Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

domingo, 13 de marzo de 2011

Somos el riesgo de Dios: Reflexiones sobre los límites de la Divina Misericordia - James V. Schall, S.J. (1 de 3)

(original publicado en Ignatius Insight, Febrero 25, 2011 Traducido y publicado con permiso del autor) 1 de 3

"Podemos decir que la historia del hombre está marcada desde el comienzo mismo por el límite que Dios, el Creador, le pone al mal."
Juan Pablo II, "Redención, como el limite divino impuesto al mal."

"Más tarde, cuando la guerra había terminado, me dije: el Señor Dios le concedió doce años de existencia al nazismo, y después de doce años el sistema se derrumbó. Evidentemente ese era el limite impuesto por la Divina Providencia a ese tipo de insania."
Juan Pablo II, "El límite impuesto al mal en la Historia Europea".
I.
El Papa Juan Pablo II será beatificado en mayo, en la Fiesta de la Divina Misericordia. En su reflexión sobre "El misterio de la Misericordia", Juan Pablo II escribió: "Es como si Cristo hubiera querido revelar que el límite impuesto al mal, del cual el hombre es a la vez autor y víctima, es en última instancia, la Divina Misericordia". Él había vivido las dos grandes experiencias totalitarias del siglo XX, que se están convirtiendo en recuerdos vagos para la mayoría de nosotros. Sin embargo, no podía evitar querer saber, dentro de lo posible, porque Dios permitió que sucedieran cosas tan terribles. No son pocos quienes utilizan estos males como razones para no creer o afirmar que Dios no es bueno. Pero Juan Pablo los utiliza más bien como ocasión para reflexionar sobre lo que Dios nos estaba enseñando al permitir que sucedieran, con –obviamente – la libre cooperación de los hombres que las llevaron a cabo.

En un famoso pasaje, San Agustín dice que Dios nunca permite el mal a menos que algo bueno resulte de su ocurrencia. Él no lo "causa", pero lo permite. La pregunta que la mayoría de nosotros nos estamos planteando constantemente tiene que ver, sin embargo, con la "relación" de Dios con el mal. Nosotros queremos “culparle” a El, no a nosotros. Por ello, si el mal existe en el mundo, y la mayoría reconocerá que es así, para explicarlo tenemos que involucrar a Dios en todo este lio. Este enfoque nos dejaría inocentes. Desviamos la culpa a Dios.

Juan Pablo enfoca la cuestión del mal a través de la perspectiva de la misericordia divina, la enseñanza de la religiosa polaca, Sor Faustina, a quien Juan Pablo admiraba. El Papa Benedicto XVI explicó más tarde en Spe Salvi que la misericordia divina debe relacionarse debidamente con la justicia divina, al juicio. Un mundo donde solo impere la justicia es estéril y frío. Un mundo de tan solo misericordia tiende a aceptarlo todo. Ambas son necesarias. Pero no son reeemplazables.

La primera parte del pequeño libro Wojtyla, Memoria e identidad, Conversaciones al alba del milenio se titula “El limite impuesto al mal”. Lo primero que lógicamente notamos leyendo este titulo es que el mal no es absolutamente ilimitado. Ampliando, no existe un mal "absoluto". El mal tampoco es una "cosa". El mal siempre existe en lo que es bueno. El mal tiene sus límites, por mas amplia que pueda parecer su presencia. Dios, en otras palabras, simplemente no erradicará el mal del mundo, según su poder o el deseo de hacerlo. La posibilidad del mal depende de la posibilidad de libertad y amor.

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