Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

jueves, 18 de septiembre de 2008

Unos dias de silencio y recogimiento


Unos días de silencio en mi blog por la muerte de un familiar directo que sufria del mal de Alzheimer. Terrible enfermedad, difícil de aceptar, de comprender. Sufrimiento profundo del enfermo y de sus familiares. Pero muerte bendecida por el sacramento de la unción un don particular del Espíritu Santo que le confiere una gracia particular, que une más íntimamente al enfermo a la Pasión de Cristo, por su bien y por el de toda la Iglesia, otorgándole fortaleza, paz, animo y también el perdón de los pecados, si el enfermo no ha podido confesarse…prepara al enfermo para pasar a la Casa del Padre (Catecismo de la Iglesia Católica).

Tremendo misterio el sufrimiento, que seguiré meditando para comprender esas palabras proféticas, tan encarnadas en Juan Pablo II, “« Debemos completar en nosotros aquello que falta a la Pasión de Cristo».

que nos expresa pictóricamente quien estuvo tantos años tan cerca suyo, el Dr. Joaquín Navarro-Valls, en una entrevista a “Totus Tuus”

“Creo que una de las mayores y claras enseñanzas de Juan Pablo II ha sido ayudarnos a darle un sentido más profundo a todo aquello que bajo el nombre de “Cruz” constituye el conjunto de disgustos, frustraciones, dolores y ansiedades que todos conocemos, por ser patrimonio de toda existencia humana. Recuerdo que un día después de una de las intervenciones quirúrgicas de urgencia de Juan Pablo II, entré a su habitación en el Policlínico Gemelli. Con gran y serena naturalidad me dijo:

« Debemos completar en nosotros aquello que falta a la Pasión de Cristo. Por cierto, agregaba, todo ha sido hecho ya, pero.....siempre es posible añadir un poco más..... » En otra ocasión, siempre en el Gemelli, después de la reducción de una luxación de hombro, dijo « He recibido este sufrimiento como un don ». En sus escritos, en sus homilías, pero sobre todo en su vida diaria, podía verse este amor por “la Cruz”. No sé exactamente en qué momento de su vida Karol Wojtyla comenzó su devoción al Via Crucis que recitaba completo todos los viernes dondequiera se encontrase, naturalmente también durante sus viajes al exterior. Lo recuerdo haciendo solo el Via Crucis en su capilla privada del Vaticano, pero también cuando estábamos en el Valle de Aosta por unos pocos días de descanso. Y también un viernes muy temprano y de prisa en Estocolmo, antes de comenzar con una extenuante jornada de trabajo apostólico.

Y nunca podré olvidar el día anterior a su muerte. Era viernes, 1ro de abril, Juan Pablo II sufriente en su lecho, trataba de comunicar algo que no se comprendía bien debido a la traqueotomía. Sor Tobiana, una de las religiosas que lo atendía desde hacia años, le alcanzó una hoja de papel donde el Papa escribió que quería hacer el Via Crucis. Le fueron leídas las catorce estaciones de la Pasión de Cristo. En cada una de ellas se hacia la señal de la Cruz. Al día siguiente entregaba su alma a aquel Dios que Juan Pablo II había acompañado tantas veces en Su Pasión.

Quiero, sin embargo, añadir que este amor por la Cruz no transformó su carácter en amargo o bien triste. Era precisamente de esa compañía al Cristo sufriente que emanaba su serena alegría, su constante buen humor, aquel optimismo indestructible, un rasgo decisivo de su carácter. Porque el veía en el Cristo en la Cruz – y asi lo ha dejado escrito de manera audaz y bellísima en su libro “Cruzando el umbral de la Esperanza” - la prueba mas elocuente y definitiva del amor de Dios por los hombres.” (Totus Tuus octubre 2006)

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