Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

miércoles, 17 de agosto de 2016

JMJ 2016 (25) Branko Cestnik: “El derrumbe del comunismo en Nowa Huta”

La revolución soviética rechazaba reiteradamente  la idea que un día podría finalizar.  
Francois Furet en  El pasado de una ilusión.

Levanten bien alto la cruz para que pueda verla a través de las llamas
Juana de Arco  minutos antes de su muerte en la hoguera.



Nowa Huta,   distrito barrial de Cracovia,   es  una fantástica historia de la prevalencia del espíritu sobre la materia, del imparable anhelo de libertad individual en un entorno de férrea ingeniería social,  pero a su vez la historia de una suave pero decidida victoria de la cruz de Cristo sobre la ideología de la estrella roja.



Supe de Nowa Huta ya cuando - en mi época de joven estudiante de filosofía en la Universidad Lateranense de Roma - comencé a reunirme con los muchachos del movimiento Comunión y Liberación. Estos chicos italianos estaban al tanto de lo que ocurría en Polonia.  En 1987 obviamente aun no podían saber que el muro de Berlín caería ya en 1989, pero ya conocían el fracaso experimentado por el comunismo en Nowa Huta.  Directa, estratégicamente simbólico allí donde más duele – en las relaciones de los trabajadores con Dios.

Ahora sabemos mucho más de Nowa Huta. Cualquier biografía del Papa menciona este barrio, de lo ocurrido allí se han filmado películas, en la web podemos ver las artísticas  fotografías de Robert Kosieradzki y en la literatura pastoral  se menciona a Nowa Huta como el lugar donde nació el concepto “nueva evangelización”.

Simplemente no podía dejar de ir allí durante mis días de la JMJ en Cracovia.

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La Nowa Huta de hoy está lejos de ser uno de esos grises y típicos barrios socialistas.    Es verdad que los monoblocks son aburridos, toscos, aun quedan entre ellos algunos reductos de los famosos bares lácteos (Bar mleczny), algunas soluciones arquitectónicas, algunos arcos y columnas son quizás algo ridículos por no decir “fascistoides”como define Slavoj Žižek la arquitectura de Plečnik.  Pero visto en general Nova Huta se ve más fresca y más agradable que algún pueblo de Celje.  La abundante vegetación ayuda. Puede que a  algún esloveno 101% comunista no le quepa en la cabeza, pero hasta las copas de los árboles plantados en Nova Huta en tiempos de aquel socialismo embrutecedor, se ven hoy mas frondosas y su sombra mas invitadora.     

Si comparamos la lógica urbanística de Nowa Huta con algún lugar de Eslovenia podría asemejarse a Kidricevo en Dravsko Polje:  un espacio en estilo concéntrico simulando una gallina con sus polluelos : una enorme fábrica de aluminio en el centro,  a su alrededor sus polluelos en forma de monoblocks cuadrados  salpicados por pedazos de verde, un enorme comedor comunitario con intenciones colectivistas, sin iglesia en su proyecto original….

Además de echar un vistazo general a los alrededores ese sábado por la tarde,  cuando la mayoría de los participantes de la JMJ peregrinaba a pie hacia el Campus Misericordia,  tenía dos objetivos bien claros:  la Avenida de los Defensores de la Cruz y el monasterio en el barrio Mogila. Queria ver el lugar donde aquellos legendarios obreros defendieron la cruz de madera;  quería ver el lugar donde Juan Pablo II pronunciara por primera vez el sintagma “nueva evangelización”,  que hoy muchos consideran  como el programa de la iglesia universal para el siglo XXI.

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El historiador François Furet en El pasado de una ilusión escribe profusamente sobre el comienzo del  fin del comunismo. Para el no hay dudas. El comienzo del fin arranca en 1953, cuando muere el tirano rojo Josip Visarijonovič Džugašvili Stalin, y en febrero de 1956 cuando Nikita Hruščov  en el congreso del partido comunista soviético lee el famoso “informe secreto” con el cual los comunistas comienzan con la desestalinización de la Unión Soviética y del comunismo mundial. La tesis es la siguiente: con la desestalinización los bolcheviques rusos mismos le fisuraron la columna al comunismo dañando fatalmente su sistema inmunológico.  Stalin personificaba el comunismo y cuando dijeron que Stalin no actuaba bien,  dieron, sin querer, la primer palada que cavaría la fosa de todo el comunismo del este europeo.

De aquellos años datan los descubrimientos de las primeras rebeliones de trabajadores e intelectuales del este europeo. El protagonismo lo llevan tres ciudades: Berlin, Varsovia y Budapest. En Berlín este los obreros se rebelan en 1953,  y el gobierno ruso-alemán aplasta la rebelión cruentamente.  Varsovia es testigo en 1956 de manifestaciones contra la dictadura de la estrella roja, pero merced a la perspicaz táctica del premier comunista polaco  Władysław Gomułka no se llega a la violencia. Simultáneamente ocurre la rebelión anticomunista húngara, pero Budapest,  a diferencia de Varsovia,  recibe al “auxilio hermanado del pueblo ruso” y en sus calles aparecen tanques y metralletas rusas haciendo correr sangre de gente libre. Los comunistas de todo el mundo  aprueban la intervención rusa. También Josip Broz Tito,  a quien Moscú consideraba “disidente” , estuvo de acuerdo con ahogar la “·contrarrevolución” de Hungría.

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Eran tiempos en que Cracovia tampoco descansaba. Justo allí en las cercanías del mastodonte de acero, en el recientemente construido barrio de Nowa Huta los obreros hicieron algo  que no deberían haber ni siquiera pensado menos aún realizado:  en el cruce entre las calles Marx y Majakovski clavaron una cruz de madera de 8 mts.  Alli donde el gobierno de Gomulka antes les había aprometido una iglesia, pero luego revoco  la promesa.  Es que el paraíso ateísta no preveía en su predio un signo que simbolizara la fe.


EL 27 de abril de 1969 por la mañana el régimen pretende tirar abajo  la cruz y entonces se llega a un enfrentamiento violento con los testarudos obreros de Nowa Huta.  El enfrentamiento se convierte en una lucha callejera entre  policía y  obreros.  Aparecen hombres de todos lados en defensa de la cruz listos a enfrentar a las unidades especiales a mano limpia.  Volaban piedras y las amas de casa salpicaban a la policía con agua hirviendo.  Aparecen incendiadas algunas unidades y recién a las 23 las unidades especiales logran llegarse hasta la cruz y retirar de allí a los últimos defensores. La policía bloquea Nowa Huta y se interrumpen las comunicaciones entre este barrio rebelde y el mundo.

Los medios de prensa polacos guardan absoluto silencio sobre los acontecimientos.  El cuento de obreros felices debe continuar.

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Y veamos quien aparece en estos tiempos entre los obreros que defiende la cruz; quien celebra la Misa de Nochebuena a cielo abierto allí al lado de la cruz; quien le escribe al régimen cartas oficiales de protesta? Ningún otro que quien en 1958 fuera nombrado obispo auxiliar de Cracovia y más tarde Papa:  Karol Wojtyla.


Después de múltiples enfrentamientos Nowa Huta  salva la cruz y en los años setenta en la calle Majakovski también consigue una iglesia.  El Arca del Señor (Arka Pana) le dicen. No está ubicada en el mismo lugar donde se defendía la cruz, pero si en la misma calle. En el año 1977 es consagrada por el entonces ya cardenal y cabeza de la iglesia cracoviana Wojtyla.  La gente vivencia la nueva iglesia con profundos sentimientos de triunfo.



Karol Wojtyla, ya pontífice, visita Nowa Huta en 1979. Pero el régimen no le permite visitar El Arca del Señor. En el descampado en Mogila (unos 2 kms al sudeste de Nowa Huta) el Papa pronuncia estas palabras:

No se puede disociar la cruz del trabajo humano. No se puede separar a Cristo del trabajo humano. Y esto se confirma aquí en Nowa Huta. Este ha sido el principio de la nueva evangelización.

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En los años ochenta Nowa Huta es junto a Gdansk el mayor protagonista de los disturbios obreros y de la resistencia anticomunista amparados en el mítico sindicato Solidarność, liderado por el también mítico electricista Lech Wałęsa.  El quiebre del comunismo,   junto a esta cruz  fatalmente simbólico,   lleva en los ochenta a  cambios políticos concretos.

Después del derrumbe del trágico experimento del bolchevismo del este europeo en Nowa Huta,  calles y plazas cambian de nombre.  El parque Josip Stalin recibe el nombre de Ronald Reagan para desesperación de todos los izquierdistas del mundo; la avenida Majakovski se convierte en Defensores de la cruz ((Obrońców Krzyża).

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