Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

jueves, 3 de octubre de 2013

Juan Pablo II un Papa que ha “atravesado los continentes del espíritu”


(Juan Pablo II 6 de junio de 1992 en São Tomé)

Al comienzo de la celebración eucarística celebrada con motivo del 25aniversario del pontificado de Juan Pablo II el Cardenal Joseph Ratzinger desplegaba en breves palabras la  la riqueza de la persona del Papa Juan Pablo II y  su pontificado.  

“Usted, como Vicario de Jesucristo en la sucesión apostólica, ha recorrido incansablemente el mundo, no sólo para llevar a los hombres el evangelio del amor de Dios encarnado en Jesucristo, más allá de todo confín geográfico; usted ha atravesado también los continentes del espíritu, a menudo distantes unos de otros y contrapuestos entre sí, para acercar a los que estaban lejos y reconciliar a los que estaban separados, y para dar cabida en el mundo a la paz de Cristo (cf. Ef 2, 17).
Se ha dirigido a jóvenes y ancianos, a ricos y pobres, a gente poderosa y humilde, y ha demostrado siempre —siguiendo el ejemplo de Jesucristo— un amor particular por los pobres y los indefensos, llevando a todos una chispa de la verdad y del amor de Dios. Ha anunciado sin miedo la voluntad de Dios, incluso allí donde está en contraste con lo que piensan y quieren los hombres.
Como el apóstol san Pablo, usted puede decir que no ha tratado nunca de adular con las palabras, que no ha buscado jamás ningún honor de los hombres, sino que ha cuidado de sus hijos como una madre. Como san Pablo, también usted se ha encariñado con los hombres y ha deseado hacerlos partícipes no sólo del Evangelio, sino también de  su misma vida (cf. 1 Ts 2, 5-8). Ha aceptado críticas e injurias, suscitando, sin embargo, gratitud y amor y derribando los muros del odio y la enemistad.

Podemos constatar hoy cómo usted se ha entregado con todo su ser al servicio del Evangelio y se ha desgastado totalmente por él (2 Co 12, 15). En su vida la expresión cruz no es sólo una palabra. Usted se ha dejado herir por ella en el alma y en el cuerpo. Al igual que san Pablo, también usted soporta los sufrimientos para completar en su vida terrena, por el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, lo que aún falta a los padecimientos de Cristo (Col 1, 24)”

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