus hijos. Te diste hasta enfermar. Sufriste dolores inmensos pero nunca olvidaste dar cariño y amor a tus hijos en lugar de esperar recibirlo. Nunca olvidaré al “joven de 80 años” de Cuatro Vientos moviéndose al ritmo del Color Esperanza, el color que desde entonces es sólo tuyo.
Te echamos de menos, Padre, pero notamos que estás muy cerca de nosotros. Gracias por dejar un ejemplo tan grande de Amor. Cuida de todos nosotros, de tu Iglesia, que sabes que siempre está amenazada. De tu sucesor, ese pastor bueno y fiel que nos guía con mano dulce. Cuida de este energúmeno que te escribe, que siempre luchará por ser fiel pero que no siempre lo es.
Un fuerte abrazo y hasta pronto, amigo de Dios,
Tu hijo."

jueves, 13 de septiembre de 2012

Libano (3 de 12) testimonio de mi amigo libanes Abdallah, en vísperas de la visita del Santo Padre Benedicto XVI


Esperanza y juventud en el Líbano

(la foto es de Souwar Lebanon Online Photo gallery. Gracias)
 

Aquel mediodía de 1997 terminada la escuela yo podría haberme ido a casa como cualquier otro día: dejada la mochila en mí habitación almorzaría y comenzaría a hacer mis tareas y continuaría preparándome para los exámenes de fin de año. Pero aquel día fue diferente.  A mi escuela católica le habían asignado 3 entradas por cada grupo de la escuela secundaria para un encuentro con el papa Juan Pablo II que visitaría el Líbano aquella primavera.  La celebración tendría lugar en el Santuario de Nuestra Señora del Líbano – Harissa, donde el Papa firmaría el Sínodo especial para el Líbano y se dirigiría a los jóvenes presentes, en representación de todas las mujeres y hombres jóvenes del Líbano.

Aquel día el Director de la escuela en medio del aula anunciaría los tres  beneficiarios de las entradas. Yo no albergaba ilusión alguna de estar entre aquellos jóvenes que tendrían la oportunidad de estar en Harissa, ni siquiera lo había pensado.   Mis planes eran estar allí a la vera del camino junto a las multitudes para testimoniar al paso del vehículo y   captar un destello de su papamóvil. Pero mis planes tendrían un cambio.  Allí en  medio de nosotros estaba parado el Director y después de entregar los dos primeros entradas,  me llamó a mí y me entrego la tercera y última.

Recién ahora, a quince años de aquel inesperado momento y en vísperas de la visita del sucesor de Juan Pablo II comienzo a darme cuenta de la grandeza de la bendición de aquel día cuando junto a miles y miles de jóvenes pude saludar al Papa en el Santuario de Nuestra Señora.

Era un día muy caluroso y la multitud enorme. Debimos caminar millas y millas (10 millas son 16 kms)  desde el estacionamiento de los buses hacia la cima del monte del Santuario.   El vehículo del Papa llego con más de una hora de demora pues su paso se veía impedido por las multitudes.   Y allí estaba, el anciano papa, saludándonos con el entusiasmo y la energía de un joven de veinte años.  Amor, afecto, esperanza y la calma del Espíritu Santo emanaban de su voz,  alentándonos a  ser portadores del mensaje de paz y reconciliación en el Líbano.  Con su habitual cortesía rehusó dejar solos a los miles que se habían reunido en el patio de la iglesia  donde daba su mensaje y firmaba los documentos del Sínodo.  Prefirió el balcón y desde allí nos transmitió un mensaje espontáneo que nos reveló a Juan Pablo II,  el hombre que abrió de par en par las puertas a Cristo, invitándonos a hacer lo mismo.

Al anochecer de aquel día, y antes que el vehículo del papa se aprestara a partir corrí lo más rápido que pude para echarle un último vistazo a su auto blanco. Lamentablemente, solo pude ver un destello  detrás de aquella ventana. Esa sería la imagen que perduraría de mi encuentro con él, una luz blanca brillante…….
Junto con mis amigos caminamos hasta el ómnibus.  Estaba exhausto,  pero no importaba. Me dormía,  pero mi mente desbordaba energía.    Esperanza y juventud latían aquella tarde y la esperanza y la juventud que hoy albergo en mi alma están enraizadas en la experiencia de aquel atardecer.

Aquella primavera en la escuela cuando recibí la entrada para participar del evento con el Papa, mi regreso a casa no fue como siempre.    Regrese a casa pensando que no solamente había sido afortunado en recibir la invitación, sino que además también había recibido un llamado.  Había sido llamado a abrir las puertas y mi vida a Cristo con el perenne entusiasmo y la esperanza  de la juventud.
Gracias Juan Pablo II, ora por nosotros!
Abdallah, Beirut

domingo, 29 de abril de 2012

Juan Pablo II y la Argentina 1987 (26) testimonios



Como último capítulo de los viajesdel Beato Juan Pablo II a la Argentina (1982 y 1987)    y creo que oportuno pues se acerca el primer aniversario de su beatificación,   incluyo algunos testimonios que en su momento fueron publicados en el diario La Nación. Todos los autores me concedieron su permiso para volver a publicarlos en este blog. Muchas gracias nuevamente a todos ellos.

Pbro. Hernán Quijano Guesalaga
"Permítanme compartir esta fotografía que tuve oportunidad de tomar muy cerca del Papa Juan Pablo II cuando visitó la ciudad de Paraná en abril de 1987. Como sacerdote me tocó ayudar en la preparación del encuentro del Santo Padre con una multitud de alrededor de 100.000 personas en el aeropuerto de Paraná. Aficionado a la fotografía, cuando subí a la terraza del edificio del aeropuerto, desde donde él nos dirigiría su palabra, llevé mi cámara sin saber de antemano si iba a tener oportunidad de hacer alguna toma que valiera la pena. Como homenaje a quienes vivimos ese encuentro con emoción y fe en Paraná, va este retrato de Juan Pablo junto a la imagen de la Virgen del Rosario, nuestra Patrona. La alegría de este rostro que nos miraba con gozo de padre nos evocó entonces al gozo con que el Padre Dios siempre mira a sus hijos, a los que cuida."  (me falta la fotografía)
 (el padre Quijano Guesalaga amablemente me envió un agregado de sus recuerdos, pero los “gremlins”  me jugaron una mala pasada y no está por ningún lado….
Marcelo Acrogliano
"En aquella noche de junio, como tantos, pasamos la noche en el Monumento a los Españoles, esperando la Misa del sábado por la mañana."
"Durante la vigilia, además de mucha oración, los clásicos apretujes por tanta gente. Allí conocí a quien hoy es mi esposa y madre de nuestros cuatro hijos."
"Amor, que nació bendecido por Juan Pablo, y que años después, en la 9 de Julio, bendecía nuestro primer embarazo."
"Su presencia, cambió nuestras vidas. Embarga la emoción del recuerdo; su mirada llena de Paz, desde el Papa Móvil, cuando fuimos a verlo pasar por Leandro Alem."
"El TOTUS TUUS, que por aquellos años para mí eran sólo palabras, y que luego de más de 25 años, enseñaron un estilo de vida."
Rafael Pineda, Rosario
"En varias oportunidades he tenido la gracia especial de estar cerca de Su Santidad: en sus dos viajes a la Argentina y en varias oportunidades en Roma, en mayo de 1992 y más recientemente en junio de 2003. También estuvimos celebrando su cumpleaños el 18 de mayo de 1992."
"De todas estas oportunidades tengo grabado en mi corazón y en mi mente el encuentro de la mañana del 22 de mayo de 1992. Era jueves, Roma se despedía de la mayoría de los fieles que habíamos asistido a la Beatificación del que hoy es San Josemaría Escriva y junto a Susana, mi esposa, teníamos una invitación para asistir a la misa privada de las 7 de la mañana en su Capilla personal. Es de imaginar la ansiedad que se había apoderado de nosotros tras conseguir el tan deseado encuentro con el Papa. Seríamos unos 20 asistentes, entre españoles, franceses, americanos y africanos. Al entrar, vimos al Papa orando en su reclinatorio con una concentración propia de lo que es, el "Dulce Cristo en la Tierra". Pocos minutos antes de las 7, Don Estanislao, su secretario, lo tocó y fue como si el Papa volviera a la tierra desde su Cielo. Se revistió y celebró la misa junto a varios sacerdotes y al Arzobispo de Filadelfia. Comulgamos personalmente de sus manos y, terminada la celebración, volvió a su reclinatorio para la acción de gracias después de la misa. Todos se retiraron - tal vez nosotros también debimos haberlo hecho -pero nos quedamos allí, solos junto a él en una acción de gracias irrepetible. Cuantos minutos pasaron, no podría asegurarlo; la emoción, indescriptible."
"Sentí que me tocaban el hombro; Don Estanislao me decía "deben acompañarme", y lo seguimos hasta la Biblioteca; ese lugar inmensamente grande pero también, inmensamente simple, donde el Papa recibe al más alto de los dignatarios o al mas simple de los fieles. Allí se había gestado el "cambio político" del mundo. Una nueva emoción, que no se puede describir con palabras."
"Nos ordenaron por idiomas para facilitar la comunicación con Su Santidad. Los primeros eramos los que hablabamos español. Una señora con su madre anciana y su pequeña hija y luego nosotros. Se abrió la puerta y entró Juan Pablo II y al ver a la anciana tomó su cara entre sus manos, le besó la frente y le dijo "la nonna !!!"... Luego se acercó a nosotros "¿De dónde son?" Santidad, de Rosario, Argentina, "Ah, Rosario, Mons. López, el Monumento a la Bandera" (donde había celebrado misa años antes). Nos bendijo, nos acarició en la cara a los dos; por un instante lo tomé de la mano para prolongar el encuentro. Nos dió un rosario a cada uno y un libro y siguió su camino para repetir su bendición y su cariño con todos."
"Terminada la audiencia saludó de lejos a todos y cuando pasó al lado nuestro, con la mano en alto nos dijo chau."
Marcela Hereñú de Monateri
"Desde enero de 2001 a febrero de 2003 viví junto a mi familia en la ciudad de Roma debido a un traslado laboral de mi esposo. En la Cuaresma del 2002 me invitaron en la Iglesia Argentina a participar de una nueva experiencia: la 1era Misión Evangelizadora de misioneros latinamericanos para latinoamericanos residentes en Roma. Así me convertí por esos días en misionera."
"Al terminar la Misión hubo una Audiencia Papal en el Aula Paulo IV para todos los que habíamos participado de ella. El día anterior el Padre Alberto Tartabini, quien era en ese momento el Vice rector del Colegio Sacerdotal Argentino, me telefoneó para informarme que habían decidido que era yo quien en nombre de la Argentina iba a saludar a Su Santidad en la Audiencia."
"Esa fue la noche más larga de mi vida."
"La Audiencia fue preciosa y atípica ya que cada país había llevado de regalo a Juan Pablo II lo mejor de sus danzas y costumbres. Hasta que llegó el momento maravilloso en que los "bacia mani" ("besa manos" así se denominan a las personas que en cada Audiencia pasan a besar la mano del Papa) pasáramos ordenadamente a saludar."
"Nunca olvidaré la mirada del Papa, la dulzura de sus ojos, en la que ví el reflejo de los míos, que lo miraban extasiada. Recordé en ese momento que él -muy sabiamente- cuando inició su Papado dijo que no quería más las reverencias y las demostraciones protocolares que se acostumbraban, si no solamente un apretón de manos y una mirada a los ojos, porque en éstos está el mensaje que se quiera transmitir, más allá de la lengua."
"Y sí, sentí todo un mensaje de amor, de paz, de alegría y también pude decirle lo maravilloso que era estar ahí, que lo amaba y que necesitábamos de él. Sé que alrededor había mucha gente, que fue solo unos minutos, o tal vez segundos; pero para mí, no había ni tiempo ni espacio. Sólo recuerdo que unos ojos me miraban y me dijeron las palabras más maravillosas que jamás había escuchado antes."
"Una mirada especial, porque en ella se puede ver la mirada de Dios, sin dudas."
(al preguntarle a Marcela si podía publicar su carta me respondió:
“ Por supuesto puede publicar mi carta a Crónica de Lectores de La Nación  y la foto. Si escribiera un nuevo testimonio sobre aquel hermoso momento, le aseguro que volvería a escribir lo mismo, solo podría cambiarle el final, diciendo que “he tenido el honor inmerecido de ver mi mirada reflejada  en los ojos a un santo y espero, algún día, volver a verlo en el Cielo”
Paz y Bien

viernes, 2 de diciembre de 2011

Congreso de la Divina Misericordia – “el Señor tenía un plan para nosotras ” - El testimonio de Begoña

Este es el segundo testimonio que me confiaron durante el Congreso de la Divina Misericordia. Infinitas gracias a Begoña por abrirnos su corazón!





Tengo 62 años, soy de Cadiz (España) y sólo hace nueve años que estoy en la Iglesia " consciente " de que soy miembro de ella.

Pertenezco a una familia burguesa de cinco hermanos ; la pequeña nació con Síndrome de Down. Todo lo que quería lo tenía y además era alegre, simpática , extrovertida y mi única obsesión era divertirme y vivir la vida a tope en fiestas, viajes y juergas en la alta sociedad en la que me movía., la vida me regaló también un trabajo que me venía como anillo al dedo........trabajé en Cruceros de lujo viajando por todo el mundo, y como os podéis imaginar.... metida en el Pecado hasta el cuello...., yo era el Dios de mi historia y de mi vida y nada se me ponía por delante.

Con 45 años muere mi madre y me hago cargo de mi hermana con Síndrome de Down, de 32 , minusválida y muy enferma de corazón........el mundo se me cae encima.........!!!!! mi madre...,mi trabajo...,mi libertad,... mi dinero.....!!!!! y me convierto en ama de casa - al cuidado de una enferma - que además no sabía ni freír un huevo !!!!
Los primeros años fueron desgarradores, sufriendo, llorando y para más "inri " fingiendo una naturalidad que mi corazón no sentía., lo único que yo quería era salir corriendo.... corriendo.... y no parar nunca.

Fueron los últimos cuatro años antes de morir mi hermana cuando empiezo a llevarla los Domingos a Misa por hacerle un poco el plan y entretenerla.......me impresionaba lo feliz que la veía cuando venía de comulgar, como se acercaba al coro de la Iglesia y cantaba con ellos....

Pero el Señor tenía un plan para nosotras!

Un día pensando que hacía muchos años que había muerto nuestra madre... se me ocurrió acercarme a una Iglesia que habían hecho nueva y encargarle una Misa , y al cura no se le ocurre otra cosa que decirme si quería ser catequista........YO!!!!!!!!!! Usted no sabe con quién está hablando !!!!!!!!! PERO SI LLEVO 30 AÑOS FUERA DE LA IGLESIA !!!!!!!!!!! IMPOSIBLE !!!!!!!! IMPOSIBLE !!!!!!!!!!! el insistía e insistía..........al final me dejó por imposible pero a los seis meses de esto volvió a la carga y recibo una llamada en el móvil del cura, volviéndome a pedir con insistencia ser catequista.........
Volví a decirle que NO,... que NO y después de una hora al teléfono el cura me dijo........empezamos el sábado y colgó.

Esto fue un jueves, yo seguía diciéndome que NO....NO..NO..NO.......pero me quedé incomoda.........pero NO,NO y por primera vez me cuestionaba.........Caramba!!!!! tengo 50 años y es la primera vez que la Iglesia me pide algo y no soy capaz de dar ni una hora de mi tiempo.....pero NO., IMPOSIBLE !!!!! Bueno ,le diré que perdone pero que NO,.... que lo siento.......
¿ Pero cómo se llama la Iglesia ? ah, ni idea.
¿ pero cómo se llama el cura ? ah, ni idea.........

Bueno.... pues iré a decírselo personalmente.... me dije, y cuando lo vi venir hacia mí, y sin mediar palabra por su parte, LE DIJE QUE SI !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Y a la media hora estaba en el Altar agarrada a mi hermana y recibiendo la Biblia.

Al mes de esto vi un cartel que anunciaba CATEQUESIS DE ADULTOS.......OH, qué bien me vendría a mí.!!!!! me dije y comencé las charlas y resultó ser el CAMINO NEOCATECUMENAL.......
Y después de nueve años..........MEDJOUGORJE ....

y CONGRESO DE LA DIVINA MISERICORDIA para darle gracias al Señor por la infinita Misericordia que ha tenido conmigo, por su paciencia.... y para dejarle mi pasado a SU MISERICORDIA, mi futuro encargárselo a su PROVIDENCIA y vivir el momento presente lo más cerquita posible de EL.
Begoña Larrañaga Barreras

jueves, 17 de noviembre de 2011

Congreso de la Divina Misericordia – “Esta es tu casa” - José me cuenta como encontró la fe




En el Congreso de la Divina Misericordia cada grupo lingüístico tenía reservado su lugar (que se respeto los primeros días, después nos fuimos mezclando) y como además había actividades diferenciadas por grupos nos conocimos mas entre los grupos de habla hispana. En el grupo me encontré con Jose con una historia fascinante y me pareció interesante pedirle un testimonio para el blog, aunque no es un testimonio del Congreso mismo, pero está íntimamente relacionado pues es un testimonio sobre el increíble don de la fe, como le fue donada la gracia, sin haberla siquiera buscado. Jose tuvo la amabilidad de responderme y escribirme algunas líneas como fue el comienzo de su camino hacia la fe, como cambio su vida y como la vive hoy:
Me decía que el no es de esas personas que creen en milagritos, fenómenos anormales… tampoco es muy “carismático”, él prefiere “una vida más en silencio” y me prometió contarme más. Para el cambia todo a partir de su primer viaje a Medjugorje en el 2008 con ocasión de la Fiesta de la Juventud. Dice que fue como un “chispazo” en su vida y me cuenta: acababa de perder a mi familia con una traumática separación y mi vida iba mal, pero fue la primera vez en mis 57 años que me senti querido de una forma especial. Había tenido familia padres y hermanos, esposa, hijos, amigos … pero nunca como aquella experiencia que es algo por lo que merece la pena dar la vida. Como es lógico desde aquel momento mi vida cambió buscando al Señor al que deseo amar por encima de todas las cosas a pesar de estar rodeado de miserias. Y cómo cambió todo? pues yendo a misa cada día, rezando el rosario cada día, haciendo una hora de oración todos los días, leyendo la biblia todos los días, ofrecimiento especial todos los viernes con rezo del viacrucis y ayunando de algunas cosas.....e intentando tener presencia de Dios para todo.”





Jose ya planea pasar fin de año en Medjugorje porque – dice “es muy reconfortante para mi saber - como me dijo un sacerdote mexicano de tijuana - que la Gospa me tiene en sus brazos arropado cada vez que voy.......” y agrega que para él “ lo importante es el fruto, no tanto el tema de los videntes y toda la parafernalia que se organiza allí no me interesa nada; es más el sol, la luna que se muevan, que giren eso no alimenta para nada mi fe.”
Y finalmente me cuenta como fue aquel comienzo de su primer “encuentro” justamente en Medjugorje:



“Era mayo de 2008. Una amiga me enviaba correos y me llamaba invitándome que fuera a Medjugorje. Yo desconocía el lugar y no tenía el más mínimo interés en ir, más cuando era por un motivo de unas supuestas apariciones en un pueblo perdido de Bosnia Hercegovina.
Yo consideraba a esta amiga muy pesada, pero fue tal su insistencia que consiguió que me apuntara. Mi vida por entonces era realmente aburrida. Ya llevaba dos años separado de mi familia y mi verano lo pasaba absolutamente solo en un chalet en la playa. Así que me presente en Madrid para tomar el autobús y me encontré un público variopinto, que eran mayoría padres y madres de familia con niños, algunas chicas y chicos jóvenes, un matrimonio mayor, varias monjas de la orden Guadalupana y un sacerdote. Quedé absolutamente horrorizado. No sabía si volverme o seguir. Me sentía realmente mal allí. Encima, antes de salir, se organizo una Misa con todo tipo de cánticos y yo seguía pensando todo el tiempo como escapar de allí!
Por fin arranco el autobús en dirección a los Pirineos. Paramos en el Santuario del Pilar y por la noche llegamos a un camping en Albanya, un pueblo en los Pirineos. Rápidamente a montar las tiendas de campaña y a dormir. Las familias llevaban comida. Yo nada. Era angustiante. En el camping todo estaba cerrado cuando llegamos. Era la primer noche en mi vida años que dormía en una tienda de campaña y pude dormir - a pesar de las piedras que eran muchísimas - pero al menos no estaban rezando todo el día como en el autobús. El segundo día de viaje al anochecer acampamos en un prado, junto a un lago precioso en Francia. Hacia frio y el viento casi se llevaba las tiendas, pero al menos me sentí tranquilo. Visitamos los santuarios de La Salette y Nuestra Señora de Laus. Más tarde en Turin visitaríamos la Iglesia con la Sabana Santa y la Iglesia donde se encuentra el cuerpo incorrupto de San Juan Bosco. Al salir de esta Iglesia de repente pensé que un sacerdote podría dirigir mi vida espiritual, cosa que jamás hubiera deseado.
El tercer día llegamos a Padova en Italia y como era muy tarde nos facilitaron habitaciones y por fin dormimos en camas de verdad. Fue estupendo.
El cuarto día atravesamos la frontera por Trieste y entramos en Eslovenia, verde y preciosa, cruzamos la frontera de Croacia y todo el tiempo por autovía hasta Split. Paramos a mitad de camino y en un aparcamiento de carretera celebraron la Misa. Me parecía todo tan absurdo, que ni asistí a la Misa y me dedique a pasear por los alrededores. A la 01,00 de la madrugada llegamos a Medjugorje y tras el reparto de habitaciones me encontré con la sorpresa que compartía habitación con un chico joven y no estaba dispuesto hacerlo. Al organizador le dije de todo, incluso que me iba a un banco y dormiría en la calle. Los pobres no sabían que hacer conmigo pero no había solución pues en el hotel no había ningún sitio… Al final cerca de las tres de la madrugada entre en la habitación y al pobre chico lo asuste de tal forma que ni asomaba la cabeza de debajo de las sabanas. A la mañana siguiente no se qué paso, pero me levante y pedí perdón al organizador y al compañero de cuarto. No era justo mantener esa actitud. Después de pedir perdón, aceptar y compartir por primera vez en todo el viaje me sentí bien. Era la primera vez que compartía algo en muchísimos años.
Al dia siguiente, a medida que comienzo a subir el monte de las apariciones noté algo especial. Era como si estuviera muy a gusto, muy protegido y todos los músculos se aflojaron. Mi resistencia a todo aquello empezaba a caer. Rezaba sin parar y aun lloraba. Es más recuerdo que me preguntaba por aquellos montes si estaba cuerdo, si me habían contagiado con tantos rezos y no dejaba de hacerme preguntas y preguntas….toda mi vida anterior pasaba por mi mente, como algo absolutamente doloroso, pero a la vez esos llantos que me ahogaban me llenaban de paz. La semana entera transcurrió igual. Me tenía que esconder para que nadie me viera llorar pero conseguí una paz impresionante como no existe aquí en la tierra y me notaba lleno, abrazado por la Gospa en todo momento. Es algo poco creíble, tampoco yo me lo creía. Pero siempre digo que por esos ratos de felicidad daría absolutamente toda mi vida, nunca en mi vida había sentido de esa manera que algo muy grande me protegía y me daba paz.




En el año 2008 aun se frecuentaba una capilla cerca del Cenáculo en la que yo pasaba horas y horas ante el Santísimo. Allí una mañana cerca de las 12.00 note que alguien me tocaba en mi hombro y me decía con voz potente: “Esta es tu casa”. Giraba mi cabeza y allí no había nadie. Ocurrió tres veces, pero pensé que eran cosas de mi imaginación, que ya estaba desbordada. Sin embargo, cuando regrese a mi ciudad pude comprender que significaban aquellas palabras, pues siempre que entraba en una Iglesia no podía aguantar mucho tiempo. Me ponía nervioso y no resistía muchos minutos pues todo me parecía pesado y me aburría. A mi vuelta de Medjugorje, pude observar con sorpresa, que podía estar horas en la Iglesia y ya nada me hacia huir hacia fuera.
Al regresar - otros cuatro días para volver en autobús y con las tiendas de campana - visitamos San Giovanni Rotondo donde rece al Padre Pio que me hizo un gran milagro. Pude ver junto a su tumba, en la que estaba expuesto el cuerpo incorrupto, a mi padre sonriente y feliz, que hacía ya más de un año que no estaba con nosotros. Recuerdo que lloraba y preguntaba porque a mí me pasa todo esto? Pero me dio paz. En Roma visitamos la tumba de Juan Pablo II, en Asís a San Francisco. Todo había cambiado en mi interior y ahora sin querer ni esperarlo me sentía muy bien con las cosas de Dios. En Lourdes pedía por una hermana con un cáncer terminal.. al poco tiempo mi hermana ya estaba en el cielo….
Acabando os cuento que ya de regreso a mi ciudad, después de muchos días de viaje y cruzando una plaza con las maletas con la primer persona que me encuentro es el sacerdote en el que había pensado en Turín…hoy sigue siendo mi Director Espiritual.
Durante dos o tres meses me sentí muy bien, tan bien que un sacerdote me dijo que estaba viviendo las Bienaventuranzas en vida y que eso era un regalo que Dios me estaba dando. Transcurrido este periodo todo, poco a poco, fue desapareciendo y quedo la practica continua de los sacramentos y el adorar a Dios cada día. Es cierto que soy de barro, pero después de todo lo que acabo de contar “yo quiero ir al cielo” cueste lo que cueste. “





martes, 20 de septiembre de 2011

Testimonio de lo vivido en la JMJ 2011 Madrid

las imagenes son de la pagina oficial de la JMJ 2011 Madrid



“Con todo el cariño para mi amiga Ljudmila, admiración por su blog, y un poco tarde (pero más vale ahora que nunca), voy a intentar escribir unas líneas sobre lo que viví en la JMJ2011.


Soy española, y estuve en Madrid desde el viernes 19 hasta el domingo 21. Al llegar, qué Emoción. El metro, lo primero que vi, estaba lleno de gente JMJ, de católicos. ¡Tantos sacerdotes jóvenes y peregrinos! De todas partes, reconocibles por sus camisetas, sombreros y sus cruces. Madrid era de color JMJ. ¡Gente como tú!. Eso es lo que sentí…
La preparación a la Jornada también fue muy bonita. El Magnificat en su edición Libro del Peregrino me pareció fantástico. Los Santos Patronos, orar por los frutos de la Jornada, también a nivel personal, y prepararnos para recibir la indulgencia plenaria y ¡la Consagración al Sagrado Corazón de Jesús!. Con Juan Pablo II como Patrono al que dedicábamos las oraciones del último día previo…
Participé en la JMJ con mi hermana. No nos vemos tanto y fue una ocasión preciosa para estar juntas. Yo comencé con el Via Crucis, con las meditaciones de las Hermanas de la Cruz, de Santa Angela, y los pasos de la Semana Santa española como estaciones. Al Papa lo veíamos lejos…¡pero bien en la pantalla!. Estuvimos junto a una familia del Camino Neocatecumenal de Madeira, brasileños, españoles… Surgen algunos roces, con gente que llega tarde y se pone en un sitio donde no deja ver a los demás… Pero si se nos escapa alguna llamada de atención menos amable, recapacitamos y terminamos haciéndonos amigos… Al terminar, intentamos ir a rezar a la Iglesia del Carmen donde “dormía” el paso de la Virgen de Regla, pero estaba aún cerrada… y nos fuimos nosotras a dormir.
El sábado fuimos al Parque del Retiro. Allí estaban los confesionarios -¡y nos confesamos, quedamos encantadas con los sacerdotes que ayudaban a realizar un exámen de conciencia a fondo!- y la capilla de Adoración al Santísimo que coordinaban las Misioneras de la Caridad. Luego, a la Feria de las Vocaciones, donde pasamos por los stands de muchísimas comunidades. Me encantó el de la Fraternidad Arca de María, de Brasil, donde recibí una imagen de la Misericordia Divina, el acto de consagración de S. Luis Mª Grignon de Montfort…
Bueno, y después de comer, a Cuatro Vientos, donde tuvo lugar la Vigilia y la Misa del domingo. Cuatro Vientos era el macroescenario de un concierto de rock. ¡Qué calor! Todos estaban ya “acampados”, con lonas, tiendas, durmiendo –a veces en bikini-…y regándose. Estábamos en D7. Así que nos situamos en un pequeño espacio que quedaba frente a una pantalla. Territorio italiano. La diócesis de Turín al frente, con la parroquia de Andrea y sus amigos delante nuestra. ¡Qué recogimiento al rezar la Liturgia de las Horas!. También los portugueses de los Equipos de Nuestra Señora, muy simpáticos. Nada más llegar salió en pantalla Monseñor Munilla, el obispo de San Sebastián, hablando de la Consagración que haría el Papa al Sagrado Corazón. Un obispo tan maravilloso… Y en España la Consagración al Sagrado Corazón tiene un gran significado, desde que el Rey de España, Alfonso XIII, pronunciara la fórmula de consagración en 1.919, frente al que sería el Carmelo del Cerro de los Angeles, de Santa Maravillas de Jesús, en Madrid… Así que esperamos al Papa y nos preparamos para pasar allí la noche (me hago ilusiones de que en algún momento de la noche alguna capilla de las varias que hay estará tranquila).
Qué inesperada la lluvia, ¿no os pareció?. Creo que no fue para tanto, un poco de tormenta tropical, ¡pero nos desconcertó a todos!. El Papa se rió. ¡Y menos mal que volvió, cómo se iba a ir, no creo que entrara en su cabeza! Tuvimos un pequeño cambio de planes y decidimos irnos a casa al terminar.



Cuando aterrizamos de nuevo en D7 a la mañana siguiente, nuestros friends italianos seguían allí. Al final el bikini había sido una buena idea, pues así se habían podido cambiar de camiseta. La Misa muy bonita, aunque el Papa no pasó a nuestro lado, con la pequeña desilusión de que Comunión imposible, pero con nuestros turineses la hicimos espiritual.
Y me voy de nuevo de Madrid. En la estación coincido con los Hermanos de la Cofradía de los Panaderos, que habían llevado a la Virgen de Regla desde Sevilla a Madrid. Me contaron con qué emoción lo habían vivido y lo bien que habían visto al Papa en el Via Crucis. También coincidí con la Diócesis de Corea del Sur. ¡150 personas, creo, que después de Madrid iban a Barcelona!. Había una chica universitaria muy simpática y varias religiosas de diversas congregaciones.
Me voy cansada, emocionada, contenta. ¡Ljudmila, tu irás a Brasil, y a ver si yo puedo acompañarte!. Un abrazo a todos tus lectores. Myriam, España.”

Gracias de corazón Myriam por tu testimonio y tu amistad. Ljudmila

lunes, 10 de agosto de 2009

¿Qué es el sacerdote? ¿Qué es el sacerdocio? Testimonio de Juan Pablo II


…“El sacerdocio es una vocación.

Nadie se arroga esta dignidad, sino sólo el llamado por Dios. Lo pone muy bien de manifiesto el autor de la carta a los Hebreos cuando afirma que la vocación divina al sacerdocio no se refiere sólo a los sacerdotes del Antiguo Testamento sino, ante todo, a Cristo mismo, el Hijo consustancial con el Padre, instituido sacerdote según el rito de Melquisedec, único sacerdote para siempre de la nueva y eterna alianza. En esta vocación del Hijo al sacerdocio se expresa una dimensión del misterio trinitario.
Al mismo tiempo, el sacerdocio de Cristo constituye una consecuencia de la Encarnación. Al nacer de María, el Hijo eterno y unigénito de Dios entra en el orden de la creación. Se convierte en sacerdote, el único sacerdote y, por esta razón, quienes tienen el sacerdocio sacramental en la Iglesia de la nueva alianza, participan en su único sacerdocio.
El sacerdocio es un don. Dice la Biblia: "Nadie se arroga tal dignidad, sino el llamado por Dios" (Hb 5, 4).

El sacerdocio es punto clave de toda la vida y misión de la Iglesia.
El sacerdocio es un misterio, que supera al hombre. Ante esta realidad es necesario repetir con san Pablo: "Son insondables sus designios e inescrutables los caminos de Dios"
(cf. Rin 11, 33)”.


El 1ro de noviembre de 1995 Juan Pablo II comenzaba el quincuagésimo año de su sacerdocio y continuando sus meditaciones en un festival durante el cual se escucharon diversos testimonios acerca del sacerdocio, a treinta años de la promulgacion del decreto del Concilio Vaticano II Presbyterorum Ordinis Juan Pablo II resumia brevemente el origen de su propia vocacion:

“Pensando en la historia de mi vocación, debo confesar que fue una vocación adulta, aunque, en cierto sentido, anunciada en el período de mi adolescencia. Después del examen final en el instituto de Wadowice, en 1938 comencé a estudiar filología polaca en la Universidad Jaguelónica de Cracovia, lo cual respondía a mis intereses y predilecciones de entonces. Pero esos estudios fueron interrumpidos por la segunda guerra mundial, en septiembre de 1939. Desde septiembre de 1940 comencé a trabajar, primero en una cantera de piedra y después en la fábrica Solvay. Precisamente en esa difícil situación maduró en mí la vocación sacerdotal. Maduró entre los sufrimientos de mi nación; maduró en el trabajo físico, entre los obreros; inauguró también gracias a la dirección espiritual de varios sacerdotes, especialmente de mi confesor. En octubre de 1942 me presenté en el seminario mayor de Cracovia y fui admitido. Desde ese momento, aunque seguí trabajando como obrero en la fábrica Solvay, me convertí en estudiante clandestino de la facultad de teología en la Universidad Jaguelónica, y en alumno del seminario mayor de Cracovia. Recibí la ordenación sacerdotal el 1 de noviembre de 1946 de manos del cardenal Adam Stefan Sapieha, en su capilla privada.
4. El sacerdote es el hombre de la Eucaristía. En el arco de casi cincuenta años de sacerdocio, la celebración de la Eucaristía sigue siendo para mí el momento más importante y más sagrado. Tengo plena conciencia de celebrar en el altar in persona Christi. Jamás en el curso de estos años, he dejado la celebración del santísimo sacrificio. Si esto sucedió alguna vez, fue sólo por motivos independientes de mi voluntad. La santa misa es de modo absoluto el centro de mi vida y de toda mi jornada. Ella se encuentra en el centro de la teología del sacerdocio, una teología que he aprendido no tanto de los libros de texto, cuanto de modelos vivos de santos sacerdotes. Ante todo, del santo párroco de Ars, Juan María Vianney. Todavía hoy me acuerdo de la biografía escrita por el padre Trochu, que literalmente me conmovió. Nombro al párroco de Ars, pero no es el único modelo de sacerdote que me ha impresionado. Ha habido muchos otros santos sacerdotes a los que he admirado, habiéndolos conocido tanto a través de sus hagiografías como personalmente, porque son contemporáneos. Los miraba y aprendía de ellos el significado del sacerdocio, como vocación y ministerio.
5. El sacerdote es hombre de oración. "Os alimento con lo que yo mismo vivo", decía san Anselmo. Las verdades anunciadas deben descubrirse y hacerse propias en la intimidad de la oración y de la meditación. Nuestro ministerio de la palabra consiste en manifestar lo que primero ha sido preparado en la oración.
Sin embargo, no es ésta la única dimensión de la oración sacerdotal


martes, 19 de agosto de 2008

XV Jornada Mundial de la Juventud 2000 - 5 - Testimonio


Reconozco que iba con pocas ganas a Roma. No porque el plan resultara aburrido sino porque me encontraba cansado después de un verano bastante movido. Sin embargo todo dio un giro de 180º en pocas horas. Y no fue ese cambio lo llamativo sino que lo acontecido allí siguió influyendo decisivamente en mi actividad diaria durante más de un año...
Llegamos a Roma el viernes-18 de agosto al final de la tarde. Dejamos nuestras bolsas y mochilas en la Parroquia del Beato Josemaría (el mismo Juan Pablo II lo canonizaría dos años después), cenamos y nos fuimos a dormir. Al día siguiente tuvimos que madrugar para ir a Misa y comenzar nuestra peregrinación hacia el Campus Universitario de Tor Vergata, donde iba a tener lugar la Vigilia de Oración con el Papa.
La caminata desde que empezamos a andar fue de unos 10-15 kilómetros. Hacía un calor sofocante (el ferragosto romano) y avanzábamos con lentitud, pues allí estábamos convocados dos millones de jóvenes. En contraste, todo era alegría: la gente cantaba (oí por primera vez el himno de la JMJ que después no abandonaría mi memoria) o hablaba pasando de un grupo a otro, saludando a todo el mundo (unas veces en inglés, otras en francés, otras en italiano... ¡o mediante signos!) y esas conversaciones confiadas ofrecían la impresión de un encuentro entrañable entre viejos conocidos.... y adelanto que hubo un hecho -aparentemente insignificante y puntual- que marcó el resto de esos días y cambió -junto al “diluvio” de gracias que recibimos entonces- el rumbo de mi vida. Lo relataré al final de este testimonio.

Cuando acabó la Santa Misa, el domingo-20, yo caminaba agotado, sudoroso... pero inmensamente feliz (como en una nube). Me “perdí” -cosa fácil entre tantas personas- de mi grupo. Los romanos seguían refrescándonos con mangueras que conectaban a sus casas mientras pasábamos (¡cuánto agradecimiento!...). Recuerdo que -iba medio “zombi”- cuando me detuve ante una fuente para beber, éramos tantos que pensaba que nunca conseguiría hacerlo ..... Alguien llenó su botella y me la acercó para que bebiese de ella. Lo hice agradecido y esa persona volvió a esperar para llenarla de nuevo. –“Merci”, respondí sin saber si era francés, sólo por el hecho de que la última conversación que había mantenido fue en ese idioma. ¡Cuánta felicidad!... (estábamos como en el cielo)
Muchos recuerdos de esos días romanos. Y una idea clave: el Papa nos había pedido ser “heraldos de Cristo”, nos había dado una misión concreta para cuando regresáramos y no podíamos defraudarlo sin sentirnos desertores o incluso traidores... Personalmente no sabía manejar en aquella época internet: pero algunos amigos menos prehistóricos que yo sí. Uno de ellos me consiguió los textos de todo lo que nos había dicho el Papa esos días (y también el Mensaje de preparación para la JMJ escrito un año antes). Empecé a hacer fotocopias de esas veintitantas hojas... ¡más de cien copias! Y empecé a repartirlas. Pero no se trataba de soltar documentos sin más, no... Cada entrega iba acompañada de una conversación profunda (de una hora) o -si se trataba de personas que vivían lejos y a las que debía enviar los textos por correo- acompañada de una carta igualmente extensa y encendida... Reconozco que volví cambiado de Roma: solía decir entonces que estaba “como una moto”. En esas conversaciones transmitía lo que el Papa nos había dicho y concretaba según la situación de cada uno: volver a la Misa los domingos, preparar una buena confesión, la pureza, hacer un rato de oración todos los días, la obligación de hacer apostolado y transmitir a los más cercanos lo que Juan Pablo II nos había dicho...
Tanto se prolongó este proceso que recuerdo haber seguido quedando con amigos para hablar y darles esos textos en Navidad de 2000 y -creo que fue entonces cuando terminé- en Semana Santa de 2001. Cada vez que en esas conversaciones recordaba lo de Tor Vergata me emocionaba e iba encendiéndome (así me lo hacían notar esos amigos).
Terminó ese curso. Me había encargado los últimos meses -por enfermedad de un profesor- de un grupo difícil de 2º ESO (13-14 años). Tuve que ser exigente con ellos, pero pensé que también a ese grupo debía transmitir “a fondo” el mensaje del Papa. Como eran muy jóvenes para darles los textos íntegros, decidí preparar un pequeño resumen (con acotaciones y breves comentarios): no iba a resultar difícil, pues tenía los textos originales subrayados y con anotaciones al margen, ¡después de tanto tiempo llevándolos a la oración!... Apenas hubo tiempo (estábamos ya bien entrado el mes de junio): un día les proyecté un breve vídeo-resumen (apenas 10 minutos: emocionantísimo) de la Vigilia de Oración del 19, y les hice un comentario de media hora antes de darles los cuadernillos-resumen.
Ese verano volví a repartir más de cien copias (ahora del cuadernillo-resumen) entre otros amigos y gente conocida...

Años más tarde, cuando aprendí a usar internet colgué en mi web el documento-resumen de aquella JMJ inolvidable...
(...)
El día 19 de agosto por la tarde conocí también a un muchacho de Madrid que se había “instalado” junto a nosotros en Tor Vergata. Hablamos mucho. Cuando se acercaron las 9 de la noche (hora de llegada del Papa) nos acercamos a una de las calles ...que dividían el Campus. Lo hicimos con la esperanza de que Juan Pablo II pasase por allí... y otros miles..... Coincidimos entonces con un chico y una chica franceses.... Tendrían unos veinte años o poco más. En francés nos comentaron que habían estado el año 97 en la JMJ que tuvo lugar en París .... Eran muy entusiastas y comentaban que su encuentro con Juan Pablo II les había marcado interiormente. Habían venido con otros jóvenes en autobús desde París. Desconozco si eran amigos, hermanos o novios. Él se llamaba Xavier.
Cuando el Papa llegó a Tor Vergata y empezó a recorrer el Campus en el papamóvil, su imagen fue recogida en las pantallas gigantes. En ese momento me giré hacia Xavier para hacerle un comentario y... (no le dije nada) lo vi con los ojos cerrados y las manos cruzadas delante de su cara: se había puesto a rezar con todas sus fuerzas nada más aparecer la imagen del Papa, que ya estaba cerca de nosotros. Me emocionó verlo así: ¡cuánto quería a Juan Pablo II ese muchacho alegre y -según pensaba yo hasta ese momento- un poco alocado!... Me dio una lección que ya no iba a olvidar. Esa imagen de Fe no se borraría más de mi memoria...
Lamento no haberle pedido sus datos -su dirección- en ese momento, pues pensé ingenuamente que volveríamos a vernos por ese sector del Campus cuando terminase la Vigilia de Oración. Sólo sé que se llamaba Xavier. Desde entonces -han transcurrido 8 años- rezo frecuentemeente por Xavier Thuram (así lo llamo porque desconozco su apellido y en aquel momento llevaba una camiseta de la selección francesa -que acababa de ganar la Eurocopa- con el nombre de ese jugador). Él no sabe hasta qué punto me ayudó con su ejemplo en ese breve encuentro y nunca he podido agradecérselo..."