Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

domingo, 14 de agosto de 2016

El misterio de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María con los ojos espirituales de San Maximiliano Kolbe.


Rubens: Inmaculada de Wikipedia

“ «Te saludo, llena de gracia, el Señor es contigo» (Lc 1, 28).
Mientras estas palabras del saludo del Ángel resuenan suavemente en nuestro alma, deseo dirigir la mirada: junto con vosotros, queridos hermanos y hermanas, sobre el misterio de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María con los ojos espirituales de San Maximiliano Kolbe. El dedicó todas las obras de su vida y de su vocación a la Inmaculada. Y por eso en este año, en el que ha sido elevado a la gloria de los Santos: él está mucho más cerca en la Solemnidad de la Inmaculada de quien amo definirse «militante».
El amor a la Inmaculada fue, en efecto, el centro de su vida espiritual, el fecundo principio animador de su actividad apostólica. El modelo sublime de la Inmaculada iluminó y guió su intensa existencia sobre los caminos del mundo e hizo de su muerte heroica en el campo de exterminio de Auschwitz un espléndido testimonio cristiano y sacerdotal. Con la intuición del santo y la finura del teólogo, Maximiliano Kolbe meditó con agudeza extraordinaria el misterio de la Concepción Inmaculada de María a la luz de la Sagrada Escritura, del Magisterio y de la Liturgia de la Iglesia, sacando admirables lecciones de vida. Ha sido para nuestro tiempo profeta y apóstol de una nueva «era mariana», destinada a hacer brillar con fuerte luz en el mundo entero a Cristo y su Evangelio.
Esta misión que él llevó adelante con ardor y dedicación, «lo clasifica —como afirmó Pablo VI en la homilía para su Beatificación— entre los grandes Santos y los espíritus videntes que han comprendido, venerado y cantado el Misterio de María» (lnsegnamenti di Paolo VI, IX, 1971, p. 909). Asimismo, conocedor de la profundidad inagotable del misterio de la Concepción Inmaculada, para la que «las palabras humanas no son capaces de expresar Aquella que ha llegado a ser verdadera Madre de Dios» (Gli escritti di Massimiliano Kolbe, eroe di Oswiecjm e Beato della Chiesa, Vol. 3, Edizione Cittá di Vita, Firenze, 1975, v. III, p. 690), su mayor dolor era que la Inmaculada no fuera suficientemente conocida y amada a imitación de Jesucristo y como nos enseña la tradición de la Iglesia y el ejemplo de los Santos. En efecto, amando a María, nosotros honramos a Dios que la elevó a la dignidad de Madre de su propio Hijo hecho Hombre y nos unimos a Jesucristo que la amó como Madre; no la amaremos nunca como El la amó: «Jesús ha sido el primero en honrarla como su Madre y nosotros debemos imitarle también en esto. No renunciemos nunca a igualarle en el amor con que Jesús la amó» (Ibidem v. 11, p. 351). El amor a María, afirma el P. Maximiliano, es el camino más sencillo y más fácil para santificamos, realizando nuestra vocación cristiana. El amor de que habla no es, en verdad, sentimentalismo superficial, sino que es esfuerzo generoso es donación de toda la persona, como él mismo nos demostró con su vida de fidelidad evangélica hasta su muerte heroica.”

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