Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

martes, 15 de octubre de 2013

La devoción mariana de los Papas



Probablemente sea una sorpresa para muchos – lo fue para mí – el hecho que el Papa Pio XII haya sido el Papa que más cartas encíclicas le ha dedicado a Maria : 8 cartas. El Papa Pacelli fue el primer Pontífice que, respondiendo al pedido de la Virgen Maria en Fátima,  consagró el mundo al Corazón Inmaculado deMaría, el 31 de octubre de 1942,  mediante un radio mensaje titulado “Una oración por la consagración de la Iglesia y del género humano al Corazón Inmaculado de María.” Donde expresaba a su comienzo  “Reina del Santísimo Rosario, auxilio de los cristianos, refugio del género humano, vencedora de todas las batallas de Dios! Te suplicamos postrándonos ante tu trono, seguros de obtener misericordia y de recibir las gracias y la ayuda necesaria para hacerle frente a las calamidades presentes, no por nuestros méritos, de los cuales no presumimos, sino únicamente merced a la inmensa bondad de tu corazón materno.”

La devoción a María de Juan XXIII se revela en el “Diario del alma”,   donde “recoge las anotaciones espirituales que fue tomando Angelo Roncalli a lo largo de casi setenta años, desde su entrada en el seminario hasta su muerte, cuando ya no era Angelo Roncalli sino el papa Juan XXIII.”   El Papa Juan XXIII confió el Concilio Vaticano II a partir de la inauguración misma  a María: ¡Oh María, auxilio de los cristianos, auxilio de los obispos, de cuyo amor recientemente hemos tenido peculiar prueba en tu templo de Loreto, donde quisimos venerar el misterio de la Encarnación! Dispón todas las cosas hacia un éxito feliz y próspero y, junto con tu esposo San José, con los santos Apóstoles Pedro y Pablo, con los santos Juan, el Bautista y el Evangelista, intercede por todos nosotros ante Dios.”

Promulgada la Constitución DogmáticaLumen Gentium el 21 noviembre de 1964, Pablo VI declaró a la Virgen María “Madre de la Iglesia” y el 2 de febrero de 1974 firmó la exhortación apostólica Marialis Cultus,    “para la recta ordenación y desarrollo del culto a la Santísima Virgen Marìa.”   “La Iglesia católica, - dice el Papa Pablo VI allí - basándose en su experiencia secular, reconoce en la devoción a la Virgen una poderosa ayuda para el hombre hacia la conquista de su plenitud. Ella, la Mujer nueva, está junto a Cristo, el Hombre nuevo, en cuyo misterio solamente encuentra verdadera luz el misterio del hombre, (124) como prenda y garantía de que en una simple criatura —es decir, en Ella— se ha realizado ya el proyecto de Dios en Cristo para la salvación de todo hombre.”
  

La devoción mariana del Beato Juan Pablo II nace en el seno de su familia en su pueblonatal Wadowice,  y ante la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de su parroquia; se desarrolla en sus peregrinaciones a los Santuarios marianos más emblemáticos de Polonia,  Nuestra Señora de Jasna Gora  y Kalwaria Zebrzydowska - para citar solo algunos ejemplos – se expresa plenamente en su lema episcopal y apostólico Totus Tuus y podría ser el tema para todo un tratado.  Su amor y devoción a María fue un tesoro anidado en su corazón, que en 1978 llevó a Roma y que no abandonaría jamás. Ya siendo Papa  le dedicó  su Carta EncíclicaRedemptoris Mater , que  “desarrolla y actualiza la enseñanza del Concilio Vaticano II contenida en el capítulo VIII de la Constitución dogmática Lumen gentium sobre la Iglesia”; con ocasión del año Mariano 1987/1988 nos regaló, especialmente a las mujeres, su  Carta Apostólica Mulieris Dignitatem sobre la dignidad y la vocación de la mujer; y el 16 de octubre de 2002 la Cartaapostólica Rosarium Virginis Mariae  sobre el Rosario donde dice:  “El Rosario  es una oración orientada por su naturaleza hacia la paz, por el hecho mismo de que contempla a Cristo, Príncipe de la paz y «nuestra paz» (Ef 2, 14). Quien interioriza el misterio de Cristo –y el Rosario tiende precisamente a eso– aprende el secreto de la paz y hace de ello un proyecto de vida. Además, debido a su carácter meditativo, con la serena sucesión del Ave Maria, el Rosario ejerce sobre el orante una acción pacificadora que lo dispone a recibir y experimentar en la profundidad de su ser, y a difundir a su alrededor, paz verdadera, que es un don especial del Resucitado (cf. Jn 14, 27; 20, 21).”  El Beato Juan Pablo II consagró al mundo al Inmaculado Corazón de María en dos oportunidades: durante el Ángelus del 16 de octubre de 1983   y con ocasión del Jubileo de los Obispos  el  8 de octubre del año 2000
  
En continuidad con su predecesor, Benedicto XVI en cada audiencia, discurso y homilía  hablaba a los fieles de  María, al igual que en sus viajes apostólicos a los Santuarios Marianos.  En su viaje apostólico a su natal Baviera el Papa Benedicto renovaba el Acto de Consagración deBaviera a la Virgen María.  Y durante el mismo viaje  expresaba:  “De María aprendemos la bondad y la disposición a ayudar, pero también la humildad y la generosidad para aceptar la voluntad de Dios, confiando en él, convencidos de que su respuesta, sea cual sea, será lo mejor para nosotros.”   En el discurso final del rezo del Santo Rosario en el Santuario de Nuestra Señora de Aparecidanos recordaba que : “A través de los ciclos de meditación del Rosario, el divino Consolador quiere introducirnos en el conocimiento de Cristo, que brota de la fuente límpida del texto evangélico. Por su parte, la Iglesia del tercer milenio se propone dar a los cristianos la capacidad de "conocer el misterio de Dios, en el cual están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia" (Col 2, 2-3). María santísima, la Virgen pura y sin mancha, es para nosotros escuela de fe destinada a guiarnos y a fortalecernos en el camino que lleva al encuentro con el Creador del cielo y de la tierra.

La devoción mariana del Papa Francisco nos es aún más conocida.  Los argentinos sabemos que fue el entonces sacerdote jesuita Jorge Bergoglio quien introdujo la devoción en la Argentina a la Virgen que desata los nudos, a aquella a quien se dirigió en  la reciente Oraciónmariana en la Plaza San Pedro . Recordamos, también con cierta nostalgia sus tradicionales homilías con ocasión de las peregrinacionesjuveniles al Santuario de Nuestra Señora de Luján.

El 24 de julio de este año en Brasil,en Aparecidael Papa Francisco recordaba que “al día siguiente de mi elección como Obispo de Roma fui a la Basílica de Santa María la Mayor, en Roma, con el fin de encomendar a la Virgen mi ministerio y expresaba “Hoy he querido venir aquí para pedir a María, nuestra Madre, el éxito de la Jornada Mundial de la Juventud, y poner a sus pies la vida del pueblo latinoamericano.”
Durante su visita a la Virgen de Bonariaen Cagliari el Papa Francisco reiteraba su devoción mariana:  “En el camino, a menudo difícil, no estamos solos, somos muchos, somos un pueblo, y la mirada de la Virgen nos ayuda a mirarnos de modo fraterno entre nosotros. ¡Mirémonos de modo más fraterno! María nos enseña a tener esa mirada que busca acoger, acompañar, proteger. Aprendamos a mirarnos unos a otros bajo la mirada maternal de María.”

(para este post me inspiré en el artículo de Luz Erika Limachi  de Radio Vaticana –Vatican News, pero prácticamente solo en el título y en cierta manera en la secuencia)

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