Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

jueves, 31 de octubre de 2013

El Papa Francisco celebra Misa frente a la tumba de Juan Pablo II


Hoy mi querido Papa argentino Francisco, ha celebrado Misa en la capilla de San Sebastián, donde bajo el altar está la tumba de  mi maestro, mi inspirador,  el Beato Juan Pablo II. Como me hubiese gustado estar presente!  Comenta Rome Reports que cada semana un grupo de sacerdotes polacos celebra Misa frente a la tumba de Juan Pablo II.  Hoy fue sorpresa para algunos – aunque no mera casualidad – que el Papa Francisco celebrara Misa allí. Mañana es el aniversario de la ordenación sacerdotal de KarolWojtyla el lro de noviembre de 1946, y al día siguiente, el día de los fieles difuntos, el aniversario de su primera Misa en la cripta de San Leonardo de la Catedral de Wawel en Cracovia. 

El Papa Francisco, al terminar su homilía sobre San Pablo Dos iconos una pregunta, terminaba a su vez preguntando: mi amor a Dios es tan fuerte como el de Pablo o mi corazón es un corazón tibio como el de Jerusalén? Y pedía que el Señor por intercesión del Beato  Juan Pablo II nos ayude a responder a esta pregunta. 

Texto del comentario y  la homilía publicada en el sitio de la Santa Sede (fuente Osservatore Romano – en mi traducción al español)  
Dos iconos y una pregunta. El Papa Francisco las ha propuesto esta mañana,  jueves 31 de octubre, en la misa celebrada sobre la tumba del beato Juan Pablo II en la capilla de San Sebastián de la Basílica vaticana. Junto al Santo Padre concelebraron otros sacerdotes, en gran parte polacos, entre los cuales se encontraba el limosnero pontificio, monseñor Konrad Krajewski.
Comentando las lecturas del día de la carta a los Romanos (8, 31-39) y el Evangelio de San Lucas (13,31-35) el Papa pronuncio la siguiente homilía:


En estas lecturas  hay dos cosas que impresionan: Primero la seguridad de Pablo: «Nadie puede alejarme del amor de Cristo». Pero amaba tanto al Señor – porque lo había visto, lo había encontrado, el Señor le había cambiado la vida – tanto lo amaba que decía que nada podría alejarlo de Él.  Precisamente este amor al Señor fue el centro mismo de la vida de Pablo. En las persecuciones, en las enfermedades, en las traiciones,  todo lo que él vivió, todas esas cosas que le ocurrieron en su vida, nada  pudo alejarlo del amor de Cristo. Era el centro de su vida, la referencia: el amor de Cristo.  Y sin el amor de Cristo, sin vivir de este amor, reconocerlo, nutrirse de aquel amor, no se puede ser cristiano: el cristiano, el que se siente mirado por el Señor, con aquella mirada tan bella, amado por el Señor y amado hasta el fin.  Siente….el cristiano siente que su vida ha sido salvada por la sangre de Cristo. Y es esto lo que hace el amor: esta relación de amor. Eso es lo primero que me impresiona tanto. La otra cosa que me impresiona es esta tristeza de Jesús, cuando mira hacia Jerusalén. «Pero tu Jerusalén, que no has comprendido el amor». No ha comprendido la ternura de Dios, con aquella imagen tan bella, que dice Jesús. No comprender el amor de Dios: lo contrario de lo que sentía Pablo. Pero si, Dios me ama, Dios nos ama, pero es una cosa abstracta, es algo que no me toca el corazón y yo me arreglo en la vida como puedo.  Allí no hay fidelidad. Y el llanto del corazón de Jesús sobre Jerusalén es esto: «Jerusalén tú no eres fiel; tú no has dejado amarte, y te has fiado de tantos ídolos que te prometían todo, te decían que te darían todo, después te han abandonado»   El corazón de Jesús, el sufrimiento del amor de Jesús: un amor no aceptado, no recibido. Estos dos iconos hoy: el de Pablo que permanece fiel hasta el final al amor de Jesús, allí encuentra la fuerza para seguir adelante, para soportar todo.  El se siente débil, se siente pecador, pero tiene la fuerza de aquel amor de Dios, en aquel encuentro que ha tenido con Jesucristo.  Por otro lado, la ciudad y el pueblo infiel, no fiel, que no acepta el amor de Jesús, o peor aún, eh?   Que vive este amor a medias: un poco si, otro poco no, según las propias conveniencias.  Miremos a Pablo con su coraje que procede de este amor, y miremos a Jesús que llora sobre aquella ciudad, que no es fiel.   Miremos la fidelidad de Pablo y la infidelidad de Jerusalén y en el centro miremos a Jesús, su corazón, que nos ama tanto.   Que podemos hacer? La pregunta: me parezco mas a Pablo o a Jerusalén?  Mi amor a Dios es tan fuerte como el de Pablo o mi corazón es un corazón tibio como el de Jerusalén?  Que el Señor por intercesión del Beato Juan Pablo II, nos ayude a responder esta pregunta. Así sea!

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