Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 22 de diciembre de 2007

Renacer en Navidad

“Con afecto filial beso el umbral de mi casa natal, expresando a la divina Providencia la gratitud por el don de la vida, transmitida por mis queridos padres, por el calor del hogar, por el amor de mis seres queridos………..Con profunda veneración beso también el umbral de la casa de Dios, de la iglesia parroquial de Wadowice, y en ella el baptisterio, en el que fui injertado a Cristo y acogido en la comunidad de su Iglesia.” de la preciosa homilia durante la visita de Juan Pablo II el 16 de junio de 1999
Pila bautismal de la iglesia parroquial de Wadowice, La Basílica Menor de la Presentación de la Santísima Virgen María , donde el 20 de mayo de 1920 el sacerdote Franciszek Zak bautízo al niño Karol Wojtyla

Del discurso de saludos navideños de Juan Pablo II al Sacro Colegio de Cardenales, a la Familia Pontificia, a la Curia y a la Prelatura romana durante la audiencia el 22 de diciembre de 1978.

“La Navidad es una fiesta de afectos domésticos: junto al niño Jesus venido como hermano nuestro, es un retorno a nuestro propio nacimiento y a través de un itinerario interior, a las raíces primeras de nuestra existencia, rodeada de los amados rostros de nuestros padres, familiares, compatriotas.

La Navidad, por tanto, es una invitación a repensar nuestro nacimiento en la realidad de las circunstancias peculiares a cada uno. Tan natural como es para mí volver con el pensamiento, al compás de recuerdos sugestivos, a mi casa y a mi Wadowice, de la misma manera es natural para cada uno de vosotros retornar a la calidez de vuestros hogares…

...Llega la Navidad, viene el señor Jesus: que pueda El encontrarnos a todos – como reza el prefacio del Adviento – vigilantes en la espera, exultantes en la alabanza, ardientes en la caridad, bajo la mirada dulcemente alentadora de Aquella, que como Madre de Jesús, fue y es también Madre nuestra.

Así sea, con mi más cordial Bendición”.

Bendícenos también a nosotros querido Padre santo desde tu ventana en el cielo, para que junto a nuestros hermanos podamos caminar en la dirección que tú nos indicaste, y unidos alrededor del Pesebre renazcamos en la fé, fortalezcamos nuestra esperanza y crezcamos en caridad.

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