Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

martes, 11 de marzo de 2008

Redemptor hominis


Redemptor Hominis” El misterio de la redención en Jesucristo y la dignidad del hombre , fue la primera encíclica de Juan Pablo II, escrita por el Santo Padre cinco meses después de su elección al pontificado.

En esta encíclica, decía el Servicio Informativo Vaticano, el Papa “trazaba las líneas maestras de su pontificado: el esfuerzo por acercar a todos los hombres a Cristo, el ecumenismo, la necesidad de potenciar la dimensión moral del progreso y la defensa de los derechos humanos.. tareas que debe afrontar la Iglesia para entrar en el nuevo milenio y que tienen su fundamento en una verdad expresada al inicio de la carta: “El Redentor del hombre, Jesucristo, es el centro del cosmos y de la historia.”

La encíclica se divide en cuatro capítulos “Herencia, “El Misterio de la redención”, “El hombre redimido y su situación en el mundo contemporáneo” y “La misión de la Iglesia y la suerte del hombre”. Fue firmada en Roma el 4 de marzo de 1979.

El domingo 11 de marzo de 1979 Juan Pablo II anunció en la plaza San Pedro que el jueves siguiente 15 de marzo de 1979 sería publicada su primera encíclica. En la meditación del Angelus decía anticipando la publicación de la encíclica:

Hacia Cristo Señor, que es el "Redentor del hombre", Redemptor hominis, deseo que se dirija la mirada de la Iglesia y del mundo en mi primera Encíclica, que lleva fecha del 4 de marzo del corriente año, primer domingo de Cuaresma, y que se hará pública el próximo jueves. He tratado de expresar en ella lo que ha animado y anima continuamente mis pensamientos y mi corazón desde el comienzo del pontificado que, por inescrutable designio de la Providencia, tuve que asumir el 16 de octubre del año pasado. La Encíclica contiene los pensamientos que entonces, al comienzo de este nuevo camino, apremiaban con fuerza especial a mi alma, y que sin duda, ya anteriormente venían madurando en mi, durante los años de mi servicio sacerdotal y después del episcopal. Creo que, si Cristo me ha llamado así, con tales pensamientos..., con tales sentimientos, es porque ha querido que estas llamadas de la mente y del corazón, estas expresiones de fe, esperanza y caridad, encontrasen resonancia en mi nuevo ministerio universal, desde su comienzo. Por lo tanto, como veo y siento la relación entre el misterio de la redención en Cristo Jesús y la dignidad del hombre, así querría unir mucho la misión de la Iglesia con el servicio al hombre, en este su impenetrable misterio. Veo en esto la tarea central de mi nuevo servicio eclesial.
Si hoy os lo confío, es porque querría pedir con vosotros a la Madre de la Iglesia y Trono de la Sabiduría que acoja este mi primer trabajo para bien de la Iglesia y del hombre de nuestro tiempo, para que juntos podamos mirar a Cristo en esta hora particular de la historia, levantando a Él la mirada de nuestra fe y de nuestra esperanza”

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